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El centro escolar: UN ESPACIO ÓPTIMO para educar EN LA CULTURA DE LA MEDIACIÓN.


El inseparable binomio convivencia y conflicto se ha convertido en un elemento de prioritaria atención por responsables del Sistema Educativo en todos sus niveles. Los problemas de disciplina no parecen ceder ante el modelo sancionador, muy al contrario incluso puede agravarlos. El interés que en los últimos años se ha producido por el uso de […]

Autor: «Rita Ojeda Socorro» descargar pdf Descargar pdf. Publicado el Abr 15, 2003 en Actualidad (Revista 6) | 0 comentarios

El inseparable binomio convivencia y conflicto se ha convertido en un elemento de prioritaria atención por responsables del Sistema Educativo en todos sus niveles. Los problemas de disciplina no parecen ceder ante el modelo sancionador, muy al contrario incluso puede agravarlos. El interés que en los últimos años se ha producido por el uso de la mediación en el ámbito educa­tivo como modo de resolver los conflictos viene avalado por experiencias en otros ámbitos como el de mediación familiar,  penal juvenil o comunitaria.

El nivel más formal del que dispone esta sociedad para solucionar los conflictos es el judicial. En él un juez decide sobre la situación enfrentada y sus protagonistas. Sin duda dos vecinos que comienzan con insultos y acaban en el juzgado, probablemente terminan su pleito enfrentados para siempre. El uso del poder y la autoridad no significa satisfacción mutua, ni mucho menos solución del problema.

De igual manera, el alumno que es expulsado ocho días por insultar a un profesor no vuelve al centro con el problema solucionado; probablemente, el malestar generado entre ambos continua, el alumno vuelve molesto y el profesor sigue enojado con él, porque entre ellos no se ha posibilitado la comunicación que les permita analizar lo ocurrido, comprender el daño causado y plantear la manera de repararlo.

La capacidad de comunicarnos nos permite hacer uso del diálogo para transmitir lo que pensamos y lo que sentimos. La comunicación es la base de las relaciones interpersonales y a su vez estas relaciones son el soporte de nuestra convivencia.

Mantener una convivencia agradable y satisfactoria no significa evitar o ignorar los conflictos ya que los mismos  son inherentes a las relaciones. Por el contrario, sí que implica disponer de mecanismos de respuesta  que permitan hacer de los mismos un instrumento de aprendizaje y desarrollo personal, eliminando el malestar que se ha producido en una relación y recuperando el equilibrio de la misma. Cuando el conflicto es tratado como elemento destructivo, deteriora las relaciones llegando a dañar gravemente la convivencia.

En un centro escolar, donde conviven tantas personas y se producen conflictos tan variados, tanto en cuanto a sus protagonistas como a sus contenidos, se hace necesario contar con un reglamento de régimen interno (RRI) que regule la convivencia. El respeto a las normas que en él se reflejan, es equivalente a la disciplina, entendida ésta como el medio necesario para mantener el bienestar social. La indisciplina produce desequilibrio en el bienestar de la comunidad educativa y la entendemos como conflicto de convi­vencia. Los miembros de la comunidad tienen que actuar de alguna manera para recuperar el equilibrio.

Pero, ¿cómo se regula la convivencia en un centro educativo?

Cada centro, haciendo uso de la autonomía que le ha sido otorgada y respetando la normativa vigente relacionada con convivencia escolar, debe establecer en su RRI los diferentes niveles de respuesta a los conflictos. Desde los niveles más informales e inmediatos, a los más formales; desde las respuestas más sencillas a las más complejas; desde la implicación única de los protagonistas hasta la implicación de múltiples personas. Cada centro debe idear cuantas medidas considere preventivas para una convivencia pacífica y educativas para la integración, sin olvidar que las respuestas disciplinarias de carácter sancionador, incluidas en el nivel más formal, deben ser utilizadas de forma exclusivamente excepcional. Es precisamente en este contexto innovador, donde los miembros de muchas comunidades educativas han empezado a apostar por la cultura de la mediación, incluyendo en sus RRI la respuesta mediada como una medida de nivel intermedio, que incide, por un lado,  en la mejora de las relaciones, propiciando la autonomía y resolución de los conflictos desde el nivel más informal y, por otro,  previene el uso de los procedimientos más formales, incidiendo en la disminución de partes de disciplina y evitando la apertura de expedientes disciplinarios.

A modo de propuesta, podríamos hablar de tres niveles de respuesta a los conflictos:

a) Nivel de respuesta directa, donde  la conciliación entre los protagonistas es el procedimiento más natural y espontáneo. No obstante, si fuera necesaria la intervención de un tercero, el tutor o tutora es el referente preferente, quién actuará como conciliador, negociador, mediador informal, o incluso como árbitro (siendo el procedimiento de arbitraje de uso muy frecuente a pesar de tratarse de un modelo ganador-perdedor); es decir, con cualquier estrategia que resuelva el conflicto de forma satisfactoria para la convivencia.

Desde este nivel se interviene partiendo del supuesto de que cuanto antes pueda responderse al  conflicto y en la medida que menos personas intervengan para ello, se evitará que la situación conflictiva se torne más compleja.

