Los tebeos en España hace unos cuantos años…

Muchos lectores de cómic y tebeos de la actualidad, ya maduras y maduros, se iniciaron en los años sesenta y setenta del siglo XX, en la cantera de las revistas semanales, que nunca faltaban en los quioscos, fieles al encuentro de los lectores. Cada siete días se podrían encontrar el TBO, por ejemplo, que dio nombre al resto de publicaciones en toda España, aunque en Canarias tuvimos denominaciones distintas. En la isla de Tenerife se llamaron «colorines», al parecer, por el contraste que supuso la edición en color frente a las revistas en blanco y negro de los años cincuenta. En la de Gran Canaria fue más popular la denominación de «cuentos».

Los años sesenta, acompañando a la tremenda subida de la natalidad en la época, llenaron las calles de niñas y niños con pocas diversiones: la propia calle para jugar con la pelota, a policías y ladrones, la cogida o el escondite; y la lectura en la casa, donde era muy raro que no se pudiesen encontrar ejemplares de las publicaciones de Bruguera, las más populares. La televisión del régimen solo tenía un canal y los niños eran expulsados muy pronto del salón, ya que muchas de las películas eran «para mayores».

En cualquier estanco se encontraban DDT, DinDan, Pulgarcito, y posteriormente Mortadelo, TBO, Pumby, relatos ilustrados, sobre todo de Bruguera, una gran oferta. Los magníficos dibujantes de Bruguera de la época, Escobar, Vázquez, Cifré, Conti, Peñarroya, Segura, y después Ibáñez, llenaban las páginas de las revistas, además de la inclusión de series como El Capitán Trueno, de Víctor Mora, Jan Europa, o de la escuela franco-belga, Astérix, Michel Tanguy, Iznogud, Gastón Elgafe o Spirou.

Y en muchas zonas de las islas, los quioscos cambiaban por muy poco dinero o simplemente una por otra, la mayoría de estas revistas. Muchos compañeros y compañeras recuerdan leer esos tebeos procedentes del cambio en el estanco, lo que generaba una actividad muy grande. No solo se cambiaban tebeos, sino libros de bolsillo de Marcial Lafuente Estefanía o de Corín Tellado, muy populares también.

A partir de la crisis del petróleo de 1973 y de los cambios sociales que la dictadura franquista no pudo prever ni parar, también los tebeos decayeron y desaparecieron junto con muchos de los estancos y de la propia Editorial Bruguera.

Vicente José Escobio García

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