25J – Día de la mujer afrodescendiente

El 25 de julio del año 1992, en la República Dominicana, se llevó a cabo el primer encuentro de Mujeres Afrolatinas y Afrocaribeñas, con la participación de 400 mujeres provenientes de 32 países del continente. Se reunieron con el propósito de visibilizar las luchas y resistencias de las mujeres afro, y analizar las duras secuelas del racismo, el patriarcado y la desigualdad en la región. Entre las resoluciones finales del encuentro, se plantearon una serie de acciones con el intento de combatir las problemáticas del racismo y patriarcado contra las mujeres afro, y al mismo tiempo rendir un homenaje a todas aquellas mujeres afrodescendientes que lucharon para un mundo libre de injusticia y desigualdades.

A los 29 años de aquel encuentro, siguen en pie las luchas de las mujeres afrodescendientes, y su búsqueda de la eliminación de cualquier tipo de discriminación estructural étnico-racial y de género.

Desde entonces, las mujeres afro-latinoamericanas, afrocaribeñas y de la diáspora, han creado grupos de reflexión y compromiso para trabajar por sus derechos. Trabajando por la eliminación de las desigualdades que experimentamos a diario, sumándole a esto la discriminación que aún nos afecta, a pesar de la existencia de políticas públicas que respaldan nuestros derechos, y el reconocimiento como seres humanos. Por ello reconocer las brechas sociales, económicas, educativas, de acceso a salud, entre otras, frente al resto de mujeres no afrodescendientes, es vital para cumplir con el objetivo de la construcción de una sociedad más justa.

En los últimos años se ha visto el surgimiento de numerosos círculos y redes de mujeres negras, destinadas a construir estrategias de acción y políticas públicas que ayuden a mejorar nuestra calidad de vida, y erradicar el racismo y la discriminación.

Aún en pleno siglo XXI, se evidencian múltiples formas de violencia contras niñas y mujeres. Y la situación se agrava cuando el análisis se hace desde una perspectiva étnica. Es el momento histórico de combatir la exclusión y la marginalidad que nos han perseguido por más de 500 años, desde la colonización.

La carga histórica y la herida colonial, son evidentes incluso hasta hoy, –supuestamente abolida la esclavitud, dadas por terminadas las administraciones coloniales e instituidos los Estados nacionales en la región-. Las secuelas del colonialismo, que construye e integra el orden ideológico y funcional del sistema, que subordina a las personas, basado en una teoría racial, clasificando el color de piel y los rasgos fenotípicos de los sujetos colonizados. Hasta el día de hoy, existe cierta legitimidad al dominio impuesto por la conquista. En este sentido, es necesario señalar que la esclavización de personas provenientes de África, trajo consecuencias específicas para las mujeres.

Las mujeres fueron traídas en menores cantidades que los hombres, y fueron especialmente mercantilizadas, lo que las convirtió en objetos sexuales y de reproducción de mano de obra esclava. Con el tiempo, las divisiones de clase, género y raza, naturalizaron las relaciones de poder completamente desiguales, siendo las mujeres en general, y especialmente las mujeres afrodescendientes y negras, las más oprimidas, cosificadas y explotadas de la sociedad capitalista colonial patriarcal.

En otras palabras: “Aún persisten miradas y prácticas que estigmatizan a las mujeres afro. Estas han sido herederas de la historia que desde sus inicios ha sido violenta. El estereotipo más común de la mujer afrodescendiente es la hipersexualización, es decir, visualizada como objeto, expuesta como una cosa y vulnerabilizada ante el deseo de posesión ajeno, sin posibilidad de manifestarse por ella misma” (Afroféminas, 2017).

A esta estigmatización, se suma la situación de precariedad y exclusión a la que somos sometidas las mujeres afrodescendientes, generando un alto grado de vulnerabilidad.

