Mercedes Pinto

Texto: Sonia Vaquero González

1883-1976

“Ven y dame tu mano, que en la mía
será como de bronce, y así fundidas
romperemos el mundo, si en el mundo
vallas levantan manos enemigas.”

 

Mercedes Pinto, María de las Mercedes Josefa Francisca del Pilar Pinto Armas de la Rosa y Clós, nació en La Laguna, Tenerife, el 12 de octubre de 1883 en el seno de una acomodada familia burguesa. Mercedes destacó desde muy joven  por sus dotes creativas y artísticas en los ambientes literarios de la isla en los que era conocida como la “Poetisa canaria”.

En esta primera juventud publicó sus composiciones en la prensa insular y fue galardonada en concursos literarios de ámbito regional. En 1909 contrae matrimonio  con Juan de Foronda, este acontecimiento marcará el resto de su vida personal y artística.

En los años 20 se traslada a Madrid  y se relaciona con los círculos intelectuales más activos del momento. Colabora  en revistas y diarios nacionales y publica su primer poemario Brisas del Teide (1924) pero sin duda será su conferencia en la Universidad Central de Madrid en 1923 El divorcio como medida higiénica  la que condicione su trayectoria vital  ya que las innovadoras ideas que defiende, fruto de su  dura situación personal, y la polémica que estas generan, la llevarán  al exilio durante la dictadura de Primo de Rivera.

Así en 1924  llega a Uruguay donde diversifica su  carrera (periodista, oradora, conferenciante, pedagoga, escritora, fundadora de su propia compañía de teatro, y de  importantes instituciones como La casa del Estudiante) y comienza una nueva etapa  repleta de éxitos y de reconocimiento.  En 1926 publica su obra más conocida Él posteriormente llevada al cine por Luis Buñuel.  En 1930 publica una de sus obras dramáticas más reconocidas Un señor…cualquiera. Un año después publica su poemario Cantos de muchos puertos 1931. Tras fundar la Compañía de Arte moderno de Mercedes Pinto, inicia un viaje   por distintos países de Hispanoamérica ( Argentina, Paraguay, Bolivia). Se instala en Chile, Cuba y México. De este período destaca su obra Ella 1934 y una extensa colección de artículos y colaboraciones periodísticas agrupadas bajo el título Ventanas de colores y que recoge gran parte de la extensa actividad periodística de la autora.  Mercedes Pinto muere en 1976 en México, tras una intensa vida en la que podemos destacar su constante lucha, su  compromiso social y la fusión que existe en su biografía vital y literaria.

Mercedes Pinto vive en el viento de la tempestad.

Con el corazón frente al aire.

Enérgicamente sola. Urgentemente viva.

Segura de aciertos e invocaciones.

Temible y amable en su trágica vestidura de luz y llamas.

Epitafio en la tumba de Mercedes Pinto, Pablo Neruda

“Pero si la señora Mercedes Pinto ha narrado tan bien su observación, si ha logrado tanta felicidad a su relato, no es seguramente solo porque tiene imaginación emotiva, gracia espontánea de estilo y vigor maestro de expresión: hay algo más que literatura en este libro. Mercedes Pinto es escritora y poetisa de talento, tuvo un ambiente que pudo darle conocimientos superiores; pero el psicólogo que hay en el psiquiatra insiste que en estas páginas hay algo más que literatura: hay vida y hay dolor. Esta observación fue “vivida”, me atrevería a jurarlo… Y siendo así, este libro ya no es una “novela”, sino un “documento”

Santín Carlos Rossi, Él

«En cualquiera de los casos, la palabra fue el instrumento con el que contribuyó a la elevación de la conciencia y desde el que se posicionó como ser individual y colectivo, luchando contra los prejuicios intransigentes de su época y dando testimonio de sus propias convulsiones existenciales”

Alicia LLarena

“Habló Mercedes Pinto como ella sabe hablar, y fueron continuas las ovaciones a esta mujer predicadora de un feminismo justo, sin estridencias, con las debidas liberaciones igualitarias, interpretando admirablemente el ideario martiano , y da fe, en fin , de sus planteamientos progresistas, de su empeño por mejorar la condición femenino”

Luis Felipe López Wangüemert

“Mercedes Pinto es una figura «a reivindicar» en un mundo que siempre habla de «hombres de acción», y  merece estar en el santoral de la literatura española, tan falta de mujeres y que sin embargo no recuerda a las que por su labor merecen tener su nombre inscrito en el arco del triunfo y de la memoria de esa escritura».

