1. Camino de la Universidad

Instituto Provincial de Canarias. La Laguna.

Benito estaba predestinado a ir a la Universidad como tantos bachilleres canarios cuyas familias podían permitirse costearles los estudios fuera de su isla o en la Península. Además, su expediente académico y su madurez intelectual ayudaron mucho a que la familia tomara la decisión de que continuara los estudios universitarios. Para ello contaban con la ayuda económica de su hermano mayor y padrino de bautismo, Domingo, que volvió rico de Cuba, donde había casado con una rica hacendada llamada Magdalena Hurtado de Mendoza.

Cuando Benito terminó los cursos de Bachiller en el Colegio San Agustín de Las Palmas tuvo que ir a examinarse al Instituto Provincial de Canarias, el único instituto de todas las islas que estaba en La Laguna, donde obtuvo el título de Bachiller en Artes, y como la universidad de La Laguna estaba cerrada desde 1845 por motivos políticos, la familia ya había tomado la decisión de que estudiara en Madrid, donde anteriormente había hecho su hermano Ignacio la carrera militar, y Benito decidió matricularse en la Universidad Central.

En la ilustración podemos ver a Benito Pérez Galdós en la puerta del instituto provincial de Canarias, en La Laguna, con el diploma de Bachiller, junto con otros compañeros del Colegio San Agustín. Ilustración de “talamaletina” para el libro Charlas con Tito Livio.

2. La infamia del polvo de los zapatos

Retrato de Galdós adolescente, pintado por Nicolás Massieu en Las Palmas, durante su época del colegio San Agustín

Retrato de Galdós adolescente, pintado por Nicolás Massieu en Las Palmas, durante su época del colegio San Agustín

No ha sido Galdós profeta en su tierra. A pesar del tiempo transcurrido desde que su vida y su obra fueran manipuladas en tiempos de la dictadura, resulta inconcebible que haya todavía gente que dice que, antes de embarcar, Galdós se sacudió el polvo de sus zapatos para no llevarse ni el polvo de esta tierra en ellos. Chiquito disparate. Pero los que inventaron y propagaron semejante infundio (hoy se diría face new) tuvieron tanto éxito que hoy, en pleno siglo XXI, se ha tenido que grabar en piedra y bronce frente a la Casa-Museo las palabras que una vez más, ya viejo y cansado, repitiera a un periodista insistente: «¿Qué de dónde soy?, Hombre, si eso todo el mundo lo sabe: de Las Palmas».

Esta anécdota parte de la infancia de Santa Teresa de Jesús y su gran afición por la lectura de santos desde que era pequeña. Un día propuso a su hermano Rodrigo que la acompañase a «tierra de moros» para convertirlos al cristianismo. Rodrigo cogió la espada de su padre y Teresa un crucifijo y allá se fueron ambos dispuestos a convertirse en mártires. Pero un tío suyo logró alcanzarlos en los Cuatro Postes en la salida de Ávila y los obligó a volver a casa. Años más tarde, Teresa salida obligada de Ávila y se sentó en aquel lugar pronunciando la consabida frase: «de Ávila, ni el polvo». Anécdota tan falsa como la atribuida a Benito Pérez Galdós por sus detractores.

Esperemos que en este año del centenario sea el final del infundio y la figura de Don Benito quede definitivamente ligada a su Tierra, de la cual él nunca renegó, aunque decidiera desarrollar su carrera literaria en la misma capital de España.

3. La leyenda de los amores rotos

Benito con sus padres en la casa de Las Palmas. Ilustración de talamaletina para el libro Charlas con Tito Livio.

Benito con sus padres en la casa de Las Palmas. Ilustración de talamaletina para el libro Charlas con Tito Livio.