Por ello, hoy se conmemora un año más de la lucha que han venido dando los grupos de mujeres negras a nivel de Latinoamérica, el Caribe y la Diáspora. El 25 de julio es un día de lucha y resistencia, para nosotras mujeres afrodescendientes. Hoy celebramos, recordamos y actualizamos las luchas, y sumamos las pequeñas batallas ganadas, para un presente y un futuro libre de discriminación y racismo.

REVISTA CRISIS

Homofobia en Hungría y Polonia

Bruselas abre expediente a Polonia y Hungría por su hostigamiento a la comunidad LGTBI. La Comisión Europea inicia un procedimiento infractor al considerar que Varsovia y Budapest violan derechos fundamentales.

El primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki (izquierda), y su colega húngaro, Viktor Orbán, hablan en la cumbre del pasado mes de diciembre en Bruselas.
El primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki (izquierda), y su colega húngaro, Viktor Orbán, hablan en la cumbre del pasado mes de diciembre en Bruselas.

Bruselas ha decidido actuar ante la deriva homófoba de los Gobiernos ultraconservadores de Hungría y Polonia. Tras el pulso de las últimas semanas con el Ejecutivo de Viktor Orbán, la Comisión Europea ha abierto este jueves expediente a Budapest por la norma que prohíbe la difusión de contenido LGTBI en ámbitos donde haya menores, al considerar que viola la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE en puntos como la libertad de expresión y la no discriminación. El Ejecutivo comunitario también ha abierto un procedimiento infractor a Polonia por las llamadas zonas libres de ideología LGTBI creadas en varios municipios.

La legislación aprobada por el Parlamento húngaro prohíbe que se difunda contenido LGTBI en cualquier ámbito en el que haya menores. Eso afecta a las escuelas y a los medios de comunicación, pero varias ONG creen que en última instancia el veto puede llegar a la propia calle. Bruselas cree que esa ley vulnera cuatro normas comunitarias —la directiva de Servicios Audiovisuales, la de Comercio Electrónico, la de Transparencia del Mercado Único y la de Protección de Datos— y viola la prestación de bienes y servicios de forma transfronteriza. Bruselas advierte, además, de que las disposiciones húngaras violan “la dignidad humana, la libertad de expresión e información, el derecho al respeto de la vida privada y el derecho a la no discriminación”.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. En vídeo, declaraciones de la presidenta sobre represalias legales y financieras con los países que no frenen la deriva homófoba.

El Ejecutivo de Ursula von der Leyen también ha enviado una carta de emplazamiento a Hungría por otra norma que obliga a los editores de libros a incluir una advertencia de descargo de responsabilidad en los libros con contenido LGTBI que señale que estos recogen “comportamientos que se desvían de los roles de género tradicionales”. “Esto equivale a restringir el derecho a la libertad de expresión y el derecho a la no discriminación consagrados en los artículos 11 y 21 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE”, señala la Comisión.

Malestar entre los países

La deriva de Hungría y Polonia, sin embargo, amenaza con extenderse a otros países que también han ido reculando en materia de derechos LGTBI. Ante ese riesgo, la Comisión Europea ha decidido finalmente abrir expediente a Varsovia por el centenar de localidades que se han declarado zonas libres de ideología LGTBI. Hasta ahora, Bruselas había optado por congelar los fondos destinados a esos municipios. Von der Leyen, que el martes cenó con el primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, había cargado en varias ocasiones contra esas declaraciones. Ahora, la Comisión ha abierto expediente a Polonia por no haber entregado la información que se le había requerido sobre la actuación de esos ayuntamientos.

Los expedientes ahondan todavía más la brecha entre Bruselas y los dos Gobiernos ultraconservadores, justo después de que el Constitucional polaco se haya negado a acatar las órdenes de la justicia europea y a las puertas de la presentación de los informes sobre el Estado de derecho de la UE. En el caso húngaro, la nueva ley irritó no solo a la Comisión, sino a 17 socios que decidieron firmar dos documentos —uno suscrito por los jefes de Estado y de gobierno— en los que se declaraban dispuestos proteger los derechos de la comunidad LGTBI. Hungría y Polonia tienen ahora dos meses para responder a la Comisión Europea. Si su respuesta no convence a Bruselas, el Ejecutivo comunitario puede enviarles una opinión razonada, que es el paso previo a ir al TJUE.

