Las figuras literarias 3

Una vez que hemos estudiado las figuras literarias, daremos el siguiente paso: ser capaces de detectarlas y explicarlas en un poema.

Vamos a intentarlo. Primero lo haremos de forma guiada en esta hermosísima composición del poeta cubano Gastón Baquero.

Pero, antes, debes tener en cuenta cuatro cuestiones:

1. Cuando vayas a copiar texto de un/a autor/a, hazlo siempre poniendo lo que copias entre comillas.

2. Cuando debas trabajar en un texto lírico y manejarte bien entre sus versos, lo más aconsejable es enumerarlos.

3. Cuando tengas que copiar versos distintos, debes emplear la barra diagonal (/) para separarlos.

4. Es Lengua y Literatura, no Matemáticas ni Física y Química: has de desarrollar tu respuesta de la forma más completa posible. No emplees flechas, signos de igual ni nada parecido. Explícate por escrito.

Fíjate bien en este ejemplo:

En el verso 10 hallamos una aliteración (“el crujir de una frágil/lámina…”). Consiste en la repetición del sonido /x/ (j), que evoca en la lectora realmente el de algo delicado que se rompe sin querer.

Ahora, en este segundo poema, haz tú lo mismo, pero sin ayuda. Como ves, ya no están subrayados los versos en los que puedes encontrar las figuras.

El estilo literario

¿Qué es el estilo literario?

Se supone que tú debes aprender a escribir con (cierto) estilo. Es parte de uno de los criterios de evaluación de Lengua Castellana y Literatura. Pero explicar qué es… ¡pues es muy complicado!

El estilo literario es la forma especial que tiene alguien de escribir, utilizando en el texto todos los recursos estilísticos que le interesan.

Estos recursos pueden ser fónicos (el sonido de las palabras, los versos…), léxicos (vocabulario), gramaticales (usos especiales de los verbos, de los diminutivos, etc.), sintácticos (los tipos de oraciones que emplea), semánticos (de significado)…

El objetivo de un autor o autora que escribe un texto atendiendo a su estilo literario es siempre causar un impacto: crear sensaciones. Y hacerlo de forma coherente. Es decir que, aunque el texto parezca no tener sentido (en el sentido estricto de los usos lingüísticos «normales» de la lengua), para quien lee, lo tenga.

Vamos a leer un texto:

¿Qué sensación te ha producido? ¿Te has sentido perdido en el texto? ¿Has encontrado sentido a unas cosas y a otras no? ¿Te ha parecido que la autora «corta» el hilo de la escritura? ¿El final te ha chocado o crees que es como si «cerrara» el texto?

En suma… ¿crees que este texto tiene estilo literario?

Pues yo te adelanto que sí.

Vamos a ver por qué. Despacito. Voy a ir enumerándote características del texto. Te las he señalado con colores diferentes para que te sea fácil identificarlas.

Vivi usa reiteradamente la contradicción. Fíjate que empieza con una: «El plan era ir al bosque…/El plan nunca fue perderse en el bosque«. Una oración afirmativa y una negativa cuyo significado parece el mismo, pero que no lo es, porque el verbo cambia de tiempo (ser, de pretérito imperfecto a pretérito perfecto simple) e «ir» y «perderse«, a continuación.

Otra contradicción: «Dejar de atender a las señales resultó ser lo más atinado, señalaban malos camino». ¿Por qué? Pues porque normalmente las señales conducen por el camino correcto y la autora transforma esta realidad en otra: las señales, en su bosque, no indican lo bueno, sino lo malo. Y lo que debes hacer es, precisamente, no ignorarlas.

Además, te habla a ti, al lector/a: «Mira…», «Cuando te paras«, «Imagínate«. Eso hace que tú, que estás leyendo, te veas involucrad@ de repente en un mundo que era completamente ajeno al tuyo. Y te encuentres, de pronto, en su bosque.