Cuenta Ortiz de Armengol que «uno de los motivos que pudo tener mamá Dolores para enviar a su hijo menor a la península, a la edad de diecinueve años, fue el separarle de su prima Sisita, […] Esta niña vino con su madre a vivir a Las Palmas, para gran escándalo de la familia y Benito se enamoró de ella perdidamente. Más tarde, volvió Sisita a Cuba, se casó y tuvo un hijo, a quien Galdós regaló al nacer un reloj; con Sisita mantuvo siempre unas relaciones nostálgicas y melancólicamente cariñosas, aunque separadas por la distancia. ¿Fue por esta experiencia, entre otras, por la que se quedó soltero?»

Vamos a dar algún dato más: Adriana Tate, una mujer norteamericana residente en Cuba, se había casado con un oficial de marina llamado Ambrosio Hurtado de Mendoza y pronto quedó viuda y dos hijos: Magdalena y José Hermenegildo. Posteriormente tuvo una relación sentimental con un abogado canario llamado José María Galdós, tío carnal de Benito, que también había emigrado a Cuba, con el cual tuvo una hija llamada María Josefa Wassinton, más conocida por Sisita.

Con apenas cuatro años de edad, Domingo, el hermano mayor y padrino de Benito marcha también a Cuba y cinco años más tarde vuelve casado con Magdalena Hurtado de Mendoza, como ya hemos comentado en esta biografía galdosiana. Al matrimonio lo acompañaban José Hermenegildo, el hermano de Magdalena, y la madre de ambos, Adriana Tate, que también venía acompañada por Sisita, ‘la prima de Benito’, al ser hija de José María, el hermano de su madre… ¡En fin, un gran lío! Y, para no liarlo más, no hemos dicho todavía que José Hermenegildo se casó en Las Palmas con Carmen, la hermana de Benito, que fue la única de las seis hermanas que tomó estado (se casó).

Pues bien, la alegría de la vuelta del hijo, convertido en un indiano rico, quedó empañada para mamá Dolores (la madre de Benito) por venir en compañía de la suegra y la hija ‘natural’ de su hermano. Adriana y Sisita no fueron bien recibidas en el hogar familiar de la calle del Cano y las instalaron una casa de las afueras de la ciudad.

Pero, según contaron algunos miembros de la familia, la cosa empeoró más cuando mamá Dolores se da cuenta del enamoramiento del pequeño de la familia y su prima y decide actual enviándolo a estudiar a Madrid con el apoyo de Domingo y Magdalena.

Hasta aquí otra leyenda amorosa que se ha venido repitiendo (esta sin intención maledicente) hasta el punto de ser el argumento de una novela de Santiago Gil, titulada El gran amor de Galdós.

4. Nueve horas en Santa Cruz de Tenerife

Puerto de Santa Cruz.1897.

Puerto de Santa Cruz.1897.

Dicho ha quedado ya en varias ocasiones que, para que le expidieran el título de Bachiller que lo habilitaba para poder entrar en la universidad, Benito Pérez Galdós tenía que pasar el examen de grado. Y ese trámite tenía que hacerlo en el Instituto Provincial de Canarias, que estaba en La Laguna.

Tenemos aquí otro episodio biográfico que se ha prestado a confusión y que conviene aclarar: Benito Pérez no estudió el Bachillerato en Tenerife, a pesar de estar allí, en La Laguna, el único instituto oficial que había en Canarias, que por entonces tenía una sola provincia con capital en Santa Cruz de Tenerife. Él estudió el Bachillerato como alumno interno en el Colegio San Agustín de Las Palmas, aunque para que le expidiesen el título oficial tenía que examinarse en el único instituto oficial que a la sazón había en Canarias (como la única universidad de Canarias estaba también en La Laguna).

Y esto ocurrió en los primeros días de septiembre de 1862. Como en aquella época no salía barcos a diario como pasa hoy, debemos suponer que a finales de agosto Benito cogería el barco en el Muelle Viejo de Las Palmas con todo el equipaje estudiantil preparado. Durante los días 3, 4 y 5 de septiembre realizó los exámenes en La Laguna y el 9 de este mes tomó el vapor Almogávar con destino a Cádiz y Madrid. El viaje hasta la capital del Reino puedes verlo con más detalle en el capítulo I de esta biografía (Quién es Benito Pérez Galdós)

No sería esta la última vez que pisara Galdós tierra canaria como todavía siguen diciendo algunos. Desde su llegada Madrid, a finales de septiembre de 1862, Galdós volvería a Canarias en cinco ocasiones como podrá comprobar en los siguientes epígrafes de este capítulo de su vida.

