Pino Ojeda

Texto: Covadonga García Fierro

Pino Ojeda Quevedo

(Teror, 1916- Las Palmas de Gran Canaria, 2002)

«Dejadme con mis alas»

 

¿QUIÉN FUE?

María del Pino Ojeda Quevedo, conocida como Pino Ojeda, fue una importante escritora y artista plástica que cultivó los géneros poético, narrativo, teatral, pictórico y escultórico. También cursó estudios de Música.

Pino Ojeda se aficiona a la lectura cuando aún es una niña, gracias a la biblioteca de su padre. Una de las primeras obras que lee es Las mil y una noches. En los años veinte, estudia en un colegio público, y durante su adolescencia continúa formándose en todas las materias que le interesan, si bien no le es concedida titulación alguna, puesto que cursa los estudios en la modalidad de libre oyente. Pronto comienza a soñar con convertirse algún día en maestra. Pino Ojeda tuvo siete hermanos, de los cuales fallecieron seis a edades muy tempranas. Estas muertes se traslucen en algunos de sus poemas. A los catorce años de edad conoce al que sería su marido, Domingo Doreste Morales, y en 1930 fallece su padre, hecho que constituye otro duro golpe en la vida de Pino Ojeda.

Durante la República, su profesor de Literatura en bachillerato es Agustín Espinosa, referente clave del surrealismo en lengua española. Además, complementa sus estudios con clases particulares de Música en el Ayuntamiento de Las Palmas, de la mano del profesor Andrés García.

En 1937, Pino Ojeda y Domingo Doreste se unen en matrimonio, tras siete años de noviazgo. Nueve meses más tarde del casamiento, el marido es llamado a filas para servir en el frente de batalla de Extremadura, en la Guerra Civil Española. Pocos días después de aquella marcha que se sabe ya sin retorno –el marido anuncia a Pino Ojeda que no piensa matar a nadie, que irá a la guerra con su arma descargada– nace el hijo de ambos, Domingo. Efectivamente, en marzo de 1939, Pino Ojeda recibe la noticia de que su marido ha fallecido. Este mismo mes escribe su primer poema, “In memoriam”, en el que recuerda los momentos previos a la partida de su esposo.

En 1944, Pino Ojeda conoce a Juan Ismael, artista que será, ya para siempre, como un hermano para ella. Juan Ismael es quien introduce a Pino Ojeda en la revista tinerfeña Mensaje (1945-1946), dirigida por Pedro Pinto de la Rosa. Aquí da a conocer sus primeros poemas nuestra autora.

En 1947, Pino Ojeda retoma y amplía sus estudios de arte en la Escuela Luján Pérez. Además, en la década de 1960 accede a las Academias Municipales de Las Palmas, cuando ya es una artista plástica reconocida a nivel internacional, para perfeccionar en Dibujo. Durante los años sesenta y setenta logró exponer sus cuadros y esculturas en países como Estados Unidos, Alemania, Francia, Suecia, Suiza e Italia.

En 1934, Pino Ojeda comienza a trabajar como secretaria en el Sindicato de Exportación de productos agrarios de la zona centro de Gran Canaria; posteriormente, viaja a Tenerife para trabajar, siempre como secretaria, en una oficina de importación y exportación y, tiempo después, en otra oficina perteneciente a una fábrica de materiales de construcción. Este último empleo tuvo que abandonarlo debido al acoso que sufrió por parte de su jefe. Con el tiempo, Pino Ojeda abandona sus estudios y se prepara para el matrimonio y la maternidad, como era costumbre en la época. Sin embargo, tras el fallecimiento de su marido, se ve obligada a trabajar para poder salir adelante y cuidar de su hijo.

En la década de 1940, Juan Rodríguez Doreste, un familiar, pide un préstamo para que Pino Ojeda pueda abrir una librería (recordemos que, durante el franquismo, las mujeres no tenían derecho a solicitar personalmente un préstamo; ni siquiera a abrir una cuenta bancaria). Se trata de la librería Flores y Libros, situada en la calle Luis Morote, a la altura del Parque Santa Catalina. Gracias a este negocio, Pino Ojeda logra superar la angustiosa situación económica que vivió durante los primeros años de viudez. Además, es en esta época en la que comienza a indagar en la creación plástica.