Juan José Armas Marcelo

“El presente libro, lectoras, no es una exhibición pueril, ni una tentación de la Fama, ni siquiera una fácil coquetería lírica. Es, simplemente, un imperativo categórico, una misión. Mercedes Pinto no escribe; suspira. Postrada por «el dulce mal» de Petrarca y de Garcilaso, tiene el perfil fino y romántico de todas las enfermas de amor. De ella puede decirse —- Canta porque cantar es su destino y el  Destino es más fuerte que la Vida. La vida, harto cruel para esta dama tinerfeña, pudo mil veces traspasar su corazón, pero nunca rendir su ánimo. «Que la porción alta y divina “yérguese en ella dura y firme como roca entre el oleaje.”

Cristóbal de Castro

“Se nos va, por los Caminos de América, la mejor amiga de la mujer uruguaya, amiga de sonrisa perenne, de hombro contra hombro, de voz cordial y ejemplo heroico. Se nos va, con los ojos encandilados por la promesa de un triunfo que ella bien sabe que se merece como pocas. Porque esta mujer, gran corazón y gran talento, tan querida y respetada entre nosotros, nunca ha marchado sobre caminos de rosas. Conoce los duros guijarros, las sangrientas espinas, el frío, el insomnio, la sed. Pero con la cara mojada por las lágrimas, ha hecho el milagro de sonreír para alentar al que estaba más desesperado que ella. Y es así que se va, como se van las reinas buenas, dejando bendiciones tras de sí. Su talento es la mejor recomendación para todos lados; su bondad la más acertada tarjeta de presentación entre los que la irán conociendo. Cuando regrese —porque Mercedes es nuestra—, habrá trazado en todo el Continente un círculo de admiración y de amor.”

Juana de Ibarbourou

“Mercedes Pinto, la mujer rebelde. La primera mujer rebelde española consciente de las reivindicaciones femeninas en los nuevos tiempos (…). Rebelde mujer, en un Madrid de toros y cuplés, mujeres de profesión “sus labores”, minorías selectas alzadas contra la mediocridad ambiente, y mayorías que despiertan de un prolongado letargo, a los aldabonazos del aún precario desarrollo industrial. Rebelde en la Universidad, al plantear sobre nuevas bases las relaciones hombre-mujer (…) Rebelde en la literatura o desde el escenario de la Zarzuela en los años veinte. Viajera rebelde por el vasto mundo latinoamericano”.

“Mercedes Pinto, vitalista y rebelde”, Triunfo, Madrid, núm. 347, 25 de enero de 1969

Sin duda, Mercedes Pinto es un referente femenino importantísimo no solo por su voz literaria sino por su activismo social y político. Su fuerte personalidad polifacética, autora de libros de versos, novelas, obras de teatro y de una voluminosa obra periodística, se complementa con su célebre actividad como pedagoga y oradora. Su defensa de la modernización de la educación como un instrumento de cambio social y su activismo en pro de los derechos de los colectivos más desfavorecidos, en especial de las mujeres y la infancia, la convierten en una reconocida líder feminista.

Defensora de un feminismo moderno y contemporáneo apuesta por el papel de la mujer como motor de cambio y transformación de las convenciones sociales. La mujer debe tener una ineludible participación social: “La mujer nueva debe ser amor y perfume, materia e idea” (Mercedes Pinto)

Su concepto de feminismo humanista, parte de su experiencia vital, especialmente de su relación matrimonial en la que fue una víctima de violencia de género.

“Mercedes Pinto trató el ideal de la mujer moderna con un concepto claro de la vida y con un dominio asombroso de esa filosofía inalterable y profunda que no se bebe en los libros sino que se aprende en la angustia del propio corazón” La Opinión 23 de mayo de 1932.

Así sus obras más representativas, parten de esta carga autobiográfica y del compromiso que surge de su deseo de compartir sus emociones como un fuerte testimonio de rebeldía y superación, tanto personal como social.

El divorcio como medida higiénica, es una brillante conferencia en la que defiende unos principios que conmocionaron a la sociedad del momento, anclada en las convenciones más tradicionales y católicas y que provocaron su exilio hacia América.

Algunas de las ideas que defendió Mercedes en esta conferencia fueron el derecho de las mujeres a solicitar el divorcio, el derecho a denunciar una situación de violencia íntima , la defensa y la responsabilidad del Estado sobre los menores víctimas de la violencia de género , el derecho a la protección y el derecho a la felicidad de las víctimas, así como dos conceptos básicos de su filosofía de vida, la educación de la mujer como medio de transformación personal y social y la solidaridad emocional entre las mujeres, lo que hoy conocemos como sororidad.

En Él la autora narra su desgraciada vida al lado de su marido enfermo y maltratador y el aislamiento familiar y social que sufre como víctima por las fuertes imposiciones sociales que la obligan a resignarse como única salida a su dolorosa situación personal. Aunque esta obra se publicó en 1926, de forma posterior a la conferencia de 1923, ambas comparten el mismo principio biográfico-narrativo.