Utiliza la plasticidad y los sentidos (¿de qué color es el bosque?: «amarillo«, «todo ocre«). En este texto no, pero, en otros fragmentos, Vivi habla del tacto, del olfato… ¿A qué huelen sus descripciones? ¿Qué roza su piel? ¿A qué sabe lo que come?…

Utiliza también las metáforas, que a veces explica y a veces no: «Cuando te paras a ver si te orientas aparece el baile«. ¿Y qué es «el baile«? Pues «la acrobacia de las hojas cayendo hasta el suelo«. Es una imagen preciosa. Que completa con «Espirales de hojas amarillas«.

Después, en medio, detiene el texto una mención que no entendemos: «La manzana de Newton no es erótica en absoluto«. ¿A qué se refiere? ¿Puede ser que la manzana, cuando cae, se pudre y por eso no es erótica? Pero, ¿y Newton qué tiene que ver? ¿Era erótica la manzana de Newton? ¿Hay algo que desconoces? ¿Alguna leyenda sobre el científico que formuló las leyes básicas de la Física y que tú no sabes? Te descoloca. Esto también es habitual en los textos de la autora. Es propio de su estilo.

Sigue con una frase aparentemente anodina (con respecto al resto), pero nos vuelve a dar un revolcón, como una ola en la playa, cuando añade: «imagínate la tranquilidad en la que me vivo«. En lenguaje no literario, esto se escribiría así: «en el bosque estoy muy tranquila», pero ella lo hace de esa forma tan peculiar: «la tranquilidad en la que me vivo» e introduce, además, su propia conciencia sobre la acción («me vivo«).

Y ahora viene una paradoja: «otoño en el bosque, o bosque en otoño. Qué describe, qué es primero«. Es una pregunta existencial profundísima, que se te cuela entre las líneas y te vuelve a desubicar. Identifica la pregunta con una «roca filuda» que «llega y se clava«. Qué incisivo, ¿no? Y sigue ahondando: « si son algo distinto el bosque y el otoño… Que si son dos cosas aparte acaso… Que si solo son una… Bosque y otoño son lo mismo ya«. Y vuelve a introducir su conciencia: «Bosque, otoño y yo, lo mismo ya«. Y ello, situándonos en el marco espacial de su presente con ese adverbio: «Aquí«.

«Dividimos, al nombrar. Nos faltan palabras para describir la unidad de las cosas«. ¿Realmente «nos faltan palabras para describir la unidad de las cosas«? ¿Qué ha querido decir la autora con esa frase? Sobre ese mismo tema: ¿sientes que alguna vez te faltan palabras para algo: para describir algo que has visto, para contar algo que has vivido, para nombrar emociones, para explicar sentimientos…?

Finalmente, llega un punto y aparte muy significativo y un último párrafo que nos saca de la inmensidad de la reflexión y nos devuelve, casi abruptamente, al escenario del bosque y al plan con que la autora iniciaba el texto: «Había setas, pero no de las que salen en mi libro«. Y otro giro interesante: «Qué terror lo de envenenarse con setas«. Para acabar identificando ese terror con «lo oscuro y profundo de un bosque«. Para mí esta forma de cerrar el texto es espectacular. Como un círculo de pensamiento y realidad entrelazados que acaba donde empieza.

La autora parece escribir como piensa. Es parte de su estilo literario: de forma discontinua, dando saltos entre realidad, reflexión y ensueño. Y su sintaxis la acompaña: fíjate que sus oraciones son muy cortas. El texto lo forman 19 oraciones y son casi todas simples. Algunas, ni siquiera oraciones, sino enunciados no oracionales (en las que no hay verbo): «Aquí«, «Espirales de hojas amarillas, todo ocre«. Eso ayuda a crear la sensación de dinamismo. Además, utiliza ciertos paralelismos para marcar el ritmo: «El bosque está hoy amarillo» y, más bajo, «El bosque está hoy impresionante».

Hay varias características más que podemos nombrar, pero que quizás sería profundizar demasiado en el análisis, como el campo semántico al que se refiere o los aspectos fónicos presentes.

Sé que ha quedado un poco largo, pero la verdad es que solo explicándolo así entenderás cómo se descubre si un texto tiene o no intención poética, estilística (es decir, estilo).