Entre 1952 y 1955, Pino Ojeda funda y dirige todos los números de la revista Alisio. Hojas de poesía. En ella publican sus textos numerosos poetas procedentes de toda la geografía canaria y española e, incluso, el poeta francés Louis Emiè. Entre los nombres más destacados de esta revista, citaremos aquí a Vicente Aleixandre y Juan Ramón Jiménez (ambos premios Nobel de Literatura), Carmen Conde, Gerardo Diego, Pedro Salinas, Gabriel Celaya, Ángela Figuera o Angelina Gatell. La labor de Pino Ojeda como editora fue importantísima.

En 1958, y tras verse obligada a traspasar la librería Flores y Libros y a cesar las entregas de la revista Alisio por motivos económicos, Pino Ojeda monta su propia sala de arte en Las Palmas de Gran Canaria. Se trata de la Galería Arte, situada en la calle Sagasta, 64, en la Playa de Las Canteras. Así, se convierte en la primera mujer en Canarias que crea este tipo de negocio: un espacio dedicado, de forma exclusiva, a la venta de arte y a las exposiciones individuales y colectivas, tanto de pintores canarios como de artistas nacionales y extranjeros.

A partir de 1970, Pino Ojeda dedica los últimos años de su vida laboral a trabajar en una Administración de Loterías, trabajo que no la hacía feliz. De hecho, uno de sus poemarios, El derrumbado silencio. Poemas del exilio, escrito en 1971, hace referencia a este trabajo que la hacía sentir como una “exiliada” del mundo de la cultura y las artes. Aun así, en su tiempo libre nunca dejó de crear. Siempre continuó aprendiendo y experimentando con nuevas formas de creación.

¿QUÉ OBRAS ESCRIBIÓ ?

En 1947, la revista Mensaje publica el primer libro de poemas de Pino Ojeda, Niebla de sueño.

De 1951 data la obra de teatro El río no vuelve atrás (inédita) que Pino Ojeda estuvo a punto de estrenar en 1956 en La Buhardilla (Barcelona), lugar en el que solían reunirse los intelectuales catalanes de la época y que acogía representaciones teatrales. No obstante, el estreno se ve truncado por el fallecimiento de Diego Asensio, director del espacio, como consecuencia de una tuberculosis.

En 1953, la escritora grancanaria logra el primer accésit en el premio Adonais con su poemario Como el fruto en el árbol, que será publicado en 1954. Este galardón, el más prestigioso del país en poesía, favorece que la autora empiece a ser reconocida a nivel nacional dentro del gremio de escritores, realizando lecturas y recitales en ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia, donde refuerza sus lazos de amistad con los autores españoles de postguerra.

En 1954, Pino Ojeda resulta finalista del premio Nadal con su novela Con el paraíso al fondo, que permanecerá inédita hasta 2017. De 1954 también datan algunas obras de teatro inéditas, como El hombre que se quedó en la guerra y El gran cobarde.

En 1956 Recibe el premio Tomás Morales por La piedra sobre la colina, un extenso poema dividido en doce estancias que no se publicará hasta 1964.

Su siguiente poemario, El alba en la espalda, se publica en 1987, y en su edición se incluye una carta de Juan Ramón Jiménez dirigida a Pino Ojeda. El mismo título, de hecho, está inspirado en el verso juanramoniano “ya te da el alba en la espalda”.

En 1993 se publica El salmo del rocío, libro de poemas que obtuvo el Primer Premio Mundial de Poesía Mística, convocado por la Fundación Fernando Rielo en 1991.

Póstumamente se publica el poemario Árbol del espacio (2007), ilustrado por Plácido Fleitas y Juan Ismael.

En 2017 se publican la novela Con el paraíso al fondo y el poemario El derrumbado silencio. Versos del exilio; y en 2018 el Gobierno de Canarias dedica el Día de las Letras a Pino Ojeda, como reconocimiento a su trayectoria.

Poesía 

OJEDA, Pino (1947). Niebla de sueño. Tenerife: Ediciones Mensaje.

_____ (1954). Como el fruto en el árbol [1953]. Madrid: Rialp.

_____ (1964). La piedra sobre la colina [1956]. Tenerife: Tagoror de Ediciones.

_____ (1987). El alba en la espalda. Madrid: Ediciones Torremozas.

_____ (1993). El salmo del rocío [1991]. Madrid: Fundación Fernando Rielo.

_____ (1997). Antología poética (Ed. Sebastián de la Nuez). Las Palmas de Gran Canaria: Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias.

