1. Introducción

Imagen de Benito Pérez Galdós sentado con dos gatos cogidos. Esta foto fue dedicada a su hija María.

Tres ciudades españolas fueron cruciales en la vida y obra de Galdós:

Las Palmas es la ciudad en la que nació y donde se modeló su carácter y su formación cultural, académica y social.

Madrid fue la ciudad donde se asentó definitivamente, desde que con diecinueve años llegó para estudiar Derecho en su universidad, y fue tanta su identificación con la capital del Reino que llegó a convertirla en su ciudad literaria.

Santander supuso para Don Benito el reencuentro con el mar que había dejado en Canarias. Esta ciudad se convirtió en el lugar de descanso desde 1871, cuando veraneó en ella por primera vez con su familia canaria, hasta finales de 1917, que salió, muy enfermo, para nunca más volver.

2. Las Palmas, la primera ciudad

Vistas del puerto y las montañas de las Isletas desde la torre de la Catedral hacia 1895. Luis Ojeda Pérez.

Es la primera (y originaria) Ciudad de Galdós. En 1843, año de su nacimiento, Las Palmas era una pequeña ciudad de 15.000 habitantes con calles de piedra y pilares públicos para el abastecimiento de agua a la población que carecía de pozos en los patios de sus casas; una ciudad sin luz eléctrica iluminada solamente por las luces mortecinas de las antorchas y faroles de aceite o por la luna llena; una ciudad provinciana repleta de conventos, iglesias y ermitas, sin universidad (no la tendría hasta finales del siglo XX), ni centros culturales, ni institutos públicos de segunda enseñanza, ni teatros, ni bibliotecas, ni siquiera carruajes que circularan por sus empedradas y polvorientas calles. Una ciudad con solo dos barrios encerrados entre sus desvencijadas e inútiles murallas ya casi totalmente desarboladas. Una ciudad que, gracias a las primeras iniciativas del Gabinete Literario, empezaba a salir de un largo letargo de más de tres siglos negada a la Educación, la Cultura y el Progreso.

3. El barrio de Triana y la calle del Cano

Barrio de Triana y calle del Cano en 1893. Al fondo el Teatro Tirso de Molina (luego, Pérez Galdós, y la Catedral. Carl Norman.

En 1478 se funda la ciudad de Las Palmas sobre un inmenso palmeral atravesado por el barranco del Guiniguada. A la derecha quedó Vegueta, el campamento fundacional, hoy señorial y antigua, con sus viejas casas coloniales de piedra gris y verde, donde se asientan las principales instituciones de la ciudad.

A la izquierda del barranco se fue formando Triana, barrio de pescadores y artesanos en un principio, pero que a lo largo del siglo XIX se convierte en la zona comercial de la ciudad donde se instala la nueva burguesía mercantil que vive, principalmente, del comercio de los productos que entran y salían de la isla por el muelle viejo de Las Palmas, el mismo por el que salió y entró Galdós en todos los viajes que hizo a la Península, salvo el último en 1894.

La calle del Cano, donde estaba (y está) la casa natal de Galdós era recta y estrecha y se extendía desde la calle Malteses hasta la plaza del convento de San Bernardo, hoy inexistente.

4. La casa natal

La casa natal de Benito Pérez Galdós en los años 30 del siglo XX con la librería «La Tierra de Galdós».

La casa donde nació Benito Pérez Galdós es una construcción de tres plantas, fabricada conforme al modelo arquitectónico de finales del siglo XVIII. En ella podemos observar todavía algunos de los elementos característicos de mediados del siglo XIX, a pesar de su reestructuración y acomodo para uso museístico, tales como el carrillón, el pozo, los patios, las galerías, los techos y suelos de tea, etcétera.

Galdós nace  en esta vivienda de la calle del Cano, el ya mencionado 10 de mayo de 1843, y en la misma casa residiría hasta su marcha a Madrid, en 1862, para ingresar como estudiante de Leyes en la Universidad de la capital de España.

En los años 30 del siglo XX, un sobrino suyo, Ambrosio Hurtado de Mendoza, que fue alcalde de la ciudad entre 1904 y 1907, abrió en la casa una librería con el nombre de «La Tierra de Galdós», que fue la antesala de lo que hoy es la actual Casa-Museo.

