8. Memorias de un desmemoriado

Años más tarde, en sus Memorias de un desmemoriado, Don Benito dijo:

[En 1862] Mis padres me mandaron a Madrid a estudiar Derecho y vine a esta Corte y entré en la Universidad donde me distinguí por los frecuentes novillos que hacía… escapándome de las cátedras, ganduleaba por las calles, plazas y callejuelas gozando en observar la vida bulliciosa de esta ingente y abigarrada capital. Mi vocación literaria se iniciaba con el prurito dramático, y si mis días se me iban en flanear por las calles, invertía parte de las noches en emborronar dramas y comedias. Frecuentaba el Teatro real, y un café de la Puerta del Sol, donde se reunía buen golpe de mis paisanos […] Omito lo referente a mi infancia, que carece de interés o se diferencia poco de otras de chiquillos o de bachilleres aplicaditos.

Madrid atrapa al joven estudiante recién llegado desde una pequeña ciudad de apenas 15.000 habitantes, alejada del progreso y de la cultura, sin teatros, sin bibliotecas, ni universidad. En Madrid está el progreso, la cultura, la política… es la capital y por sus calles desfila la Historia de España que tanto le interesaba ya desde su etapa de alumno del San Agustín.

Para ir y venir a Canarias desde Madrid, a mitad del siglo XIX, había que hacer un viaje épico de dos semanas en caballerías, barco y trenes. Por eso, los estudiantes canarios en Madrid, venía solo una vez al año y eso mismo hizo también Benito Pérez durante sus primeros años de estancia en la capital.