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Ejercicios prácticos: Qué información proporciono en cada viñeta y qué preguntas se hará el lector con ella.

En el transcurso de la realización de la tira de tres viñetas de los alumnos de 4º de la ESO, poniendo ideas en común, apareció una historia y se me ocurrieron variantes muy ilustrativas, que aclaran mucho qué tenemos que tener en cuenta a la hora de crear la secuencia.

En el primer caso, podemos leer cómo una persona va caminando por la calle, cae en un hueco o alcantarilla y en la tercera viñeta desaparece. Hay una acción, pero no hay una historia.

 

Dibujo01

 

En el segundo caso  la persona va caminando y vemos que tiene una alcantarilla abierta a su paso, y nos adelantamos, presagiando la caída. En la segunda viñeta vemos una segunda alcantarilla y en la tercera que ha caído en una de ellas, no sabemos en cuál  al no figurar las dos alcantarillas dentro del cuadro.

Dibujo02

En este ejemplo , hemos omitido una información crucial para la comprensión de la historia: la existencia de las dos alcantarillas, con lo cual en la tercera viñeta deducimos que ha vuelto atrás, que el salto no ha sido tan largo como el esperado.

Dibujo03

 

La última opción sería la redonda: en la primera viñeta, como ya habíamos dicho, se presagia el batacazo, en la segunda vemos que cómo lo evita, y la última nos encontramos con el gag inesperado; la presencia de una segunda alcantarilla que no vio y en la que cae nuestro desafortunado protagonista, sorprendiéndonos.

Dibujo04

Iván Brunetti, ya nos pone sobre aviso en su maravilloso libro Cartooning que lamentablemente nunca ha conocido edición en nuestra lengua: los «How to»s  de cómic nunca tratan de la verdadera narración, sino de fórmulas para dibujar de manera más o menos realista, haciendo hincapié en lo anecdótico en vez de en lo primordial.

Álvaro Manzanero

El dibujo, enemigo del cómic

Todos pensamos que en el cómic se trata de contar historias con imágenes y así es, pero el dibujo por el dibujo, la fascinación por el trazo y la forma, puede llegar a ser uno de los mayores impedimentos para una buena narración.
Los aspirantes a dibujantes de historieta no llegan al medio por afición a contar una historia, de hecho, muchos no saben ni qué es una historia. ¿Cuántas veces habré tratado de que mis alumnos creen una historia para narrarla en viñetas y habré oído eso de «Mi historia es de una persona que va al cine y regresa a casa. FIN»? No entienden que en primer lugar tiene que haber un conflicto y que lo que hace avanzar la historia son las preguntas que se hace el lector con la información que nosotros, los dibujantes, le hemos proporcionado.
Este año hemos realizado una tira de 3 viñetas en 4º de la ESO . En ese espacio, poca cosa se puede transmitir, por eso hice hincapié en la fórmula de la tira de «cartoon» clásica, llevar al lector por un camino y sorprenderlo en la última viñeta. Sin embargo, ellos llevaron al extremo la máxima del «Yo me entiendo, profe», sin ponerse en ningún momento en el lugar del espectador.
Los que se creen muy buenos dibujantes hacen un boceto, para ellos logrado, y se enamoran del dibujo. Ya está, escollo conseguido. Da igual el resto de lo que dibujen, pero están convencidos de que ese esbozo ha de estar en el trabajo final, independientemente de si ayuda a la narración o no.
Esto mismo me ocurrió con la página dibujada para la anterior entrada del blog: hice un dibujo a lápiz muy suelto, que me gustó en particular, y hasta que no la hube mostrado a varios compañeros no me di cuenta de que esa viñeta no debía estar ahí-ni en ningún otro lado-ya que la expresión del personaje incitaba a la confusión. Éste daba impresión de ser un dibujante talentoso cavilando cómo perfeccionar su dibujo, mientras que la idea que debía comunicar al lector era que el niño se sorprendía de lo realizado, que no había sido intencionado. He escaneado a lápiz el boceto con idea de que no se perdiera la gracia de la espontaneidad, que generalmente no respeta el entintado, y a pesar de la omisión de la tinta y de las masas de negro, podemos hacernos una idea de ambas lecturas y del cambio global de significado de la historia.