Vamos a practicar un poco. Lee el siguiente texto e intenta encontrar en él algunos de los rasgos propios del estilo de Vivi que yo he señalado más arriba.

También puedes indicar si hay algo que te llame especialmente la atención. Pregúntate: ¿por qué esto está aquí?, ¿qué quiere decir?, ¿a dónde me quiere llevar la autora?, ¿qué emoción me causa?… ¡Y cualquier otra cosa que se te ocurra!

Unas cuantas bellísimas canciones…

Las figuras literarias 3

En esta entrada iba a enlazar inicialmente solo cinco canciones, pero es que son taaaaaaaan bonitas todas, que no he podido eliminar ninguna más de la lista.

La música es poderosa, ¿no te parece? Ese tema que te gusta se te mete en la cabeza y, a veces, no puedes evitar ponerlo una y otra vez, y no te cansa. Otras veces no dejas de cantarlo a toda voz, sin importarte nada… ni nadie. Y, en ocasiones, no puedes evitar bailarlo porque se te van los pies.

La música es un arte y, como tal, apela directamente a nuestras emociones, a nuestros sentimientos. Y si la combinas con una letra conmovedora es como si consiguiera sacarte del mundo. ¿Te has sentido así alguna vez?

«Piel», de Gara Hernández

Voy a poner, en este orden, título del tema, intérprete y, en algunos casos, detalle que me parece interesante tener en cuenta.

Un vestido y una flor, de Fito Páez.

Si ella me faltara alguna vez, de Pablo Milanés.

Ángel para un final, en la versión de Los Búnkers. El compositor es Silvio Rodríguez.

Cuento quitamiedos, de Pauline en la playa

Aunque tú no lo sepas, de Quique González. Es un poema de Luis García Montero.

Días azules, de Iván Ferreiro.

La quinta verde, de Taburiente

Aguas de marzo, de Sole Giménez. Versión de un clásico brasileño.

La puerta violeta, de Rozalén.

La vereda de la puerta de atrás, de Extremoduro.

Peces de ciudad, de Ana Belén. La composición es de Joaquín Sabina.

Sobreviviré, de Manzanita.

Ojos color Sol, de Calle 13 con Silvio Rodríguez.

La soledad, de Pablo Milanés

¿Y qué vamos a hacer con todas estas letras bellísimas ahora?

¡Pues buscar figuras literarias!

Elige una canción, copia su letra (o la parte de ella que quieras destacar) y encuentra al menos cinco figuras retóricas distintas. Debes, además de señalarlas, explicarlas («Es una metáfora porque…», «En estos versos hay anáfora porque…»).

Peeeeeeero, te doy otra opción que a lo mejor también te apetece… Seguro que tú tienes tu propia canción preciosa. Puedes escoger esa tuya y realizar la misma tarea.

No olvides poner título de la canción entre comillas y autor, autora o intérprete de la misma, para yo poder disfrutarla y descubrir un tesoro nuevo contigo.

Las figuras literarias 2

Como dijimos en la entrada anterior, trabajaremos en esta el resto de figuras que nos quedan por explicar y que corresponden con el plano léxico-semántico.

Nivel léxico-semántico

Símil o comparación

“No era la clase de sonrisa que uno desea ver. Era oscura. Oscura como las huellas que había seguido hasta allí. Oscura como el odio en los ojos de un hombre justo antes de hacer algo terrible a otra persona. Oscura como una calle sin iluminar en una noche silenciosa, cuando sabes que hay algo ahí fuera, observándote”.

Alcatraz contra los bibliotecarios malvados, de Brandon Sanderson

“June se movió entre todos los papeles, abriéndose paso entre ellos como un bote entre las olas del océano, hasta que se colocó junto a Ivy”.

“La curiosidad de Ivy ardía en ella como una llama encendida”.

La carta de Ivy Aberdeen al mundo, de Ashley Herring Blake

Hipérbole

“La boca de Ivy se secó. Se secó incluso más cuando Drew caminó a zancadas hacia Taryn y le pidió que bailara con él. Se volvió sumamente parecida a un desierto cuando Taryn arqueó las cejas hacia Ivy y entrelazó su brazo con el de Drew, y dejó a Ivy y a June solas”.