La vivienda fue adquirida por el Cabildo de Gran Canaria en 1958 y abierta en 1964 como Casa-Museo Pérez Galdós con la fuerte oposición de la iglesia oficial.

Hoy se conserva en ella el mayor legado del escritor que, según consta en la Guía de la Casa-Museo, está formado por gran parte del mobiliario de sus casas de Madrid (despacho y dormitorio) y Santander (despacho, dormitorio y comedor), de su biblioteca personal (3.696 libros), de sus manuscritos (32), de sus galeradas (53), de sus cartas y otros objetos y documentos personales (9.772) adquiridos por esta institución a lo largo del tiempo.

5. La casa del monte

Escritorio, dibujos y otros recuerdos de Don Benito en la casa del Monte en 1831. Fotografía Alemana en 1931.

Tras participar en la Guerra de la Independencia contra los franceses, Sebastián y Domingo Pérez, padre y el tío de Benito, recibieron una porción de terreno en el Monte Lentiscal, cerca de la Caldera de Bandama. Allí construyeron una casa con lagar y dedicaron parte de la finca «de los Lirios» al cultivo de la vid.

Años más tarde, el escritor canario Claudio de la Torre escribiría: «Benito Pérez Galdós a los diez años de edad se sentaba también aquí, a la vuelta de sus emocionantes excursiones. Volvía casi siempre de trepar por el volcán de la Caldera la que llamaba “su volcán”, no tanto por estar enclavado en la extensa propiedad de sus padres, sino porque desde allá arriba, desde el pico, descubría un mundo inagotable para su fantasía. Sus ojos debieron de acostumbrarse rápidamente en aquellas alturas a unir en un mismo paisaje las arenas lejanas de las playas de Gando con la vega distante de Santa Brígida, en la que ya brotan los castaños».

Esta casa pasaría a ser propiedad de Domingo, el hermano mayor de Benito, en 1850, cuando volvió de Cuba casado con Magdalena Hurtado de Mendoza, pasando posteriormente a ser propiedad de Ignacio Pérez Galdós, el que fuera capitán general de Canarias.

6. La casa del puerto

La casa de los Pérez Galdós, junto al castillo de Santa Catalina en la carretera del Puerto hacia 1894.

Esta sería la tercera vivienda que la familia Pérez Galdós tuvo en Las Palmas. Se encontraba situada en la nueva carretera que salía desde el parque de San Telmo y terminada en el muelle de La Luz. En esta casa permanecería bastante tiempo Don Benito la última vez que vino a Las Palmas en 1894, cuando ya era una celebridad universal. Así lo cuenta Manuel Herrera Hernández: «Se esperaba que el vaporPío IX llegara al Puerto de la Luz en las primeras horas del jueves día 18 y se organizaba un recibimiento entusiasta. Por esto el día 16 de octubre el alcalde Felipe Massieu y Falcón publicó una alocución a los habitantes de Las Palmas en la que decía que “después de una ausencia prolongada por más de veinte años, habremos de sentir muy en breve intenso júbilo al ver en el querido suelo natal a nuestro conciudadano el ilustre Don Benito Pérez Galdós…”.

Al poner el pie en tierra resonaron generales aplausos y algunos gritos entusiastas de ¡viva Galdós!, ¡viva el príncipe de las letras patrias! Desde la escalinata del muelle hasta el lugar donde se hallaba situado el carruaje, Galdós fue aclamado y cumplimentado por las distintas comisiones y corporaciones. Ocupó después un carruaje acompañado de su hermano Ignacio Pérez Galdós, del alcalde y del delegado del Gobierno siguiendo una larga fila de coches hasta la casa de recreo que la familia de Galdós poseía en Santa Catalina».

Durante esa visita, el Ayuntamiento dispuso colocar solemnemente una placa conmemorativa en la casa natal del insigne escritor, que era otra, la de la calle del Cano en el barrio de Triana.

7. La calle del escritor Pérez Galdós

La calle del escritor Pérez Galdós en Las Palmas hacia 1890.

Esta calle, que lleva los apellidos del más ilustre de los escritores canarios de todos los tiempos, se trazó en la segunda mitad del siglo XIX tras la demolición del convento de San Bernardo, el mayor que ha existido en Canarias.