Otro tanto sucede con la documentación gráfica, en tiempos de internet, superada la sequía de tener que buscar en revistas, catálogos o fotos propias y clasificarlas en hojas de cartapacio bajo un tema, con el gran obstáculo de sólo poder poner una etiqueta por foto, los dibujantes acuden- y así lo hacen los alumnos-indiscriminadamente a internet: a la primera página que se encuentran, los más trabajadores a la quinta y los conscientes a la que encuentran lo que andaban buscando, lo que ya tenían en mente porque habían realizado un boceto previo. El diagramar es imprescindible, para, sin mediación de nada que no sea la traslación del guión en imágenes para la lectura del público, conseguir la dramatización o el tono necesario para su correcta percepción. Si buscamos un camello, porque nos lo pide la historia y lo encontramos en una inusitada postura que nos llama la atención y nos gusta, probablemente tratemos de incorporarlo sin más al cómic, olvidándonos de su verdadero lugar como engranaje en la historia. Si lo hemos colocado ya, abocetado, en su viñeta correspondiente, nos costará más zafarnos, como si huyéramos de la lista del super que nos ciñe a lo imprescindible en vez de comprar kilos de chocolatinas cuando ibamos a por zanahorias.
En el caso de los alumnos, el patinazo puede ser aún peor, dado que vistos sus conocimientos, tienen mucha dificultad para poder cambiar el ángulo de lo expuesto en la foto buscada.
Así que lo ideal es diagramar-hacer pequeñas imágenes donde sólo quepa lo imprescindible- estableciendo las relaciones entre los elementos que las componen, su punto de vista el plano, y sobre todo, la relación entre las anteriores y las subsiguientes. Habrá un momento en que nos detengamos, a la vuelta de zamparnos un yogúr, y con el rotu en mano cual baqueta, hagamos un estacato, apuntando su ritmo. Tal vez entonces sólo veamos eso, el ritmo, olvidando la disposición de los negros en toda la página o el parecido de un mismo personaje entre varias viñetas, por citar dos cuestiones que también tendremos que tener muy en cuenta en esa fase de la realización. Nada de esto pasa por la mente de un lector, ni siquiera de un dibujante realista, en los márgenes del cuaderno de bachillerato.

Álvaro Manzanero

Los tópicos del cómic, esas malas hierbas imposibles de erradicar

Uno de los tópicos con respecto al medio que no ceso de oir es: «Tú que tantos cómics has leído, lo tienes fácil para hacer uno». La gente cree entonces que cómo se les ocurre a los dependientes de las librerías de cómic desaprovechar su tiempo atendiendo al público, en vez de estar haciendo la obra maestra del cómic.
No es que sean menos listos que el resto, es simplemente que no se han enfrentado a los problemas de completar una narración gráfica. Si se pusieran, mirarían los recursos ajenos-algo que tuvieron frente a sus ojos siempre y jamás vieron, ocupados en leer la historia y no en hacerse preguntas relativas a su creación-es decir, siempre vieron las soluciones, pero nunca los problemas que había tenido que encarar el autor.
Por mucho que yo hable de todo esto, la próxima vez que leas un cómic, volverás a pensar que fulanito tiene el estilo de menganito, por el acabado del pelo y la forma en la que hace la línea o los ojos, y todo esto no habrá servido para nada. Para eso son los tópicos, para perdurar, sin demasiada dificultad, y sin apenas base ni experiencia, repetidos hasta la saciedad y por tanto dados por válidos por todos.
Una cuestión que no se plantean es la colocación de los bocadillos en la página. Esta debe aparecer en la diagramación, fase inicial de la traslación del guión a la página de cómic, ya saben: cuando el dibujante esboza monigotes en unas viñetas en miniatura. Este momento es básico, y en esto nunca piensa nadie. ¿Algún lector de cómic ha pensado que los rabos de los bocadillos no deben cruzarse? Existen varias opciones para solventar esto, por ejemplo que el personaje que está situado a la izquierda tenga su bocadillo situado por debajo del de la derecha. Generalmente se evita y se situa al personaje que primero habla a la izquierda y el que lo hace a continuación a la derecha. En el ejemplo de Tintín, percibimos que puede ser ligeramente invasivo y restar espacio a la imagen.