La carta de Ivy Aberdeen al mundo, de Ashley Herring Blake

“La arena del desierto no bastaría

para medir mi desesperación”.

Del poema “La arena del desierto no bastaría”, de Mercedes Escolano

“Se supone que este libro es apto para todas las edades, así que no entraré en detalles sobre lo que se siente cuando te disparan con unas lentes de torturador. Solo intentad recordar la peor herida que hayáis sufrido. El dolor más atroz y aterrador de vuestra vida. Recordadlo y quedaos con esa idea.

Después, imaginad que un tiburón pasara por allí y os partiera por la mitad de un mordisco mientras estuvierais distraídos. Esto es más o menos lo que se siente. Solo que habría que añadir unas cuantas granadas y una noche entera en la ópera”.

Alcatraz contra los bibliotecarios malvados, de Brandon Sanderson

Esta última parte de la oración señalada en negrita nos sirve, también, para ejemplificar la ironía, ya que iguala la mordida de un tiburón a escuchar una ópera (supuestamente, un placer exquisito).

Ironía

(Otro ejemplo) “Ivy no dejaba de coger el dibujo de la ballena pequeña y observarlo. Durante la clase de Matemáticas, el señor Santorini casi la pilló mientras repartía papel milimetrado, y le preguntó qué podía encontrar más interesante que las funciones lineales, pero ella guardó el dibujo en su escritorio justo antes de que él llegara a su fila”.

La carta de Ivy Aberdeen al mundo, de Ashley Herring Blake

Sarcasmo

“― Si les ha pasado algo a los niños, te mato – dijo mi madre mirando al director del colegio. […]

― Tranquilidad, la policía local ya los está buscando – dijo mi padre –. Seguro que en cualquier momento aparecen.

― La policía, la policía – protestó de nuevo mi madre –. Dime tú a ver cuándo ha solucionado algo la policía.

Mi padre, que es el jefe de la policía local de Sevilla la Chica, miró para otra parte y no le contestó.”

El misterio del castillo embrujado, de Roberto Santiago

Epíteto

“Sí, la cosa que Bastille había sacado de su bolso era, de hecho, una espada. Era, además, casi tan grande como Bastille y brillaba a la luz del farol, refractando un rocío de colores del arcoíris por el pasillo. […] Bastille dio un salto adelante y cargó contra el animado, reluciente espada en mano”.

“El guardia gritó. No lo vi derrumbarse, pero lo oí; y también oí el dolor, la atroz agonía que traslucía la voz de aquel pobre hombre”.

Alcatraz contra los bibliotecarios malvados, de Brandon Sanderson

Pregunta retórica

“Me gustaría comentar que es bastante más difícil de lo que parece. Sobre todo, para una persona como yo, que puede ser (¿lo he mencionado ya?) muy lista.”

Alcatraz contra los bibliotecarios malvados, de Brandon Sanderson

Sinestesia

“Tenía las uñas pintadas de azul eléctrico”.

“Miró alrededor de su habitación nueva. El sol del final de la primavera se coló por la ventana junto a su cama y cubrió todo con un brillo cítrico”.

La carta de Ivy Aberdeen al mundo, de Ashley Herring Blake

Metáfora

“Esto es lo que haremos – dijo su madre cuando pareció satisfecha de que nadie estuviera herido. Todas las cabezas se giraron de pronto hacia ella. Siempre había sido la capitana del barco –. Recorreremos la casa… el caos… y veremos qué podemos encontrar que sea de utilidad”.

“Antes de que pudiera pensárselo dos veces, Ivy arrojó los brazos alrededor del cuello de June. De inmediato, los brazos de June rodearon la espalda de Ivy, y se quedaron sentadas allí juntas, un nudo pequeño de amistad”.

“Su mente estaba abarrotada, y pensaba que su corazón quizás estuviera intentando salírsele del pecho, pero todavía era Ivy, preguntas y corazón salvaje y todo eso”.