5. El encuentro con Madrid

Foto de estudio de Benito Pérez Galdós recien llegado a Madrid en 1863.

Benito Pérez llegó a Madrid a finales del mes de septiembre, después de parar varios días en Cádiz y Sevilla más la semana de viaje desde Córdoba hasta Alcázar de San Juan. Este trayecto tenía que hacerlo en diligencia, pues aún no se había inaugurado la línea férrea que unía Madrid con Andalucía.

Como todos los estudiantes que llegaban a la capital, se instala en la pensión de la calle del Olivo y, el 30 de septiembre, se matricula en la Universidad Central, aunque no fue Benito un buen estudiante. Él mismo lo dice en sus Memorias de un desmemoriado:

Benito no terminó la carrera de Derecho. Antes se introdujo en la vida madrileña en las calles y mercados, en las tertulias de los cafés y del Ateneo, en los teatros, en las redacciones de los periódicos con los que empezó a colaborar, todo menos aparecer por las clases de la universidad: «Ponga usted que he tenido dos odios bastante grandes: a las Matemáticas y al Derecho…», dijo, ya viejo, a un periodista.

[Yo vine a Madrid en 1862] Entonces mi hermano mayor, Ignacio, que había acabado la carrera de militar, se fue a Cuba y mi familia me mandó aquí con León y Castillo. Repito que fui un mal estudiante de Derecho. Es una profesión que me inspira una antipatía grandísima. En vez de ir a clase me iba a callejear por ahí… Una de mis diversiones favoritas era ver el relevo de la guardia de Palacio… Y la parada militar… Tuve de catedrático a Fernando de Castro, a Bardón, pero de todos, el que me encantaba era Camús, el catedrático de literatura latina: a sus lecciones no faltaba nunca.

6. El doctor Centeno. Alejandro Miquis

Ya hemos dicho que los primeros años de “estudiante” los pasó en casas de huéspedes y llevando una vida bastante desordenada. Lean estos fragmentos sacados de su novela El doctor Centeno, en la que traza algunos rasgos de su biografía, al meterse él dentro del personaje de Alejandro Miquis:

«…metiéndose en las librerías para adquirir todo lo nuevo y bonito, obras de lujo que maldita falta le hacían y que, vistas una vez, no servían para nada. En los puestos de libros dejó también puñados de dinero, porque no había autor clásico o romántico, español o extranjero, que él no quisiera poseer. Para enterarse bien de todo lo que compraba, necesitaría la vida entera».

Los huéspedes de la pensión hacen sus valoraciones sobre la vida que lleva Alejandro Miquis (Benito Pérez): «Es un perdido. ¡Qué lástima de talento!… Corazón demasiado grande y jamás harto de sensaciones, pobre Alejando, se consume en su propio fuego», decía uno; y otro pensaba que «es un tontaina… cualquiera lo engaña…». Y su amigo Cienfuegos se expresaba así «Le voy a coger de una oreja y sujetarle… ¡Vicioso! Yo le quiero mucho: impediré que corra al abismo… Verán, verán ustedes…»

Y dejamos un punto y aparte para Doña Virginia, el ama de la casa que, asumiendo el papel de madre, intenta hacerlo entrar en razones.

