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UN RETO COMPLEJO Y APASIONANTE: LA ORGANIZACIÓN DE LOS CENTROS


Una tarea especialmente compleja La cantidad de elementos diversos que intervienen en la gestión y organización de un centro docente complica especial­mente esta tarea. Podemos señalar: una estructura compleja con dos niveles (organización formal e informal); relaciones personales variables y dependientes de factores de difícil control; un entorno que influye en el centro a través […]

Autor: «Fidela Velázquez Manuel» descargar pdf Descargar pdf. Publicado el Abr 15, 2003 en Actualidad (Revista 6) | 0 comentarios

Una tarea especialmente compleja

La cantidad de elementos diversos que intervienen en la gestión y organización de un centro docente complica especial­mente esta tarea. Podemos señalar: una estructura compleja con dos niveles (organización formal e informal); relaciones personales variables y dependientes de factores de difícil control; un entorno que influye en el centro a través de colectivos  diversos (padres, Ayuntamiento, Administraciones, alumnos …) y con intereses muchas veces contrapuestos; canales de comunicación basados en condicionantes informales; mecanismos de autoridad que no permiten un control que sí es posible en otra organización de tipo empresarial; un grado de autonomía personal de cada profesor que tiende a aislarlo en su aula y, por último que, aunque el objetivo que la sociedad asigna a los centros educativos es claro, lo que después espera cada colectivo del centro educativo es distinto. A todo ello hay que sumar la inexistencia de un sistema de aprendizaje que pueda ser considerado como óptimo. Esto ocasiona una preocupante ambigüedad en las metas.

Alternativas

La dificultad y complejidad que entraña la organización y gestión de un centro puede facilitarse poniendo en marcha algunos instrumentos: 1) Dotando al centro de principios claros y diferenciadores, que

le confieran un estilo propio 2) Planteando una planificación que evite la improvisación e incertidumbre 3) Consiguiendo una mejor y más racional participación de todos los miembros de la Comunidad Escolar 5) Logrando una mayor coordinación de criterios, evitando los

profesores y clases aislados/asociales 6) Mejorando la comunicación en el centro 7) Abriéndose hacia el exterior, hacia el entorno

Esos instrumentos, básicos para poder trabajar en los centros de forma planificada, coordinada y controlada, evitan que caigamos en la improvisación y la rutina, y nos permiten tener

en cuenta los objetivos, principios metodológicos y criterios evaluadores que el centro se plantea en el proceso enseñanza-aprendizaje, dentro del marco institucional aceptado por todos. Este marco institucional  ha de contener,  esencialmente, el Proyecto Educativo del Centro (que define su línea ideológica

o filosófica), el proyecto Curricular del Centro y la Programación General Anual. En los dos primeros documentos se reflejan las decisiones a largo plazo y en el último las decisiones de carácter anual. Las disposiciones legales que establecen el nuevo Regla­mento Orgánico de Centros especifican que el Reglamento de Régimen Interior forma parte del Proyecto Educativo del Centro.

LA FILOSOFÍA EDUCATIVA

Cualquier organización que reúna a una serie de personas para trabajar juntas en busca de objetivos concretos, ha de plantearse qué es lo que se quiere conseguir. En las organizaciones educativas esos objetivos, esas metas, suelen estar implícitas, e incluso ocultas, concretándose pocas veces en documentos palpables consensuados y admitidos por todos. El cometido del Proyecto Educativo del Centro es hacer explícitas formalmente las metas y los objetivos educativos. La pretensión es formalizar y concretar las intenciones de los distintos grupos que componen la comunidad escolar, dotar de una identidad diferenciada al centro y plantear aquellos valores y principios que asume la comunidad escolar. El denominado (sin connotaciones) ideario del centro ha de ser la base desde la que se impulse el Proyecto Educativo del Centro, las ideas o filosofía desde donde parte su metodología y la perspectiva desde la cual el centro afronta el hecho educativo.Viene determinado por las señas de identidad del centro, que se definen a través del Proyecto Educativo del Centro, una vez se ha dado respuesta a las siguientes (y ya clásicas) preguntas:

 

FALTAN APARTADOS A B Y C

 

d.-¿Cómo vamos a organizarnos para conseguirlo?

