13. Partes de incidencia disciplinaria

Ya hemos dicho que no destacó el alumno ‘Pérez’ en el colegio San Agustín por nada especial en cuanto a sus conocimientos y a su aplicación durante las clases y las horas de estudio, sino más bien por algunos problemas de disciplina que hoy nos darían poco menos que ganas de reír. Vean, si no, el parte de incidencia que el vicerrector del Colegio le abrió a Benito Pérez Galdós por lo que él consideraba una falta grave de indisciplina:

«A la hora de once y media de este día [25 de octubre de 1860] en que se hallaban estudiando los alumnos, el Sr. D. Ramón Barrios al venir del excusado, tomó un papel del alumno D. Benito Pérez en el cual observó [que] estaba pintando un barco o un monigato y exigiéndole [que] me entregase aquel entretenimiento para que no hiciese lo mismo que en el día anterior que pasó largo tiempo en arreglar y repintar otro, se negó a ello, entregándome otros varios que con monigatos [que] tenía en el bolsillo.

Esta falta que conceptúo de alguna importancia y mucho más cuando este alumno tiene ya otras de esta misma naturaleza, la pongo en conocimiento de Ud. para que se sirva imponer la corrección que juzgue oportuna, por no estar ya en el círculo de mis atribuciones».

Y, abundando en el tema de su «indisciplina», Fernando Inglot, uno de sus compañeros de clase del San Agustín, en un artículo publicado en el Diario de Las Palmas el 9 de febrero de 1894, viene a corroborar este parte de incidencia

«Como si fuera hoy veo con perfecta lucidez a Benito Pérez, cuando sentado en dura banca del salón de estudio de San Agustín y casi echado sobre la negra carpeta, emborronaba cuartillas y adornaba su mano atrevida y profanadora con dibujos y caricaturas, los márgenes de los libros de texto; si esos libros se conservan, de seguro, aparecerán en ellos siluetas varias de profesores y compañeros…

Ni es fácil olvidar aquellas actitudes inverosímiles que en las clases adoptaba, aquellas curvaturas inexplicables, que causaban nuestra admiración y nuestra envidia, aquellas piernas elásticas, no cruzadas, sino terriblemente enroscadas la una con la otra. Conseguir el profesor en la clase o el inspector en el salón que el señor Pérez se pusiera derecho» fue un problema que no alcanzó solución».