Un Señor… cualquiera es una pieza teatral que recoge de nuevo la estricta moral católica que profesaba su familia, y los prejuicios sociales que fue encontrándose como mujer. La escritora nos advierte sobre la inutilidad de defender unos únicos y férreos modelos de comportamiento ya que el paso del tiempo se encargará de demostrar que la transformación social es un proceso natural.

Ella , novela que recoge los recuerdos de Mercedes Pinto desde sus primeros años hasta los años veinte . Con un carácter autobiográfico nos presenta su infancia feliz, sus primeros contactos con la poesía, la religión y el pensamiento conservador de la época, su paso de la infancia a la vida adulta, su matrimonio y el infierno en el que este se convierte y la lucha por conseguir una salida digna que le permita encontrar su seguridad, felicidad y realización personal. El exilio será el precio que deba pagar para comenzar una nueva vida.

Cantos de muchos puertos es un poemario que se convierte en una recopilación emocional de los paisajes interiores y exteriores por los que transitó la autora. La semblanza de una mujer que renuncia a su tierra para ganar su libertad.

Ventanas de colores es una recopilación de su prosa periodística, debemos destacar una serie de artículos publicados en Excelsior en 1975 (Año Internacional de la mujer) que contribuyen a exponer su ideario feminista.

Pero más allá de su labor literaria Mercedes Pinto, tiene un importante recorrido cultural en América. En Montevideo fundó la célebre «Casa del Estudiante», para extender gratuitamente la cultura entre todas las clases sociales de la ciudad. En su etapa uruguaya, que se prolongó durante siete años (1924- 1932).

Fue asimismo la primera mujer oradora del gobierno de Uruguay e incluso asesora pedagógica en las reformas educativas del país.

En Paraguay tuvo el honor extraordinario de haber sido la primera mujer que ocupó la tribuna de la Universidad de Asunción, y de haber llevado a cabo numerosos actos celebrados en escuelas e institutos educacionales para expandir sus ideas pacifistas y sus altos ideales sociales.

En Argentina, su ciclo de conferencias impartidas en la Universidad de Tucumán tuvo un gran impacto social. En Chile fue nombrada por Arturo Alessandri, el carismático y célebre presidente del país, Delegada Oficial del Departamento de Extensión Cultural y encargada de impartir conferencias sobre distintos aspectos de la moral en escuelas, cuarteles militares, etc. Allí se implicó también en los movimientos feministas del país, reivindicando el derecho de voto a la mujer y participando en el proyecto de ley del divorcio.

En Cuba, Fulgencio Batista, presidente del país, le ofrece un puesto como Educadora de Conferencista para las escuelas cívico-militares así como en la radio difusora del Gobierno y en la Cadena Azul, desde donde hizo sonadas campañas humanitarias, como la movilización llevada a cabo para que el Gobierno cubano permitiera el desembarco de los 930 mujeres, hombres y niños judíos que huían del nazismo en el barco «San Luis». No sólo Cuba le dedicaría por esto multitud de agradecimientos y homenajes, sino que, muchos años después, su defensa del pueblo judío le valdría uno de los honores más curiosos e impactantes en la vida de la escritora: el bosque de más de 2000 árboles que hoy lleva su nombre en Israel.

En definitiva Mercedes Pinto es una mujer adelantada a su tiempo, defensora de las mujeres y del papel que como sujetos activos deben desarrollar en la sociedad. Sus experiencias vitales conforman una voz única dentro y fuera de las letras canarias.

El divorcio como medida higiénica 1923

[…] Yo sé, señores, que esta enfermedad pueden llevarla en sí lo mismo los hombres que las mujeres, pero yo soy mujer y vengo a hablar por ellas. Los hombres casados con una enferma de este género lo tienen todo a su favor : «Pobre hombre —dicen— la mujer es insoportable, es celosísima, es rabiosa, es una fiera; debe estar chiflada, porque hace cosas muy extrañas». Por fin el marido, acompañado del asentimiento y la conmiseración de los amigos, de sus criados y del mundo, toma a la esposa y la lleva a una casa de salud, o la entrega a sus padres, quedándose él con los hijos, porque la mujer «no anda bien de la cabeza».

Así dicen; y no andar bien de la cabeza es tener celos infundados de un marido intachable, es el enfadarse sin causa, es hacer del hogar una molestia continuada, etc., etc. El hombre pues, está ya liberado.