Todo lo que pueda ser resuelto en este nivel, no debe pasarse al siguiente. Para potenciar sus beneficios, el entrenamiento en competencia social, el desarrollo de la inteligencia emocional  y la educación en valores deben ser constantes en la vida escolar.

b) Nivel de respuesta mediada o mediación formal, donde a través del servicio de mediación se lleva a cabo la respuesta a los conflictos. La mediación es solicitada directamente por los protagonistas de un conflicto o bien, cuando se ha producido una falta de disciplina, éstos han aceptado la mediación ofertada por un responsable de la convivencia (tutor/a, jefe/a de estudios, comisión de convivencia, etc., según esté determinado en el RRI).

c) Nivel de respuesta sancionadora, donde por la vía de expediente disciplinario, bien a través de la comisión de convivencia, haciendo uso del procedimiento conciliado; bien a través del consejo escolar, haciendo uso del procedimiento ordinario; se decide, por la autoridad que estos órganos tienen otorgada, la respuesta que debe darse al conflicto.

¿En qué consiste la mediación escolar?

Para responder a esta pregunta debemos considerar dos acep­ciones diferentes pero inseparables. La primera, la mediación como procedimiento para resolver un conflicto interpersonal; la segunda, la mediación como cultura de centro en relación a los conflictos de convivencia.

La mediación escolar como procedimiento para resolver un conflicto:

El problema es la actitud que tiene. No sabía que me tuviera tanta rabia. Ojalá  hubiese reaccionado de otra manera. No se merecía lo que le hice. Me pasé, de verdad que lo siento.Todo empezó por una tontería. Lo que realmente sentí fue tristeza.Ahora he perdido la confianza en ella. Estas expresiones forman parte del malestar que algunas personas han puesto de manifiesto cuando confrontan su conflicto con la ayuda de un mediador.

Para llevar a cabo una mediación se precisa a los protagonistas del conflicto (los mediados o las partes enfrentadas), que son las personas entre las que está el malestar, la incomodidad, el desacuerdo

o el daño causado; y el mediador o mediadora, que es la persona que va a guiarles y ayudarles a través del vehículo de la comunicación para que puedan resolver el conflicto y llegar por sí mismos a construir un acuerdo, encontrando una solución que les permita recuperar el bienestar  quedando ambos satisfechos. De ahí viene su descripción como modelo ganador-ganador. Además toda mediación respeta tres principios básicos: la voluntariedad de las partes para participar en el misma, la imparcialidad de la persona mediadora y la confidencialidad del proceso.

La “mediación entre pares”, denominación referida a los conflictos entre alumnos/as, donde el mediador/a es un compañero o compañera del centro, está resultando un modo de proceder muy bien acogido por el alumnado y valorado positivamente por el profesorado.

Cualquier miembro de la comunidad educativa puede ser mediador o mediadora, siempre que se haya formado para ello y sea legitimada su función como tal dentro del centro.

Como procedimiento de resolución de conflictos en el ámbito escolar, la mediación resulta una herramienta muy útil, ya que está demostrando su eficacia como mecanismo responsabilizador, fomentando la reparación responsable del daño causado a la

convivencia, además de mejorar la autoestima del alumnado quién sustituye la  “indefensión aprendida”, sentimiento surgido ante el uso de la sanción y el poder, por el sentimiento de autonomía, colaboración y compromiso inducido por el protagonismo que se le ofrece para solucionar su conflicto con otra persona. El propio procedimiento es en sí mismo educativo, porque ofrece un espacio para la expresión emocional controlada, así como para desarrollar pensamientos propios de la competencia social, como el causal o el alternativo y sobre todo porque ofrece una oportunidad para poner en práctica el pensamiento de perspectiva (ponerse en lugar del otro).

La mediación escolar como cultura de centro en relación a los conflictos de convivencia:

Educar en la cultura de la mediación es equivalente a educar para la paz. La mediación formal en el ámbito educativo aborda una prevención específica: la prevención de la conducta violenta como respuesta a los conflictos, apostando por el aprendizaje de respuestas pacíficas centradas en el diálogo. No se trata del mero uso instrumental y aislado de la mediación no formal, utilizada con la buena voluntad de algún profesor o profesora, porque así la prevención no sería eficaz. Se trata de sensibilizar a toda la comunidad educativa: alumnado, profesorado y padres y madres, para que asuma una nueva forma de responder a los conflictos como expresión de la cultura de convivencia del centro.

Así la comunidad educativa podrá comprender que la mediación no quita tiempo destinado al aprendizaje, sino que es un modo de aprender; no quita la autoridad a los profesores, pero sí hace innecesario el uso del poder;  no impide la participación de los padres, sino que busca su colaboración permitiendo que su hijo

o hija se haga cargo de su responsabilidad; no disculpa el daño

causado a la convivencia, sino que fomenta la reparación responsable. Actualmente en Canarias hay muchos centros iniciados en el camino de esta cultura. Comunidades educativas sensibilizadas con ella, que poco a poco van implantando en su centro un modelo de mediación, cuyas características forman parte de la decisión que se haya tomado en base a la autonomía personalísima del mismo.

No existe el mejor modelo, sino que el modelo propio de cada centro se construye en función de la ideología que, sobre convivencia, se tenga, y de las necesidades y  las características de cada uno.Así, se habrá decidido sobre cómo se solicita el servicio de mediación, qué tipo de conflictos pueden ser mediados, quiénes van a ser los mediadores del centro, cómo se van a formar, cuándo y dónde se atenderá el servicio, y cuantas decisiones se consideren necesarias tras la aprobación del proyecto de mediación en el Consejo Escolar.

Nuestra tarea educativa incluye dotar al alumnado de recursos propios para poder resolver pacíficamente los conflictos con los que deban enfrentarse y la mediación puede ser un buen instrumento para ello. Ni es el único, ni sirve para toda situación conflictiva, pero sin lugar a dudas es un camino que merece la pena recorrer.

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