13. La muerte de Galdós en Madrid

Galdós en la inauguración de la escultura que le dedicó Victorio Macho en el Retiro en 1919.

En esta casa de Hilarión Eslava vino la muerte a visitarlo en la madrugada del 4 de enero de 2020. Estaban con él su hija, María Pérez Galdós,; su yerno, Juan Verde; Eusebio Feito; su criado Paco y, además, dos canarios como era costumbre en casa de Don Benito: su sobrino, el ingeniero agrónomo José Hurtado de Mendoza y Pérez Galdós, y el escritor Rafael Mesa y López. Don Benito tenía 76 años y el suceso se convirtió en auténtico profundísimo duelo nacional.

Un año antes de su muerte se inauguró la escultura que le hizo Victorio Macho en el Retiro. Don Benito ya estaba muy enfermo y se veía cercana su muerte. El 22 de agosto de ese mismo año fue la última vez que salió a la calle y, a partir de ahí, se mantuvo prácticamente postrado en su dormitorio. Solo unos pocos amigos y paisanos iban a visitarle «y se hablaba de la isla distante, pues el escritor disfrutaba rememorando sus andanzas por el paisaje que frecuentó en su niñez y en su ilusionada adolescencia: las tierras jugosas del Monte Lentiscal, donde correteaba entre rosales y viñedos; el silencioso barrio de Vegueta, que recorría desde su casa –en la estrecha calle del Cano– al Colegio San Agustín; el grave tañido de las campanas de la Catedral… En algún momento Galdós deja de atender a la conversación y sus ojos cansados se posan indiferentes en un objeto cualquiera de la habitación en penumbra. Así nos lo cuenta Francisco Rodríguez Batllori.

El lunes 5 de enero el Gobierno, con la firma del rey, decretó «luto nacional» estableciendo honores y distinciones, y que el entierro sería costeado por el Estado. El cuerpo de Galdós se trasladó al Patio de Cristales del Ayuntamiento de Madrid, donde quedó instalada la capilla ardiente por la que pasaron más de cincuenta mil personas de todas las clases sociales. Aquella noche todos los teatros de Madrid pusieron el cartel de NO HAY FUNCIÓN.

Cuenta Federico C. Sáinz de Robles que «el entierro se inició a las tres de la tarde. Lo presidía el Gobierno en pleno, al que seguían autoridades de la capital, familiares y amigos, académicos, artistas, aristócratas, representantes de sociedades y entidades matritenses, y una multitud de muchos miles de personas. Pérez Galdós fue enterrado en el panteón familiar del cementerio de Nuestra Señora de la Almudena».