Alzar la voz en defensa de las mujeres trans

Cuando empiezo a sospechar que hay una grieta entre quién asomo a ser y cómo me ven los demás, soy muy pequeña y en el mundo está creciendo una sombra que incidirá imparable sobre mis miedos y silencios.

Median los ochenta y a mis seis años ya he aprendido que hay cosas importantes que es mejor que no diga en voz alta. El sida se lleva por delante generaciones enteras de personas LGTB. El señalamiento durante aquellos años es descorazonador. Se consolida la leyenda de la naturaleza perversa y desenfrenada de las vidas no heterosexuales. No importa la clase social o la formación, en las casas y en las calles se da por buena cada fantasía oscura que la cultura y la sociedad heterosexual se ha contado a sí misma alguna vez sobre las vidas queer. La pandemia se convierte en un argumento de castigo. Las conversaciones que se dan a mi alrededor son pura deshumanización y quienes las tienen, padres, vecinos, no son conscientes de las barbaridades que ponen encima de la mesa y cómo están amplificando, sin querer, un mensaje de odio perfectamente orquestado. Da igual que en el portal de al lado haya vivido una mujer trans durante más de 30 años. De repente, la naturaleza LGTB vuelve a ser una moda y una peste que amenaza con borrar a las personas normales.

En los noventa, con las consecuencias del sida vigentes, la cultura popular apuntala el desastre como se hace casi todo en aquella década, desde la frivolidad. Las adolescentes trans crecemos viendo morir (o siendo objeto de mofa) a nuestras referentes. Es el tiempo de Stephen Rea vomitando después de besar a una preciosa mujer trans en Juego de lágrimas. La homosexualidad se ha instalado culturalmente como un asunto relacionado con el vicio y la enfermedad. Las vidas trans ni siquiera tenemos derecho a contar nuestra versión.

Se nos presenta ante el mundo como el travelo procaz con sombra de barba y voz grave al que puede humillarse sin consecuencias. También como el oscuro objeto de deseo que se utiliza en la oscuridad. A escondidas. Aprendemos, viendo películas, leyendo libros y escuchando a nuestro entorno que somos indignas de ser amadas. Y eso se nos clava en el corazón para siempre. Nadie debería crecer con el miedo y la vergüenza como emociones primarias. Estos días se intentan frenar leyes que pueden facilitar la vida a quienes lo tenemos más difícil, haciendo pasar las vidas trans como algo nuevo y complejo.

REVISTA VOGUE – agosto 2021

La escritora y activista Alana Portero reflexiona sobre la soledad y la vergüenza que experimentan los que viven en los márgenes y sobre el largo camino que aún queda por recorrer para alcanzar el pleno reconocimiento de la comunidad trans.

Jóvenes no binarios y de género fluido: «Las etiquetas están anticuadas y nos limitan»

Uno de cada cuatro menores de 30 años no se identifica al 100% como “hombre” o “mujer”. El anteproyecto de ‘ley trans’ les deja fuera, pero los colectivos pedirán que les tengan en cuenta.

Álex Román, estudiante de diseño y joven no binario (19 años), con su padre, Alonso Román, en Valladolid.
Álex Román, estudiante de diseño y joven no binario (19 años), con su padre, Alonso Román, en Valladolid.

Álex Román tiene 19 años y nunca se ha sentido solo hombre. Tampoco mujer.Se lo confesó a su familia con 15 años, tras una infancia llena de dudas. A su padre, Alonso Román, jamás le supuso un problema: “Mi hijo me lo contó entre lágrimas y muerto de miedo porque pensó que le trataría como un monstruo”. La madre no lo acepta y sufre. “Me pregunta por qué no puedo ser una persona normal”, cuenta el joven, cabizbajo. El progenitor asegura que no hay que darle importancia a “algo natural” y mira con orgullo a “su niño” mientras este critica que le encasillen y pide que respeten su identidad: el de una persona no binaria, de género fluido.

El estudiante de Diseño explica que su orientación, homosexual, no tiene que ver con su identidad de género. Él nació con pene, pero se siente a la vez mujer y hombre. Simplemente dice que fluye entre ambos. “Las etiquetas están anticuadas y nos limitan. ¿Por qué tiene que haber cosas femeninas como los vestidos rosas y otras masculinas como el fútbol?”, pregunta con hastío.

Uno de cada cuatro jóvenes en España no se identifica al 100% ni con la categoría de femenino ni con la de masculino, según el informe Juventud en España 2020, una radiografía social de los menores de 30 años elaborada por el Instituto Injuve.

Álex lamenta que el anteproyecto de ley trans que aprobó el Ejecutivo no incluya el reconocimiento legal de las personas no binarias, una posibilidad que contemplaba el primer borrador pero que fue descartada. Los colectivos pedirán su inclusión durante la tramitación legislativa, con la posibilidad de dejar en blanco la casilla del sexo en el DNI o incluyendo un tercer apartado.

Este vallisoletano asegura que los jóvenes tienen una mentalidad más abierta que sus mayores gracias a las redes sociales: “Sirven para conocer gente parecida a ti y sentirte acompañado”. El estudio de Injuve demuestra que internet (46%) es el principal canal de información para ellos. Su padre, de 58 años, señala que en su época no se hablaba de esto y que la cultura es clave. Juntos ven programas de drag queens, como años antes veían películas de princesas Disney. La brecha generacional existe, reconocen, pero aprenden el uno del otro a diario. Román se siente afortunado: “Muchos padres siguen sin aceptarlo”.

Estas son las historias de otras personas no binarias y de género fluido.

“Me fui de casa por miedo a que mi padre me matara”

Lilo Szewc, de 22 años, residente en Barcelona.
Lilo Szewc, de 22 años, residente en Barcelona

Lilo Szewc conoce de cerca el rechazo. Acaba de cumplir 22 años y se define como transgénero y no binaria. Es trans, explica, pero no quiere transicionar —es decir, someterse a una operación de cambio de sexo—. Ella no se ve reflejada en el género que le asignaron, pero tampoco se identifica totalmente con uno concreto: “Todos tenemos una parte masculina y femenina, pero no nos educan para planteárnoslo”. El presidente de No Binaries España, Darko Decimavilla, explica que ser trans no es hacer una transición: “Esa es una posibilidad pero no una obligación. A partir de ahí, puedes ser mujer trans, hombre trans o persona no binaria trans”. Lilo concuerda: “No existe una única manera de ser trans”.

Esta joven residente en Barcelona no recuerda cuándo tomó conciencia de su identidad, pero cuenta que de pequeña ya le molestaba no poder ir sin camiseta, como su hermano: “No quería que me crecieran los pechos, los odiaba”. También recuerda la primera denuncia que le puso a su padre por agredirla. Tenía 18 años y aguantaba palizas y comentarios discriminatoriosconstantes. Su madre se limitaba a gritarle y suplicarle que no contara esas “rarezas que sentía”. La justicia absolvió a su progenitor porque no vio maltrato, simplemente rencillas familiares.

Lilo habla de su familia con la voz entrecortada y llora cuando relata la decisión que tomó el año pasado: “Me fui de casa por miedo a que mi padre me matara”. Ahora vive sola y es trabajadora sexual. Tiene estrés postraumático y no suele salir: “La calle es un campo de guerra, sufro acoso por mi aspecto de mujer”. Apenas tiene contacto con sus padres: “Nunca me aceptarán como soy”. Lilo insiste en la importancia del arte y la ropa como medio de expresión: “Vestir y moverse como uno quiere es un acto político”.

Lucas Platero, activista LGTBI e investigador del departamento de Psicología Social de la Universidad Autónoma de Barcelona, señala el adultocentrismo de muchos padres que les impide escuchar a sus hijos: “Faltan información y pedagogía, pero sobre todo actitudes abiertas para escuchar ideas que confrontan lo tradicional”. Lilo agradece la ayuda de una tutora en su instituto que habló con el claustro para exponer su situación: “Que te escuchen es el primer paso, especialmente en el colegio”.

