14. Un fragmento de su novela El Doctor Centeno (1883)

Cubiertas de El doctor Centeno, novela publicada por la Editorial Hernando en 1875. La primera edición fue de 1883.

Hasta aquí hemos visto la opinión de los demás: profesores, compañeros, familiares, biógrafos…, pero ¿qué pensaba de todo esto nuestro protagonista?

Ya nos va quedando claro que Galdós nunca quiso hablar ni contestar a pregunts sobre temas personales  Entre enero y marzo de 1883, Galdós escribe las dos partes de El Doctor Centeno, cuyo protagonista, Alejandro Miquis, nos recuerda bastante a la imagen que nos han dejado sus biógrafos del joven Galdós, desde los catorce años, cuando ingresa como alumno interno en el Colegio San Agustín, hasta la llegada a Madrid.

«Desde la infancia se había distinguido por su precocidad. Era un niño de esos que era la admiración del pueblo en el que nacieron, del cura, del médico y del boticario. A los cuatro años sabía leer, a los seis hacía prosa, a los siete, verso; a los diez entendía a Calderón, Balzac, Víctor Hugo, Schiller, y conocía los nombres de infinitas celebridades. A los doce había leído más que muchos que a los cincuenta pasan por eruditos. Su feliz retentiva le había familiarizado con la historia de los libros de texto.

A los catorce abriles, varones graves del país le consultaban sobre materias de historia, mitología y lenguaje. Era general, allí la creencia de que El Toboso, ya ten célebre en el mundo por su imaginario personaje, lo iba a ser por uno de carne y hueso. Destináronle a estudiar leyes. Los amigos de su papá decían: «Este, que empieza por literato y poeta, acabará, como todos, por orador político y ministro de cuenta. El Toboso tendrá, por fin, su prohombre».

Si en lugar de Toboso, leemos Las Palmas,  tendremos una idea exacta de lo que Galdós recordaba de su infancia y de su juventud, motivo por el cual gran parte de la crítica ha identificado a Benito Pérez Galdós con este personaje creado por él en su novela El Doctor Centeno. Y para ilustrar este pasaje de su biografía, hemos escogido la portada de la novela de la Editorial Hernando porque a través de ella podemos imaginar a un Galdós niño que deja ver a su izquierda un trozo de la Catedral de Santa Ana en Vegueta.