«Pero don Alejandro… está usted muy echadito a perder. Su papá haciendo tanto sacrificio, y usted aquí gastándole el dinero y lo que es peor, sin estudiar… Porque dicen que no coge un libro de los de clase y es lástima. Dice don Basilio que usted es el de más talento que hay en la casa. ¿Y de qué le sirve? Porque eso de las comedias… desengáñese usted, niño: eso no da de comer… Y sobre todo, no sea usted perdido, no gaste su salud. En Madrid hay mucha perdición […] A ver, sea usted franco conmigo: ¿qué gusto encuentra en ser malo?, ¿no se cansa, no se aburre? Porque a otros engañará usted haciéndose pasar por un santito; pero a mí no… ¿en dónde se pasa las noches? ¿Por qué viene a casa a las tantas de la mañana? ¡Ah! Si fuera usted hijo mío, a bofetones de cuello vuelto le enderezaba»

Pero Alejando no responde. Él (Benito) nunca interviene, jamás discute. Se limita a escuchar y pensar. Así continúa el relato en la novela:

«[Alejandro] atendía sonriendo el estudiante a estas razones, y parecía conforme con ellas. Sin duda había en su alma propósito de enmienda… Y en prueba de ello, viósele algunos días bastante corregido: entraba temprano, iba a clase; pero lentamente a las andadas volvía y a su vida miserable».

7. España trágica

Otro de sus dobles literarios es Vicente Halconero, personaje creado por Galdós para la quinta serie de sus Episodios Nacionales. Cuando el escritor ya tiene 60 años, pone las ideas que él tenía a los treinta y tantos años en su personaje Halconero:

«Casi todo el dinero que la hermosa Lucia [¿Magdalena?] destinaba al bolsillo particular de su primogénito, disipábalo este en un tabuquito de la Carrera de San Jerónimo, la humilde librería que las manos de Monnier transmitieron a las de Durán […] constituyendo en tan mezquino y angosto local una especie de aduana, por donde recibíamos la importación de la cultura europea. Difícil es precisar la innumerabilidad y el catálogo de libros… han entrado por allí en más de medio siglo…»

8. Memorias de un desmemoriado

Años más tarde, en sus Memorias de un desmemoriado, Don Benito dijo:

[En 1862] Mis padres me mandaron a Madrid a estudiar Derecho y vine a esta Corte y entré en la Universidad donde me distinguí por los frecuentes novillos que hacía… escapándome de las cátedras, ganduleaba por las calles, plazas y callejuelas gozando en observar la vida bulliciosa de esta ingente y abigarrada capital. Mi vocación literaria se iniciaba con el prurito dramático, y si mis días se me iban en flanear por las calles, invertía parte de las noches en emborronar dramas y comedias. Frecuentaba el Teatro real, y un café de la Puerta del Sol, donde se reunía buen golpe de mis paisanos […] Omito lo referente a mi infancia, que carece de interés o se diferencia poco de otras de chiquillos o de bachilleres aplicaditos.

Madrid atrapa al joven estudiante recién llegado desde una pequeña ciudad de apenas 15.000 habitantes, alejada del progreso y de la cultura, sin teatros, sin bibliotecas, ni universidad. En Madrid está el progreso, la cultura, la política… es la capital y por sus calles desfila la Historia de España que tanto le interesaba ya desde su etapa de alumno del San Agustín.

Para ir y venir a Canarias desde Madrid, a mitad del siglo XIX, había que hacer un viaje épico de dos semanas en caballerías, barco y trenes. Por eso, los estudiantes canarios en Madrid, venía solo una vez al año y eso mismo hizo también Benito Pérez durante sus primeros años de estancia en la capital.

9. La de los tristes destinos

Cubierta de La de los tristes destinoscon la imagen de la reina Isabel II a caballo.

Cubierta de «La de los tristes destinos» con la imagen de la reina Isabel II a caballo.

Otro de sus dobles literarios de Benito Pérez Galdós es Santiago Ibero. Galdós escribióLa de los tristes destinos, ultimo Episodio Nacional de la 4ª serie, entre enero y mayo de 1907. El titulo de este libro es el apodo de la reina Isabel II, a la que conoció en París en 1902, en un encuentro preparado por León y Castillo, embajador de España en Francia, e íntimo amigo de los dos: de la reina y de Don Benito. En esta novela, Galdós crea un nuevo personaje  al que puso el españolísimo nombre de Santiago (patrón de España) Ibero (de Iberia, España) que se convertiría en el narrador de la quinta serie:. Así lo presenta en La de los tristes destinos:

«—El otro es un jovencillo de apenas veinte años, llamado Santiago Ibero, arrogante, guapísimo y muy inteligente.