La mujer en cambio se casa con un hombre sano, del cual puede hasta tener certificados médicos, no tiene tuberculosis ni enfermedades venéreas, sus hijos, pues, serán saludables. Creo además, por habérselo oído a médicos alienistas, que la «paranoia» suele estar oculta en la infancia y en la primera juventud y desarrollarse generalmente cuando las preocupaciones y cargas de la vida se acentúan y pesan sobre el cerebro… es decir, cuando después de casados, y aún después de la primera época, el nacimiento de los hijos y su sostenimiento y educación empiezan a levantar en el predestinado a la locura las aún dormidas preocupaciones.

¿Cómo va un médico que examina la sangre y el pulmón de un hombre a saber que en no lejano día el negro sadismo se levantará cruel y silencioso entre las sombras de la alcoba nupcial?

¿Cómo puede el médico adivinar las torturas a que la infeliz esposa va a verse sujeta? ¿Cómo la verán sus ojos de doctor y humanista con los dedos retorcidos y la garganta doblada bajo las presiones y las mordidas que han de dar al sádico el esperado goce?

Las infinitas crueldades que un enfermo del cerebro puede desarrollar en el matrimonio sólo puede concebirlas la mente más exaltada, los celos más insospechados, las manías más torturantes, los insomnios más tétricos, las bajezas más bochornosas…

Y eso, todo eso que parece ha de ser causa de divorcio, no lo es ni puede serlo, puesto que el Código aprecia como motivo de divorcio aquellos golpes de naturaleza tal que pudieran haber causado la muerte, y una cantidad de testigos que no sean de la familia, ni sirvientes, sino personas de fuera de la casa que hayan presenciado los hechos. De manera que todas las violencias, las torturas y los horrores incontables por asquerosos o brutales que contra su esposa pueden ocurrírsele a un paranoico, no son nada ante las leyes; tiene que esperar que le peguen un tiro… (y no la acierten) para que los jueces piensen que si le acierta… ¡se hubiese quedado en el sitio! Y por lo que se refiere a los testigos, desde luego comprenderéis lo imposible de que cier tos mar tirios, generalmente de alcoba y nocturnos, tengan testigos, por que no es costumbre que los amigos estén en la habitación a esas horas, y si la esposa grita, ya tendrá cuidado de no volver a hacerlo porque el marido lo impedirá, del modo que pueda, pero lo impedirá.

Además, todo el ambiente que ayudó al esposo de la enferma, al recluirla en un manicomio, o enviarla con su familia, quedándose él con sus hijos, ambiente que le harán también las mujeres que se pondrán de parte del marido, le faltará seguramente a la esposa al tratar de hacer lo mismo. Por regla general, pocas veces llega al público el verdadero aspecto de la horrible verdad.

Un señor discutidor, suspicaz, dispuesto a agriar las conversaciones con frases molestas y hasta llegando alguna vez a una agresión, no es para los ojos de los extraños más que un hombre de mal carácter, o tal vez cuando más «un señor raro»; pero esas gentes ven las cosas de lejos, no saben los disimulos, las suspicacias y los engaños con que esos hombres que no son raros, sino sencillamente enfermos, llegan a ocultar al público completamente las espantosas negruras de su hogar.

Esa locura engañadora, que lleva generalmente al que la padece a ver en los demás maldad y refinada malicia, desprestigia a la esposa del loco, por regla general, y a las iras de éste se les llamará «mal carácter», y a su sadismo exageraciones de la esposa que comprende mal las expansiones de un apasionado, y a sus celos les llamarán «exceso de amor», si es que no —¡lo que desgraciadamente ocurre!—, se vuelve la opinión en contra de la esposa, y dicen que algo habrá en ella cuando él la cela.

¿Qué ayuda puede darnos la justicia? Ninguna; porque la locura por sí no es causa de divorcio. […]

ÉL

[…] Viajaba yo con mi pesada cruz sobre los hombros. Al llegar a una estación decidí bajar un momento; necesitaba respirar, desentumecer mis piernas, agitarme, pues que durante unos momentos creí que iba a morirme de algo muy rápido, del corazón o del cerebro, porque era demasiado el sentir y excesivo también el pensar…

A los pocos pasos decidí escapar a la curiosidad de las gentes, y como iba sola, di la vuelta a la estación y me senté un momento sobre unos equipajes. Cerca de mí vi un buhonero con su mujer y un niño de pocos meses; habían terminado al aire libre una frugal merienda durante el descanso del tren, mientras que la mujer, sacando un pecho blanco y redondo, daba serenamente de mamar a su hijo sentada al lado de la caja donde guardaban la mercancía. El marido empezó a fumar una inmensa pipa de barro y él y la mujer me miraban con curiosidad, hasta que la mujer interrumpiendo el silencio me dijo: «¡Ay, señorita, cuántos trabajos pasamos los pobres; usted viaja en primera y va con toda comodidad, mientras que nosotros vamos como perros de pueblo en pueblo…! ¡Eso que Vd. lleva sí puede llamarse un viaje de placer!»

