Campamento ancestral

Hace mucho tiempo, en un instituto de Gran Canaria, se organizó una excursión al campamento del Garañón.

Estaba muy nervioso porque iba a ir a un campamento durante tres días y dos noches.

Antes de salir de la guagua para dar por finalizado el trayecto, una profesora nos advirtió del frío.

Al salir, alrededor de mí había muchos pinos y el suelo estaba cubierto de pinocha. Vi una piscina, una cancha y un par de edificios más. Después de contemplar aquel paisaje, fui a recoger mi maleta con mis pertenencias. Pipo y Loly agruparon a todos los primeros y nos dirigieron al tagoror, un círculo de cemento con un hueco para encender hogueras. Al cabo de un rato, ya nos habían explicado las reglas, elegido las cabañas y nos habían dado el horario de las comidas, las actividades y los descansos.

Me fui con mis compañeros a la cabaña 9 (era la que me asignaron). Cuando llegamos, la cabaña estaba situada bastante lejos de los baños principales, el tagoror y el comedor. Al entrar se podían ver tres literas, dos estanterías y un montón de pintadas de algunos ignorantes de los institutos que vinieron antes que nosotros. Lo primero que hicimos fue elegir las literas.

Aridane escogió la cama de arriba de la litera del centro y, en la parte de abajo, se quedó Ángelo. En la litera de la izquierda, arriba, se puso Raúl; y abajo, Alejandro; en la litera derecha, arriba, estaba yo y, debajo, Miguel.

Nos instalamos y, al acabar, cada uno salió de la cabaña y se fue por su cuenta. Raúl, Alejandro y yo fuimos a las aulas para ver cómo eran. A continuación, fuimos a las máquinas y por último a la cancha.

Al llegar, Raúl y Ale se fueron a jugar al fútbol. Yo, al no poder jugar a causa del mareo del trayecto de la guagua al Garañón, no tuve más remedio que irme a visitar las cabañas de mis amigos. A la que me dirigí primero fue a la cabaña de Gael. Toqué en la puerta y me abrió él. Detrás estaban Aridane, Laura, María, Miguel, Elva, David y Bruno.

Al entrar vi el ambiente en la cabaña muy eufórico. Estaban hablando, riendo y jugando.

Después de un rato, Gael me pidió que me marchara porque David y Miguel no me conocían. Al final me fui, pero antes de marcharme, me dio un cómic de Batman y me puse a leerlo hasta la hora de almorzar.

Ya era de noche, había oscurecido y estábamos cenando. Raúl, Ale, Miguel, Sergio, Pablo y Ricardo se sentaron a comer conmigo. Después nos duchamos y nos lavamos los dientes.

Alrededor de las diez, Raúl vino corriendo e interrumpió la conversación que mantenía con Aridane. Nos dijo muy alarmado:

-¡Chicos!, he visto a un hombre vestido de negro y tenía una máscara blanca que le tapaba la cara.

Aridane le contestó con un tono burlón:

-Menuda estupidez. Aquí no puede entrar cualquier persona.

-Ari, te digo que lo vi –dijo Raúl mientras cerraba la puerta con cautela-. Y si no me crees, vete al baño.

Aridane ni se molestó en bajar para ir al baño y ver a ese extraño hombre. Raúl, ya más tranquilo, nos explicó lo que había pasado: “Yo iba caminando para ir al baño, pero cuando estaba llegando, vi a una persona vestida totalmente de negro excepto por la cara, que la tenía cubierta por una máscara blanca. En las manos blandía una guadaña totalmente negra”.

Los profes nos mandaron a la cama y todos estábamos durmiendo, cuando de pronto un sonido, como el de rascar la pizarra con las uñas, nos despertó. Yo, sobresaltado, bajé de la litera y, con mis amigos, salí fuera para ver qué sucedía. Cuando salimos, a mano derecha había una silueta negra y blanca, y por encima de la silueta había una hoja metálica. Al verla, todos entramos despavoridos dentro de la cabaña y cerramos. Hubo un violento forcejeo con la persona que intentaba entrar, pero al final conseguimos cerrar.

