El estilo literario

¿Qué es el estilo literario?

Se supone que tú debes aprender a escribir con (cierto) estilo. Es parte de uno de los criterios de evaluación de Lengua Castellana y Literatura. Pero explicar qué es… ¡pues es muy complicado!

El estilo literario es la forma especial que tiene alguien de escribir, utilizando en el texto todos los recursos estilísticos que le interesan.

Estos recursos pueden ser fónicos (el sonido de las palabras, los versos…), léxicos (vocabulario), gramaticales (usos especiales de los verbos, de los diminutivos, etc.), sintácticos (los tipos de oraciones que emplea), semánticos (de significado)…

El objetivo de un autor o autora que escribe un texto atendiendo a su estilo literario es siempre causar un impacto: crear sensaciones. Y hacerlo de forma coherente. Es decir que, aunque el texto parezca no tener sentido (en el sentido estricto de los usos lingüísticos «normales» de la lengua), para quien lee, lo tenga.

Vamos a leer un texto:

¿Qué sensación te ha producido? ¿Te has sentido perdido en el texto? ¿Has encontrado sentido a unas cosas y a otras no? ¿Te ha parecido que la autora «corta» el hilo de la escritura? ¿El final te ha chocado o crees que es como si «cerrara» el texto?

En suma… ¿crees que este texto tiene estilo literario?

Pues yo te adelanto que sí.

Vamos a ver por qué. Despacito. Voy a ir enumerándote características del texto. Te las he señalado con colores diferentes para que te sea fácil identificarlas.

Vivi usa reiteradamente la contradicción. Fíjate que empieza con una: «El plan era ir al bosque…/El plan nunca fue perderse en el bosque«. Una oración afirmativa y una negativa cuyo significado parece el mismo, pero que no lo es, porque el verbo cambia de tiempo (ser, de pretérito imperfecto a pretérito perfecto simple) e «ir» y «perderse«, a continuación.

Otra contradicción: «Dejar de atender a las señales resultó ser lo más atinado, señalaban malos camino». ¿Por qué? Pues porque normalmente las señales conducen por el camino correcto y la autora transforma esta realidad en otra: las señales, en su bosque, no indican lo bueno, sino lo malo. Y lo que debes hacer es, precisamente, no ignorarlas.

Además, te habla a ti, al lector/a: «Mira…», «Cuando te paras«, «Imagínate«. Eso hace que tú, que estás leyendo, te veas involucrad@ de repente en un mundo que era completamente ajeno al tuyo. Y te encuentres, de pronto, en su bosque.

Utiliza la plasticidad y los sentidos (¿de qué color es el bosque?: «amarillo«, «todo ocre«). En este texto no, pero, en otros fragmentos, Vivi habla del tacto, del olfato… ¿A qué huelen sus descripciones? ¿Qué roza su piel? ¿A qué sabe lo que come?…

Utiliza también las metáforas, que a veces explica y a veces no: «Cuando te paras a ver si te orientas aparece el baile«. ¿Y qué es «el baile«? Pues «la acrobacia de las hojas cayendo hasta el suelo«. Es una imagen preciosa. Que completa con «Espirales de hojas amarillas«.

Después, en medio, detiene el texto una mención que no entendemos: «La manzana de Newton no es erótica en absoluto«. ¿A qué se refiere? ¿Puede ser que la manzana, cuando cae, se pudre y por eso no es erótica? Pero, ¿y Newton qué tiene que ver? ¿Era erótica la manzana de Newton? ¿Hay algo que desconoces? ¿Alguna leyenda sobre el científico que formuló las leyes básicas de la Física y que tú no sabes? Te descoloca. Esto también es habitual en los textos de la autora. Es propio de su estilo.

Sigue con una frase aparentemente anodina (con respecto al resto), pero nos vuelve a dar un revolcón, como una ola en la playa, cuando añade: «imagínate la tranquilidad en la que me vivo«. En lenguaje no literario, esto se escribiría así: «en el bosque estoy muy tranquila», pero ella lo hace de esa forma tan peculiar: «la tranquilidad en la que me vivo» e introduce, además, su propia conciencia sobre la acción («me vivo«).

Y ahora viene una paradoja: «otoño en el bosque, o bosque en otoño. Qué describe, qué es primero«. Es una pregunta existencial profundísima, que se te cuela entre las líneas y te vuelve a desubicar. Identifica la pregunta con una «roca filuda» que «llega y se clava«. Qué incisivo, ¿no? Y sigue ahondando: « si son algo distinto el bosque y el otoño… Que si son dos cosas aparte acaso… Que si solo son una… Bosque y otoño son lo mismo ya«. Y vuelve a introducir su conciencia: «Bosque, otoño y yo, lo mismo ya«. Y ello, situándonos en el marco espacial de su presente con ese adverbio: «Aquí«.

«Dividimos, al nombrar. Nos faltan palabras para describir la unidad de las cosas«. ¿Realmente «nos faltan palabras para describir la unidad de las cosas«? ¿Qué ha querido decir la autora con esa frase? Sobre ese mismo tema: ¿sientes que alguna vez te faltan palabras para algo: para describir algo que has visto, para contar algo que has vivido, para nombrar emociones, para explicar sentimientos…?

Finalmente, llega un punto y aparte muy significativo y un último párrafo que nos saca de la inmensidad de la reflexión y nos devuelve, casi abruptamente, al escenario del bosque y al plan con que la autora iniciaba el texto: «Había setas, pero no de las que salen en mi libro«. Y otro giro interesante: «Qué terror lo de envenenarse con setas«. Para acabar identificando ese terror con «lo oscuro y profundo de un bosque«. Para mí esta forma de cerrar el texto es espectacular. Como un círculo de pensamiento y realidad entrelazados que acaba donde empieza.

La autora parece escribir como piensa. Es parte de su estilo literario: de forma discontinua, dando saltos entre realidad, reflexión y ensueño. Y su sintaxis la acompaña: fíjate que sus oraciones son muy cortas. El texto lo forman 19 oraciones y son casi todas simples. Algunas, ni siquiera oraciones, sino enunciados no oracionales (en las que no hay verbo): «Aquí«, «Espirales de hojas amarillas, todo ocre«. Eso ayuda a crear la sensación de dinamismo. Además, utiliza ciertos paralelismos para marcar el ritmo: «El bosque está hoy amarillo» y, más bajo, «El bosque está hoy impresionante».

Hay varias características más que podemos nombrar, pero que quizás sería profundizar demasiado en el análisis, como el campo semántico al que se refiere o los aspectos fónicos presentes.

Sé que ha quedado un poco largo, pero la verdad es que solo explicándolo así entenderás cómo se descubre si un texto tiene o no intención poética, estilística (es decir, estilo).

Vamos a practicar un poco. Lee el siguiente texto e intenta encontrar en él algunos de los rasgos propios del estilo de Vivi que yo he señalado más arriba.

También puedes indicar si hay algo que te llame especialmente la atención. Pregúntate: ¿por qué esto está aquí?, ¿qué quiere decir?, ¿a dónde me quiere llevar la autora?, ¿qué emoción me causa?… ¡Y cualquier otra cosa que se te ocurra!

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