—No le prenderían por su mucho talento y su guapeza. [Quien habla es la reina Isabel II]

—Le prendieron no más que por haberlo visto en la calle con un tal Moriones […] Pero le aseguro que Iberito no anduvo más en líos revolucionarios, ni sabe nada de eso. Añadiré tan solo que es de una gran familia y que su padre, el coronel D. Santiago Ibero, ha sido uno de los valientes defensores del Trono de Vuestra Majestad.

—Santiago… Ibero… murmuró la reina…

—A españolismo neto nadie gana a este chico que han preso injustamente, señora…Es valiente, es aventurero, es enamorado…»

La intervención de la reina provoca la liberación de los dos amigos y Leoncio Ansúrez, conociendo las penurias de Ibero lo invita a su casa:

«—… Tú te vienes conmigo a mi casa. No permitiré que andes rodando por posadas o casas de dormir, donde no faltarían soplones que te dieran otro susto…

—…¿A dónde voy yo con mis bolsillos demasiado limpios y con este cuerpo que ya no puede con tantas hambres y trabajos?… En tu casa me arreglaré la máquina y volveré a salir por esos mundos… Ya sabes que mi destino es correr, navegar por mares y caminos, y salir al encuentro de las cosas grandes que viene… si es que quieren venir… no sabemos de dónde…

10. Los 5 regresos de Pérez Galdós a Las Palmas

Cubierta de Las Palmas y Don Benito, un afecto mutuo.

Cubierta de Las Palmas y Don Benito, un afecto mutuo.

Que sepamos, al menos en cinco ocasiones volvió Benito Pérez Galdós a su Tierra después de 1862. Así lo atestigua Juan Rodríguez Drincourt, que fue secretario del Ayuntamiento de Las palmas de Gran canaria y durante mucho tiempo estuvo investigando en las actas de esta institución todo lo relacionado con Benito Pérez Galdós y luego trasladó a a su libro: Las Palmas y don Benito, un afecto mutuo:

 Primer regreso: después de cursar su primer año de estudios en Madrid, en junio de 1863 regresó a Las Palmas para pasar las vacaciones de verano con su familia, y tal vez en busca de su amor, su prima Sisita. Tanto prolongó su estancia en su casa del Monte, que al volver a Madrid se le había pasado el plazo de matrícula y tuvo que pedir la gracia de la prórroga para cursar Derecho Romano, Político, Administrativo y Economía.

Segundo regreso: también este año de 1864, concluido el curso, vino de nuevo a pasar la vacaciones de verano con su familia. Su padre ya era un viejecito de 80 años y, en su casa del Monte, Benito recuperó fuerzas y en septiembre volvió a Madrid embarcando en el vapor Almogávar.

Tercer regreso: siendo redactor de La Nacióny de la Revista del Movimiento Intelectual de Europa, con veintitrés años, regresa a las Palmas en 1866, esta vez por motivos políticos, pues siendo un hombre comprometido con las ideas liberales y, ante la tensión imperante en Madrid, que en ese verano se iban a producir sesenta fusilamientos, optó por refugiarse en la tranquilidad de la calle del Cano y la casa del Monte, y no regresó a Madrid hasta principios 1867.

Cuarto regreso frustrado: en 1868, al regreso de su segundo viaje a París con su hermano Domingo y su cuñada Magdalena, embarcó en Barcelona en el vapor América con destino a Las Palmas, pero cuando el barco hizo escala en Alicante, Galdós abandonó el barco, argumentando a su familia que tenía mucho que estudiar, y se dirigió inmediatamente a Madrid para asistir como espectador en primera fila a los acontecimientos revolucionarios que se estaban produciendo para destronar a la reina Isabel II, frustrándose el que pudo ser el 4º viaje de Galdós a Las Palmas. Era el mes de septiembre del 68 y Galdós llegó a Madrid a tiempo de presenciar en la Puerta del Sol la entrada de Serrano.