“No habrá inclusión hasta que el programa educativo no incluya temas de género y sexualidad”

Noa y Joy, de 23 y 20 años respectivamente.
Noa y Joy, de 23 y 20 años respectivamente.

Carlos Martínez y Quique Suárez, de 23 y 20 años respectivamente, solo se llaman así en el DNI. Para lo demás, son Noa y Joy, una pareja no binaria que vive con miedo a que les agredan o insulten por ser como son. “Algo tan sencillo como besarse atrae miradas y comentarios despectivos”, señalan. Sus padres no saben nada de su identidad. “El problema no es la diferencia de edad, sino la falta de pedagogía”, desliza Noa, que considera que no habrá igualdad hasta que toda la comunidad educativa incluya “temas de género y sexualidad” en el programa. “Las luchas sociales se ganan en la calle y luego en el Parlamento”, concluyen.

Noa se dio cuenta de su identidad al acudir a charlas sobre el tema: “Los raros no somos nosotros por preguntarnos quiénes somos, lo extraño es que la mayoría de la sociedad nunca se lo plantee”. La psicóloga y sexóloga Ana Lombardía achaca la intolerancia social a la falta de pedagogía. “La orientación sexual es independiente de la identidad de género. Es importante diferenciar la orientación, el género y el sexo, y las formas en las que las tres variables se pueden combinar en una misma persona”. Lombardía insiste en que estos términos siguen siendo “difusos” en los medios de comunicación, en lo educativo, sanitario y legislativo.

“La vida real no era lo que veía en el pueblo”

Alec López, joven estudiante de Ciencias Políticas, residente en Salamanca.
Alec López, joven estudiante de Ciencias Políticas, residente en Salamanca

Andrea López no se atrevía a presentarse como Alec López, persona no binaria, bisexual y poliamorosa, en su pueblo de Zamora, Villalpando (1.400 habitantes). Es poliamorosa, explica, porque mantiene relaciones no monógamas con varias personas a la vez: “Esto era impensable en la generación de mis padres”. Ella vivió hasta los 18 años en “la burbuja cuadriculada” del pueblo “tragándose” las dudas sobre su identidad, hasta que se mudó a Salamanca a estudiar Ciencias Políticas. “La primera vez que vi a dos homosexuales besándose fue en la ciudad, la vida real no es lo que yo veía en el pueblo”, asegura. Alec siempre ha vestido “distinto” a los demás y se sentía una rémora. “Somos más complejos de lo que socialmente nos hacen creer”, defiende, y pone el ejemplo de amigos pangénero. El término alude a personas que pueden sentirse de todos los géneros.Estas personas no pasan de una identidad de género a otra, como en el caso del género fluido, sino que se identifican con distintas identidades de forma simultánea y fija.

Alec prefiere no contarle a sus padres cómo se siente: “No es por miedo, es más por pereza. Tendría que dedicar mucho tiempo para que lo entendieran. No tengo esa energía”. La joven cree que el lenguaje inclusivo ayuda a normalizar y, aunque confiesa que no le da especial importancia a los pronombres, reconoce su trascendencia. “Agradezco que la ministra Irene Montero los use porque visibiliza la diversidad”. Y concluye: “Vivir implica deconstruirse”.

“Me preocupa que discriminen a mi hija, pero ella me enseña que los tiempos están cambiando”

Alía Ramos, 22 años, estudiante de derecho, y su madre Azucena Juez, en Cantabria.
Alía Ramos, 22 años, estudiante de derecho, y su madre Azucena Juez

Azucena Juez ya intuía algo antes de que su hija, Alia Ramos, de 22 años, le confesara que se identificaba como no binaria y lesbiana. Juez, de 52, aún se refiere a la joven como “ella”, aunque Ramos utiliza pronombres con el morfema e (elles, nosotres…). Es comprensiva con su madre: “La brecha generacional existe, pero no es excusa para no intentar comprender los nuevos tiempos”.

Alia destaca que el feminismo le ayudó a cuestionarse y reivindicar la diversidad de géneros y que considera clave tener referentes, así como informarse y expresarse en redes sociales, de las que es muy asidua. A su madre se le escapa una risa nerviosa cuando reconoce que comenzó a sospechar al leerla en Twitter: “Mi hija es más radical que yo, me cuesta adaptarme a este mundo tecnológico”. Alia, estudiante de Derecho en Madrid, señala que la universidad le abrió un mundo nuevo. Y pregunta con rabia: “¿Por qué tenemos que esperar a los 18, y a veces más, para empezar a vivir libremente nuestra sexualidad e identidad?”.

EL PAÍS

Discutamos, mejoremos y avancemos

Según la OMS, hay entre un 0.3% y un 0.6% de transexuales en el mundo; por cada siete mujeres trans (nacidas varones), hay unos tres hombres nacidos hembras. Curiosamente, en este guirigay desaforado contra el proyecto de ley nadie se acuerda de los hombres trans. Quizá sea porque son oficialmente mujeres, y ya se sabe que las mujeres pintan menos.

En primer lugar, en España el movimiento trans ha estado integrado en el feminismo al menos desde las jornadas feministas de 1993 en la Facultad de Medicina de Madrid. El supuesto enfrentamiento es una creación reciente por parte de algunas mujeres. Otro error muy extendido es creer que los transexuales son todos travestis de pechos descomunales y plataformas de vértigo (“son una caricatura extrema e insultante de las mujeres”, dijo una feminista, olvidando de nuevo a los trans hombres). Algunas hay, como también hay chicas biológicas a las que les gusta ir reventonas. Pero la gran mayoría viven vidas nada llamativas. Estoy segura de que casi todos los lectores de este artículo se han cruzado con hombres y mujeres trans sin saberlo. Si comienzan a hormonarse en la pubertad pueden ser indistinguibles, y, como es natural, muchos prefieren no ir contando su historia a todo el mundo, porque el prejuicio sigue siendo enorme.

La mayoría de los trans lo son desde la infancia. ¿Quién dice que a los cinco años los niños no saben quienes son? Hay crías de esa edad que alardean de ser niñas, y chicos que pretenden ser Tarzán. Pues bien, hay otros chavales que sienten su sexo con igual naturalidad y certidumbre, solo que resulta ser opuesto al genital. Y no, no es una manipulación de la familia. Al contrario, para los padres suele ser un trauma. Los transexuales no son un invento moderno: han existido desde siempre. Ya son citados, por ejemplo, en el Mahabharata (epopeya del siglo III antes de Cristo). Dentro del útero materno, las hormonas sexuales conforman redes neurales distintas en los cerebros de hombres y mujeres; y se supone que, en algunos casos, esa impregnación hormonal puede variar y hacer que el sexo biológico y el cerebral no coincidan. Esto, que se conoce como disforia de género, no es una enfermedad sino una diferencia: todos somos bioquímicamente diferentes (en 2018, la OMS quitó la disforia de la lista de patologías). Estudios científicos con neuro-imágenes (UNED 2012, Universidad de São Paulo 2018…) demuestran que los cerebros trans se parecen más a los cerebros del sexo elegido que a los del biológico.

A estos trans marcados hormonalmente que lo tienen clarísimo, se están sumando en los últimos años chicos y chicas que, gracias a la progresiva desaparición del sexismo, empiezan a verse libres de la tiranía de los géneros. Hablo de niños que quieren llevar faldas durante unos años, o niñas que desean probar lo que es ser un chico. ¿Y qué mal hay en ello? Que jueguen, que investiguen. No los etiquetemos. No hay que empezar a hormonar hasta la pubertad y para entonces sabrán más de sí mismos. En cuanto a las cirugías (en España exigen mayoría de edad), son palabras mayores, y resulta que los trans recurren cada vez menos a ello. Cuanto más libre y fluida es la sociedad, mejor se llevan con su cuerpo.

En España pueden cambiarse el nombre y el sexo desde 2007 previo certificado de disforia (o sea, de trastorno mental) y dos años de tratamiento médico. Pero los transexuales se niegan a ser patologizados y a que alguien decida por ellos. Reclaman algo tan simple como tener el control de sus propias vidas.

