7. Entrevista con el Bachiller Corchuelo (4). Inicios literarios en Madrid

Galeradas de Zumalacárregui.

Galeradas de «Zumalacárregui».

Don Benito trabaja así, tachando corrigiendo y hay cuartillas que se copian varias veces.

Conforme voy entrando en años —me dice Don Benito—, soy de gusto más descontentadizo en esto del estilo. Nunca me acaban de gustar las cuartillas [que escribo].

―¿Siempre ha sido usted tan escrupuloso?

―¡Cá, hombre! Cuando era joven gozaba más escribiendo, porque no hacía más que dar suelta a la imaginación. Pero conforme voy conociendo mejor el idioma, padezco más. Antes no conocía tantas dificultades.

―¿En pruebas también hace usted enmiendas?

 ―También.

—¿Cuáles fueron sus comienzos literarios en la capital de España?

En el 67 empecé a escribir La Fontana de Oro, mi primera novela. Después de haber traducido el Picwick para La Nación, me propuse hacer una novela histórica. En el 69 imprimí La Fontana de Oro en los talleres tipográficos de Don José Noguera, el dueño de la célebre quinta de los desafíos, que tenía una imprenta en la calle Bordadores. Aunque La Fontana lleva fecha del 70, se imprimió en el 69. Se puso la otra fecha porque se creyó que tardaría más en salir a la calle y salió a fines del mismo año.

—¿Quién fue el primero que le elogió con más entusiasmo y le alentó y vaticinó lo que usted había de deslumbrar en la novela?

—Núñez de Arce. Cuando publiqué La Fontana yo le trataba apenas. Me pidió un artículo para El Debate y me presentó a sus compañeros de redacción. Y además, publicó un artículo dándome un bombo muy grande, que luego me sirvió de mucho.

En el año 73 publiqué La sombra, que no vale nada. Hacía entonces ya dos años que empezaba a dejar de trasnochar. Mi vocación se me declaraba con más fuerza cada vez. Ya era una manía, un vicio, yo no vivía ni paraba más que en novelista…

―¿Imprimió usted La Fontana?

Sí, como todas mis novelas. Yo he tenido dinero. En realidad, yo no he luchado.  No me han faltado nunca el dinero para realizar mis sueños literarios ni los elogios para alentarme.

―En el año 73, ¿qué vida hizo usted?

En ese año abandoné definitivamente el periodismo y desaparecí del mundo social sin saber cómo ni por qué…