_____ (2007). Árbol del espacio. Las Palmas de Gran Canaria: Archipliego/Domibari.

_____ (2016). Obra poética (Ed. Blanca Hernánez Quintana). Las Palmas de Gran Canaria: Cabildo de Gran Canaria.

_____ (2017). El derrumbado silencio. Versos del exilio [1971]. Las Palmas de Gran Canaria: Canarias eBook.

Novela

OJEDA, Pino (2017). Con el paraíso al fondo [1954]. Las Palmas de Gran Canaria: Canarias eBook.

Teatro

Morir solo una vez [1950, inédita]

El río no vuelve atrás [1951, inédita]

Razones para morir [1951 inédita]

Píramo y Tisbe [1951, inédita]

En la hora de la verdad [1951, inédita]

El hombre que se quedó en la guerra [1953, inédita]

El cuadro del niño dormido [1953, inédita]

Caleidoscopio [1954, inédita]

El gran cobarde [1954, inédita]

Antologías colectivas

BOURNE, Louis (1992). Contemporary Poetry from the Canary Islands.  Londres:  Forest Books.

CASANOVA DE AYALA, Félix (1989). Los mejores poemas de ayer y hoy. Tenerife: Centro de la Cultura Popular Canaria.

CONDE, Carmen (1954). Poesía Femenina Española Viviente. Madrid: Arquero.

DE LA NUEZ, Sebastián (1986). Poesía canaria (1940-1984). Santa Cruz de Tenerife: Interinsular Canaria.

_____ (1993). Literatura canaria contemporánea. Las Palmas de Gran Canaria: Edirca.

HERNÁNDEZ QUINTANA, Blanca (2003). Lunas de la voz ausente: antología de escritoras canarias de la primera mitad del siglo XX. Tenerife: Baile del Sol.

_____ (2004). Desde su ventana. Antología de poetas canarias del siglo XX. Madrid: Ediciones La Palma.

_____ (2008). Diccionario de escritoras canarias del siglo XX. Tenerife: Ediciones Idea.

JIMÉNEZ FARO, Luz (1975). Poetisas españolas. Antología general. Tomo III: de 1940 a 1975. Madrid: Torremozas.

LÓPEZ ANGLADA, Luis (1955). Panorama poético español (1939-1964). Madrid: Editora Nacional.

MILLÁN, Rafael (1955). Antología de poesía española. Madrid: Editorial Aguilar.

QUINTANA, José (1970). 96 poetas de las Islas Canarias. Bilbao: Comunicación Literaria de Autores.

RAMÍREZ, Víctor y FRANQUELO, Rafael (1986). Literatura canaria. Antología de textos. Siglo XVI al XX. Las Palmas de Gran Canaria: Imprenta Pérez Galdós.

ROMANO COLANGELI, Maria (1964). Voci femminili della lirica spagnola del 900. Bolonia: Patron.

  1. AA. (1969). Antología general del Adonais (1943-1968). Madrid: Rialp.
  2. AA. (1995). Alisio. Hojas de poesía (1952-1955). (Ed. Pino Ojeda). Las Palmas de Gran Canaria:  Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias.

Bibliografía sobre la autora

COELLO HERNÁNDEZ, Alejandro (2017). “La poesía de Pino Ojeda: `si mi poesía pregunta, mi poesía contesta´”. En Fogal, núm. 13 (s/p). Tenerife.

GARCÍA FIERRO, Covadonga (2015). “Pino Ojeda: perfil polifacético”. En Cuadernos del Ateneo, núm. 34 (pp. 58-61). Tenerife: Ateneo de La Laguna.

_____ (2016). “Pino Ojeda y las voces poéticas de postguerra. La revista Alisio. Hojas de poesía”. En Revista Nexo, núm. 13 (pp. 13-26). Tenerife: Instituto de Estudios Hispánicos.

_____ (2016). “Pino Ojeda o la victoria del amor”. En Cuadernos del Ateneo, núm. 36 (pp. 101-106). Tenerife: Ateneo de La Laguna.