Cuarto regreso: en el verano de 1869 se produce el cuarto regreso a su ciudad natal: su hermano mayor, Domingo, está enfermo y en mala situación económica, su padre a punto de morir, sus hermanos mayores, todos en Cuba, también Sisita está en América. Don Benito regresó a Madrid entristecido por el panorama familiar.

Quinto regreso: el 18 de octubre de 1894 arribó a Las Palmas en el vapor Pío IX. Tenía don Benito 51 años y esta vez retornaba como insigne literato de celebridad universal. Según consta en el acta municipal, se omitieron algunas manifestaciones de regocijo como bandas de música, etc., en atención a que así lo rogó la familia a la alcaldía a consecuencia del reciente luto en que se halla por el fallecimiento de Magdalena Hurtado de Mendoza, esposa de Domingo Pérez Galdós.

También se dispuso, por unanimidad, en ese pleno colocar solemnemente en la casa natal, una placa conmemorativa. Y, finalmente, «se determinó grabar en loza de mármol los letreros de la calle que lleva el nombre del eximio literato de celebridad universal».

El 9 de noviembre se produjo el regreso de Galdós: «Una numerosa comisión de este Ayuntamiento despidió de la manera más afectuosa a nuestro eminente conciudadano, que embarcó en el vapor corre Hespérides, habiéndose significado por la banda municipal de música y otras demostraciones de honor la alta estima y las grandes simpatías de esta ciudad al célebre literato».

En estos veinte días de estancia en la ciudad, Galdós fue objeto de numerosos homenajes, entre ellos el celebrado en el Gabinete Literario, que le entregó el título de Socio de honor, haciéndole la entrega el General Bravo, que por cierto, comparte calle con Don Benito.

11. Conclusión

Benito Pérez Galdós leyendo su discurso de ingreso.

Benito Pérez Galdós leyendo en tertulia literaria.

Insistimos en que, aunque todavía haya gente que diga que Galdós se marchó renegando de su tierra para nunca más volver, eso es totalmente falso, como hemos podido leer en el epígrafe anterior.

En cinco ocasiones volvió Galdós a Las Palmas tras marcharse en 1862. ¿Por qué no vino más?, se preguntan muchos de los que alegan que Galdós no quiso saber nada de Canarias después de su llegada a Madrid ¿Fue porque renegaba de su tierra? No vamos a dar credibilidad a los que inventaron la infamia de que aquel día Benito se sacudió los zapatos para no llevarse a Madrid ni el polvo de Canarias. Esa leyenda se le atribuyó en el siglo XV a Teresa de Jesús con Ávila y alguien la desempolvó (nunca mejor dicho) cuatro siglos más tarde para aplicársela falsamente a Galdós.

En 1862, un viaje a Madrid podía durar hasta dos semanas siempre que se tuviera dinero para utilizar todos los medios de transporte necesarios: el barco, luego el tren, más tarde diligencias o animales de carga.… y vuelta al tren para llegar a Madrid. Y si le añadimos el horror de Benito a los barcos y la intermitencia de las salidas de estos (cada quince días), lo normal era que todos los estudiantes volvieran a Canarias solo una vez al año para pasar las vacaciones del verano

Pero es que, además, poco le duró la vida de estudiante a Benito Pérez, pues pronto empezó sus colaboraciones con las revistas madrileñas y a ver que tenía posibilidades en su carrera como escritor. Y si a eso le unimos que en Madrid tenía excelentes bibliotecas como la del Ateneo; los mejores teatros, como el Real; la política en la calle, donde se desarrollaban todos los acontecimientos trascendentales de la Historia de España que tanto le interesaba; la vida social  y cultural en contacto con escritores, músicos, artistas, etc. tendremos que ver normal que, tras publicar su primera novela, La Fontana de Oro, en 1870, viera las puertas abiertas a su triunfo como escritor y tomara la decisión de instalarse definitivamente en Madrid, aunque nunca olvidó a Canarias, su Tierra, «LA TIERRA DE GALDÓS».