Como durante algún tiempo muchos ciudadanos pensaban que la calle PÉREZ GALDÓS recibió este nombre en honor a su hermano Ignacio, quien fuera ilustre militar y capitán general de Canarias, transcribimos el acuerdo tomado en el pleno municipal celebrado el 15 de octubre de 1883 en el que se acordó «denominar la prolongación de San Francisco como CALLE PÉREZ GALDÓS, en honor al eminente novelista, hijo de Las Palmas y gloria de la literatura patria».

En esta calle, donde se emplaza en la actualidad la Casa-Palacio del Cabildo de Gran Canaria y el palacete Rodríguez Quegles, estuvo situado en 1915 el primer instituto de la provincia de Las Palmas, que llevaba el nombre de INSTITUTO PÉREZ GALDÓS. Luego, se trasladó al nuevo edificio de la calle Juan de Quesada, convertido hoy en el Rectorado de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

8. Madrid, la segunda ciudad. Las casas de huéspedes

La Puerta del Sol

La Puerta del Sol, centro de la vida de Galdós en sus primeros años madrileños, en 1857.

Recién llegado a Madrid, con 19 años, el estudiante Benito Pérez se hospedó en una casa de huéspedes (todavía no se decía pensión) de la calle del Olivar, pero al estar algo alejada del centro de Madrid, pronto se traslada, junto con Fernando León y Castillo, su amigo y compañero del Colegio San Agustín, a otra casa en la calle de Las Fuentes, número 3, que estaba muy cercana a la Puerta del Sol donde se encontraba la tertulia canaria del Café Universal.

En 1863, hizo un nuevo traslado a la Calle del Olivo nº 9, que era una zona más animada. Allí Galdós se hospedó durante seis años a tan solo dos minutos de la calle de la Montera donde estaba el Ateneo, «el altar de mis sueños», como lo llamaba Galdós. Esta casa de huéspedes fue inmortalizada por Galdós en la de «Doña Virginia», que aparece descrita en su novela El Doctor Centeno, trasladándonos el ambiente estudiantil de la época con bastantes insinuaciones autobiográficas. La pensión estaba justo enfrente de la casa del escritor madrileño  Mesonero Romanos, con quien trabó amistad y que tanto influyó animando al joven escritor que era Galdós en aquellos momentos iniciales.

9. La tertulia canaria del Café Universal

DIBUJO DE GALDÓS. El dueño y el camarero malagueño del café́ Universal, sede de la tertulia canaria en Madrid.

La llegada de Benito Pérez Galdós a Madrid coincidió con una amplia remodelación de la Puerta del Sol, centro social y geográfico de la vida madrileña. Entre las mejoras de la zona se incluyeron la instalaron de modernos establecimientos comerciales y un nuevo café, el Universal, llamado popularmente «el de los espejos» por la profusión que de ellos había en su decorado a base de blanco y oro, con mesas de mármol divanes, sillas, decoración que contribuyó a que pronto se convirtiera en uno de los lugares más concurridos del centro de la capital madrileña.

Al fondo del café se sentaba una tertulia canaria, una «de las más amenas de Madrid, compuesta de estudiantes de Derecho, de Medicina y de Caminos, y reforzada por personas mayores curtidas de marrullería y experiencia», así la describe Galdós en su Episodio Nacional la España trágica. A esta tertulia acudía también Francisco Giner de los Ríos, fundador y director de la Institución Libre de Enseñanza y de la Residencia de Estudiantes de Madrid.

Aparte de lugar de encuentro y apoyo entre paisanos, la tertulia ayudaba también a la introducción de los recién llegados en la vida madrileña. A la tertulia canaria acudían, entre otros: José Plácido Sansón, abogado aspirante a escritor, nacido en Santa Cruz de Tenerife; Benigno Carballo, de Los Llanos de Aridane y catedrático de Economía Política de la Escuela de Comercio de Madrid; Valeriano Fernández Ferraz, de Santa Cruz de La Palma, catedrático de Latín y Griego; Luis Francisco Benítez de Lugo, Marqués de la Florida, nacido en La Orotava y estudiante de Derecho en Madrid, y Fernando León y Castillo, nacido en Telde, que anteriormente había sido compañero de Benito en el Colegio San Agustín de Las Palmas y había llegado a Madrid para estudiar Derecho un año antes de que lo hiciera Galdós. Estos dos últimos estudiantes fueron los «tutores» universitarios de Galdós tras su llegada a Madrid.

