¿Por qué cambiamos la hora?

   William Willett, un constructor que vivió entre 1856 y 1915 en el Reino Unido, fue uno de los promotores de que cada octubre y marzo cambiemos la hora de nuestro relojes. Este visionario se dio cuenta de que llegada la primavera los habitantes de su ciudad desperdiciaban muchas horas de luz solar porque su horario no se adecuaba al ciclo solar. Como resultado, este derroche causaba que la factura de la luz de sus vecinos aumentase, cuando realmente no había ninguna necesidad.

   Por este motivo, en 1907, Willett reunió todos los recursos que tenía a su alcance y publicó un folleto que tituló The Waste of Daylight (‘El derroche de la luz solar’). En él, explicaba que los relojes deberían ser adelantados para lograr que las tardes tuvieran más luz natural y así ahorrar hasta 2,5 millones de libras en gastos eléctricos, según sus cálculos.

   Para ello, sugirió que las manecillas se avanzasen 20 minutos cada madrugada de los domingos de abril. El mismo procedimiento, pero al contrario, el último día de las cuatro semanas de septiembre. De esta manera, expresó, el cambio no sucedería de una manera brusca y podrían ajustar sus horarios un total de 80 minutos.

   Cuando comenzó la Primera Guerra Mundial el aprecio por el carbón se intensificó notablemente y se decidió, para ahorrarlo, asimilar el innovador horario que planteaba Willett.

   Sin embargo, para cuando Gran Bretaña aprobó la fórmula de este constructor inglés, él había fallecido un año antes como consecuencia de la gripe española. Hoy conocemos a William Willett por varios motivos aunque destacan dos: uno es la historia ya relatada y el otro es que se trata del tatarabuelo de Chris Martin, el vocalista de la banda Coldplay.

PABLO SOLER, publicado en El Mundo (24/03/2017) (adaptación).

¿Qué opinas de estos cambios de hora?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *