El Criticón

   Y así dicen por cosa cierta y yo la creo que, habiendo condenado en un país a un famoso criminal a cierto género de tormento muy conforme a sus delitos, lo sepultaron vivo en una profunda cueva, llena de profundas sabandijas, dragones, tigres, serpientes y basiliscos, tapando muy bien la boca, para que muriese sin compasión ni remedio. Acertó a pasar por allí un extranjero, bien ignorante de tan atroz castigo y, sintiendo los lamentos de aquel desdichado, se acercó compasivo y, movido de sus plegarias, fue apartando la losa que cubría la cueva. Al mismo punto saltó fuera el tigre con su acostumbrada ligereza y, cuando el temeroso pasajero creyó ser despedazado, vio que mansamente se le ponía a lamer las manos, que fue más que besárselas. Saltó tras él la serpiente y, cuando la temió enroscada entre sus pies, vio que los adoraba.

   Lo mismo hicieron todos los demás, que se rindieron humildes dándole las gracias de haberles hecho tan buena obra, como era librarles de tan mala compañía, como es la de un hombre ruin. Y añadieron que, en pago de tanto beneficio, le avisaban huyese pronto, antes que el hombre saliese, si no quería morir allí a manos de su fiereza. Y al mismo instante echaron todos ellos a huir, unos volando, otros corriendo.

   Estaba tan inmóvil el pasajero, como espantado, cuando salió en último lugar el hombre, el cual concibiendo que el extranjero llevaría algún dinero, arremetió para él y le quitó la vida, para robarle la hacienda: que este fue el premio del beneficio. Juzga tú ahora ¿cuáles son los crueles, los hombres o las fieras?

BALTASAR GRACIÁN, de El Criticón, “Crisi IV” (adaptación).

¿Qué opinión sobre los seres humanos podemos deducir de esta historia?

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