Se trata de un proyecto de ley, y, como tal, manifiestamente mejorable. Por ejemplo, si la autodeterminación de género crea problemas en eventos deportivos o en las estadísticas, podría solventarse de otro modo: quitemos la información del sexo en los documentos públicos (¿para qué se necesita en el DNI?) y que el sexo biológico solo conste en registros más o menos reservados. Debemos debatir, eso sin duda, pero no demonizar. El escándalo extremo en torno a la ley me parece producto del prejuicio, o de intereses políticos, o de una patrimonialización del feminismo, el cual, por fortuna, es múltiple y variado. Por cierto, ¿qué son las feministas históricas? ¿Detentadoras del dogma, Madres de la Iglesia? ¿O feministas viejas? Pues yo, que también soy una feminista vieja, es decir, histórica, estoy a favor del proyecto trans. Discutamos, mejoremos y avancemos.

Rosa Montero – EL PAÍS

“FEMVERTISING”,empoderamiento es nombre de mujer

Las marcas se comprometen con la igualdad de género y reconocen el poder de la decisión. femenino en las compras.

Amas de casa desesperadas por sus azulejos mate, por la cal y las manchas; mujeres cañón, mujeres objeto y mujeres florero; supermodelos de productos light y antiarrugas que claramente no necesitan…

Durante décadas la publicidad normalizó la imagen femenina anclada en los estereotipos y la cosificación. Y aunque todavía queda mucho por hacer, la industria está consolidando una nueva representación realista, positiva y empoderada de la mujer.

Ama de casa complaciente o mujer objeto fueron durante décadas las únicas representaciones de la mujer en la mayoría de anuncios publicitarios
Ama de casa complaciente o mujer objeto fueron durante décadas las únicas representaciones de la mujer en la mayoría de anuncios publicitarios

Los consumidores reclaman posicionamiento social y más marcas se comprometen con la igualdad y la visibilización femenina. Aunque no debería ser una tendencia sino un cambio estructural, como pasa con todo buen fenómeno comunicativo, ya se han acuñado términos como adHertising, o femvertising, el que ha hecho más fortuna, una palabreja que fusiona “feminismo” con “advertising” (publicidad).

La comunicación en femenino reivindica el poder de la mujer consumidora, responsable del 80% de las decisiones de compra

“La llegada de un feminismo más transversal o el terremoto que supuso el #MeToo fueron importantes para situar las reivindicaciones de género en la agenda”, destaca Patricia Miret, directora de Cuentas y Estrategia de Proximity. “Las marcas sienten necesidad de posicionarse, pero no todas pueden hablar de todos los temas o desde un mismo ángulo”.

Los consumidores exigen marcas alineadas con sus valores y empiezan a premiar empresas comprometidas con la igualdad de género
Los consumidores exigen marcas alineadas con sus valores y empiezan a premiar empresas comprometidas con la igualdad de género

Las hay que acusan la responsabilidad de haber contribuido a perpetuar estereotipos nocivos para la mujer en el pasado. “Barbie intenta ahora usar su influencia para liderar un cambio social”, cuenta la directora creativa Helena Marzo. De ahí las campañas para el empoderamiento de las niñas, su inclusión en ámbitos profesionales tradicionalmente masculinos y nuevos modelos de muñeca con diversidad de géneros, físicos y capacidades.

La muñeca Barbie trata de hacer llegar nuevos modelos de mujer inspiradores para las niñas: pioneras, deportistas, científicas, artistas y activistas.

“También hay empresas que tienen toda la legitimidad para ser radicales y son agentes de cambio real.La marca de productos de higiene femenina Libresse, con campañas como Viva la Vulva, Womb Stories o Blood Normal, lucha por acabar con el estigma de la menstruación, los genitales femeninos o la reproducción”. Las campañas han causado tanto furor como rechazo y se han llevado un montón de premios. “Es un caso de cliente valiente, algo que en tema de género no es tan común”. Algo parecido sucedió con Gillette y su apuesta por la “nueva masculinidad”.

El revuelo causado por el anuncio de Gillette puso sobre la mesa el debate la necesidad de redefinir la masculinidad, luchar contra los estereotipos tóxicos y sobre todo, dejar claro que estamos juntos en esto.

No siempre es necesario hacer ruido para comprometerse. Una marca puede mojarse con roles no estereotipados, modelos de familia equitativos, figuras femeninas como expertas… 

Con su campaña “Bravo madres y padres” lanzada durante el confinamiento por la crisis sanitaria de la Covid-19, Cacaolat se implica en la igualdad de género mostrando escenas domésticas con igualdad de roles.

“A mí me han hecho cambiar la voz en off de mujer por hombre para anunciar un medicamento, por ejemplo, pues el cliente decía que tenía más credibilidad”, asegura. El 70% de las voces en off de los anuncios son masculinas. 

El 70% de las voces en off de los anuncios son masculinas. Los hombres siguen apareciendo como figura de autoridad o como el experto en la materia en la mayoría de los anuncios

“Lo masculino es la norma. Las mujeres nos hemos adaptado a una publicidad que no nos habla como queremos. Pero eso está cambiando”, sostiene Gema Cernuda, CEO de Ellas Deciden. “Hay que ser consciente del poder de la consumidora, responsable del 80% de las decisiones de compra y susceptible de recomendar 27 veces un producto de su agrado, frente a las 8 veces que lo recomienda un hombre” enfatiza Cernuda, poniendo cifras a lo crucial de la comunicación en femenino.

Sara Loscos

LECCIONES DE UNA PANDEMIA

El pasado 13 de marzo, cuando salía de noche de nuestro instituto, pensaba en cómo iba a plantear las clases en el período de suspensión lectiva. Tengo tan interiorizado el cumplir con la programación que, en las primeras semanas, no me percaté que esta crisis sanitaria era una oportunidad para vincular las materias que imparto con la realidad. Dediqué todo mi tiempo y mi energía a ver cómo adaptaba mis clases a la enseñanza a distancia y, por supuesto, a conseguir desarrollar la programación. En mi cabeza se repetían más las palabras “programación, EBAU, tarea y videolección” que en los medios de comunicación los vocablos “pandemia, coronavirus, COVID-19, tests”.

Pero en Semana Santa (mis compañeros y mis alumnos no se van a extrañar porque sucediera en vacaciones; los profes nos sentimos culpables si hay un día en que no pensemos en nuestro trabajo) por fin me decidí a incluir la pandemia en mis enseñanzas. Eso sí, para dormir tranquila, vinculé las tareas diseñadas a la programación. No sea que por impartir algo no programado me caigan todas las maldiciones del universo. ¡Cosas de profes!

Así que esta semana le he escrito a mis alumnos de Cultura Científica este texto:

“Esta pandemia ha hecho que la ciencia y los científicos sean protagonistas en informativos, ruedas de prensa, periódicos. A menudo nos preguntamos si lo que estudiamos en las clases de ciencia tiene conexión con la realidad y será útil. Solemos tener clara la utilidad de la ciencia: nos ayuda a comprender el mundo que nos rodea y mejorar la calidad de vida de las personas (prolongando la vida al prevenir o curar enfermedades o facilitando las labores diarias) sin olvidar que nos ha permitido incrementar la producción de alimentos y nos ha dado la TV, los teléfonos móviles, los aviones y los ordenadores. Si bien la ciencia es importante, ¿para qué necesitamos tener cultura científica todos los ciudadanos?. La respuesta a esta pregunta, por parte del sistema educativo, es que precisamos tener unos conocimientos básicos sobre cuestiones científicas para saber las verdaderas causas de lo que sucede y tomar mejores decisiones y, en definitiva, para fortalecer la democracia generando un comportamiento y una ética basados en la evidencia.

Y esto que se ha expuesto sobre la importancia de la ciencia y de la cultura científica, ¿cómo lo aplicamos a la realidad que estamos viviendo?, ¿qué podemos aprender de la pandemia COVID-19?. Podemos aprender, entre otras muchas cuestiones, a apreciar la importancia de invertir en ciencia (desarrollo de fármacos antivirales, vacunas, tests de diagnóstico de enfermedades) y tecnología (ej. construcción de respiradores, desarrollo de mascarillas y ropa de protección individual)”.

