Natalia Sosa Ayala

Texto: Sonia Vaquero González

(1938-2000) 

“Como vapor de lluvia en el asfalto
cada paso que emprendo se hace nube”

 

 

Natalia Sosa Ayala nace en Las Palmas de Gran Canaria el 27 de marzo de 1938. Hija del escritor Juan Sosa Suárez se crió en un ambiente de amor a la cultura y las letras y de compromiso social e intelectual. Pronto empezó publicar en la prensa local sus primeras composiciones y con tan solo 17 años publica su primera novela Stefanía.
En 1956 empieza a colaborar de forma activa con las revistas Guiniguada y Mujeres en la isla con poemas, cuentos, crítica literaria y artículos de opinión.
En 1961 se traslada a vivir a Inglaterra y será a su vuelta en 1963 cuando vea la luz su segunda obra Cartas en el crepúsculo una atípica novela. En 1970 comienza a trabajar en el colegio Claret con cuya colaboración publica su primer libro poético 1980, Muchacha sin nombre , un año más tarde aparece su segundo poemario Autorretrato que la consolida como una de las voces más originales y profundas de la literatura canaria del momento. En 1992 aparece Diciembre su tercer poemario En 1996 publica en Las Palmas su libro Desde mi desván y otros artículos. Neurosis. Cartas conjunto de confesiones, reflexiones, recuerdos y artículos de prensa.
Cuando es sombra la tarde es su último poemario, 1999 y ya de forma póstuma aparece Los poemas de una mujer apátrida como un compendio que la autora realiza de todo lo que supone su trayectoria vital y poética. Su producción literaria va de la mano de una intensa labor como colaboradora en las secciones de opinión del periódico La Provincia donde deja patente su compromiso con la realidad social.
Natalia Sosa muere en la misma ciudad que la vio nacer en el año 2000. Su producción como escritora, donde lo social y lo personal, lo real y lo más íntimo se funden en una perfecta unión a lo largo de su vida, no está suficientemente reconocida.

 

 

 

MUCHACHA SIN NOMBRE 1980

MUCHACHA SIN NOMBRE

No me llamo Natalia.
Jamás nací.
O si nací fue muerta.
El sol extendía sus primeros rayos
por una madrugada fatídica de marzo.
Mas no era yo la que su luz bebía.
Yo no existí jamás.
A lo sumo fui venas, manos, sangre,
un corazón pequeño y precintado
pero no fui jamás destinada a ser alguien.
Mi nombre, yo, Natalia,
estará inscrito en un papel cualquiera, en labios que no saben lo que hablan,
en tardes remotísimas y ausentes,
acaso,
en el tiernísimo corazón de alguien.
Mas yo, yo no soy yo,
no soy Natalia.

MUCHACHA SIN PRESENTE

Soy una muchacha que no tiene presente.
Camino
hacia el umbral gris de la mañana.
Bajo
hasta la gran urbe
en donde están los hombres esperándome.
El autobús me lleva.
Me despido
del canto mañanero de algún pájaro.
Los jazmines se van quedando atrás;
los árboles,
de pronto, ya no mecen sus ramas.
Toco mi corazón
para saberme viva
y siento sus latidos
violentos y atrasados.
Tropiezo con la calle,
mis ojos ya no ven.
Camino y todo pasa ya,
como una losa
Bruscamente
caída sobre el alma.

AUTORRETRATO 1981

Poder volver atrás , sentir los ojos limpios,
resucitar, borrar esta impureza,
ahogar este dolor,
consumidor del pecho.
Poder decir, perdón, y renacer la misma
con mi pequeño corazón de abeja.
Mas no es posible, no
desterrar esta angustia, esta sombra perversa,
las nubes, los recuerdos.
Poder volver atrás, gritar perdón
y cerrar,
para siempre las puertas de la mente.
Mas, ¿quién va a perdonarme?
Soy yo misma.
¿Qué castigo imponerme que libere
este universo de dolor que ruge
por todas mis paredes y mis sienes?
¿A quién decir perdón, perdón,
si ni siquiera el viento ya me escucha?
¿A quién mirar ya, si a ti no puedo?
¡Oh, Dios, Mi pecho!
Mi pecho me duele mortalmente
y no oye, no pide, no suplica.
Mi pecho
es una llaga en carne viva
y en él penetran millones y millones
de tristes esqueletos.