Tintín

 

En el caso de que el primer personaje no diga una, sino dos cosas en la misma viñeta, el problema se complica. Podemos observar la solución de Keko, en su último cómic publicado, donde los bocadillos posteriores en lectura no sólo se colocan bajo los primeros, sino también desplazados a la derecha, potenciando el orden lógico de lectura horizontal, de izquierda a derecha y de arriba a abajo.

 

Keko

 

Otra solución la encontramos en Vittorio Giardino y su “Little Ego”:

 

Little Ego

Tal vez menos elegante pero más funcional , que yo nunca había visto, es la solución de Jaime Hernández en su último cómic-«Chapuzas de amor» Como podemos ver en la imagen, se trata de superponer el bocadillo intermedio al rabo de unión entre el primero y el tercero. Esta tiene la ventaja de dejar libre el resto de la viñeta que no sea la parte superior. No siempre tiene por qué convenir, ya que el texto, como cualquier otro elemento de la composición, guía la mirada del lector.

Chapuzas de amor

 

 

 

 

El miedo al dibujo. Rupturas y conclusiones.

Trabajo con alumnos de la ESO desde el 98, impartiendo clase de EPV. A lo largo de todos estos años he observado que lo que ellos consideran «saber dibujar bien” no es otra cosa que  lograr un dibujo fiel a la realidad. Muy interesante a este respecto es la famosa charla de Puño en el MAD.

Como intento de romper este tópico trato de jugar con ellos al pictionary. Con muñecos de palo tratan de hacerse entender, no hay aún narración, pero sí representación y comunicación. Dependiendo de la edad, el juego resulta pedagógico o se queda en un mero entretenimiento lúdico-competitivo, en el que todos están más pendientes de la broma y el equívoco o de ser ellos los siguientes en salir a la pizarra. Yo trato de calmar los ánimos y de sacar conclusiones de  todas y cada una de las imágenes representadas.

Susurro la palabra al oído del alumno y este trata de representarla sin la ayuda de letras o números. En una ocasión le chivé la palabra “hombre” y esto fue lo que dibujó:

Niño dibujando un hombre

 

La lección estaba clara: Teniendo pocos elementos, cualquier signo gráfico tiene su contenido. Enuncié esta conclusión en voz alta. Si el dibujo hubiera tenido más información, mayor número de líneas, hubiera sido más barroco, posiblemente este detalle se hubiese pasado por alto.

Otra conclusión es que tienen que analizar cuál es la característica por la cual sus compañeros adivinaron el objeto, en el caso de que la palabra a representar sea «boda», podría ser un sombrero de copa.

Un momento álgido se produce cuando susurro al oído de un alumno la palabra «guiri». Después de complicados planos de otros países, gafas de sol, etc, el alumno se da por vencido y entonces dibujo tan sólo un calcetín dentro de una sandalia. ¡No falla!  (la metonimia,  representación de una parte por el todo, así como «volante» puede representar a «coche»)

Otra de las conclusiones es que muchos elementos, más que ayudar al éxito, llevan al fracaso al distraer de la idea base, de manera que pierde fuerza.  Otra, que el ángulo en el que esté dibujado el objeto puede ser esclarecedor, o por el contario, confuso.  Una persona vista en picado cenital, con un dibujo esquemático podría ser cualquier cosa, mientras que vista de frente se nos presenta bien clara y reconocible. Otra, que a veces no hay otra manera que ayudarse por la secuencia para que quede patente la transformación de algo en el tiempo.

También tienen que tener en cuenta que sus dibujos actúan como símbolos. Las mujeres no tienen por qué llevar falda, pero si colocamos una falda a un personaje, difícilmente interpretaremos otra cosa que que se trata de una mujer.

Realmente no hay mejor dibujo que aquel que se adapta a la perfección a su función, en el caso del cómic, que hace de engranaje ideal para que toda la maquinaria de la narración funcione. Por eso a la pregunta de” ¿Este dibujo está bien?”  Siempre les respondo con otra pregunta: “Depende…¿Qué quieres comunicar?.”

Álvaro Manzanero