Yo la miré con una congoja inmensa que me subía desde el fondo del pecho, y llegando a mis ojos se me llenaron al punto de llanto; y la buena mujer, creyendo la infeliz que los ricos no podían llorar ni tenían por qué, exclamó convencida: —Es ceniza que ha volado de afuera… de la pipa de Ignacio… Y yo: —¡No… no…! ¡Es ceniza que sube, que sube de adentro…!

***

Corre, tren, corre sobre mi pena; oscurece mi dolor con tu humo negro como la cabellera del demonio, aleja de mi alma el drama entero de mi existencia rota, de mi presente de lucha, de mi porvenir incierto… Corre, tren, y con el ruido espantoso de tus cadenas y de tus brazos ciclópeos de hierro, evita que se forjen los pensamientos en mi cerebro, y patea, desgarra, pulveriza los recuerdos de trágica odisea que me enloquecen, y que a mi alma primitiva, sencilla, ingenua,

torturan con las pesadillas reconstructoras de lo pasado… (heridas, sangre, gritos, insomnios dolorosos, un soñar de calentura que aplasta mi sana complexión bajo su peso…).

En lontananza se va quedando el manicomio con sus torrecitas altas, y sus pabellones iguales pintados de blanco y rojo —huesos y sangre me semejan—.

Y yo sola, enlutada, con un luto triste porque es el que en la vida se lleva por uno mismo, miro a las lejanas torrecitas bajo cuyas techumbres se queda Él y me parece sentir aún las estridentes risas y las voces incoloras que he dejado. Y miro el porvenir y veo las piedras de mi hogar rodando clamorosas río abajo, río abajo… […]

[…] ¡anatema sobre vosotros los cobardes que no levantasteis la voz para defenderme! ¡Sobre vosotros y sobre vuestros hijos recaiga mi dolor —¡todo el amargo manantial de mi dolor!— y el hambre y la sed, y los insomnios torturantes, y todo el cruento palpitar de mis tremendas y apocalípticas horas de soledad!

Por los hombres cobardes abandonaré mi hogar y mi patria: por aquellos hombres miserables y ruines que se envolvieron el alma con túnica de mujerzuelas para recibir al infeliz demente con sonrisas melifluas, y lanzar a sus espaldas murmuraciones e intrigas miserables; perderé tal vez cuanto tuvo mi calor y fue mío. Por aquellos médicos que mintieron certificados de salud a un enfermo, cometiendo un acto delictivo, por no exponerse a las iras de Él, o a las de la «mano predestinada y trágica» que va tras Él, quedará tal vez mi fama en entredicho, y sobre las cabecitas de nuestros hijos flotará una sombra indecisa. Anatema, anatema sobre aquellos que impulsaron mi vida hacia caminos desconocidos; anatema sobre los que desarraigaron mis pies del adorado suelo en que nací… Anatema mil veces sobre los hombres ruines que no supieron levantar la voz viril para defender mi verdad. Y cuando los que yo adoro mueran lejos de mi lado y cuando el suspiro último de mi madre se exhale en la soledad, sin que sus ojos recojan la luz de los míos, el eterno anatema de mi alma enorme recaiga sobre los cobardes, los traidores, los malvados, que por no perder la amodorrante paz de su vivir, acallaron sus voces, contentándose con escuchar pacientes las alucinaciones de que el infeliz Él esmalta su existencia, y viendo maliciosos y pérfidos cómo mi porvenir se ensombrece, quedando sólo a la débil merced de mis manos.

Pero, ¡oh!, sociedad rastrera que haces esto conmigo, ¡no importa! Que en mi alma de mujer existe la semilla heroica que vuestros padres no pudieron sembraros y sobre la cadena de los dolores, tal vez el tiempo corone un día las sienes pálidas, que vosotros, indiferentes a mi agonía, ¡supisteis taladrar…!

***

Yo huí por los caminos de la vida y no sabía adónde. Sólo sabía que llevaba conmigo un equipaje de amores inocentes y más puros que nardos en capullos, y no me daba cuenta de que sus labios de coral y rosa me pedirían pan…