Lluís Pellicer – El País

GUÍA DIDÁCTICA: Abriendo ventanas

La guía está diseñada para trabajar con estudiantes de 4º de ESO, Bachillerato, Formación Profesional y Educación de Personas Adultas, es decir, para mayores de 16 años.

La guía está diseñada para trabajar con estudiantes de 4º de ESO, Bachillerato, Formación Profesional y Educación de Personas Adultas, es decir, para mayores de 16 años.
Se proponen hasta 10 actividades que pueden utilizarse como complemento al visionado del video, probablemente durante las tutorías, aunque se pueden utilizar de forma transversal en todas las asignaturas y cursos. Se incluyen propuestas para ser llevadas a cabo antes, durante y después de la proyección del documental. Como su duración es de 30 minutos, varias actividades están constituidas por diferentes partes cortas, por lo que se puede seleccionar sólo alguna de ellas o hacerlas todas consecutivamente.
Asímismo, las actividades se pueden llevar a cabo en varias sesiones. Cada actividad comienza con una o dos frases expuestas por alguna de las mujeres que aparecen en el video, indicando entre paréntesis la persona que realiza ese comentario y el minuto exacto en el que lo hace, por si las o los docentes quisieran reproducir ese momento exacto. A continuación, se presenta la duración estimada de cada actividad, los objetivos que se persiguen y los recursos necesarios para llevarla a cabo.
Por último, se explica el desarrollo de la actividad y, en algunos casos que se ha considerado necesario, se añade una breve explicación que puede servir de apoyo a la persona que dinamiza la sesión.
RECURSO:

Jóvenes no binarios y de género fluido: «Las etiquetas están anticuadas y nos limitan»

Uno de cada cuatro menores de 30 años no se identifica al 100% como “hombre” o “mujer”. El anteproyecto de ‘ley trans’ les deja fuera, pero los colectivos pedirán que les tengan en cuenta.

Álex Román, estudiante de diseño y joven no binario (19 años), con su padre, Alonso Román, en Valladolid.
Álex Román, estudiante de diseño y joven no binario (19 años), con su padre, Alonso Román, en Valladolid.

Álex Román tiene 19 años y nunca se ha sentido solo hombre. Tampoco mujer.Se lo confesó a su familia con 15 años, tras una infancia llena de dudas. A su padre, Alonso Román, jamás le supuso un problema: “Mi hijo me lo contó entre lágrimas y muerto de miedo porque pensó que le trataría como un monstruo”. La madre no lo acepta y sufre. “Me pregunta por qué no puedo ser una persona normal”, cuenta el joven, cabizbajo. El progenitor asegura que no hay que darle importancia a “algo natural” y mira con orgullo a “su niño” mientras este critica que le encasillen y pide que respeten su identidad: el de una persona no binaria, de género fluido.

El estudiante de Diseño explica que su orientación, homosexual, no tiene que ver con su identidad de género. Él nació con pene, pero se siente a la vez mujer y hombre. Simplemente dice que fluye entre ambos. “Las etiquetas están anticuadas y nos limitan. ¿Por qué tiene que haber cosas femeninas como los vestidos rosas y otras masculinas como el fútbol?”, pregunta con hastío.

Uno de cada cuatro jóvenes en España no se identifica al 100% ni con la categoría de femenino ni con la de masculino, según el informe Juventud en España 2020, una radiografía social de los menores de 30 años elaborada por el Instituto Injuve.

Álex lamenta que el anteproyecto de ley trans que aprobó el Ejecutivo no incluya el reconocimiento legal de las personas no binarias, una posibilidad que contemplaba el primer borrador pero que fue descartada. Los colectivos pedirán su inclusión durante la tramitación legislativa, con la posibilidad de dejar en blanco la casilla del sexo en el DNI o incluyendo un tercer apartado.

