15. La quinta de San Quintín

Despacho de San Quintín.

Galdós en su gabinete-despacho de San Quintín con Tito.

Durante sus estancias en Santander, gran parte de la vida de Don Benito se desarrollaba dentro su gabinete-despacho. La otra parte importante del tiempo lo pasaba en el huerto-jardín atareado en las faenas agrícolas, que les servían de descanso, y disfrutando del zoológico de perros, gatos, gansos, gallinas, cabras, conejos, palomas, golondrinas y otros pájaros libres que acudían a comer a los árboles frutales que plantaba para que ellos tuvieran alimento.

En 1891 compró unos terrenos frente a la playa del Sardinero comienza a edificar y dirigir las obras que finalizar0n en 1893. La casa, situada en la Península de la Magdalena, fue bautizada como San Quintín por ser esta la primera obra que Galdós terminó de escribir en ella.

A Don Benito le gustaba madrugar y se levantaba hacia las 5 de la mañana. Desayunaba y trabajaba en el gabinete hasta la hora de bajar a la huerta. Por la tarde, a las cinco, tertulia con amigos y al llegar la noche le gustaba acostarse temprano, no más de las nueve y media o  diez de la noche.

Madariaga, el gran estudioso de la vida de Galdós en Santander describe así el gabinete de trabajo de Don Benito en San Quintín: «El estudio era un pequeño museo de recuerdos con retratos dedicados, fotografías, cuadros, cerámicas y porcelanas, mascarillas, etc. En una carpeta tenía dibujos con predominio de árboles, flores y hojas. Dibujaba generalmente a lápiz y con menor frecuencia a pluma.  La acuarela y el óleo fueron otras de sus aficiones y en Santander pintó marinas y escenas del puerto. El piano y el armonio eran una muestra de sus aficiones musicales que, a veces, acompañado de su sobrino tocaban a dúo para sus amigos o para la familia e interpretaban a Mozart, Bach y a Beethoven, el autor más ejecutado. Al perder la vista dejó de usar el armonio. Tenía también una chimenea traída de Inglaterra que no llegó nunca a utilizar ni en invierno. Encima, en la pared, estaba colocado el plato regalado por la colonia canaria en 1883».

Esta casa, que estuvo destinada durante algún tiempo a ser la Casa-Museo Pérez Galdós, fue vendida por su hija María en 1940 y, lamentablemente, sucumbió bajo la piqueta, llevándose con ella el recuerdo de nuestro ilustre escritor. Afortunadamente, gran parte de su mobiliario, documentos y otros objetos fueron trasladados a la Casa-Museo Pérez Galdós en Las Palmas donde podemos contemplarlos en la actualidad.