El dolor de los demás

   Han entrado en la casa de la Rosario, dice tu padre desde la habitación de al lado, han matado a la Rosi y se han llevado al Nicolás.

   Es lo primero que oyes. La voz que te despierta. La frase que ya nunca podrás olvidar.

   Por un momento, prefieres pensar que forma parte de un sueño y permaneces inmóvil bajo las sábanas. Son las cinco de la madrugada y apenas has conseguido dormir. La cena de Nochebuena no te sentó bien y llevas varias horas dando vueltas en la cama.

   Han matado a la Rosi y se han llevado al Nicolás, escuchas ahora a tu padre decir con total claridad.

   Es entonces cuando abres los ojos y, sin entender todavía nada, saltas de la cama, te vistes con lo primero que encuentras y sales corriendo hacia la sala de estar.

   Tu madre, en camisón junto al árbol de Navidad, te mira y comienza a llorar.

   Los críos de la Rosario…, consigue decir.

   ¿Qué ha pasado?, preguntas.

   Algo muy feo, contesta, algo feo, hijo. Y se lleva las manos a la cara para ocultar las lágrimas.

   Tu padre, en el aseo, termina de vestirse. Tu hermano, el primero en enterarse, lo apremia desde la puerta.

   Vente si quieres, te dice al salir.

   Tu madre se queda en casa y tú marchas con ellos.

   El frío se te mete bajo la piel y la humedad te atraviesa la cabeza. Es diciembre en la huerta de Murcia.

   Coches patrulla bloquean el acceso a la puerta de la casa. Junto a ellos, solo, moviéndose en pequeños círculos con las manos detrás de la espalda, distingues al padre de tu amigo.

   ¿Qué ha pasado, Antón?, pregunta tu hermano cuando llegáis a su altura.

   Nada…, balbucea sin levantar la mirada del suelo, que han matado a mi Rosi y han secuestrado a mi Nicolás.

  Pero ¿quiénes?, ¿cómo?, pregunta tu padre.

   Nada…, que a mi Rosi la han matado. Y se han llevado a mi Nicolás.

   Es lo único que dice, una y otra vez.

   Nada…

   La nada que te paraliza y nubla tu mente. La nada y dos preguntas:

   ¿Quién ha matado a la Rosi?

   ¿Quién se ha llevado a Nicolás?

   -Hace veinte años, una Nochebuena, mi mejor amigo mató a su hermana y se tiró por un barranco.

   -No le des más vueltas, chaval. Ahí está la historia que buscas.

   Había una historia amarga que no sabía si algún día tendría el coraje de afrontar. El pasado del que toda mi vida he estado intentado escapar.

MIGUEL ÁNGEL HERNÁNDEZ, de El dolor de los demás (adaptación).

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