Cecilia

   La amaba porque era un muchacho de quince años y porque ella era una muchacha de quince años.

   Cuando hablaba de Cecilia, Manolo hablaba siempre de su nariz respingada y de sus ojos negros; de sus pecas que le quedaban tan graciosas y de sus zapatos blancos. Hablaba de las faldas escocesas de Cecilia, de sus ocurrencias y de sus bromas.

   Le cogía la mano, la besaba, pero todo eso tenía para él algo de lección difícil de aprender. De esas lecciones que hay que repasar, de vez en cuando, para no olvidarlas.

   No prestaba mucha atención cuando sus amigos le decían que Cecilia tenía brazos y bonitas piernas. Su amor era su amor. Él lo había creado y quería conservarlo como a él le gustaba.

   Cecilia tenía más de pato, de ángel y de colegiala, que de mujer… Cuando la abrazaba era para protegerla (casi nunca la abrazaba de día). No conocía otra manera de amar.

   Manolo no tenía la culpa, Cecilia era su amor.

ALFREDO BRYCE ECHENIQUE, de Una mano en las cuerdas.

¿Por qué crees que Manolo no hace caso a lo que le dicen sus amigos?

 

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