10. Rafaelita

Rafaelita trabajando en el escritorio de Don Benito en Santander.

Si su hija de sangre fue María, su hija del alma y del día a día, tanto en Madrid como en Santander, fue Rafaelita, la angelical criatura ahijada de don José Hurtado de Mendoza e hija de Machaquito, el famoso torero cordobés. Decenas de fotos y anécdotas están recogidas en el álbum familiar como testimonio de lo importante que fue esta niña para «el Abuelo». Cuenta Rafael de Mesa que Don Benito no se acostumbraba a quedarse sin la niña cada vez que su sobrino se la llevaba a Madrid al llegar el mes de septiembre. Entonces le escribía cartas como esta:

«Rafaelita, alegría de esa casa y de esta: desde que te fuiste a Madrid, aquí no hay más que tristeza y un vacío muy grande. Solo en mi despacho horas y horas, no oigo más que el gemido lastimero de las moscas presas de patas en el papel pegajoso. El buen Tito se pasea de una parte a otra como buscando a  la niña y con el tronquito de rabo que le queda parece preguntarnos dónde te has ido… Rinconete y Cortadillo andan solitos por la huerta desde el amanecer de Dios hasta la noche, y han crecido tanto que parecen bueyes que merecen ser uncidos a un carro…»

Valga esta carta como testimonio del amor de Don Benito por los niños y los animales, personificados en Rafaelita y en Tito (uno de los muchos perros que tuvo) y los dos gansos que pululaban por el huerto, convertido en parque zoológico para deleite de Rafaelita y los propios animales. Pero de eso hablaremos en otro lugar de esta página.