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LA DISCIPLINA ES AMOR


La disciplina no es una relación de esclavitud donde uno ordena y otro obedece aunque no esté de acuerdoAunque no es mía la idea que titula este escrito, me impactó escucharla en un grupo que se entrenaba en mejorar sus habilidades emocionales y me sirve ahora para compartirla con otras personas a las que les […]

Autor: «Juan Antonio Saavedra Quesada» descargar pdf Descargar pdf. Publicado el Abr 15, 2004 en Actualidad (Revista 7) | 0 comentarios

La disciplina no es una relación de esclavitud donde uno ordena y otro obedece aunque no esté de acuerdoAunque no es mía la idea que titula este escrito, me impactó escucharla en un grupo que se entrenaba en mejorar sus habilidades emocionales y me sirve ahora para compartirla con otras personas a las que les interese aplicar en su vida algunos aspectos positivos que surgen de esa igualdad. Sabemos que las dictaduras políticas reflejan y son reflejo de las relaciones que se establecen en otros ámbitos familiares, educativos y sociales; quizás mucha de la violencia actual contra las mujeres y en los centros educativos o de trabajo tenga relación con el tipo de disciplina, casi militar, con que muchos fuimos tratados en nuestra infancia o juventud: por copiarnos de nuestros educastradores o por rebelarnos contra ellos seguimos pensando y actuando desde conceptos y patrones de conducta que necesitan actualizarse. La disciplina no es una relación de esclavitud donde uno ordena y otro obedece aunque no esté de acuerdo, no es una im-posición o violación a la fuerza, no es pegar patadas o coscorrones ni golpear con un palo o un cinto, no es autolesionarse físicamente para disminuir los deseos sexuales, no es hacer gimnasia o ejercicios para tener un cuerpo rígido que armonice con una mente cerrada y dependiente, no es obligar a alguien a hacer o pensar o sentir o decir lo que no quiere, no es abusar de la fuerza física o de la jerarquía, no es manipulación psicológica, no es obligar a alguien a estar donde no quiere encerrado bajo llave o sin ver a personas con las que quiere estar, no es encerrarse en el dilema mental de yo gano tú pierdes a través de discusiones donde ambas partes tienen que tener razón, no es presionar a otro para lograr que haga algo a cualquier costo, no es la letra con sangre entra, no es quien bien te quiere te hace sufrir , no es poner al otro dentro de unos límites que no quiere ni tampoco quitarle límites que lo protegen para que estrelle su vida en cuanto haya una pendiente.

La disciplina es lo que uno necesita si quiere lograr algo, es la actitud o disposición a hacerlo hasta lograr la habilidad de hacerlo y la capacidad de tenerlo, es la decisión de aprender a descubrir la propia habilidad, es trabajar duro para encontrar el contexto donde lo que somos pueda hacerse real, es ensayo y error, es aceptar y aprender de los fracasos, es disfrutar de hacer lo que no nos gusta a corto plazo pero nos conviene y nos gusta a medio o largo plazo, es seguir los itinerarios cuando los hay que nos llevan a donde nuestro Ser quiere ir, es inventar caminos cuando no los hay para lograr las propias metas, es librarse de cualquier exigencia exterior y hasta de cualquier presión interior, es tener un tono emocional alto a pesar de los obstáculos imprevistos, es cuestionar qué hacemos y cómo lo hacemos para ver si nos da calidad de vida, es quererse a uno mismo para aceptar límites adecuados y para rechazar límites inadecuados. Hay muchas aplicaciones de este enfoque de la disciplina.

 

Por ejemplo, si uno quiere estudiar o adquirir un piso o tener un cuerpo determinado, es obvio que no basta la voluntad y el esfuerzo o el tener ganas, sino que necesita disciplina; necesita hacer un curso donde aprenda un método eficaz, o imitar a los compañeros que saben hacerlo, o inventar una forma que armonice con sus características personales, u organizar el tiempo y los gastos para ser constante hasta recoger los resultados. y si lo que queremos lograr es una relación de amor con alguien o con nosotros mismos, lo que necesitamos es justamente tener disciplina, el amor que nos ayude a poner los límites que cuidan dicha relación y quitar los que la destruyen. Si la relación es entre adultos puede resultar más fácil ponernos de acuerdo en los límites que conviene a ambas partes, pero en la relación con hijos o con menores de edad que no han aprendido a manejar ciertos límites puede ser más difícil, ya que los adultos tenemos que acompañarlos en el proceso de adquisición de la disciplina que, de alguna manera, es acompañarlos en la mejora de su autoestima. Este acompañamiento representa el difícil arte de la relación educativa: crear un contexto donde el educando pueda ser lo que es; implica que el educador ponga límites adecuados desde el amor y que el educando los acepte porque los reconoce ya como impuestos en su interior, sin caer en rebeldías contradependientes; y exige también que el educador quite límites inadecuados desde el amor y que el educando se los salte, sin caer en sumisiones conformistas o dependientes. En la práctica todos sabemos que, sobre todo en ciertas edades, se necesita mucha paciencia y comunicación para encontrar esa armonía entre límites y amor: ese es el desafío del título de este escrito.

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