Y a mis alumnos de Biología les remití este otro texto:

“En más de una ocasión me han preguntado sobre la utilidad del temario de biología (¿para qué sirve saber la composición de un virus, la diferencia entre ADN y ARN, qué son las proteínas o las partes de la célula?). Me he acordado mucho de este tipo de preguntas escuchando continuamente en televisión hablar sobre el virus SARS-CoV-2, un virus ARN que invade y destruye las células de los alveolos pulmonares (neumocitos) porque una proteína de su superficie se une a un receptor de la membrana celular.

Conocer la biología de un organismo, en este caso el virus SARS-CoV-2 nos puede ayudar en muchas cuestiones. Si sabemos qué proteína es la que permite su entrada a las células, podemos diseñar fármacos que impidan que esa proteína se una a los receptores de la membrana celular. Evitaríamos así que el virus accediera a las células de los alveolos pulmonares convirtiéndolas en fábricas de nuevos virus y destruyéndolas. Si conocemos cómo es su ARN, podemos detectarlo con un test PCR y determinar si una persona es portadora del virus. ¿Es útil o no la biología? Claramente, sí. Poniendo un símil bélico, conocer la biología de un microbio es igual que conocer al enemigo en una batalla: nos puede ayudar a derrotarlo”.

Después de reivindicar la importancia de mis materias (para cada docente la suya es la más importante), le propuse al alumnado una serie de actividades (¿cómo no?) para que relacionen el temario con la situación actual. Les invité con esas actividades a conocer al “culpable” (el virus) de esta “guerra” (la pandemia mortífera), a nuestro aliado (el sistema inmune), a las armas (los tratamientos) y a los métodos de detección (los tests) de nuestro enemigo.  También aproveché la pandemia para visibilizar la labor científica de las mujeres. Resulta paradójico pero un virus invisible saca a la luz la contribución científica de muchas mujeres. En España, Isabel Sola trabaja en el CSIC buscando una vacuna. Su idea es ir estudiando uno a uno los genes del virus, identificar cuáles son los que originan virulencia y retirarlos, de forma que crean una vacuna parecida al virus original, pero incapaz de causar enfermedad. Laura Lechuga coordina el equipo europeo que ha comenzado a desarrollar un dispositivo nanotecnológico con biosensores capaces de determinar en menos de 30 minutos la presencia de coronavirus en una persona. Un equipo de científicos del IBEC (Institut de Bioenginyeria de Catalunya), liderado por Icrea Núria Montserrat, ha identificado un fármaco que bloquea el virus SARS-CoV-2 en las primeras fases de la infección. Utilizando cultivos celulares, réplicas en miniatura de órganos reales desarrolladas a partir de células humanas, han comprobado que este fármaco es capaz de reducir hasta 5000 veces la cantidad de virus presente en el tejido.

Llegado a este punto (había vinculado el temario a la situación actual, reivindicado la importancia de mis materias y, además, contribuido al desarrollo de contenidos propios de las redes del centro como salud e igualdad) me di cuenta de que no solo aspiro a que mis alumnos aprendan más biología o tengan más cultura científica tras esta experiencia. Lo que más desearía es apreciaran la importancia de la cultura (los conciertos y los recitales de poesía que he seguido en instagram han alegrado mis días), la tecnología (hubiese sido más duro de llevar el confinamiento sin televisión, ordenador, teléfono móvil, redes sociales), el afecto (qué tristes estamos todos porque nos hemos quedado con “los abrazos rotos”) y la solidaridad (la sanidad y la educación públicas garantizan la salud y la educación de todos). Estas son las grandes lecciones que me ha dejado la pandemia, ¿y a ti?

Noelia Cárdenes Roque es profesora de Biología y Geología y una de las profesoras que forman parte de la Red de Igualdad del centro.

EL GÉNERO Y LA IGUALDAD EN TIEMPOS DEL CORONAVIRUS

Desde que comenzó la crisis del coronavirus se ha tratado de utilizar la pandemia como un argumento más de ataque al feminismo. La celebración de las masivas manifestaciones del 8-M ha sido señalada como un foco de contagio. Sin embargo, los días anteriores del decreto del estado de alarma fueron muchos los eventos masivos celebrados sin que se haya aludido a ellos como focos de propagación del virus en la misma medida, ni se haya criticado en la misma medida al Gobierno por permitir celebrarlo.

Esta utilización del discurso en contra del movimiento feminista no es nueva, especialmente desde la irrupción de la denominada «cuarta ola del feminismo» durante la segunda década del siglo XXI. Sin embargo, ante una crisis tan grave como la que plantea el Covid-19, poco se están analizando las repercusiones de género que esta pandemia está teniendo en nuestras sociedades, y las que tendrá a largo plazo.Impacto de la enfermedad en hombres y mujeres

Revistas como The Lancet o proyectos financiados por fondos europeos como Going FWD están reclamando investigaciones detalladas de las variables sexo/género de la pandemia.

Según estos expertos de salud pública, los análisis minuciosos del impacto del virus en hombres y mujeres son «un paso fundamental para comprender los efectos primarios y secundarios de una crisis sanitaria sobre diversos individuos y comunidades, y para crear políticas e intervenciones eficaces y equitativas». A pesar de estas reclamaciones, todavía son escasos los análisis diferenciados y estudios sobre la cuestión. Además, se ha señalado igualmente que los datos y cifras que se están proporcionando deberían estar desagregados por sexo y analizados en consecuencia.

Para tratar de paliar estas carencias, se han puesto en marcha algunas iniciativas, como la última newsletter de la Sociedad Alemana para el Género y la Salud, que ha recopilado bases de datos, información general, literatura y estadísticas sobre la crisis con el fin de analizar no sólo los aspectos biológicos de la pandemia en clave de género, sino también para proporcionar una visión general y comprensión del coronavirus COVID-19 desde la perspectiva de género.Además de la falta de incorporación de la perspectiva de género en los datos y en los análisis del impacto de la pandemia en las personas enfermas, también es escasa la representación femenina en las instituciones que están gestionando las respuestas a la crisis, incluyendo la OMS o la Casa Blanca (NYT). Esta infrarrepresentación contrasta con la composición del personal sanitario mundial, en el que según el último informe de Global Health las mujeres suponen el 70%.

En 2017 el grupo de alto nivel de la ONU ya recomendó la inclusión de un análisis de género en las políticas de emergencia sanitaria, reconociendo el papel preponderante de la mujer en las crisis sanitarias.

Por otro lado, la falta de presencia femenina en los órganos y comités donde se diseñan las estrategias para frenar el virus tampoco se corresponde con la primera línea de la lucha contra la enfermedad, en la que las mujeres, sanitarias, limpiadoras, cajeras de supermercado, trabajadoras sociales o aquellas encargadas del cuidado de las personas mayores, están expuestas en una mayor proporción que los hombres.Impacto laboral

Además de esta falta de incorporación de la perspectiva de género en el impacto del virus en el sector sanitario y en los pacientes, son varios los estudios que sostienen que es necesario analizar el impacto que esta crisis tendrá para las mujeres en otros ámbitos, como el laboral.

Como señalan algunos autores, en comparación con crisis económicas anteriores y situaciones de recesión, que afectaron al empleo masculino con mayor severidad que el empleo de las mujeres, la crisis económica generada por Covid-19 y la caída del empleo relacionada con las medidas de distanciamiento social tienen un gran impacto en los sectores con altas tasas de empleo femenino, como el sector servicios, la educación o el ámbito artístico y cultural.

Además, otras medidas tomadas durante esta crisis, como el cierre de escuelas y centros educativos, también tienen un gran impacto en el equilibrio entre vida y trabajo. Según este estudio, a pesar de que los hombres están mejor equipados para el teletrabajo que las mujeres, durante 2017 y 2018 los hombres dedicaron menos tiempo al teletrabajo que las mujeres.