10. El hogar canario en Madrid

Casa editorial

 La calle Serrano de Madrid hacia el año 1906.

Domingo, el hermano mayor de Benito, murió marzo de 1870 dejando viuda a Magdalena Hurtado de Mendoza «la madrina» en Las Palmas. Esta convence a sus cuñadas Carmen y Concha para irse a vivir a Madrid, y así lo hicieron, instalándose en un piso alquilado en la calle Serrano nº 8. Carmen marchó con sus cuatro hijos. Ya en Madrid se les unió Benito, que, según la familia, llevaba una vida de soltero poco recomendable en las noches madrileñas.

Hacia el moderno barrio de Salamanca se estaba trasladando la nueva burguesía y aristocracia madrileña, huyendo del bullicio del centro de la ciudad, La nueva vida en el «hogar canario de Madrid» junto a sus hermanas y su madrina, trajo los frutos que  la familia esperaba. Benito Pérez Galdós se fue apartando de la calle para concentrarse en su trabajo de escritor, pues los estudios de Derecho ya los había abandonado. Además, con el apoyo económico de la madrina, poco después, Benito se convertiría en la gloria literaria de la familia Pérez Galdós.

Unos años más tarde, en plena bonanza económica familiar por las enormes ventas de sus y Episodios Nacionales y novelas, el hogar canario se trasladó a un piso de Colón, esquina con la actual calle Génova, con vistas sobre la plaza y los espléndidos edificios de Casa de la Moneda y la Biblioteca Nacional, obras arquitectónicas del que habría de ser el arquitecto del futuro Teatro Pérez Galdós de Las Palmas.

11. La casa editorial «Obras de Pérez Galdós»

Casa editorial "Obras de Pérez Galdós".

Casa editorial “Obras de Pérez Galdós” en la calle Hortaleza de Madrid.

Galdós publica La Fontana de Oro, su primera novela, en 1870, gracias al mecenazgo de «su madrina». En aquellos tiempos las editoriales no publicaban libros de escritores poco conocidos, y menos aún si no tenían garantizadas las ventas necesarias para costear la edición y dejar algún beneficio económico a la empresa. Lo normal era que los autores le pagaran a las imprentas o editoriales la edición de sus obras. Y eso fue lo que pasó con las primeras obras de Galdós

Tres años más tarde, cuando Galdós preparaba la edición de la primera serie de los Episodios Nacionales en 1873, fue adelantando fragmentos de los mismos en una revista de «modas y labores femeninas», llamada La Guirnalda, cuyo propietario era Miguel Honorio de la Cámara, un tinerfeño residente en Madrid desde 1860.

Con Cámara, su amigo canario, firmó un contrato editorial que resultó catastrófico desde el principio, pero que durará hasta 1897 tras un largo pleito en el que Galdós terminó recuperando los derechos de autoría sobre los libros, de los que se había adueñado su editor. Y escarmentado por los engaños que los editores y distribuidores les estaban haciendo en las liquidaciones de ventas de sus libros, decidió convertirse en su propio editor.

Para ello alquiló un amplio local en la calle Hortaleza donde instaló la oficina editorial con dos empleados: el fiel Gerardo Peñarrubia y su sobrino José Hermenegildo. Pero la nula vocación empresarial de Don Benito, unida a la escasa preparación empresarial de su sobrino, no facilitó el éxito de la empresa y, pasado un tiempo, Don Benito negoció con la editorial Hernando la edición y distribución de sus obras.

Así comenta Galdós la recuperación de los derechos sobre sus obras: «El reconocimiento de la propiedad de mis obras fue para mí un indudable triunfo. Disuelta la sociedad, el laudo me imponía la obligación de abonar a mi contrario una parte bastante crecida de la liquidación por anticipo que mi socio me había prestado. Por tal concepto tenía yo que pagar a toca teja ochenta y dos mil pesetas. […] y viéndome dueño de mis obras, resolví establecerme como editor de ellas en el número 132 de la calle de Hortaleza, piso bajo. Dio comienzo con esto una nueva etapa de mi existencia literaria El considerable desembolso que tuve que hacer para liquidar las resultas del pleito obligóme a sacar de mi caletre los elementos necesarios para salir del paso. Como el trabajo no me arredraba, al contrario, era mi mayor delicia, acometí la tercera serie de los Episodios Nacionales.…». (Memorias)

Y cuenta Ortiz-Armengol, su biógrafo, que «al tiempo que se instalaba en este local comercial con grandes esperanzas, el escritor tomó en alquiler, hacia 1897, un nuevo domicilio, en la calle de Alberto Aguilera número 46, en el barrio de Argüelles, muy cerca de donde vivía Concha Morell y a dos pasos de la casa de su sobrino José Hurtado de Mendoza, Don Pepino.

