11. Conclusión

Benito Pérez Galdós leyendo su discurso de ingreso.

Benito Pérez Galdós leyendo en tertulia literaria.

Insistimos en que, aunque todavía haya gente que diga que Galdós se marchó renegando de su tierra para nunca más volver, eso es totalmente falso, como hemos podido leer en el epígrafe anterior.

En cinco ocasiones volvió Galdós a Las Palmas tras marcharse en 1862. ¿Por qué no vino más?, se preguntan muchos de los que alegan que Galdós no quiso saber nada de Canarias después de su llegada a Madrid ¿Fue porque renegaba de su tierra? No vamos a dar credibilidad a los que inventaron la infamia de que aquel día Benito se sacudió los zapatos para no llevarse a Madrid ni el polvo de Canarias. Esa leyenda se le atribuyó en el siglo XV a Teresa de Jesús con Ávila y alguien la desempolvó (nunca mejor dicho) cuatro siglos más tarde para aplicársela falsamente a Galdós.

En 1862, un viaje a Madrid podía durar hasta dos semanas siempre que se tuviera dinero para utilizar todos los medios de transporte necesarios: el barco, luego el tren, más tarde diligencias o animales de carga.… y vuelta al tren para llegar a Madrid. Y si le añadimos el horror de Benito a los barcos y la intermitencia de las salidas de estos (cada quince días), lo normal era que todos los estudiantes volvieran a Canarias solo una vez al año para pasar las vacaciones del verano

Pero es que, además, poco le duró la vida de estudiante a Benito Pérez, pues pronto empezó sus colaboraciones con las revistas madrileñas y a ver que tenía posibilidades en su carrera como escritor. Y si a eso le unimos que en Madrid tenía excelentes bibliotecas como la del Ateneo; los mejores teatros, como el Real; la política en la calle, donde se desarrollaban todos los acontecimientos trascendentales de la Historia de España que tanto le interesaba; la vida social  y cultural en contacto con escritores, músicos, artistas, etc. tendremos que ver normal que, tras publicar su primera novela, La Fontana de Oro, en 1870, viera las puertas abiertas a su triunfo como escritor y tomara la decisión de instalarse definitivamente en Madrid, aunque nunca olvidó a Canarias, su Tierra, «LA TIERRA DE GALDÓS».