ELLA

[…] Entre los amigos de que primero hago memoria hay un señor joven, de barba muy rubia, con el cabello plateado sobre las sienes y los ojos azules. Este señor era director de un periódico de mi país, y había sido muy amigo de mi padre, según me decían. Venía a casa con cierta frecuencia, y siempre con dos o tres señores elegantes, que a mí me parecían de gran autoridad, que me tomaban en sus brazos, pasándome de mano en mano, haciéndome preguntas y quitándome el cabello de sobre la frente, exclamando: —¡Es la misma cara! ¡Cómo se le parece! ¡Qué lástima que esta criatura no haya sido varón…! Un día me llevaron al Ateneo, y me enseñaron muchos retratos, que había colgados de las paredes, de señores muy serios, con trajes antiguos y uniformes muy raros. El periodista me preguntó: —¿Cuál de estos es tu papá?—y yo, levantando mi mano, señalé el retrato de un señor de barba… Entonces me tomaron en brazos, me besaron mucho, y el periodista sacó el pañuelo y se lo pasó por la cara como si llorase. Yo puedo decir ahora que no sé absolutamente por qué señalé aquel cuadro, pues ya no recuerdo cómo era mi padre, y además era aquel un retrato muy malo, hecho por un aficionado del pueblo. Pero es de suponer que alguna sugerencia levantó en mí aquella figura pintada, o que en algún sentido la uní, tal vez inconscientemente, a mi ya muerta remembranza del caballero y el libro de estampas. Al regresar a casa, los señores aquellos le dijeron a mi madre que yo tenía un talento asombroso, repitiendo nuevamente en distintos tonos «¡que era una gran lástima que yo no fuese varón…!» Por entonces cumplí cinco años. Tengo que hacer notar la circunstancia de que aquellos señores y otros que también fueron amigos y admiradores de mi padre, al visitarnos o encontrarnos en la calle, no se preocupaban lo más mínimo de mi hermana, contentándose con darle unos golpecitos en la cara y sin que al parecer les diera lástima ninguna «el que ella no hubiera sido varón…» En cambio, yo estaba muy orgullosa con mi parecido, con mi frente tan ancha, «igual a la de él», que inducía a los amigos a regalarme y mimarme más… También me iba penetrando poco a poco «de que yo tenía mucho talento», cosa que ya no me satisfacía tanto, pues aunque no sabía en lo que consistía ni lo que significaba, servía sin duda, por lo pronto, para que mi madre me lo recordase continuamente, mezclándolo con enojosas reprimendas: ¡Parece mentira que una niña de talento como tú se ensucie con tanta frecuencia los vestidos…! […]

[…] Hay que mentir, siempre mentir. ¿Dónde se ha ido mi carácter veraz que contaba hasta el menor de mis pensamientos…? Murió hace tiempo la chiquilla alegre que decía todo lo que le ocurría, lo que deseaba y lo que sentía…se deshizo mi impetuosidad…Se aventó como polvo la fortaleza, la expansión, la leal y bella franqueza de mi sentimiento… Mentir…Siempre mentir…

No decirle a Él que mi madre ha venido…No contarle que un niño se dio un golpe…Ocultarle la frase de la amiga, la enfermedad de la sirvienta, el nacimiento de los gatitos que se apretujan confiados contra la panza gris de la gata en el rincón oscuro de la carbonera…De todo puede venir un disgusto, una discusión un enredo…

El asunto baladí toma de pronto caracteres de catástrofe. La cosa más pequeña se agiganta monstruosamente en el horizonte de mi vida, cargada de electricidad…Disimular, callar, mentir…Ese es mi único y posible programa. […]

Cantos de muchos puertos (1931)

Rebelión

Ven y dame tu mano, que en la mía
será como de bronce,
y así fundidas
romperemos el mundo, si en el mundo
vallas levantan manos enemigas.

¡Iremos muy erguidas las cabezas,
con Cupido en los brazos, hecho carne,
para decirles,
a los sordos y ciegos de la Vida,
que deshicimos torres de prejuicios
golpeando con las frentes en las piedras;
que quitamos las uñas a las garras
de los buitres rastreros,
y libertados,
hicimos mariposas con las hojas
de las leyes antiguas,
y juguetes a nuestro Cupidillo,
con las viejas argollas
de las cadenas de la Tierra…!

Desde el avión

A MIS HERMANOS TODOS LOS EMIGRANTES

Ya no hay largas distancias,
ya no hay mares azules y extensos
donde se ahogan los cantos perdidos
de los marineros.
Ya no existen montañas silentes
cerrando horizontes,
como negras murallas gigantes
que forman fronteras y separan mundos…
Ya se acortan los caminos largos,
resecos y crueles, por donde se alejan los seres queridos,
¡madre, novia, casa…! ¡Ya no estamos lejos!
¡La ruta celeste siempre estará abierta!
¡Nos dormimos niños, soñando en un viaje,
cabalgando,
en las verdes crestas de un fugaz relámpago!

