5. El encuentro con Madrid

Foto de estudio de Benito Pérez Galdós recien llegado a Madrid en 1863.

Benito Pérez llegó a Madrid a finales del mes de septiembre, después de parar varios días en Cádiz y Sevilla más la semana de viaje desde Córdoba hasta Alcázar de San Juan. Este trayecto tenía que hacerlo en diligencia, pues aún no se había inaugurado la línea férrea que unía Madrid con Andalucía.

Como todos los estudiantes que llegaban a la capital, se instala en la pensión de la calle del Olivo y, el 30 de septiembre, se matricula en la Universidad Central, aunque no fue Benito un buen estudiante. Él mismo lo dice en sus Memorias de un desmemoriado:

Benito no terminó la carrera de Derecho. Antes se introdujo en la vida madrileña en las calles y mercados, en las tertulias de los cafés y del Ateneo, en los teatros, en las redacciones de los periódicos con los que empezó a colaborar, todo menos aparecer por las clases de la universidad: «Ponga usted que he tenido dos odios bastante grandes: a las Matemáticas y al Derecho…», dijo, ya viejo, a un periodista.

[Yo vine a Madrid en 1862] Entonces mi hermano mayor, Ignacio, que había acabado la carrera de militar, se fue a Cuba y mi familia me mandó aquí con León y Castillo. Repito que fui un mal estudiante de Derecho. Es una profesión que me inspira una antipatía grandísima. En vez de ir a clase me iba a callejear por ahí… Una de mis diversiones favoritas era ver el relevo de la guardia de Palacio… Y la parada militar… Tuve de catedrático a Fernando de Castro, a Bardón, pero de todos, el que me encantaba era Camús, el catedrático de literatura latina: a sus lecciones no faltaba nunca.