Por tanto, ante las medidas de confinamiento, si bien es cierto que las mujeres han estado mejor posicionadas para trasladar su empleo al «teletrabajo», han visto aumentada su carga de trabajo al asumir también las labores de cuidado de menores y su apoyo en el estudio ante el cierre de los centros educativos.Impacto emocional

El coronavirus ha otorgado nueva urgencia a los desafíos que han enfrentado durante mucho tiempo las mujeres. Una encuesta realizada por la Kaiser Family Foundation afirma que una mayor proporción de mujeres se preocupa por las consecuencias negativas del virus y toma mayores precauciones que los hombres frente al contagio. Según los datos de este estudio, una mayor proporción de mujeres teme que ellas o alguien su familia se vea afectado por la enfermedad (68% vs. 56%, respectivamente) y muestra preocupación por perder ingresos debido al cierre del lugar de trabajo o la reducción de horas remuneradas (50% frente a 42%, respectivamente).

Hay quien intenta hacer una lectura positiva de este impacto en los roles de género, y plantea que esta situación pueda contribuir a una redistribución de las labores de cuidado y trabajo doméstico, pero no cabe duda de que lo que constata esta crisis es que es necesario seguir trabajando en el análisis y el afrontamiento de la segregación educativa que perpetúa los roles de género.Impacto en las víctimas de violencia de género

Por último, otro gran impacto de esta crisis en la igualdad de género es sin duda el incremento de la vulnerabilidad de las víctimas de violencia de género durante el confinamiento. Este incremento ha sido constatado en anteriores pandemias por numerosos estudios que han documentado los efectos que estas crisis sanitarias tienen en las víctimas de violencia.

Las cifras del aumento de los casos de violencia doméstica, por ejemplo en España, son alarmantes (como demuestra el incremento de llamadas al 016) y evidencian la necesidad de poner en marcha mecanismos para asistir y apoyar a las mujeres más vulnerables a través de la aplicación de enfoques de género y de interseccionalidad en las políticas públicas que permita internalizar todos los impactos sociales de esta crisis que de otra forma permanecen invisibles.

Por tanto, lo que resulta necesario ante una crisis como la que nos afecta hoy con el coronavirus es diseñar estrategias de lucha conjunta y políticas públicas que garanticen la protección de toda la sociedad, incluyendo a los colectivos mas vulnerables.

El movimiento feminista, en lugar de hacer eco de acusaciones carentes de fundamento, debe enfocar sus esfuerzos en asegurar que las consecuencias de esta crisis no ahondarán en la discriminación de las mujeres, y en elevar su voz para proteger a aquellas que se ven expuestas a la desprotección, y sobre todo, a la violencia.

CANARIAS 7

NÜSHU, la escritura secreta de las mujeres

El nüshu (女书) o “escritura de mujeres”, fue una herramienta de comunicación creada y utilizada exclusivamente por féminas en el condado de Jiangyong. A partir de la década de 1920, con la mejora de la situación social de la mujer, el nüshu perdió su funcionalidad y comenzó a caer en desuso, pero sigue captando la atención de numerosos investigadores.

En la década de 1960, una mujer resultó herida al ser arrollada por un tren en Shaoyang, (provincia de Hunan). Tras su traslado al hospital, los enfermeros se percataron de que era imposible comunicarse con ella. Tanto su pronunciación como su escritura no eran inteligibles. Aunque ninguno de ellos lo sabía, estaban ante un caso de un colosal interés lingüístico: la primera toma de contacto de la sociedad moderna con el nüshu (女书) o “escritura de mujeres”, una herramienta de comunicación creada y utilizada exclusivamente por féminas en el condado de Jiangyong.

En 1954, unos años antes del curioso suceso, Zhou Shuoyi, gerente del museo Cultural de Jiangyong, ya había descubierto, en una de sus visitas al condado, la existencia de un sistema de escritura diferente al utilizado comúnmente en chino. Sin embargo, aunque trató de comunicárselo al museo provincial de Hunan, no logró llamar la atención de sus superiores. No fue hasta 1983 que comenzó la investigación formal del nüshu. El responsable de ello fue Gong Zhebing, profesor de la South Central University for Nationalities, que se trasladó a Jiangyong para estudiar de cerca a las últimas hablantes del misterioso idioma.

Muestras de escritura Nüshu
Muestras de escritura Nüshu

De su experiencia proceden las primeras muestras de esta enigmática lengua recuperadas para su estudio, así como numerosas grabaciones de mujeres recitando los poemas que en ellas se representaban. Desde entonces, no son pocos los estudiosos que han dedicado gran parte de sus esfuerzos a desentrañar los secretos del idioma. La provincia de Hunan ha sido testigo de cómo investigadores procedentes de todas partes de China se han sumergido en sus lugares más recónditos para observar la actividad de las últimas usuarias de esta escritura, unas ahora ancianas que, en secreto, lograron mantener vivo el legado cultural que habían recibido de sus antepasadas.

Nushu
          Condado de Jiangyon

A pesar del avance en estas investigaciones, sigue sin haber consenso sobre el momento aproximado en el que el idioma pudo comenzar a utilizarse. De igual modo, no está claro si su desarrollo procede de la escritura en huesos oraculares, si fue una concubina imperial del siglo XI la que, encerrada en un palacio, inventó sus caracteres para poder comunicarse por cartas con su familia, o si realmente se trata de un residuo de la lengua de los yao, un pueblo que habitó la zona siglos atrás.

Mujer escribiendo en nüshu          Mujer escribiendo en nüshu

La mayor parte de las muestras de nüshu que aún se mantienen datan del siglo XIX, una época en la que las comunidades chinas estaban estructuradas bajo un férreo sistema patriarcal. Las mujeres debían su entera existencia al cumplimiento de las “tres obediencias”. Se trata de las conocidas normas morales confucianas según las cuales su rol en la sociedad era el de obedecer a su padre, a su marido y a su hijo. Debido a ello, la mujer tenía prohibido el acceso a la educación. Bajo estas circunstancias, las mujeres comenzaron a agruparse en hermandades, en las que las laotong (老同), es decir, hermanas no carnales, se unían en una relación dentro de la cual compartían sus sentimientos para ayudarse mutuamente a lidiar con las dificultades de la vida.

En ocasiones, las niñas eran hermanadas por sus respectivas familias antes de nacer, aunque también había en la comunidad personas cuya función era determinar el nivel de compatibilidad de las pequeñas y unirlas a otras vecinas con las que tuvieran características en común. Cuando las muchachas se casaban y daban a luz, debían marcharse a vivir al hogar de su marido para siempre, por lo que la única forma posible de mantener el vínculo que las había unido desde pequeñas era seguir comunicándose a través de cartas escritas en un idioma que los hombres no pudieran comprender.

Alumnas de una escuela aprenden nüshu
 Alumnas de una escuela aprenden nüshu

Realmente, el nüshu es tan solo un sistema de escritura, ya que sus caracteres son una representación gráfica alternativa del dialecto local, cuya pronunciación sí que entienden los hombres. Conocido entre sus usuarias como “escritura de mosquitos” (蚊形字), el nüshu está compuesto por caracteres en forma de rombo alargado y de trazos suaves y delicados. Su parecido con la escritura del chino ha llevado a los expertos a pensar que su desarrollo pudo haber recibido una enorme influencia del estilo caligráfico regular (楷书). Sin embargo, a diferencia de los caracteres chinos, o hanzi, en su mayoría logográficos, los caracteres del nüshu son fonográficos, es decir, representan sonidos, tal y como ocurre con el alfabeto latino. Las muestras de textos que aún se conservan transmiten las reflexiones de sus escritoras sobre su propia vida, sobre el matrimonio o sobre la aflicción que sentían al separarse de sus laotong, narran eventos locales o expresan felicitaciones o condolencias por sucesos ocurridos en la vida de sus compañeras. Sus escritos tenían forma de poemas regulares de versos de cinco o siete caracteres, escritos a menudo sobre la superficie de hermosos abanicos, libros con una maquetación exquisita o en las cartas con las que se comunicaban con sus compañeras.

nüshu

Yang Huanyi fue la última mujer que pudo reconocer, leer, cantar y escribir nítidamente nüshu.