“No sabía qué decir. Sus pensamientos no eran más que garabatos en una página y no tenían ningún sentido”.

“Y eso estaba bien, porque eso era lo que los dibujos eran, sueños que ayudaron a Ivy a atravesar una tormenta”.

“El corazón de Ivy estalló, un rayo atravesándola por la mitad, un trueno en el pecho. Era una tormenta hermosa”.

La carta de Ivy Aberdeen al mundo, de Ashley Herring Blake

“… mientras sonaba lejos

el blando sonajero de la lluvia

sobre la piel del mar.”

Del poema “He visto bajar al mar”, de Rosana Acquaroni

“La tarde es una larga conspiración de sombras

Del poema “La tarde es una larga conspiración de sombras”, de Ada Salas

Personificación

Pedalea la lluvia inútilmente

en el palacio de tiza.”

Del poema “En algún rincón del parque”, de Rosana Acquaroni

Una verdad me sigue por la calle.

Casi roza su sombra con la mía.”

Del poema “Calle de la guadaña”, de María Sanz

Los sollozos treparon por su garganta”.

 “Las palabras se formaron y murieron en su lengua. Y fue lo mejor. Ninguna de ellas era muy buena”.

La carta de Ivy Aberdeen al mundo, de Ashley Herring Blake

Paradoja

“Él asintió e inspiró profundamente, como si de verdad le creyera. Pero Ivy sabía que no era cierto. «Todo irá bien» era solo algo que las personas decían cuando no sabían qué más decir y las cosas iban muy, muy mal.”

La carta de Ivy Aberdeen al mundo, de Ashley Herring Blake

Juego de palabras

“Luego June sonrió.

― ¿Sí?

― Sí. Ahora dibujemos una ballena.

― Una ballena azul.

Ivy rio.

― La más azul de las ballenas.”

La carta de Ivy Aberdeen al mundo, de Ashley Herring Blake

Oxímoron

Apóstrofe

“Por qué, por qué, Amor mío,

eres mapa ilegible,

flecha desorientada,

regalo ensimismado en su intacto envoltorio,

palabra indivisible que nace y muere en mí”.

Del poema “Por qué mi carne no te quiere verbo”, de Ana Rosseti

Antítesis

“… y declaro ante ti que cada vez

es mayor la distancia que nos une.”

Del poema “Hombres al natural”, de María Sanz

Las figuras literarias 1

Las figuras retóricas las vamos a abordar en dos entradas. En la primera, pondremos ejemplos de figuras que afecten al plano fónico de la lengua (el de los sonidos, la sonoridad del texto) y el nivel morfosintáctico (el de las posibilidades de las palabras y su forma de ordenarlas… o desordenarlas). En la segunda entrada, irán las que se correspondan con el plano léxico-semántico (las figuras de pensamiento, que trabajan con el significado de las palabras empleadas y con lo que denotan y connotan).

Empezaremos con una cita que nos viene muy bien para abordar el tema:

“Un poema en particular, escrito antes de la tormenta, intrigó tanto a Ivy que lo leyó dos veces. […] Era tan bonito y triste no rimaba, pero Ivy sabía que no todos los poemas lo hacían. Su maestra de Lengua y Literatura los llamaba poemas de verso libre. Recordó que los poemas de Emily Dickinson casi nunca rimaban. Ni tenían ningún sentido, para el caso. Pero hacían que Ivy sintiera algo. Y el poema de June hizo lo mismo. Quizás eso era la poesía. Sentimientos.”

La carta de Ivy Aberdeen al mundo, de Ashley Herring Blake

Nivel fónico

Aliteración

“…quiero verter mis brazos en torrente

y enredarme la piel, des-componerme

en la disolución completa que confirma su ser”.

Del poema “Su gran conocimiento de los límites”, de Chantal Maillard

Paronomasia

“Nos hemos arrodillado

y adorado frases extensas

como el suspiro de la estrella,

frases como olas,

frases con alas.”