DICIEMBRE 1992

Amor me ha dirigido el dardo más certero,
el que clavó en mi pecho su espita de colores
por donde el vino embriagador derrama
su esencia más hermosa.
Me ha llenado las manos de veranos rompientes,
de mares de oleajes, de espumas y veleros
y ha colmado, oh, bendito, de panes y de mieles
mi sufrido jardín de vieja tierra roja.
Oh, incansable muchacho, oh, irreverente niño,
cómo silba en el viento tu pértiga de sueño,
cuando tensas el arco de la pasión más dulce.

CUANDO ES SOMBRA LA TARDE 1999

A Pino Ojeda

No entiendo por qué
a veces,
cuando es sombra la tarde y confusa es la luz
surge un pensamiento constante de mi mundo,
no sé por qué lo gris
al frío y lo indeciso, se apoderan, terribles, de mi sueño más puro
y lo vuelven atroz.
Acosada por ellos, elementos malditos,
el espanto es agua que refleja el terror,
el sentimiento previo de mi fin
presintimiento de que él llegará
en la soledad de la pequeña casa,
frente al mar,
casi sin dios,
como siempre he vivido,
palpando ávidamente lo que veo.
Quiero dejar escrita
una palabra dulce, colgar de la ventana un retal blanco.
Pero alguien
me encontrará
dormida
con el nombre de Nada
al borde de mis labios […]

STEFANÍA 1959

Stefanía mantenía su escrutinio con bondad. Le era preciso mantener una cierta inclinación por él en aquellos momentos: Pese a eso, ahora nada era de ella. Sus ojos y sus labios sólo obedecían a la «voz ». Cada acto estaba regido por ella enteramente. Su corazón no te da fuerzas sino para latir acompasadamente. Otros días había tenido plena libertad, pero ahoga la «voz» era ella misma. Y la VOZ.» mandaba. Andrés volvió a hablar: -Soy muy egoísta, porque te amo a ti y a Paula. -Ya lo sé- respondió sinceramente Stefanía, pero clavó en la cara de él sus ojos llenos de angustia. -No debí conocerte- prosiguió Andrés-. Todo debió haber muerto. Stefanía puso atención a estas pocas palabras y meditó sorprendida. iLa muerte de todo! Aunque esto, pronunciado por Andrés, no hubiera sido para ella, se hubiese conmovido igualmente. ¿Acaso ellos mismos sabían que era «todo »? ¿No dudaban todavía? Andrés mencionaba algo que ella desconocía. De pronto se Ie ocurrió pensar en Paula más intensamente que nunca. La suya era una lealtad entera que no le permitía sospechar de su propia hermana, Stefanía lo reconoció consternada. Sin embargo, respecto a ella, los dos habían sido siempre sinceros. En todo momento tuvieron en cuenta que su existencia era mucho más poderosa que la de cualquiera de ellos dos.
Todo se había perdido. El estudio estaba en silencio y los minutos pasaban. Los dos pensaron en la familia, como dos cómplices de un terrible pecado. Pecado …, pecado. ¿Tenía ella realmente un pecado en su alma, tan grande como pretendía su corazón? Asumir esta convicción le pareció horroroso.

CARTAS EN EL CREPÚSCULO 1963

Pensaba con los codos en la barandilla: «Volveré siempre ai nido que me espera. El mundo es un inmenso nido.» Y escribió sobre una columna: «Queridísimo mío: seré feliz. Seré como las aves…» Había vuelto a elevar el rostro. En tanto, el mar rugía a sus pies. «No es ese tu camino —dijo la muchacha lentamente—. No has nacido para estrellarte contra un estúpido muro de contención, sino para vivir también libre. ¿A dónde podrías tú llevarme, mar? Desconozco el mundo.» Pero se vio reflejada dentro de sí misma y reparó, una vez más, en la gran luz que poseía y que aún no se había extinguido completamente. Ni siquiera había comenzado a enturbiarse dentro de su corazón. «Ella es mi esperanza —afirmó al mar. Y añadió—: Es como tú de inmensa. Se alarga y no tiene fin, se eleva y no tropieza con nada… Pero tú has tropezado con un muro, queridísimo mar; lo considero un espantoso ridículo para tus portentosas fuerzas. ¿Por qué no lo derribas? Entonces yo me ahogaría entre la espuma, y, como en un juego, me quedaría inerte… Pero no me seduce morir porque ahora, tú lo sabes bien, noto el embrujo de la vida.»