A partir de la década de 1920, con la mejora de la situación social de la mujer, el nüshu perdió su funcionalidad y comenzó a caer en desuso. En la actualidad, tan solo es posible encontrar señales del mismo en el pueblo de Puwei, un lugar que aún conserva la atmósfera natural que lo caracterizaba hace siglos. La cultura que ha dejado este singular sistema de comunicación gráfico se mantiene viva en el museo del Nüshu de Jiangyong, en el que se promociona y se enseña su escritura. En su interior, el espectador puede, además de contemplar el arte en su máximo esplendor, percibir la historia y el espíritu de superación de las mujeres de antaño.

Muestras de escritura Nüshu Muestra de escritura iNüshu

Hoy en día, el nüshu capta la atención de numerosos estudiosos y lingüistas que lo investigan. El interés que suscita le confiere un mérito y un valor que difícilmente hubieran podido imaginar las mujeres que lo usaban como la única forma posible de expresar sus sentimientos. Debido a su falta de uso en la actualidad, y a la evolución del papel de la mujer en la sociedad, es muy probable que se extinga algún día.

Mientras tanto, los turistas que deseen presenciar sus últimos vestigios hallarán mujeres para quienes el nüshu seguirá siempre representando la creatividad, el coraje y la incansable lucha por la igualdad de sus antepasadas.

Juan Diego Fernández Rosado
费英杰

NI HOMBRE NI MUJER

HAY EJEMPLOS EN LOS CINCO CONTINENTES DE SOCIEDADES QUE NO SE APRESURAN A ASIGNAR UN GÉNERO AL NACER.

¿Se puede ser hombre y mujer a la vez? ¿Existen más de dos géneros? ¿Es el género una construcción biológica o cultural? Puede que la distinción hombre-mujer, que predomina en Occidente, sea la hegemónica, pero no es la única.

Gracias a corrientes de investigación en este campo, hoy sabemos que han existido y aún existen, grupos étnicos con géneros múltiples que presentan otra estructura social más flexible y dinámica que no solo se inspira en la biología, sino que tiene en cuenta la interpretación cultural de estas realidades.

Pero para entender la existencia de otros géneros es necesario definir el concepto de sistema sexo/género. La académica Gayle Rubin lo describió hace más de cuatro décadas. Para ella, este sistema toma la división de la especie entre machos y hembras y la traslada al terreno social. A continuación, atribuye a estos «hombres y mujeres sociales» una división de roles que puede variar según el grupo étnico.

Águeda Gómez, doctora en Sociología y profesora de la Universidad de Vigo, explica a Verne en conversación telefónica que el sistema sexo/género binario (hombre/mujer) se implantó en Occidente a partir del «modelo judeo-cristiano». Este modelo, instaurado en la Edad Media, se basaba en el matrimonio religioso como único espacio para la sexualidad y se orientaba exclusivamente a la reproducción.

Un grupo de hijras en la India

Desde finales del siglo XIX encontró continuidad en el «modelo biopolítico o biomédico» – sobre el que profundizó el filósofo Michel Foucault –, que comenzó «a patologizar la diversidad sexual y de género, como opciones que se salían de la norma«.

La colonización de muchas partes del mundo convirtió este sistema binario en el hegemónico, pero algunos grupos étnicos, como argumenta Gómez, resistieron a la occidentalización de sus costumbres y aún hoy conservan unas estructuras sociosexuales que contemplan la existencia de más de dos géneros.

«Algunas de estas sociedades, que están presentes en los cinco continentes, además de hombre y mujer, tienen también lo que se conoce como un tercer género«, apunta la socióloga. Y, a continuación, enumera algunos: «Los xanith de Omán; los hijras, koti, panti, aravani, zenana jogin y siva-sati de la India; los bakla filipinos; los mahu en Polinesia y Australia; los sarombay de la República Malgache, en Madagascar; los nawikis de la sierra Tarahumara, en México; los paleiros de Timor; los omeguid o wigunduguid entre los kunas de Panamá; o las vírgenes juradas o burnesha de Albania«. Estos últimos no son los únicos casos que se han identificado en Europa. Hay constancia de individuos en la sociedad napolitana del siglo XVIII que se identificaban como femminielli y que encajarían en la descripción de «tercer género».

Hace algo menos de dos años se habló bastante, a raíz de unas declaraciones del primer ministro canadiense Justin Trudeau, de los dos espíritus, grupos amerindios en los que había personas con características tanto masculinas como femeninas y que tenían una excelente consideración dentro de sus comunidades, ya que se les consideraba seres especiales capaces de desafiar las leyes de la naturaleza.

Grupo de hijras en Bangladés

En comunidades, como las de los zapotecas del istmo de Tehuantepec mexicano, se identifican más de tres géneros. Sus figuras «etnoidentitarias transbinarias» son el muxe y la nguiu’ y estos, a su vez, dan lugar a una gran variedad de categorías de subidentidades: muxe o nguiu’ con una expresión de género más masculinizada; muxe o nguiu’ con una expresión de género más feminizada; muxe o nguiu’ casado/a y padre/madre; muxe guetatxaa o ramón; persona intersexual; y la persona nguiu’ que oscila entre lo masculino y lo femenino según los escenarios o el ciclo lunar.

La mayoría de los tres millones de bugis, un grupo étnico de Indonesia, es musulmana. Pero algunos núcleos aún conservan una tradición preislámica que distingue distintas opciones de género y sexualidad, como explica en un artículo Sharyn Graham Davies, profesora adjunta de la Facultad de Idiomas y Ciencias Sociales de la Universidad de Auckland. Así, el lenguaje de los bugis ofrece cinco términos que hacen referencia a varias combinaciones de sexo, género y sexualidad: makkunrai (mujeres), oroani (hombres), calalai (mujeres-hombres), calabai (hombres-mujeres) y bissu (sacerdotes transgénero). La autora explica que «estas definiciones no son exactas, pero son suficientes» para entender este ejemplo de diversidad.

Desde la segunda mitad del siglo XX, comenzaron a aparecer en Occidente corrientes sociológicas que cuestionaban esta idea del binarismo sexual y de género, que beben de las teorías feministas postmodernas y que confluyen en lo que se conoce teoría Queer.

Para autoras como la norteamericana Judith Butler,el género es una construcción cultural que no tiene nada que ver con la anatomía, y lo queer debe plantearse como «un término omnicomprensivo para ampliar toda esta gama de formas fluidas y de identidades múltiples» que llevan surgiendo en las sociedades occidentales en los últimos años y de las que ahora tenemos más conocimiento debido a la creciente investigación en este campo.

Tanto es así, que varios países han modificado sus leyes recientemente para reconocer de un modo u otro el género no binario. Alemania, Austria, Dinamarca, Países Bajos y el Reino Unido, en Europa; y en el resto del mundo países como Uruguay, Nepal, Nueva Zelanda, Australia y Canadá. En España,el Congreso abrió la puerta en febrero de 2019 a adoptar una medida similar, pero de momento solo se ha pedido al Gobierno un estudio de impacto que dé pie a reconocer la identidad de aquellos que no se identifican con el género masculino o femenino.

Como explica Gómez, «la palabra queer se usa para designar la corriente cultural que nace en Occidente con respecto a la ruptura del binarismo, pero no es equiparable a ser muxe o a otra identidad de género étnica porque se han construido en diferentes contextos socioculturales«.

El antropólogo Francisco Javier Guirao, profesor de la Universidad de Cádiz , explica en conversación telefónica que el género no es algo estático y permanente a lo largo de la vida de una persona. «En nuestra sociedad creemos que el género es algo establecido al nacer. Incluso intentamos saberlo con antelación para estar preparados e inscribir a esa persona en un género u otro y en muchos casos aportando toda esa simbología relacionada con el color: azul si es niño, rosa, si es niña«, dice.

