17. Don Benito Pérez Galdós en Tenerife

Retrato anónimo de Galdós con el título de Bachiller en Artes en 1862. Gabinete Literario.

Con el título de Bachiller ya tuvo ganado Don Benito el ‘Don’ que, por méritos propios debía preceder a su nombre. También cumplía así con el último requisito necesario para tramitar su matricula en la universidad madrileña. Sin embargo, en el tiempo que todavía le queda para coger el barco que había de trasladarlo hasta Cádiz olvida tramitar el título académico por lo que él mismo aduce en la instancia para ser matriculado en Derecho:

Don Benito Pérez Galdós, natural de Las Palmas, provincia de Canarias, a V. S. Respetuosamente expone:

Que habiendo sufrido los ejercicios que son necesarios para obtener el grado de Bachiller en Artes, pero al mismo tiempo habiéndole sido imposible por efecto de la premura de su viaje, el obtener el título de dicho Grado, suplica se digne admitirle en las asignaturas del preparatorio de Derecho ‘protestando’ presentar el referido título en tiempo oportuno… Madrid, 30 de septiembre de 1862.

El caso es que todavía quedaban tres días para la salida del barco que tenía que llevarlo hasta Cádiz y en lugar de dedicarse intensamente a las tareas administrativas para la tramitación del título, debemos suponer que dedicó más tiempo en curiosear y conocer todo lo que pudo de la isla de Tenerife a donde había llegado en su primer viaje fuera de Gran Canaria.

Años más tarde, rememorando uno de sus viajes a Italia, la recordaría en uno de y así lo cuenta en la Memorias de un desmemoriado:

«—Maestro, te concedo que en hermosura artística Toledo no es inferior a Nápoles; pero en belleza natural, ¿qué tenéis aquí comparable a las preciosas islas Capri, Ischia y Prócida, que debimos visitar, y no lo hiciste por tu indolencia y por aquello de mañana iremos, mañana?

—Yo te aseguro que esas islas las recuerdo como si las hubiera visto, y si me apuras, también te digo que en España tenemos buenas islas; por ejemplo, Las Canarias, con su famoso Teide, que es también un señor volcán, aunque apagado, y la isla del Hierro, donde dicen que estaba el meridiano…»