 

 

 

“La obra de usted se apoya, a mi juicio, no en la descarnada realidad de todos los días, sino (lo que es aún más importante) en la experiencia íntima de la autora. Es una novela doblemente poemática: no ya por su enfoque y tono generales, pero también por ser una biografía espiritual de quien se retrata en uno de sus personajes.”

Ventura Doreste

“Hablar de Natalia Sosa, es hablar de un alma libre por excelencia. Un alma, ilimitada, en un cuerpo de mujer. Su vuelo se pierde con hondura, fuerza y valentía en un supremo arrebato espiritual o, cual antítesis brutal, en un literario sensualismo sin barreras que sublima a lo carnal. Natalia, puramente mística y desgarradamente corpórea, la combinación perfecta que conforma, peyorativamente, su estro de poeta. Natalia, sutil, como perdida en lo etéreo pero, también, la Natalia vital, osada y cambiante. Peculiar cualidad que ha marcado, en gran medida, su ardua y dilatada trayectoria literaria.”

Marisol Herrera Sabater

“Pero observamos también en su obra aún no publicada una aceptación personal que sí es nueva y que marca sus versos, una plenitud humana desconocida hasta el momento en su producción literaria, expresión de la consecución de la madurez tan deseada y que se ha presentado de pronto, sin avisar, abriendo de par en par las ventanas de una vida hasta ahora sometida y temerosa, pero que se anuncia libre, asumiendo completamente las ideas por las que desea continuar latiendo”

Teresa Cancio León

“Esa mujer que ven es mi querida prima Natalia Sosa Ayala, poetisa. Aún se recuerdan y se halagan sus textos; yo sus charlas, su voz pausada, su paseos por el jardín de su casa de Funchal. Toda sensibilidad. Un amor cuyo recuerdo me emociona. Inesperadamente alguien ha puesto en mis manos esta imagen y el corazón me ha dado un vuelco. La quise mucho, la admiré como nadie sabe y su muerte dejó a nuestra familia, a los amigos, desnudos. Ahora que cala con más fuerza la posibilidad de reconocer su trabajo literario debemos empujar para que así sea. En la familia mi prima siempre fue un ser especial, atenta, cariñosa, cobijada en su mundo pero mirando la vida y lo que por ella pasaba con el interés de quienes la viven con compromiso. La sensibilidad le producía dolor” Marisol Ayala

 

 

Conferencia
«A la espera del alba: Seis poetas canarias del s. XX», Daniel María

Estudios
Diccionario de escritoras canarias del siglo XX, Blanca Hernández 2008
“La frágil soledad de Natalia Sosa” Luis León Barreto, La Provincia 29 de enero de 1984
“Natalia Sosa, Diciembre” Manuel Padorno, La Provincia 11 de marzo de 1993

Revistas
Mujeres en la isla

Mujeres en la Isla : revista pionera del periodismo femenino en Canarias


Aguayro
http://mdc.ulpgc.es/cdm/ref/collection/aguayro/id/2105

Obras digitalizadas
Stefanía
http://mdc.ulpgc.es/cdm/singleitem/collection/MDC/id/40877/rec/27

Cartas en el crepúsculo
http://mdc.ulpgc.es/cdm/singleitem/collection/MDC/id/70921/rec/28

 

 

Poesía

Muchacha sin nombre 1980

Autorretrato 1981

Diciembre 1992

Cuando es sombra la tarde 1999

Los poemas de una mujer apátrida 2003

PROSA

Stefanía 1959

Cartas en el crepúsculo 1963

Desde mi desván y otros artículos. Neurosis. Cartas. 1996

Literatura Canaria (LCA)

2º Bachillerato

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