En un artículo publicado por el propio Guirao en la revista de estudios socioeducativos RESED en 2014, se relatan varios casos en los que el género se adapta socialmente a las necesidades de la comunidad, como en el caso de los azande, originales de regiones de Sudán, República Centroafricana y República Democrática de Congo y que cuentan con una población en torno al millón de personas.

Muxe en Juchitán. Shaul Schwarz 

Dada la escasez de mujeres, en esta comunidad polígama se permite el matrimonio entre jóvenes varones de 12 a 20 años – a los que se considera mujeres porque realizan algunas de las actividades socialmente asignadas al género femenino– y guerreros solteros, en una forma de contrato tácito. Estos jóvenes varones, al convertirse en adultos y guerreros posteriormente, se podrán casar con otros jóvenes y los guerreros con los que han contraído matrimonio, con una mujer de su comunidad.

En el sur de Sudán y Etiopía, los nuer –cuya población se estima en tres millones y medio de personas– permiten a dos mujeres contraer matrimonio si una de ellas es estéril. Esta última se convierte en varón y será la encargada de buscar progenitor, aunque seguirá ostentando el papel de padre social. Las bacha posh de Afganistán, en cambio, son mujeres que adquieren un rol masculino porque su familia no ha tenido ningún descendiente varón, vistiéndose como tales para poder ejercer ciertos derechos reservados únicamente a los hombres, como trabajar, y así ayudar al sostenimiento económico familiar.

«Estos casos nos demuestran que el género no es una cualidad permanente en el individuo y que se puede transformar de acuerdo a unas circunstancias socioculturales«, añade Guirao.

En opinión de los expertos, el conocimiento de estas sociedades que funcionan bajo otros sistemas de sexo/género debería servirnos para reflexionar sobre nuestro mundo y cómo está estructurado. «Hay un avance significativo en la investigación en este campo, pero debería haber mucha más, solo así podremos crear nuevas epistemologías que sirvan para criticar el modelo biopolítico binario, creador de contradicciones, desigualdades y ambigüedades en las relaciones de género», concluye Gómez.

MARTA VILLENA – Verne

EL GÉNERO FLUIDO: LA IDENTIDAD DE UNA PERSONA NO DEPENDE DE SUS GENITALES

En un lugar invisible e intocable habita la identidad.Esta conciencia enigmática, sin ley matemática, atiende a las reglas de la naturaleza: nace, crece (o, mejor, evoluciona) y vuelve al lugar del que llegó.

En una clasificación binaria y reduccionista, podríamos decir que hay dos tipos de personas: las que avanzan por la línea recta de lo previsible (identidades rígidas) y las que oscilan, las que atienden a las pulsiones internas (identidades fluidas). Una de las grandes intelectuales del siglo XX, Carmen de Burgos, describió este sentir en su Autobiografía:

«Mi vida es compleja; varío de fases muchas veces; tantas que me parece haber vivido en muchas generaciones diferentes… y yo también he cambiado de ideas… de pensamientos… ¡Qué sé yo! Me río de la unidad del “yo”, porque llevo dentro muchos yoes, hombres, mujeres, chiquillos… viejos… se pelearían si discutiesen con alguno… pero les dejo que venza el que más pueda, y que haga cada uno lo que le dé la gana… ¡todos son buenas personas!».

Era la España de 1909: la mentalidad de entonces no podía ir más allá. Fue en la isla de Inglaterra donde se dio un salto bravo. En 1928 Virginia Woolf publicó un libro asombroso titulado Orlando. Aquel hombre despertó una mañana. Se estiró, «Uuaaah…», se levantó de la cama y su desnudez dejó ver que ahora, de pronto, era una mujer. No sería extraño que hubiese dado un respingo; ni se inmutó. No cambió quién era: ni su personalidad ni sus recuerdos. Lo único que se vio obligado a considerar fue el dictado social: a él siempre le habían gustado las mujeres, ¿tendrían que gustarle ahora los hombres?, ¿tendría que rechazar a la mujer que amaba? «La conciencia de que ahora los dos eran del mismo sexo no tenía ningún efecto. Lo que hizo fue avivar los sentimientos que había tenido como hombre», escribió Woolf. «La oscuridad que divide a los sexos desapareció, y (…) este amor ganó en belleza lo que perdió de falsedad».

La escritora planteó asuntos de susto. ¿Está la identidad de una persona agarrada a sus genitales como si fuera una garrapata o puede cambiar a lo largo de la vida? ¿Amamos a alguien por lo femenino o lo masculino, o lo amamos por quién es? ¿Es la identidad de género inmutable o puede fluir, cambiar, igual que las ideas, los gustos y las mareas?

A finales del XX, el mundo binario de hombre o mujer, el mundo bíblico de Adán y Eva, el mundo «normal» de la heterosexualidad, reventó en mil pedazos y millones de personas, asfixiadas, encontraron un lugar al fresco en la palabra queer. De ese hartazgo en mil pedazos han ido reclamando su identidad gais, lesbianas, bisexuales, transexuales, intersexuales, transgénero y tantos más que no se ven en el género que les asignaron al nacer.

LA OPCIÓN DE «GÉNERO FLUIDO»

Llegó después el género fluido: personas que no acaban de estar cómodas en la etiqueta de mujer ni en la de hombre (puede que ni siquiera género fluido sea la más apropiada). «Hay una lucha por usar una nomenclatura positiva. Lo interesante es destacar lo bueno. Por eso ahora también lo estamos llamando género creativo. Porque apunta a la inteligencia y esa es una característica valorada en la sociedad», explica el doctor en Sociología y licenciado en Psicología Lucas Platero.

Algunas de estas personas dicen sentir los dos géneros a la vez (el femenino y el masculino). Otras dicen que ni lo uno ni lo otro: su género es neutro. No hay fórmulas exactas; las variantes son infinitas. Pollo, de 18 años, pelo corto, mechas rosas y amarillas, describe el género fluido como su «realidad». «Yo no me siento hombre pero tampoco soy mujer. A veces me identifico como mujer, otras como hombre, e incluso tengo etapas, como en la que vivo ahora, en la que no me identifico con ninguno, y simplemente soy».

— ¿Crees que muchas personas entienden qué es el género fluido?

No, puede que la mayoría haya escuchado el término en algún momento, pero realmente no sabe qué es y hay que explicarle todo desde cero. La mayoría de las personas con las que me he encontrado lo han entendido perfectamente, pero también es porque mi entorno está muy metido e implicado en estos temas. Pero falta información, falta educación en las escuelas y falta empatía por parte de la sociedad — explica Pollo —. En mi entorno ha sido fácil aunque tampoco lo he tenido que decir muy alto, aunque desde aquí daré la sorpresa a más de una persona. A veces me siento en el punto de mira, y esto no debería de ocurrir. El binarismo fue inventado para poder colocarnos y dividirnos en casillas. No pido perdón por no encajar en ellas.

Esta forma de pensar es más habitual entre los jóvenes; casi impensable en una persona mayor, educada entre cadenas sociales y religiosas, y aterradas por el qué dirán. «La gente joven, los que tienen entre 14 y veintitantos años, tienen una percepción de sí mismos diferente a las generaciones anteriores. No se quieren aferrar a las categorías que han pensado otros para ellos, ellas y elles», indica Platero. Aunque cambiar la mentalidad de una sociedad es un esfuerzo titánico.

— En vuestros estudios sociológicos, ¿qué tendencias de futuro véis?

— El género va a seguir siendo muy importante — opina Platero —. Algunos partidos políticos están haciendo muchos esfuerzos por apuntalar las ideas más conservadoras. En realidad, es una discusión sobre los roles: sobre el amor romántico, los cuidados… La sociedad todavía es profundamente machista.