Esta pregunta indaga en la estructura del centro y la res­puesta determina la forma que debe adoptar para desarrollar el PEC coherentemente con las metas o fines educativos y las prioridades filosóficas y peda­gógicas. Sobre todo incide en las formas organizativas (fun­ciones y funcionamiento de los órganos colegiados y uniperso­nales), en el sistema de normas que faciliten la convivencia y en las relaciones que se van a generar, puesto que se van a crear actitudes, y, sobre todo, un tipo de clima o cultura del centro, que facilitarán o dificultarán el trabajo en común.

Estos fines también han de regir la elaboración del Reglamento de Régimen Interno, puesto que ha de ser la base de la cultura de un centro, de su sistema relacional y de convivencia, y también de su organización, a través de las estructuras necesarias para desarrollar las actividades con las que conseguir satisfacer las necesidades y demandas detectadas.

EL FACTOR HUMANO:

Las relaciones profesionales y los modelos colaborativos

La formación del profesorado en el ejercicio profesional, un motivo para la satisfacción

El prestigio y la autoestima del profesorado pasa ineludible­mente por su preparación. Esa preparación, cada vez más, ha de ser polifacética. De un lado, el profesor ha de conocer bien su materia y esforzarse por ampliar y actualizar sus conocimientos. Pero no basta con saber, el profesor precisa también dominar los recursos didácticos necesarios para transmitir claramente sus enseñanzas: explicar bien, hacerse entender por los estudiantes y preparar cuidadosamente sus clases en función de objetivos válidos, actividades interesantes y técnicas adecuadas, que interesen, motiven y estimulen a los alumnos.Y ésta no es una actividad casual, que se pueda improvisar. La asistencia a actividades de formación permanente, ampliamente ofertada por la propia Administración Educativa, es la mejor garantía de un profesorado en activo permanentemente preparado e ilusionado con su actividad laboral, en una suerte de retroali­mentación, donde a mayor preparación mayor ilusión profesional y viceversa.

El trabajo en equipo: el modelo colaborativo

En los centros públicos es altamente interesante el empleo de esquemas de relación cooperativos, por la mejora que se produce en las relaciones humanas y, consecuentemente, en los consensos necesarios para hacer más viable la elaboración y puesta en práctica del proyecto educativo. Este modelo se caracteriza por interacciones frecuentes y estrechas, centradas en los procesos de cambio y capacitación, mediante las cuales grupos de profesores pueden ejercer sus propias opciones de valores y compromiso como procesos de mejora del centro. Los procesos de cambio tendrán éxito si todas las partes implicadas aceptan hacer compatibles sus puntos de vista y sus intereses, comprenden y asumen las metas consensuadas y se comprometen y asumen el esfuerzo. El modelo que hace posible este compromiso ha de tener características de equitatividad, corresponsabilidad, y formas no autoritarias de participación y decisión. Las acciones concertadas y compartidas facilitan los procesos escolares y la innovación en las mejores condiciones, plantean las necesidades asociadas y ayudan a buscar colabora­tivamente el modo de satisfacerlas y la movilización para identificar los problemas y tratar de resolverlos. En general, cada situación educativa demanda diversas funciones y actividades que sólo desde modelos colaborativos y consensuados son posibles de ser llevadas a cabo, dado que las actuaciones a menudo trascienden de los roles y funciones formales asignados a cada persona. La voluntad negociadora desde el principio de la relación permite armonizar las demandas y una división práctica del trabajo cooperativo aceptable y factible para todos. La estructura necesaria para este modelo relacional ha de ser flexible y exige una frecuente interacción y comunicación entre sus componentes, sobre la base de la revisión continua y la valoración abierta de los procesos consensuados. Esta exigencia permite el desarrollo de una serie de requisitos que apuntalan los modelos colaborativos, como la reflexión, la autocrítica y el autocontrol, lo que implica someter el propio trabajo a revisión continua procurando la participación respon­sable de todos los implicados para compartir, comprender y conciliar todas las posturas y planteamientos. Las situaciones compartidas de los modelos colaborativos dan lugar a un verdadero proceso de aprendizaje entre los protagonistas, construido progresivamente a partir de la capacidad de los participantes de generar cooperación, influencia mutua, nego­ciación, consenso, compromiso, reciprocidad, participación, comprensión y reconstrucción compartida de la realidad, en un proceso continuo y recursivo, que se construye a la vez que avanza. La interacción no se va a quedar en la resolución de aspectos inmediatos, sino que, lo que es más importante, contribuye al crecimiento profesional, mediante el desarrollo cooperativo de conocimientos, habilidades y actitudes con pretensiones de continuidad e integración en las dinámicas cotidianas de trabajo.Todo ello dará como consecuencia procesos de innovación y cambio en aspectos relevantes desde el punto de vista de la calidad del centro docente, como