12. La casa de Hilarión Eslava

Casa de Hilarión Eslava.

Casa de la calle Hilarión Eslava nº 5 de Madrid, propiedad de José Hurtado de Mendoza.

A partir de 1909, Galdós y su sobrino José vivieron juntos en el hotelito (casa chalet) que este mandó fabricar en la calle de Hilarión Eslava, número 5, del barrio de Argüelles. Era un curioso edificio de ladrillo visto con dos plantas y azotea con almenas, construido en estilo neomudéjar.

Hasta esta esta casa se trasladó el hogar Canario de Madrid, formado por Don Benito, sus dos hermanas, el don Pepino y su ahijada Rafaelita, la hija del torero Machaquito. Concha moriría algunos años más tarde, en 1913 y cuando un año después muere Carmen, su hijo José, que también permaneció soltero como su tío, se haría cargo del cuidado de su tío, que ya empezaba con graves problemas de ceguera, hasta el momento de su muerte.

Cuentan que en los últimos años de su vida, Don Benito, ya ciego recorría en el coche de caballos de su amigo Ángel los lugares de Madrid en los que antes había vivido: la calle del Olivar y de Las Fuentes, donde estaban las primeras casas en las que se hospedó recién llegado a Madrid en 1862; la calle del Olivo, hoy Mesonero Romanos, que tanto le ayudó a triunfar como escritor; la de Serrano, donde se instaló en su casa canaria en Madrid; la moderna plaza de Colón; la calle de Hortaleza, donde se encontraba la administración de la editorial de sus propias obras y la de Alberto Aguilera recordando alguno que otro de sus amores pasados.

13. La muerte de Galdós en Madrid

Galdós en la inauguración de la escultura que le dedicó Victorio Macho en el Retiro en 1919.

En esta casa de Hilarión Eslava vino la muerte a visitarlo en la madrugada del 4 de enero de 2020. Estaban con él su hija, María Pérez Galdós,; su yerno, Juan Verde; Eusebio Feito; su criado Paco y, además, dos canarios como era costumbre en casa de Don Benito: su sobrino, el ingeniero agrónomo José Hurtado de Mendoza y Pérez Galdós, y el escritor Rafael Mesa y López. Don Benito tenía 76 años y el suceso se convirtió en auténtico profundísimo duelo nacional.

Un año antes de su muerte se inauguró la escultura que le hizo Victorio Macho en el Retiro. Don Benito ya estaba muy enfermo y se veía cercana su muerte. El 22 de agosto de ese mismo año fue la última vez que salió a la calle y, a partir de ahí, se mantuvo prácticamente postrado en su dormitorio. Solo unos pocos amigos y paisanos iban a visitarle «y se hablaba de la isla distante, pues el escritor disfrutaba rememorando sus andanzas por el paisaje que frecuentó en su niñez y en su ilusionada adolescencia: las tierras jugosas del Monte Lentiscal, donde correteaba entre rosales y viñedos; el silencioso barrio de Vegueta, que recorría desde su casa –en la estrecha calle del Cano– al Colegio San Agustín; el grave tañido de las campanas de la Catedral… En algún momento Galdós deja de atender a la conversación y sus ojos cansados se posan indiferentes en un objeto cualquiera de la habitación en penumbra. Así nos lo cuenta Francisco Rodríguez Batllori.

El lunes 5 de enero el Gobierno, con la firma del rey, decretó «luto nacional» estableciendo honores y distinciones, y que el entierro sería costeado por el Estado. El cuerpo de Galdós se trasladó al Patio de Cristales del Ayuntamiento de Madrid, donde quedó instalada la capilla ardiente por la que pasaron más de cincuenta mil personas de todas las clases sociales. Aquella noche todos los teatros de Madrid pusieron el cartel de NO HAY FUNCIÓN.