JORGE PADRÓN, Justo (1992). “La poesía de Pino Ojeda”. En GAVIÑO DE FRANCHY, Carlos  (ed.). Encuentro de Escritores Canarios (pp. 51-57). Las Palmas de Gran Canaria: Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias.

PÁEZ MARTÍN, Jesús (1999). “Pino Ojeda y Pino Betancor”. En LÓPEZ, Elsa (ed.). La poesía escrita por mujeres y el canon (pp. 177-198). Lanzarote: Cabildo Insular de Lanzarote.

RODRÍGUEZ PADRÓN, Jorge (1991). “Aspectos de la obra de Pino Ojeda”. En RODRÍGUEZ PADRÓN, Jorge. Lectura de la poesía canaria contemporánea. Tomo I. (pp. 381-401). Islas Canarias: Gobierno de Canarias.

SANTANA DOMÍNGUEZ, Juan Francisco (2009). Pino Ojeda: pintora y poeta. Las Palmas de Gran Canaria: Ediciones Anroart.

VV.AA. (2018). García Fierro, C. (coord.). Pino Ojeda. Te busqué por los sueños. Canarias: Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias.

 

LEE SU OBRA

Del poemario Niebla de sueño (1947)

¡Cómo quisiera ser tus pequeñas cosas!

El aire que te roza y te acaricia.
El polvo que te sigue y se te posa.
El agua que desciende y te penetra.
La ropa que te cubre y te ausenta
la carne fuerte y olorosa.
El cuello que rodea tu garganta,
yo quisiera ser.
Y quisiera ser tus manos, tus pies.
Pisar donde pisas y tocar lo que tocas.
Ser color y sentarme en tus pupilas.
Ser agua y verterme en tu boca.
Ser luz y en las mañanas
abrir mis dos ventanas
para que a la vida tú te asomes.
¡Ay, cómo quisiera ser para ti la nada

y poderte ofrecer el más allá!

 

Del poemario Como el fruto en el árbol (1954)

 

TE BUSQUÉ POR LOS SUEÑOS

Te busqué por la tierra, por largos
pasillos de seres. Te busqué por las noches,
por calles y sombras, por quietas esquinas
agudas. Te busqué por los días. Nadie
con carne y tacto me descubría tu nombre.

Te busqué por los bosques: altas miradas
rodaron por copas, por ramas, por quietas
palmeras, por viejos pinos lejanos. Pero nada,
nada tenía escrito tu nombre.

Te busqué por las hojas sobre vientres
de campos morenos. Te busqué por los trigos,
por valles y praderas de lirios, por montañas,
por fuentes. Por cada sendero oculto
iba gritando tu nombre.

Te busqué por los mares, por frágiles
barcas de marineros mojados. Te busqué
por algas, por peces, por rocas agudas,
por olas y anchas playas doradas.

Te busqué más abajo, en lo hondo, entre
viejas astillas de barcos remotos. Olvidadas
cartas marinas no decían tu nombre.

Te busqué por estrellas, por nubes,
por albas, por quietos celajes. Te busqué
por los aires, por la luna callejera,
por locas primaveras saltando.

Te busqué por el tiempo, por los siglos:
fríos cementerios no tenían tu nombre.

Tú eras un signo, un signo de ave
y nadie, nadie podría encontrarte.

Te busqué por los sueños:
Por los sueños, tú me estabas esperando.
MENSAJE A LOS HOMBRES
A mis hermanos Ana María y Rafael

Yo no sé por qué los hombres, cuando caminan por la tierra y los bosques,
van rumiando silenciosos sus pequeñas, bajas preocupaciones.
Ellos deberían dejar sus agrias, difíciles conciencias,
en la primera vuelta del camino donde la civilización se expresa.
Allí sobre la dura y cementada superficie gris que habla de dolor,
de sangre interminable.

Los hombres no debieran llevarse al bosque, a la tierra,
sus pesadillas nocturnas,
sus agobiadoras, durísimas contiendas.
Ellos podrían llevar arriba la misma sencilla mirada,
el mismo sencillo gesto de los seres que van a encontrarse.
Sólo una mirada sin pasado, sin ayer, sin retorno.
¡Si los hombres se dieran cuenta de estas pequeñas cosas
y subieran a lo alto libres de ellos mismos,
libres de sus pobres, ligeras ansias!
Si ellos supieran rezar sin voces, dentro de sí, detenidamente, sin prisas.
Si ellos lograran dejar en las ciudades
—llenas de polvo, de ruidos y fiesta—
sus pobres, mentidas palabras.
Encontrarían allá arriba el brazo que les rodeara calladamente la espalda.
Encontrarían la voz que perdieron con el primer desperezo de hombres.
Encontrarían, sí, como partiendo de su propia carne,
el camino que olvidaron cuando sus pobres corazones aprendieron
a maldecir en silencio.