  1. Cambios en la organización del centro
  2. Posibles cambios en la estructura de los puestos de trabajo de los docentes
  3. Mejoras en las condiciones materiales
  4. Flexibilización de tiempos
  5. Participación en equipos de trabajo
  6. Producción de materiales
  7. Mejoramiento de los liderazgos internos
  8. Niveles de autonomía

Estos procesos han de tener su foco principal en el centro educativo, pero es interesante, y a veces muy necesario, que cuenten con ayuda externa al centro en funciones asesoras.

Resumiendo, la existencia del trabajo en equipo es un factor de excelencia para los Centros Educativos públicos. Colaboración frente a competencia, eficacia frente a efectividad y trabajos de reflexión colectiva frente a individualismo ayudará a todos los estamentos educativos a modular una escuela que transite por caminos que conduzcan al desarrollo de la propia autoestima y la valoración social de la misma y consecuentemente a la mejor optimización de los recursos humanos del sistema. Es ésta, a nuestro entender, la piedra angular para el logro de la excelencia del sistema educativo público. Los modelos colabo­rativos son, en este momento, un marco de referencia que van a facilitar (o no) esa posibilidad. Si sabemos consensuar y comunicar adecuadamente nuestros objetivos lograremos la mejora de las actitudes, la motivación e interés progresivo por los objetivos comunes, y en la medida en que seamos copartícipes de un modelo de enseñanza pública que en recursos materiales y humanos nada tiene que envidiar a los otros sectores de la enseñanza, podremos compartirlo y comunicarlo de forma efectiva al resto de la sociedad. No obstante, esto exige desarrollar mecanismos (inexistentes o de actuación descoordinada en la actualidad) de información, comunicación, participación, toma de decisiones y otros elementos que se estimen que tengan que ver con un sistema relacional en red dentro de los centros educativos. Aspectos susceptibles de desarrollar desde modelos colaborativos

Los modelos colaborativos permiten la intervención y toma de decisiones en:

1. Desarrollos curriculares contextualizados y adaptados a las características diferenciales de los alumnos y las alumnas. Esto quiere decir que no existen modelos curriculares únicos para todos los alumnos y que, para la mejor optimización de los resultados, es preciso estudiar y ofrecer alternativas a los agrupamientos rígidos. En esta línea se plantean todas aquellas medidas pertenecientes al Plan de Atención a la Diversidad, como son el profesorado de apoyo al alumnado con necesi­dades educativas especiales, y las medidas extraordinarias de atención a la diversidad, que en la actualidad se plasman básicamente en los agrupamientos flexibles y los programas de diversificación curricular. En la misma línea, el estudio de medidas ordinarias de atención a la diversidad del alumnado y otras medidas ordinarias (criterios de evaluación, promoción y titulación, adaptaciones curriculares …) constituyen el obligado referente a consensuar previo a las medidas extraor­dinarias.

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