Del poema “Cenizas”, de Alejandra Pizarnik

Foto de Alexis Díaz

Nivel morfo–sintáctico

Anáfora

“―Bueno, no entremos en pánico – dijo su padre. Esa era su frase favorita. No entremos en pánico cuando la presión sanguínea de su madre se volvió muy alta cerca del final de su embarazo. No entremos en pánico cuando Aaron no permanecía dormido más de treinta minutos seguidos durante la noche. No entremos en pánico cuando su madre tuvo que retrasar la entrega del siguiente libro de Harriet porque estaba tan cansada que no podía pensar con claridad”.

La carta de Ivy Aberdeen al mundo, de Ashley Herring Blake

Epífora

“June de verdad tenía un cabello bonito. Era corto, pero brillante, como el maíz. También tenía ojos bonitos. Y una sonrisa bonita. Y una risa bonita. Y unas manos bonitas. Y un cerebro y corazón e ideas bonitas. Todo bonito”.

La carta de Ivy Aberdeen al mundo, de Ashley Herring Blake

Reduplicación

“Quería que todo volviera a ser como antes. Antes de la tormenta, antes de la pelea de Layla y Gigi, antes de los gemelos. Antes, antes, antes.”

La carta de Ivy Aberdeen al mundo, de Ashley Herring Blake

Anadiplosis

“Lo habían arrancado de su cuaderno. Su cuaderno perdido.”

La carta de Ivy Aberdeen al mundo, de Ashley Herring Blake

Asíndeton

“Ivy se quedó mirando el dibujo anonadada. Se pellizcó el brazo, con la esperanza de estar soñando. Se tiró las puntas del cabello hasta que sintió dolor.”

La carta de Ivy Aberdeen al mundo, de Ashley Herring Blake

“―Sin gasolina, perdidos en mitad de ninguna parte, en plena noche, sin cobertura, sin comida ni bebida, sin haber dormido en toda la noche – dijo Angustias –. ¿Qué más puede pasar?”

El misterio del castillo embrujado, de Roberto Santiago

Polisíndeton

“Un crujido y un estrépito y un derrumbe y un pum.”

“Antes de irse, le dijo a Ivy “Todo va a ir bien”, pero Ivy casi le gruñó. No quería escuchar eso ahora mismo porque cuando alguien lo decía tenía que sonreír y asentir y fingir que lo creía.”

“Ambas sonrieron y mordieron sus emparedados. Estaba tan bueno que casi hizo que Ivy llorara o riera o gritara. O lo dibujara.”

La carta de Ivy Aberdeen al mundo, de Ashley Herring Blake

Enumeración

“Lo cierto era que había sentido todas aquellas cosas en secreto durante toda mi vida: vergüenza, tristeza, paranoia, inseguridad…”.

Alcatraz contra los bibliotecarios malvados, de Brandon Sanderson

Paralelismo

“Darme cuenta de mis fallos no me hizo inclinar la cabeza, sino levantarla. Darme cuenta de lo estúpido que había sido no me hizo lamentarme, sino sonreír ante mi idiotez.”

Alcatraz contra los bibliotecarios malvados, de Brandon Sanderson

“Sus pulmones se cerraron ante la idea de alguien ojeando todo su cuaderno, dibujo tras dibujo, secreto tras secreto. Había recuperado un dibujo, un dibujo que adoraba, pero no era así como había querido encontrarlo. De ninguna forma. Esto era peor que perder el cuaderno. Esto era una provocación. Esto era una tortura.”

La carta de Ivy Aberdeen al mundo, de Ashley Herring Blake

“Más acá del azar y la muerte,

mi mano pequeña y solitaria.

Más allá de la muerte y el azar,

mi mano enredándose en la tuya”.

Del poema “Más acá del azar y de la muerte”, de Mercedes Escolano

“… diré a la vida que la recuerdas, diré a la muerte que la recuerdas, que recuerdas sus líneas conjurando tu sombra, que recuerdas sus hábitos y su carácter solo”.

Del poema “Para Olga”, de Blanca Andreu

Elipsis

“―¿Y luego lo supiste?

―Sabía algo. Qué, no estaba segura”.

