Los ángeles que llevamos dentro

   Aunque parezca mentira —y la mayoría de la gente no lo crea—, la violencia ha descendido durante prolongados períodos de tiempo, y en la actualidad quizás estemos viviendo en la época más pacífica de la existencia de nuestra especie.

   Esta disminución, por cierto, no carece de complicaciones, puesto que no ha conseguido llevar la violencia al nivel cero ni garantiza que la violencia continúe disminuyendo en adelante. Sin embargo, desde los enfrentamientos bélicos hasta las zurras a los niños ha habido un avance inequívoco, palpable en escalas de milenios a años.

   El retroceso de la violencia afecta a todos los aspectos de la vida. La existencia diaria es muy distinta si hemos de estar siempre preocupados por si nos raptarán, violarán o matarán, y es difícil promover o desarrollar artes sofisticadas, centros de aprendizaje o comercio si las instituciones pertinentes son saqueadas e incendiadas poco después de haber sido construidas.

   Si el pasado es un país extranjero, es un país terriblemente violento. Es fácil olvidar lo peligrosa que solía ser la vida, hasta qué punto en otro tiempo la brutalidad estaba entretejida con la existencia diaria. La memoria cultural pacifica el pasado, y nos deja recuerdos pálidos cuyos sangrientos orígenes han sido blanqueados.

   Una mujer con una cruz al cuello rara vez es consciente de que este instrumento de tortura era un castigo habitual en el mundo antiguo; una persona que habla de un «chivo expiatorio» tampoco tiene presente la vieja costumbre de azotar a un niño inocente cuando un príncipe había sido revoltoso.

   Estamos rodeados de señales que revelan el depravado estilo de vida de nuestros antepasados, pero apenas somos conscientes de ello. Igual que viajar expande la mente, un recorrido por nuestro patrimonio cultural puede hacernos ver lo distintas que eran las cosas en el pasado.

   En un siglo que comenzó con el 11 de septiembre, Irak y Darfur, la afirmación de que vivimos en una época excepcionalmente pacífica acaso nos parezca entre alucinatoria y obscena. Por conversaciones y estudios sé que la mayoría de las personas se niega a creerlo.

STEVEN PINKER, de Los ángeles que llevamos dentro (adaptación).

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