5. Domingo Pérez Galdós (1824-1870)

Domingo y Magdalena.

Domingo, el primogénito de la familia, le llevaba diecinueve años a Benito y fue el designado para apadrinar al benjamín. El bautizo se celebró dos días después de su nacimiento en la cercana iglesia de San Francisco, aquella que, muchos años más tarde, recordaría Don Benito con las siguientes palabras:

[Yo fui bautizado] «en la Iglesia de San Francisco, que fue de un convento… Aguarde usted, voy a decirle una cosa curiosa: cuando he oído el tañido de sus campanas, siempre he sentido una emoción entre triste y dulce. Su son no lo confundiría con ninguno. Lo distinguiría entre cien que sonaran a un tiempo»

Domingo fue el único de los hermanos varones que no terminó estudios secundarios, aunque desarrolló grandes habilidades en el campo musical y en el dibujo y la pintura. Sebastián e Ignacio habían estudiado en el Seminario Conciliar de Las Palmas, y Benito terminó el Bachillerato en el Colegio San Agustín y obtuvo el grado en el Instituto Provincial de La Laguna.

Siguiendo a sus tíos maternos, Domingo se marchó a Cuba en 1847 tras haber obtenido destino militar en Trinidad y allí conoció a Magdalena Hurtado de Mendoza (1830-1894), con la que se casó en 1848.

No debía de ser grande la vocación militar de Domingo, pues en marzo de 1850 ya estaba de vuelta en Las Palmas, a donde llegó acompañado de su esposa, su suegra, Adriana Tate, que venía acompañada de Sisita, la hija de esta y José María Galdós, el hermano de mamá Dolores. Poco después llegaría a Las Palmas José María Hurtado de Mendoza, el otro hijo de Adriana, hermano de Magdalena.

La vuelta de Domingo, el indiano rico tras la venta de las posesiones de Magdalena en Cuba, supuso un alivio importante para la economía de la familia Pérez Galdós no solo por la compra que hizo a su padre de la finca de los Lirios, sino porque Domingo y Magdalena se convirtieron en el principal apoyo económico de los estudios de Benito en Madrid y también le ayudaron para que pudiera editar sus primeras novelas.

Este matrimonio tuvo un hijo, Sebastián, que murió muy joven, con tan solo doce años. Unos meses más tarde, Domingo y Magdalena emprendieron un largo viaje por Francia acompañados por Benito, que les hizo de cicerone y traductor en un viaje en el que se fraguó una intensa relación entre Benito y Magdalena que duraría hasta la muerte de esta en 1894.