La carta de Ivy Aberdeen al mundo, de Ashley Herring Blake

Hipérbaton

“…Contra mí

se vuelve cuanto construyo. Desdibuja

el dibujo su figura y llueve,

mientras la tinta se diluye como

un río

que fluye por su alma y por la mía”.

Del poema “Pincelada”, de Andrea Luca

El lenguaje literario y las figuras literarias (o retóricas)

¿Qué tienen de especial un poema, una bella descripción o una narración apasionante? ¿No son sólo palabras unidas que transmiten un mensaje? Pues no, porque en los tres casos se emplea (con suerte y pericia del escritor o escritora) el lenguaje literario y persiguen una finalidad, además, artística, estética. Es decir, hay una intención estilística.

Para explicar en qué consiste el lenguaje literario, te voy a preguntar algo más: ¿es lo mismo decir “entonces todos nos callamos” que “pasaron unos instantes cargados de silencio”? Decir, decir, “parece” que dicen lo mismo no: «se callaron». ¿Pero es lo mismo exactamente? No: en “pasaron unos instantes cargados de silencio”, el silencio “pesa”. ¿Eres capaz de apreciar la diferencia? En poesía, en literatura, ese silencio puede ser un «silencio amistoso», un «silencio traidor», un «silencio atroz», un «silencio cómplice». ¿A qué situación atribuirías cada uno?

Observa este otro ejemplo, extraído del poema “La noche obscura del cuerpo”, de María Antonia Ortega:

“Mi cuerpo me da miedo algunos días, como si fuese una casa abandonada con los cristales de las ventanas rotos y muchas veces saqueada, como si fuese una casa construida al borde de un precipicio”.

¿Qué entiendes en estas líneas? Yo, por ejemplo, puedo pensar que la autora está hablando del envejecimiento, de su vejez. Pero no se sabe con certeza. Mucho de lo que yo entiendo es parte de mi visión subjetiva de estas líneas. Quizás tú creas que la autora escribe, en realidad, sobre el abandono, sobre un desamor. Y otra alumna puede entender que la autora nos habla de una depresión.

No es lo mismo que decir “Tengo que hacer los deberes de Lengua” o “Hace mucho calor hoy”.

A esto se le llama función poética del lenguaje.

Fíjate en estos otros versos del poema “Ahora sólo tienes una vida”, de Esperanza Ortega:

“…la belleza

asoma en las rendijas de este gesto imposible

su rastro es tortuoso y su fulgor

alumbra hasta el abismo sin lámpara ni estrella

.

pero toda ella cabe

en el cielo minúsculo

de tus manos vacías”

A lo mejor no entiendes lo que dice, pero… ¿qué sientes?

[Aclaración: si no sientes nada, no importa, se supera, no es nada que no se pueda curar con un poco de sensibilidad e introspección]

Esta «vuelta de tuerca» del lenguaje se consigue, muchas veces, a través de las figuras literarias, que son formas de jugar con las palabras (sus sonidos, sus posibilidades, su orden, su significado…) para intentar convertirlas en más expresivas. Estas “combinaciones” de las palabras, dependiendo de qué consigan y cómo se lleven a cabo, reciben un nombre (como “paralelismo” o “metáfora”).

Las figuras literarias “alteran” la percepción “normal” del lenguaje para transmitir algo más: emociones. Consiguen que el texto sea más bello, que dé más miedo, que transmita mayor inquietud, que te provoque más asco, que te se te llenen los ojos de lágrimas, que te deje con una sensación “extraña” en el cuerpo.

Distinta, al fin, de si leyeras la frase “Déjeme tres panes, por favor”. Aquí (salvo algún caso extraño…) no hay emoción, sentimientos.

Existen un montón (pero un montonazo de verdad: hay libros enteros que tratan de las figuras retóricas).

Te enlazo aquí una página con información sobre el tema, para que tengas dónde consultar la teoría, aunque faltan algunas de las que veremos en entradas posteriores. No obstante, el contenido de la página es muy completo y conviene tenerla como referencia. Gracias a las autoras, Laura Carrilero y Laura Berros.

https://sites.google.com/site/meregelicom/home