Todos, horriblemente asustados, estábamos temblando. Hubo un incómodo silencio durante unos instantes. Lo que acabó con aquel silencio fue el grito de nuestros compañeros.

Después de meditar un rato, decidimos salir. No había nadie, así que aprovechamos esa oportunidad y corrimos hacia el dormitorio de los profesores. Al llegar, tocamos en la puerta y esperamos que nos permitiesen pasar, pero al cabo de cinco minutos nadie nos abrió, así que decidimos entrar. Cuando ya estábamos dentro, nos sorprendió ver a los profesores vestidos igual que aquella terrorífica persona que nos asustó tanto y comprendimos que solo era una broma pesada de los profesores.

-¡Oh! Nos han pillado –dijo Pipo frustrado-. Esto era una broma por los finaos y por Halloween.

Yo, enfadado y pensativo, le contesté:

-Nos dieron un susto de muerte. Pero no necesariamente se ha acabado la broma. Teniendo en cuenta que solo lo sabemos nosotros seis, no veo por qué no se puede asustar a los setenta y ocho alumnos restantes.

Pipo asintió con la cabeza dándome la razón.

Aquellos días fueron geniales.

FIN

Jesús Isaac Reyes Castellano. 1º ESO A.

El cambio climático

Los alumnos de 4º de la ESO A han hecho unas exposiciones sobre el cambio climático
con el objetivo de tomar conciencia de la necesidad de llevar a cabo un desarrollo
sostenible para preservar el planeta. Además de trabajar la expresión oral, con dichas
exposiciones contribuyen con el progreso de uno de los proyectos del Centro, Redecos. De
tal forma que han elaborado, entre otras cosas, papeleras con materiales reciclados para
cada tipo de residuo.

Concurso del diseño de la portada 2019

Como cada año, hemos realizado nuestro tradicional concurso de diseño para la portada de la revista escolar y el jurado lo ha tenido difícil, porque ha habido muy buenos trabajos.

Estas son las portadas finalistas:

Luna Rodríguez Hernández. 2º ESO B.

Claudia Martínez Barroso. 1º ESO B.

Amalia Herrera Suárez. 1º ESO A.

Gabriel Hernández Montesdeoca. 4º ESO B.

Javier Torres Verde. 4º ESO B.

Y el ganador…

Gael Ravelo Sancho. 1º ESO A.

Enhorabuena a todos los participantes.

Concursos y Club de lectura de mangas de la biblioteca

Hemos empezado el Plan lector en la biblioteca de nuestro centro con dos concursos: uno para elegir la mascota de la biblioteca (1ºESO) y otro para seleccionar el eslogan que invite a nuestros alumnos a leer (2ºESO). ¡Y ya tenemos a las ganadoras!

La alumna de 1ºESO B, Claudia Martínez Barroso, ha sido la ganadora del primer concurso con el diseño de la nueva mascota de la biblioteca, llamada Leblanc.

Y Lorena Vega Suárez (2ºESO D) es la premiada autora del eslogan Que no te lo cuenten, léelo.

¡Enhorabuena, chicas! Hay que decir que el concurso estuvo muy reñido y el jurado no lo tuvo nada fácil, por lo que felicitamos también a todos los finalistas y les agradecemos su participación.

También ha arrancado ya el Club de lectura de mangas y cómics de superhéroes, que se reúne los viernes durante el recreo en el jardín de la biblioteca y al que invitamos a participar a todos los alumnos que lo deseen.

Vanessa Cazorla Ortega

Soy

Escritura de un texto utilizando las distintas modalidades oracionales.