Este vallisoletano asegura que los jóvenes tienen una mentalidad más abierta que sus mayores gracias a las redes sociales: “Sirven para conocer gente parecida a ti y sentirte acompañado”. El estudio de Injuve demuestra que internet (46%) es el principal canal de información para ellos. Su padre, de 58 años, señala que en su época no se hablaba de esto y que la cultura es clave. Juntos ven programas de drag queens, como años antes veían películas de princesas Disney. La brecha generacional existe, reconocen, pero aprenden el uno del otro a diario. Román se siente afortunado: “Muchos padres siguen sin aceptarlo”.

Estas son las historias de otras personas no binarias y de género fluido.

“Me fui de casa por miedo a que mi padre me matara”

Lilo Szewc, de 22 años, residente en Barcelona.
Lilo Szewc, de 22 años, residente en Barcelona

Lilo Szewc conoce de cerca el rechazo. Acaba de cumplir 22 años y se define como transgénero y no binaria. Es trans, explica, pero no quiere transicionar —es decir, someterse a una operación de cambio de sexo—. Ella no se ve reflejada en el género que le asignaron, pero tampoco se identifica totalmente con uno concreto: “Todos tenemos una parte masculina y femenina, pero no nos educan para planteárnoslo”. El presidente de No Binaries España, Darko Decimavilla, explica que ser trans no es hacer una transición: “Esa es una posibilidad pero no una obligación. A partir de ahí, puedes ser mujer trans, hombre trans o persona no binaria trans”. Lilo concuerda: “No existe una única manera de ser trans”.

Esta joven residente en Barcelona no recuerda cuándo tomó conciencia de su identidad, pero cuenta que de pequeña ya le molestaba no poder ir sin camiseta, como su hermano: “No quería que me crecieran los pechos, los odiaba”. También recuerda la primera denuncia que le puso a su padre por agredirla. Tenía 18 años y aguantaba palizas y comentarios discriminatoriosconstantes. Su madre se limitaba a gritarle y suplicarle que no contara esas “rarezas que sentía”. La justicia absolvió a su progenitor porque no vio maltrato, simplemente rencillas familiares.

Lilo habla de su familia con la voz entrecortada y llora cuando relata la decisión que tomó el año pasado: “Me fui de casa por miedo a que mi padre me matara”. Ahora vive sola y es trabajadora sexual. Tiene estrés postraumático y no suele salir: “La calle es un campo de guerra, sufro acoso por mi aspecto de mujer”. Apenas tiene contacto con sus padres: “Nunca me aceptarán como soy”. Lilo insiste en la importancia del arte y la ropa como medio de expresión: “Vestir y moverse como uno quiere es un acto político”.

Lucas Platero, activista LGTBI e investigador del departamento de Psicología Social de la Universidad Autónoma de Barcelona, señala el adultocentrismo de muchos padres que les impide escuchar a sus hijos: “Faltan información y pedagogía, pero sobre todo actitudes abiertas para escuchar ideas que confrontan lo tradicional”. Lilo agradece la ayuda de una tutora en su instituto que habló con el claustro para exponer su situación: “Que te escuchen es el primer paso, especialmente en el colegio”.

“No habrá inclusión hasta que el programa educativo no incluya temas de género y sexualidad”

Noa y Joy, de 23 y 20 años respectivamente.
Noa y Joy, de 23 y 20 años respectivamente.

Carlos Martínez y Quique Suárez, de 23 y 20 años respectivamente, solo se llaman así en el DNI. Para lo demás, son Noa y Joy, una pareja no binaria que vive con miedo a que les agredan o insulten por ser como son. “Algo tan sencillo como besarse atrae miradas y comentarios despectivos”, señalan. Sus padres no saben nada de su identidad. “El problema no es la diferencia de edad, sino la falta de pedagogía”, desliza Noa, que considera que no habrá igualdad hasta que toda la comunidad educativa incluya “temas de género y sexualidad” en el programa. “Las luchas sociales se ganan en la calle y luego en el Parlamento”, concluyen.

