Mensaje a mí misma

Dice un famoso epitafio «como te ves yo me vi, como me ves te verás»,y así me siento yo dirigiéndome a ustedes, joven alumnado de la vida, y empleo el «ustedes» no para tomar distancia, sino para reafirmar mi identidad como usuaria de la lengua castellana en su modalidad de habla canaria, en la que se emplea «ustedes son» en lugar de «vosotros sois».

Con la perspectiva que da el transcurso del tiempo, me identifico con la chica sentada en el pasillo, con la cabeza agachada que escribe en una libreta encuadernada de tamaño cuartilla, mientras oye música por unos auriculares cuyos cables se pierden entre sus prendas holgadas. 28476__162_a_2

También sonrío cuando la vecina llama a gritos a su hijo adolescente que lee alejado del ruido doméstico de forma apresurada y casi clandestina a ojos de su madre. Ese joven que, al primer despiste de su madre, se volverá a la azotea de la casa, para seguir su aventura interior, a través de las páginas de aquel libro descubierto, recomendado o tanto tiempo en espera.

Porque una vez fui yo la que leía en los trayectos de cuarenta y cinco minutos que hacía en la guagua, de camino a la facultad; cuando no me enteraba de que había terminado el recorrido sino cuando entraba en la oscuridad de la terminal de San Telmo.

Y en alguna otra ocasión componía letras de canciones y me inventaba la música que la acompañaba, mientras emitía sonidos parecidos a los que inundaban el barrio allá por el mes de marzo por tanto gato como había.

También era yo la que quemaba las sartenes porque me olvidaba de que no debía quitar la vista de los fogones mientras cocinaba, con la correspondiente reprimenda de mi madre, que concluía en darse cuenta de aquello para lo que Dios no me había llamado.

Todo ello es la pasión y la ilusión por vivir y aprender la vida, que me llevan a animarlos a ustedes, repito, a que compartan conmigo la experiencia literaria. La ilusión de los iniciados en la lectura, sea cual sea la temática, el género y la época.

Da igual el soporte en el que esté impresa la letra, porque lo que importa, es cómo cala en nosotros y la reacción que nos produce. En definitiva, un ejercicio de LIBERTAD.

Así, si la imaginación nos hará libres, no dejen de imaginar y de leer en libertad.

En definitivo, bienvenidos y adelante.

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