¿Por qué he de aguantar? Si pudiera gritar todo lo que siento… Ojalá pudiera volver a cuando aún mi corazón no tenía espinas y mi alma no estaba marchita. Déjame en paz, déjame expresarme y ¡deja de criticarme! ¿Tú eres feliz escuchando el llanto constante, cada noche, de esa persona? Yo no tengo que cambiar. No voy a cambiar. ¡Ambos somos personas! Tal vez no eres lo que realmente me mostraste. Quizás me estás confundiendo. Soy quien soy y como soy. Yo me conozco. No intentes transformarme en lo que quieres que sea.

Cynthia Peña Llopis. 3º ESO E

VISITA CULTURAL AL MUSEO CANARIO Y CASA DE COLÓN

Este reportaje trata sobre la visita cultural del curso de 1º de Bachillerato del IES José Arencibia Gil, al Museo Canario y a la Casa de Colón de Las Palmas de Gran Canaria. Dos exposiciones que nos relatan la historia de nuestras islas, pero más concretamente, de Gran Canaria.

En primer lugar, nos dirigimos al Museo Canario, donde nos tuvimos que dividir por clases, a pesar de que era la misma visita. Al llegar al museo, en la entrada, nos esperaba un hombre cuya presencia se debía a su función de contarnos la historia de todo aquello que allí se exponía. Al entrar, a mano derecha, se encontraba la primera sala, en la que se podían distinguir algunas figuras de barro y utensilios hechos de piedra.

Aunque lo que más nos llamó la atención fue la figura del centro de la sala, que imitaba la típica casa de los aborígenes, redonda, hecha de piedras y con algunas tecnologías que nadie se podría haber imaginado, como el uso de una piedra muy lisa, que según Torriani utilizaban para cubrirse del frío en invierno y del calor en verano.

Del mismo modo también había una reproducción muy bien hecha de un poblado aborigen canario, pero esta vez no había casas hechas de piedra, sino multitud de cuevas, como una especie de gran panal en el que cada una de ellas tenía distintas funciones.

En la siguiente sala, había cráneos de esos seres que un día poblaron las islas; seguidamente, en otras vitrinas, había distintos aparatos que ellos mismos diseñaron con solamente piedra, (ya que este era y es el material más abundante que se puede encontrar en nuestro entorno). Pudimos ver también que construyeron hasta anzuelos, con lo que intentaban o lograban pescar.

A continuación, llegamos a una de salas más interesantes, en las que se encontraba todo lo relacionado con lo divino y la religión, como, por ejemplo, un ídolo de Tara que, según nuestro guía, representaba la fertilidad.

O por ejemplo, las distintas pintaderas que eran anillos o moldes que los aborígenes hundían en el barro para pintarse distintas partes del cuerpo.

Aunque, sin lugar a dudas, lo que se lleva la palma de oro es la cueva que allí se encontraba tras el cristal. Eso sí era una imitación de la de La Cueva Pintada de Gáldar. Pero lo que aprendimos y lo que muchos de nosotros no sabíamos, era que según los expertos, las pintadas de esas cuevas estaban hechas con la función de saber el mes y el momento del día en el que estaban para saber cuando empezar con las cosechas. Pero ¿cómo sabían eso por unas pintadas en la pared? Es simple.  Dichas pintadas se parecen en cierto modo a un reloj solar, pero esta vez, aparte de mostrar el momento del día en el que estaban, mostraba la época, y todo por un agujero en el techo de la cueva en dirección a la pared que, en función de dónde alumbrara el Sol, según su manera de entenderlo, sabrían en qué momento del año estaban; sin duda ¡muy interesante!

Finalmente llegamos a la parte que es para nosotros la más espeluznante, ya que en ella había momias de esos aborígenes y la representación de cómo era su cortejo fúnebre. Pero antes, fuimos a una sala continua donde se podían ver los distintos recipientes que ellos hacían e incluso cómo se vestían.