Cuenta Federico C. Sáinz de Robles que «el entierro se inició a las tres de la tarde. Lo presidía el Gobierno en pleno, al que seguían autoridades de la capital, familiares y amigos, académicos, artistas, aristócratas, representantes de sociedades y entidades matritenses, y una multitud de muchos miles de personas. Pérez Galdós fue enterrado en el panteón familiar del cementerio de Nuestra Señora de la Almudena».

14. Santander, la tercera ciudad elegida para el descanso

San Quintín

San Quintín, la casa de Benito Pérez Galdós en Santander

Galdós llegó a Santander por primera vez en el verano de 1871, atraído por la lectura de las obras de José María Pereda, en especial sus Escenas Montañesas. Venía acompañado de su hermana Concha y su cuñada Magdalena Hurtado de Mendoza. Su posterior amistad con el escritor montañés fue proverbial para que continuara yendo cada año de veraneo y para que se hiciera allí la única casa propia que tuvo en toda su vida. También influyó en esta decisión el nombramiento de su hermano Ignacio como gobernador militar de Santander en 1879.

Según Benito Madariaga, «Santander le puso en contacto con el mar, añorado desde su salida de Las Palmas, le permitió realizar sus viajes por mar a otros puertos europeos y conocer las provincias limítrofes en las que también recogió documentación para los Episodios Nacionales […] En el verano de 1872 inició con Trafalgar los Episodios Nacionales en Santander y en 1917 se despidió de la ciudad preparando las notas de Santa Juana de Castilla. También participó en esta ciudad en actos políticos como miembro destacado de la coalición republicano-socialista.

Las Palmas fue su origen y la ciudad que incubó su pensamiento, en Madrid se desarrolló y se hizo nacional, y Santander constituyó su cuartel de verano, donde se puso otra vez en relación con el mar».

15. La quinta de San Quintín

Despacho de San Quintín.

Galdós en su gabinete-despacho de San Quintín con Tito.

Durante sus estancias en Santander, gran parte de la vida de Don Benito se desarrollaba dentro su gabinete-despacho. La otra parte importante del tiempo lo pasaba en el huerto-jardín atareado en las faenas agrícolas, que les servían de descanso, y disfrutando del zoológico de perros, gatos, gansos, gallinas, cabras, conejos, palomas, golondrinas y otros pájaros libres que acudían a comer a los árboles frutales que plantaba para que ellos tuvieran alimento.

En 1891 compró unos terrenos frente a la playa del Sardinero comienza a edificar y dirigir las obras que finalizar0n en 1893. La casa, situada en la Península de la Magdalena, fue bautizada como San Quintín por ser esta la primera obra que Galdós terminó de escribir en ella.

A Don Benito le gustaba madrugar y se levantaba hacia las 5 de la mañana. Desayunaba y trabajaba en el gabinete hasta la hora de bajar a la huerta. Por la tarde, a las cinco, tertulia con amigos y al llegar la noche le gustaba acostarse temprano, no más de las nueve y media o  diez de la noche.

Madariaga, el gran estudioso de la vida de Galdós en Santander describe así el gabinete de trabajo de Don Benito en San Quintín: «El estudio era un pequeño museo de recuerdos con retratos dedicados, fotografías, cuadros, cerámicas y porcelanas, mascarillas, etc. En una carpeta tenía dibujos con predominio de árboles, flores y hojas. Dibujaba generalmente a lápiz y con menor frecuencia a pluma.  La acuarela y el óleo fueron otras de sus aficiones y en Santander pintó marinas y escenas del puerto. El piano y el armonio eran una muestra de sus aficiones musicales que, a veces, acompañado de su sobrino tocaban a dúo para sus amigos o para la familia e interpretaban a Mozart, Bach y a Beethoven, el autor más ejecutado. Al perder la vista dejó de usar el armonio. Tenía también una chimenea traída de Inglaterra que no llegó nunca a utilizar ni en invierno. Encima, en la pared, estaba colocado el plato regalado por la colonia canaria en 1883».

Esta casa, que estuvo destinada durante algún tiempo a ser la Casa-Museo Pérez Galdós, fue vendida por su hija María en 1940 y, lamentablemente, sucumbió bajo la piqueta, llevándose con ella el recuerdo de nuestro ilustre escritor. Afortunadamente, gran parte de su mobiliario, documentos y otros objetos fueron trasladados a la Casa-Museo Pérez Galdós en Las Palmas donde podemos contemplarlos en la actualidad.