La sexóloga Juncal Martínez cree que «el género fluido es una respuesta a la sociedad binarista». Está convencida de que estamos viviendo un cambio social muy rápido y muy importante: «Hoy puedes ver chicos adolescentes maquillados por la calle. Muchos jóvenes quieren vivir su identidad sin un opuesto». Es, además, un fenómeno «muy de internet». Ahí nacen y crecen nuevos grupos identitarios; ahí hay un disparadero de etiquetas de toda clase.

—¿Por qué están surgiendo tantas etiquetas y tan específicas como demisexual, pansexual, alosexual, skoliosexual, androginosexual, lumbersexual…?

— Los jóvenes necesitan una identidad y ahora se mueven en una escala de grises muy amplia. Apuntan muy fino.

Juncal Martínez dice que la feminidad y la masculinidad están dentro de todas las personas. «Nos movemos en un continuo. Tú, con tu masculino y tu femenino, te vas construyendo. Tu vivencia es la tuya y es totalmente legítima. Somos la persona que vamos queriendo ser».

Esta última frase de la sexóloga lleva a una escena que puede parecer anecdótica, pero es histórica (evolutiva), por lo que representa en el cambio de mentalidad de la cultura occidental. El modelo y actor australiano de género neutro Ruby Rose contó a Cosmopolitan que cuando era pequeña, a muchas personas les costaba saber si era una niña o un niño.

Un día, de camino al colegio, alguien se acercó a su madre y le dijo: «Disculpe, no podemos averiguar si su hijo es una niña preciosa o un niño guapo». La mujer, inteligente y abierta de mente, preguntó a Ruby Rose: «¿Tú qué opinas?», y ella, que también se sentía él, respondió: «Soy un niño guapo, pero también puedo ser una niña preciosa si quiero».

EN LOS DOCUMENTOS

A POR LA «X» EN EL DNI

En la documentación oficial española no hay más opción que ser hombre o mujer. El apartado de «sexo» del DNI se rellena en función de los genitales: F (quienes tienen vagina) y M (quienes tienen pene). Pero hace tiempo que suenan voces discordantes: no se ven ni en la F de femenino ni en la M de masculino.

El PSOE, en respuesta, ha propuesto modificar la «Ley 3/2007 para la igualdad efectiva de mujeres y hombres» con el fin de que las personas que no se sienten mujeres ni hombres puedan marcar la casilla del sexo con una X.

Pero, además, esta propuesta da un paso necesario: desvincula el género neutro de la enfermedad. Indica que no será necesario un informe psicológico ni una operación de cambio de sexo para que una persona pueda marcar la X, según informó el periódico ABC el pasado febrero.

Lo interesante de este asunto es el debate que genera, dice el sociólogo Lucas Platero. «En Alemania, el Gobierno incluyó la casilla del tercer género como algo guay. Pero una colega alemana me dijo que a muchas personas no les gusta porque lo sienten como si fuera la casilla de lo diferente. Ese “no lugar” del que habla [el activista transgénero] Mauro Cabral puede ser una forma de patologizar».

EN LA CIENCIA

LA IDENTIDAD DE GÉNERO DEJA HUELLA EN LAS CÉLULAS

La sociedad impone dos tipos de conducta en función de los genitales: en eso se basan los roles de género. Y la gran mayoría los acata para que la sociedad los acepte. Pero unos neurocientíficos de Georgia State University acaban de publicar un estudio que dice que los roles de género afectan también a las células del cerebro.

«Estamos empezando a comprender y a estudiar las formas en las que la identidad de género, más que el sexo, puede incidir para que el cerebro sea diferente en mujeres y hombres», explicó Nancy Forger, la directora del Instituto de Neurociencia de esa universidad, a Science Daily. «El sexo se basa en factores biológicos como los cromosomas sexuales y los órganos reproductivos, mientras que el género tiene un componente social y conlleva expectativas y comportamientos basados en la forma en la que percibimos el sexo».

Estos neurocientíficos aseguran que las conductas relacionadas con la identidad de género pueden verse en «marcas epigenéticas» que quedan en el cerebro y que pueden repercutir en la memoria y el desarrollo de enfermedades. La información pasa de célula a célula cuando se dividen en el interior de un cuerpo y pasa también de generación en generación: de padres a hijos.

«Estamos acostumbrados a pensar en las diferencias entre el cerebro de una mujer y un hombre. Pero no pensamos en las implicaciones biológicas que tiene que asumir una identidad de género», indicó Forger. «Ya hay suficientes pruebas que sugieren que el género de una persona deja una huella epigenética».

EN EL LENGUAJE

EL GÉNERO NEUTRO EN EL LENGUAJE

El idioma español ve el mundo partido en dos: lo femenino (una silla, una mesa, una lentejuela) y lo masculino (un sillón, un pupitre, un botijo). ¿Por qué la lentejuela es hembra y el botijo hombre? ¿Por qué ha de tener un género un recipiente para beber agua? Podría no tenerlo y no cambiaría nada: el agua seguiría saliendo fresquita si el botijo estaba a la sombra.

Hace unos años entró en el lenguaje una -e cascabelera. Se situó al final de las palabras, donde antes había una -a o una -o. Era el reflejo de una visión del mundo donde hay muchos más neutros: niñes, hermanes, compañeres. El lenguaje pertenece al que lo habla, pero muchos, al oírlo, pillaron una irritación de espanto. ¡En nombre de «la norma»!, decían, ¡de «la santísima norma lingüística»! ¿Es el deber de la élite sociocultural atar el lenguaje a su antigüedad? ¿Imponemos al progreso social la visión del mundo de la élite lingüística?

En Suecia, el género neutro no les pareció tan delirante. La última versión del diccionario de la Academia sueca, editada en 2015, incluye un nuevo género, hen, para las personas que no quieren identificarse con el femenino (ella: hon) ni el masculino (él: han). Hacía tiempo que lo pedían las feministas: en los años 60 acuñaron la palabra hen como una opción inclusiva frente al genérico masculino y una alternativa más pragmática al cansino «ellos y ellas».

El término corrió por círculos feministas y académicos. No más allá. Apenas tuvo resonancia hasta que llegó el siglo XXI. Entonces, impulsado por los colectivos transgénero y transexuales, se convirtió en una voz políticamente correcta y hoy aparece en documentos oficiales, ensayos académicos, libros escolares.

Aunque en España aún levanta sarpullido, ha habido gestos amables hacia el neutro. En el Orgullo LGTB IQ+ del año pasado, la entonces alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, inauguró las fiestas con un : «Queridos, queridas, queridas» y anunció: «Ya no vale la a o la o. También está la e. ¡Viva la diversidad!».

A Lucas Platero la -e le parece «muy valiente». El investigador en Psicología social ve un cambio generacional importante: «Los jóvenes se han encontrado con un lenguaje que ellos no han decidido y han visto que no les sirve. Esa -e es una transgresión: una forma de molestar, un espacio de libertad y un modo de satisfacer sus necesidades para expresarse mejor».

EN EL IDIOMA GRÁFICO UNIVERSAL

LOS EMOJIS DE GÉNERO NEUTRO

Pasar del mundo simplista de Adán y Eva al mundo real de las mil formas de vivir llevará tiempo. Pero ya no es una visión aislada. Ha entrado en los documentos, en la Academia sueca y empieza a verse en los emojis. ¿Anecdótico? Ni mucho menos. Los emojis son el lenguaje universal: el idioma de los sentimientos, del humor, de los estados de ánimo.

Hace apenas un mes la revista Fast Company publicó un artículo que destacó como exclusiva y al que dio cierto aire de bombo y platillo. El titular decía: «Google lanza 53 emojis de género fluido». El paso es importante; tener en cuenta que muchas personas no quieren identificarse con un dibujo de mujer o de hombre dice mucho de lo que está pasando.

Estos emojis lanzados aún en beta para Android Q tienen cortes de pelo que podría llevar una persona de cualquier género. No visten ropa que los identifique como mujer (una falda, por ejemplo) ni como hombre (una corbata, por poner). En palabras de Google, son «diseños que tratan de ser más representativos», «diseños no binarios para emojis que se definen como ‘sin género’»

YOROKOBU – Mar Abad – junio 2019