En la gran sala de momias, mientras cientos de cráneos humanos nos miraban fijamente, escuchábamos al guía. Muy aterrador todo. También hay que añadir que olía bastante mal. Al morir una persona, lo que hacían sus familiares era algo parecido a lo que ocurrió con las momias de Egipto, pero sin pirámides; es decir, lo embadurnaban, lo envolvían en pieles y lo enterraban con utensilios que fueran importantes para el difunto o que fueran de valor.

Después de esta maravillosa visita al Museo Canario, nos dirigimos a la Casa de Colón, un museo inspirado en el paso de Cristóbal Colón por las islas, en concreto de Gran Canaria, en su rumbo a conquistar América. En este caso, la visita no tenía guía, por lo que no nos enteramos mucho de lo que allí se encontraba. Sin embargo, era un museo muy bien ambientado y bonito, ya que en una de las salas, se podía ver cómo era uno de los barcos por dentro a tamaño real, o por qué lugares pasó Colón en su rumbo a América, e incluso cuadros bastante antiguos y muy bien hechos.

Una cosa que nos llamó la atención y nos gustó mucho fue la maqueta de un galeón muy bien hecha y una brújula que pudo ser utilizada por los tripulantes de las embarcaciones o incluso por Cristóbal Colón.

La verdad es que hemos hecho muy pocas visitas culturales y está muy bien aprender cosas de nuestro entorno. Desde nuestro punto de vista, ha sido una excursión muy enriquecedora, ya que muchos de nuestros compañeros no sabían muchas cosas acerca de nuestro antepasados, ya sea cómo vivían o qué fue de ellos. En nuestra opinión, las visitas nos han ayudado a asimilar y a darnos cuenta de todo lo que ha pasado desde ese tiempo hasta hoy en día, al igual que las consecuencias que ha tenido. Pero lo más impresionante de todo es que. sin tener casi escritos que lo demuestren, se recoge todo de las pruebas, que ellos, sin saberlo, dejaron, como las casas, las herramientas y las pintaderas. A nosotros nos ha rondado una pregunta durante todo el reportaje y queríamos dejarla en el aire: ¿les pasará igual a las personas que vivan dentro de 500 años con nosotros? Si es así, ¿qué pensarán de nuestra existencia?

José Alberto Pérez Ramírez (1º Bachillerato B) y

María Pérez Ramírez (1º Bachillerato C)

Bizcocho de chocolate

Ejemplo de texto instructivo realizado por las alumnas de 1º de ESO C, Mara González, Marta Almeida y Daniela Cabrera.

Ingredientes:
  • 220 g de harina
  • 1 sobre de levadura
  • 3 huevos
  • 1 tableta de chocolate con leche
  • 500 ml de leche
  • 50 g de mantequilla a temperatura ambiente
  • 60g de azúcar
  • Azúcar glass para decorar
Utensilios:
  • Espátula para remover
  • Un molde de unos 20 cm de diámetro
  • Horno
  • Una cazuela para derretir el chocolate al baño María
Elaboración:
  • Batimos los huevos y añadimos la harina y la levadura, seguidamente removemos con la espátula.
  • Precalentamos el horno a 180ºC.
  • Ponemos el chocolate en un bol y lo derretimos al baño María.
  • Terminamos de mezclar los ingredientes que nos quedan, engrasamos el molde y vertemos nuestra masa: Posteriormente, la introducimos en el horno durante 30 minutos.
  • Una vez que nos hayamos asegurado de que el bizcocho está completamente hecho, lo sacamos del molde y servimos.
  • Recomendamos servirlo con una bola de helado y azúcar glass.
     ¡BUEN APROVECHO!

Borrar errores

Si borrar errores
fuera tan fácil
como lo es borrar unos trazos
de un papel,
¡ay, vida mía,
qué tan poca marca hubiera dejado,
que de mí
ni rastro quedaría!
Solo un susurro en tu memoria
y una vida de fallos en la mía.

María Elena Padrón Hernández. 2º ESO E.