Del poemario La piedra sobre la colina [1956] (1964)

Todo al alcance del deseo trascendido
subiendo hasta iluminarse.
Desbordado como marea que sube y muerde
sin apenas herir
pero hundiéndose en la carne tibia de la orilla.

Todo presente.
Posible entre los dedos que se van alargando
hasta hacer brotar la llama
donde habrán de quemarse.

Qué allí todo.
Qué posible.
Lucha de ansias que se agrandan y purifican.
Lucha del amor por el amor que ya existe.

Todo viviendo.
Abrazándoles alma y materia.
Llenándoles de paz en la espera innumerable.

Qué luz en los ojos buscándose en la distancia.
Qué seguridad fluyendo por la vena
más fuerte del corazón
para que no se les destruya la esperanza.

Del poemario El alba en la espalda (1987)

Siempre esperando.
Desde aquella muerte temprana
cuando aún estaban mis hojas tan verdes.
Qué esperanzada pisaba los campos.
Qué generosa y colmada mi mano.
Qué afanada tras la cosecha.

Noches interminables vigilaban
al viento por si traía un mensaje.
Esperas bajo el sol. Diálogos
con la luna tristísima de invierno.
Y qué dolor bajo el cielo que cubre
tanto silencio,
tanta pregunta sin respuesta.

Van pasando los años.
Nada sobre la tierra.
Ninguna posible esperanza.
Ninguna verdad madurando.
Sólo silencio.

Del poemario El salmo del rocío (1993)

MÍRAME

Mírame
así
pequeña
como
roja
amapola
tan
fugaz
y
sencilla.
Mírame
así
silente
sin
vestirme
en
la
gala
ardorosa
del
tiempo.
Sola
ante
ti
mecida
por
la
brisa
en
la
leve
canción
de
mi
instante
de
luz.

Del poemario Árbol del espacio (2007)

Cierro los ojos. No ambiciono nada.
Brilla el sol, agosta árboles,
destruye simientes. Mi corazón
no oye el rugir del viento.
Estoy serena, en reposo. Sonrío.
Por qué y para qué lucha,
afán y esfuerzo. Para qué
acumular riquezas, sueños, ansias.
Tan ambiciosa entrega, para qué.
Qué ciega he sido. Cómo he caminado
tras las mismas promesas ya destruidas.
Ahora puedo sonreír.
Sutiles pensamientos surgen
de la penumbra, iluminando
la agobiadora sombra.
Qué gráciles separan
verdad y sueño.
Qué intensidad en la idea.
Desde mi mente parten
tiernos coloquios que van dando
vida al silencio.
Todo tiene su valor, su equilibrio.
Nada nace ni vive por sí mismo.
Lo creo y recreo
serenamente.
Camino despacio, viendo partir
los días, tan sugerentes, tan plenos
dentro de mi dominio.

De la novela Con el paraíso al fondo [1954] (2017)

(Fragmento)

Las luces de la avenida le dan de lleno en los ojos. «Fuego y humo. Eso es todo», piensa. «Arder y luego la consunción total. Nace el árbol y más tarde o más temprano el fuego lo doblega y lo devora. Nace el hombre y, cuando al final de la vida lo cubre la tierra y lo envuelve la nada, polvo y cenizas lo asemejan al árbol. Todo es igual. En ese final todo es semejante. En ese principio todo es exacto. Hay una sola diferencia. Los hombres pisamos con la misma indiferencia las hojas de los árboles que las de nuestro corazón. Los árboles, en cambio, nos siguen protegiendo con su sombra a pesar de todo».

«A pesar de todo…», murmura María mirando dulcemente la apacible serenidad de los árboles.

De la obra de teatro El gran cobarde [1954, inédita]

(Fragmento)

MARTHA (sin mirarle): No estoy tranquila.