El emigrante

¿Sabes para qué vengo hasta tus playas?
¿Sabes por qué atravieso la distancia
que separa mis montes elevados
de tus valles fecundos…?
No es en busca de gloria ni riquezas,
ni a conquistar la fama, a lo que llego:
es a algo más humilde,
que olvidaron los grandes y los fuertes,
pero que yo preciso
para el aliento de la vida mía,
porque es soplo vital que la sostiene,
y luz y sombra, y la existencia misma
que sin ella no importa ser vivida!
¡Busco un alma! ¿Me escuchas…? ¿busco un alma
delicada y sutil; alma tan suave
como el consuelo de la tibia mano
como la seda del “clavel del aire”
como la pluma del pichón tremante…!
¡Alma que sienta del respiro mío
la vibración sutil en el espacio,
y adivine en alerta continuada,
si el suspiro es de risas, o es de lágrimas…!
Un alma que comprenda las palabras
que en mi boca no puedan dibujarse,
y sienta el fuego de un ardiente beso
antes de que se asome entre mis labios…!
De buscar esa alma por la tierra
tengo los pies llagados, y las manos
endurecidas de azotar las ramas
de los almendros cuando están floridos,
de los rosales cuando dan las rosas […]
…¡Por eso abandoné los altos montes
en los bosques espesos, por los valles
de tu patria lejana! ¡Por si acaso
el alma compañera de la mía
está entre las flores de tus huertos blancos
bañados por la luz de la mañana,
o la encuentro en gaviota convertida
oculta entre las peñas de tus mares,
y podrá descansar el alma mía
cubierta con las plumas de sus alas…!

BRISAS DEL TEIDE (1924)

Más alto que el águila

Grilletes en los pies, venda en los ojos;
prohibidas la acción y la palabra;
en las puertas fortísimos cerrojos
y castigo ejemplar al que las abra…
No poder expresar con el acento
lo inmenso de un amor avasallante;
envejecer el cuerpo macilento
sin realizar tu anhelo un solo instante…
Todo eso puede, y mucho más, hacerte
el que sobre tu ser manda e impera;
¡siempre sobre la “mano”, por más fuerte,
ha de poder la “garra” de la fiera…!
Porque el cuerpo es esclavo; la materia
dócil se dobla al brazo del tirano;
por eso podredumbres y laceria
hacen su nido sobre el cuerpo humano…
Mas en esa materia hay un sagrario,
foco de luz espléndido y divino,
¡rayo de sol que cruza temerario
rasgando las tinieblas del camino…!
Se llama ese sagrario “el pensamiento”,
que quiere y que aborrece, el “alma”, en suma
¡libre como los pájaros y el viento!
¡cual se remonta el Sol sobre la bruma!
Podrán tu cuerpo aprisionar feroces,
tu boca amordazar como a las fieras,
¡pero no te podrán quitar los goces
de pensar y adorar lo que tú quieras!…
¡Bendito sea el pensamiento humano!
¡Por los siglos sin fin, bendito sea…!
¡que por cima del déspota inhumano
el espíritu, libre, vuela y crea..!
Y venciendo crueles opresores,
inmaculado siempre y siempre fuerte,
porque le dan más savia los dolores
y triunfa del martirio y de la muerte,
mientras la “garra” la materia oprime
y el cerebro con rabia pulveriza,
para matar la idea que redime
—vencida la materia en esta liza—,
el pensamiento escapa victorioso
y de espacios más grandes vuela en pos;
en un valiente impulso luminoso,
va más alto que el águila… ¡hasta Dios!

VENTANAS DE COLORES

¿Los animales tienen alma?

Vivía yo en Tenerife, en una hermosa casa, con un jardín extenso, con árboles frutales y un laurel que parecía el patriarca del huerto, por viejo, por enorme y frondoso, con follaje continuamente renovado, espeso y protector de eterna sombra, con ramas verde oscuro que penetraban por la ventana de mi escritorio y se quedaban repicando en los cristales cuando yo la cerraba y me hacían sonreír con su terco sonido, como deseando entrar y tocar mis cabellos como lo hacían cuando yo me sentaba junto al balcón abierto…

Los pájaros de todos colores piaban y cantaban en el laurel frondoso, cuando una tarde vimos caer en el piso del cuarto un lindo pajarito amarillo, que se dejó tomar por mis manos dando ligeros estremecimientos… Mis niños acudieron y notamos que el pájaro tenía una larga espina atravesando la patita izquierda… Nos quedamos atónitos y yo dispuse una curación rápida. Saqué la espina lavando la herida con agua boricada y lié toda la patita con una ligera gasa. Acosté al animal en una cestita con algodones y puse todo sobre el alféizar de la ventana, sujetando la pequeña cestita a una de las ramas del árbol para que el animalito se sintiese libre al aire y al sol… En una farmacia me dieron luego un líquido rojo que me dijeron era yodo en mínima reducción y todos los días curé la herida con aquel líquido que por cier to, manchó de rojo la punta de un ala del enfermo pajarito.

