9. Comunicaciones por tierra, mar y aire

Omnibús Las Palmas-Telde.

El antiguo transporte de pasajeros, llamado Ómnibus, que hacía el trayecto desde Las Palmas capital a la ciudad de Telde. Dibujo de Benito Pérez Galdós.

En la primera mitad del siglo XIX la ciudad de Las Palmas, y cada uno de los pueblos de Gran Canaria, se encontraban totalmente incomunicados entre sí; no existían carreteras y los caminos reales eran solo aptos para el tránsito de las caballerías. El transporte de las personas y de los productos de la tierra se hacía a lomos de bestias, penosamente, con mil dificultades en largas jornadas. Las primeras carreteras no comenzaron a ser proyectadas hasta 1851 y trece años más tarde se estableció, por fin, un servicio de diligencias que, partiendo de nuestra ciudad, rendía viaje en Telde. El precio del billete era de cinco reales en asientos exteriores, y de seis en el interior del carruaje.

Se conserva un dibujo hecho por Galdós en sus años mozos en el que aparece una diligencia avanzando por la orilla del mar con las ruedas medio cubiertas por las olas. En su carrocería figura pintado el recorrido a seguir: «Telde a Las…». Los primeros carruajes eran de reducidas proporciones: 1,32 de largo por 1,10 de ancho. En tan corto espacio tenían que buscar acomodo hasta ocho personas, aunque sucediera con frecuencia que la empresa introdujera de matute alguna más.

Si el viaje se hacía por mar los pasajeros llevaban un jergón o una esfera que colocaban sobre el sollado. Tumbados se les hacía menos incómoda la travesía y disminuían los efectos del mareo: los camarotes literas tardarían aún en llegar. El rancho que habitualmente se servía a bordo era espartano: bizcocho, gofio y pescado salado.

Los pequeños buques de cabotaje se construían en la playa de Triana, junto a la ermita de San Telmo, por nuestros afamados carpinteros de ribera. La matrícula de las islas apenas llegaba a unos ochenta buques de vela, de treinta a doscientas toneladas. La mayor parte de tan mínima flota se dedicaba a la pesca en «aguas berberiscas».

El primer vehículo de motor que llegó a la isla en 1902 fue un Benz de 4,5 H.P., para Don Tomás Doreste. [Textos de José Miguel Alzola en La Tierra de Galdós]

La última vez que Galdós vino a Canarias llegó al Puerto de La Luz el 18 de octubre de 1894 a bordo del vapor Hespérides, desde Cádiz. Nunca pudo hacer el trayecto en avión desde Madrid como bien le hubiera gustado, dado su pánico a las travesías marítimas, porque el primer vuelo de Madrid a Canarias se produce en el año 1930. Comenta Manuel Ramos Almenara que se trataba de «un trimotor que alcanzaba una velocidad máxima de 200 Km/hora, y podía transportar 12 personas y una carga mínima que en aquella ocasión consistía en una saca de correspondencia para Las Palmas, otra para Tenerife y cinco paquetes de periódicos de El Sol, ABC, La Voz y El Debate, correspondientes al día anterior. Despegó de Getafe a las 2:30 h. del 20 de mayo aterrizando en Gando sobre las 19:00 h. de ese mismo día después de pasar por Sevilla, Larache, Casablanca, Agadir y Cabo Juby. Al día siguiente finalizaría su recorrido en Los Rodeos».