JORGE (enfadado): Pues nadie lo diría…

MARTHA (con la misma actitud): Sé controlar mis nervios.

JORGE: A veces, pienso que te importa muy poco todo esto…

MARTHA (con sequedad): Ya ni me ofenden tus palabras. Estoy oyéndote decir desde hace más de un mes siempre lo mismo, y a todo se acostumbra una.

JORGE: (irritado): ¡No, a todo no! Yo no puedo acostumbrarme a estar encerrado, perseguido, enjaulado como una auténtica fiera. Tú estás libre, puedes entrar y salir, puedes hacer tu santa voluntad.

MARTHA (muy seca): Llevo el mismo tiempo que tú aquí encerrada.

JORGE: Pero estás libre, andas por la casa sin ningún tipo de temor, no tienes que mirar a todos lados, como si de las paredes fuese a surgir una mano que te agarrase… (Deja la cabeza entre las manos, como es costumbre, en actitud desesperada).

MARTHA: También yo estoy corriendo mis riesgos. El agente me ha dicho que si no descubro tu paradero me detendrán a mí.

JORGE (levantando la cabeza con avidez): Y tú, ¿qué piensas hacer?

MARTHA (sin mirarlo): ¿Qué harías tú…?

JORGE (levantándose airado y con los ojos tremendamente abiertos): ¡Me vas a denunciar! ¡Lo estoy leyendo en tus ojos!

MARTHA (levantando también su cabeza y mirándole fijamente): Y ahora, ¿qué ves en mis ojos? ¡habla! Ahora los tengo delante de ti. Es ahora cuando tienes que decir lo que ves en ellos (al ver la actitud de su marido, que se ha quedado algo encogido y temeroso). Bien, ¿qué es lo que ves en mis ojos, Jorge? ¿No te atreves a hablar? ¿es que no quieres hablar? Pues bien, la que voy a hablar soy yo. ¿Sabes lo que yo veo en los tuyos? ¿Sabes lo que veo yo en tu mirada?, pues te lo voy a decir, Jorge. ¡Odio! ¡Sólo odio! Eso es lo que hay en tu mirada desde que esto empezó. Un odio feroz, tremendo, me miras como si yo fuese el enemigo, como si temieras algo de mí, como si pensaras que yo… ¡sí, no pongas esa cara!, ¡no me engaño!, ¡come! (Entre dientes): si yo fuera capaz de denunciarte…

JORGE (interrumpiéndola): ¡No, no…! Yo no he pensado eso que dices en ningún momento… Eso no es cierto (mirándola al tiempo que se le acerca y se queda parado delante de ella, casi rozándole la cara). No… ¿Verdad que nunca harías una cosa semejante?

MARTHA (mirándole con absoluto desprecio): ¿Verdad que lo has llegado a pensar alguna vez?, ¿verdad, Jorge?, ¿verdad que sí?

(Jorge comienza a pasear de un lado para otro mientras sus ojos se van empañando y sus facciones se ablandan. De pronto, se dirige al sillón y se sienta con la cabeza entre las manos. Mientras, en la habitación, todo ha quedado en silencio.)

LEYENDO CON GAFAS VIOLETAS

En la obra de Pino Ojeda, como se puede comprobar por la selección de textos, hallamos reflexiones enriquecedoras sobre los roles de género y la igualdad.

A modo de ejemplo, diremos que  en la novela y en algunas obras de teatro encontramos a personajes femeninos que desafían los roles de género y las estructuras convencionales del matrimonio (Martha, en la obra de teatro El gran cobarde), adoptan un papel protagonista y luchan por su futuro de manera autónoma y decidida (María, en la novela Con el paraíso al fondo).

PARA SABER MÁS

Enlace a la revista monográfica Pino Ojeda. Te busqué por los sueños (Gobierno de Canarias, 2018)

http://www.gobiernodecanarias.org/opencms8/export/sites/cultura/dlc/documentos/revistaletras2018.pdf

Enlace a la propuesta didáctica para Infantil y Primaria

Haz clic para acceder a pino_ojeda_primaria%20(1).pdf

Enlace a la propuesta didáctica para Secundaria

Haz clic para acceder a pino_ojeda_secundaria_campos.pdf

Enlace al poema “Te busqué por los sueños”, con voz de Pino Ojeda

Literatura Universal (LIE)

2º Bachillerato

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