En la cestita pusimos siempre migas de pan y alpiste y, poco a poco, el pájaro fue enderezándose, piando y reponiéndose, hasta que un día voló de la cestita y desapareció.

Pero, ¿cuál no sería mi asombro y la loca alegría de mis niños, cuando vimos que el pajarito enfermo, todavía con el ala teñida de rojo, venía trayendo pajas que colocaba en la cestita donde había pasado su enfermedad que aún estaba allí, atada a la verde rama de laurel, como si estuviera esperando…? Porque el pájaro de la patita herida, no era «pájaro» sino «pájara» y, en su cama de enferma, fabricó su nido y allí puso cuatro diminutos huevecillos. Allí una pareja de amor incubó a sus hijos, como una ofrenda a la mujer que un día le dio ternura y curación…

Los pajaritos nacieron «dando con el ala en los cristales», como en el poema del divino Gustavo Adolfo Bécquer… y cuando los vaivenes de mi vida me llevaron de aquella casa y de la Isla amada, mis hijos y yo nos preguntábamos con emoción: «¿Se acordará la pajarita de nosotros, como la recordamos a ella…?». Yo los apretaba contra mi corazón y les aseguraba que sí, que entre las ramas del jardín lejano, nuestras almas estarían siempre jugando con los pájaros…

Webgrafía

http://www.aliciallarena.com/00000098fc05fc709/00000098fc075455c/index.html

http://www.academiacanarialengua.org/archipielago/mercedes-pinto/

http://www.casamerica.es/literatura/cantos-de-muchos-puertos

https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2227130.pdf

http://www.gobiernodecanarias.org/cultura/dlcan/2009/index.html

Paisaje interior: Mercedes Pinto http://www.gobiernodecanarias.org/cultura/dlcan/2009/pdf/letrascanarias2009.pdf

MEDIATECA

http://www.youtube.com/watch?v=8tcYOZ3no5Q: Como una brisa del Teide. Fragmentos del monólogo teatral basado en textos de Mercedes Pinto, estrenado en Las Palmas de Gran Canaria, febrero de 2009. Dirección y puesta en escena: Fabián Lomio.

http://www.youtube.com/watch?v=3S_AatxhDiI: ¡Luz, más luz! Fragmentos del espectáculo teatral sobre la vida de Mercedes Pinto, basado en sus textos periodísticos, estrenado en Las Palmas de Gran Canaria, abril de 2009. Compañía: Helena Turbo Teatro. Dirección y espacio escénico: Helena Romero Campos. Adaptación: Paco Monge.

http://www.youtube.com/watch?v=6Xhesh61YY4: Cantos de muchos puertos. Fragmentos del espectáculo musical basado en la vida y la obra poética de Mercedes Pinto, estrenado en el Auditorio de Santa Cruz de Tenerife, junio de 2009. Interpretación, idea, producción y dirección: Miriam Penela

https://www.youtube.com/watch?v=PIEoVoLAfVA Ellas, biografía ficcionada de Mercedes Pinto, una pionera en defensa de los derechos humanos de la mujer y personaje polifacético.v Una estudiante, una periodista y una escritora de diferente perfil y edad comparten el mismo interés por la singular persona de Mercedes Pinto. A través de entrevistas, recuperan la memoria de una de las figuras más importantes de la defensa de los derechos de la mujer en España. Silvia Munt, Marta Aura y Paola Bontempi interpretan a las tres mujeres que presentan los momentos cruciales en la vida de la escritora canaria. Dirigida por David Baute.

http://www.youtube.com/watch?v=JokdUqsbM14&feature=related entrevista al director David Baute .

https://www.youtube.com/watch?v=xnTIlI_tVqk Él película dirigida por Luis Buñuel en 1952 basada en la novela Él de Mercedes Pinto.

Obras teatrales:

“Silencio” (1929)

“Un señor… cualquiera” (1930)

“Una mujer, Ana Rosa” (1932)

“El alma grande del pequeño Juan” (1950)

Poemarios:

Brisas del Teide (1921)

Cantos de muchos puertos (1940)

Más alto que el águila (1968).

Ensayo:

La emoción de Montevideo ante el raid del comandante Franco (1949).

Novelas:

Él (1926)

Ella (1934)

Conferencias

“El divorcio como medida higiénica” (1923)

“Las poetisas”

“Divorcio, conciencia y felicidad”

“El rol de la mujer en la hora presente”

“La mujer moderna  y su influencia en el destino del mundo”

“La pedagogía y el feminismo”

Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos (EUT)

3º ESO

IES San Marcos

IES Arico