Noa se dio cuenta de su identidad al acudir a charlas sobre el tema: “Los raros no somos nosotros por preguntarnos quiénes somos, lo extraño es que la mayoría de la sociedad nunca se lo plantee”. La psicóloga y sexóloga Ana Lombardía achaca la intolerancia social a la falta de pedagogía. “La orientación sexual es independiente de la identidad de género. Es importante diferenciar la orientación, el género y el sexo, y las formas en las que las tres variables se pueden combinar en una misma persona”. Lombardía insiste en que estos términos siguen siendo “difusos” en los medios de comunicación, en lo educativo, sanitario y legislativo.

“La vida real no era lo que veía en el pueblo”

Alec López, joven estudiante de Ciencias Políticas, residente en Salamanca.
Alec López, joven estudiante de Ciencias Políticas, residente en Salamanca

Andrea López no se atrevía a presentarse como Alec López, persona no binaria, bisexual y poliamorosa, en su pueblo de Zamora, Villalpando (1.400 habitantes). Es poliamorosa, explica, porque mantiene relaciones no monógamas con varias personas a la vez: “Esto era impensable en la generación de mis padres”. Ella vivió hasta los 18 años en “la burbuja cuadriculada” del pueblo “tragándose” las dudas sobre su identidad, hasta que se mudó a Salamanca a estudiar Ciencias Políticas. “La primera vez que vi a dos homosexuales besándose fue en la ciudad, la vida real no es lo que yo veía en el pueblo”, asegura. Alec siempre ha vestido “distinto” a los demás y se sentía una rémora. “Somos más complejos de lo que socialmente nos hacen creer”, defiende, y pone el ejemplo de amigos pangénero. El término alude a personas que pueden sentirse de todos los géneros.Estas personas no pasan de una identidad de género a otra, como en el caso del género fluido, sino que se identifican con distintas identidades de forma simultánea y fija.

Alec prefiere no contarle a sus padres cómo se siente: “No es por miedo, es más por pereza. Tendría que dedicar mucho tiempo para que lo entendieran. No tengo esa energía”. La joven cree que el lenguaje inclusivo ayuda a normalizar y, aunque confiesa que no le da especial importancia a los pronombres, reconoce su trascendencia. “Agradezco que la ministra Irene Montero los use porque visibiliza la diversidad”. Y concluye: “Vivir implica deconstruirse”.

“Me preocupa que discriminen a mi hija, pero ella me enseña que los tiempos están cambiando”

Alía Ramos, 22 años, estudiante de derecho, y su madre Azucena Juez, en Cantabria.
Alía Ramos, 22 años, estudiante de derecho, y su madre Azucena Juez

Azucena Juez ya intuía algo antes de que su hija, Alia Ramos, de 22 años, le confesara que se identificaba como no binaria y lesbiana. Juez, de 52, aún se refiere a la joven como “ella”, aunque Ramos utiliza pronombres con el morfema e (elles, nosotres…). Es comprensiva con su madre: “La brecha generacional existe, pero no es excusa para no intentar comprender los nuevos tiempos”.

Alia destaca que el feminismo le ayudó a cuestionarse y reivindicar la diversidad de géneros y que considera clave tener referentes, así como informarse y expresarse en redes sociales, de las que es muy asidua. A su madre se le escapa una risa nerviosa cuando reconoce que comenzó a sospechar al leerla en Twitter: “Mi hija es más radical que yo, me cuesta adaptarme a este mundo tecnológico”. Alia, estudiante de Derecho en Madrid, señala que la universidad le abrió un mundo nuevo. Y pregunta con rabia: “¿Por qué tenemos que esperar a los 18, y a veces más, para empezar a vivir libremente nuestra sexualidad e identidad?”.

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