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Algo se mueve
Se oyen voces. Voces que suenan y resuenan en un “des-concierto†de sonoridad social que se amplifi ca por el eco interno, hueco y profundo, de nuestras propias voces internas. Voces como:• Los inmigrantes que llegan a Canarias se benefi cian de las leyes sociales favorables a su condición.• Inmigración igual a delincuencia, drogas y problemas.• Los extranjeros vienen a quitarnos el trabajo a los canarios.
• El 80% del suelo de Canarias está en manos de extranjeros.
• Los extranjeros vienen para crear guetos y no se integran.
• Extranjeros sí, pero los que no dan problemas.
• Los inmigrantes dentro de poco serán mayoría y nos echarán a los canarios de las islas.
• No hay cama pa’ tanta gente, en Canarias no podemos acoger a todo el mundo.
• Un alumno extranjero en una clase queda muy bonito, pero o es un problema o se convierte en un jarrón
decorativo.
¿Qué nos están señalando estas voces?
Algo se está moviendo, no sólo geológicamente, sino en el plano sociológico. Igual que la naturaleza, nuestra cultura está mandando señales de que algo no funciona. Los escaparates mediáticos nos ofrecen el espectáculo de una seguridad social sacudida. Algunos síntomas de este “seismo cultural” son: las agresiones sexuales consentidas en la intimidad del matrimonio y en la “extremidad” de la sociedad; las toxicomanías permitidas a la vez que perseguidas; nuevos racismos con la exclusión de los diferentes (otra cultura, otra edad, otra salud, otra sexualidad,…); la delincuencia enmarcada en la trilogía de la hipocresía social: promoción desde la lógica del consumo, castigo desde el miedo al atentado contra el estilo de vida dominante, y amortiguación a través de la reducción de penas para resolver la culpabilidad social que ello provoca.
Algo no está funcionando, existen excesivas desincronías, las ruedas de lo comunitario están chirriando, y no basta con ponerle aceite. El problema está en la propia maquinaria y en su lógica de funcionamiento.
¿Qué podemos hacer con estas voces?
En primer lugar, concienciarnos de que existen. No estamos motivados a cambiar aquello de lo que negamos su existencia en nosotros mismos. El primer paso para el cambio es asumir que lo necesitamos, que existe algo que nos impide crecer. Los bloqueos emocionales que nos “enanizan” necesitan de nuestra negación para subsistir. Cuanto más nos disociamos de ellos más se arraigan en nuestro interior. Cuanto más tensamos la pierna para evitar el dolor que nos provoca la jeringa, más difiultad tiene ésta para curar. Porque el cambio implica dolor. Afrontar nuestra sombra, supone confrontarnos con nuestra propia miseria humana, y esto es desagradable, doloroso, y, como todo ser vivo evitamos el daño. Por eso en cuanto empezamos a asumir nuestros obstáculos personales como propios, a sentirlos nuestros, a dolernos, comienzan a “disolverse”, inician su desaparición. En conclusión, comenzar el proceso de cambio implica autoconciencia.
Segundo, localizar su procedencia y los efectos que producen. ¿De dónde vienen y hasta dónde pueden llegar? ¿Cuál es el sentido, el motivo, de su existencia? ¿Qué las sostiene y hasta qué punto nos condicionan? ¿Cómo se han instalado esas voces en nuestro escenario intra e interpersonal? ¿En qué medida nosotros mismos somos causa y consecuencia?
Y tercero, dialogar con ellas, para hacer visible lo invisible, es decir, a través del encuentro comunicativo con esas voces, entrar en diálogo con uno mismo para interiorizar y afrontar su existencia. Y este acto de visibilidad realizarlo en tres direcciones, visualizar en tres perspectivas:
• Hacer visible el fenómeno, porque el fenómeno de la inmigración se torna invisible a través de perversiones como: la cotidianidad intrascendente que provocan los medios de comunicación (una patera más, un ahogado más, un inmigrante más,…); la problemática de intensidad leve en las aulas que anestesia y acostumbra al profesorado (los enseñantes aguantan lo que le echen); o la inaccesibilidad territorial de las zonas con mayor presión migratoria (el “sur real” no se divisa desde la autopista).
• Hacer visibles sus raíces, lo que está enterrado, oculto en la trastienda. Ese poltergeist educativo al que no nos queremos enfrentar por no encontrarnos con nuestras propias sombras, como Fausto, cuando evitaba los espejos para no reconocerse en su propia miseria.
• Hacer visible las alternativas, porque no son fáciles de encontrar, no hay recetas. Se trata de un fenómeno complejo, como compleja es la realidad social en la que aparece y de la que surge. Demanda respuestas anticipadas. No vale aprender por mantenimiento a través del ensayo y el error. Debemos anticiparnos a los efectos, ofrecer respuestas innovadoras, creativas. En la línea de las palabras de Albert Einstein, cuando decía que si la humanidad quiere sobrevivir necesita otra manera de pensar, y yo añadiría de sentir. De modo que evitemos que la problemática nos estalle, y que nosotros estallemos con ella, como el volcán.
Al fi nal todo se resume con entender que “en una isla todos somos extranjeros”, y el volcán, simbólicamente, nos lo está recordando.
1) El marco de referencia.
Permítanme fi losofar. Interrogarme para situarme. Si perdemos el contexto, si el marco se desdibuja, el contenido se vacía de sentido. Los docentes estamos perdiendo de vista los interrogantes básicos, y uno de ellos es ¿para qué “va y viene” un niño o una niña a la escuela? Alejandro, uno de mis gemelos, el otro día, concretamente un lunes, me preguntó. Papá ¿para qué tengo que ir a la escuela? La respuesta surgió de manera automática: a aprender hijo. ¿Tenemos claro los docentes y el alumnado que el principal sentido de la escuela es promover el aprendizaje? Pero aprender ¿qué? ¿Saberes ya sabidos? ¿Instrumentos ya utilizados? ¿Actitudes ya preestablecidas? En la escuela se vive para aprender, pero no se aprende para vivir. Porque ese es el fi n último del aprendizaje: la vida misma. Y si eso es así, o por lo menos yo así lo creo ¿cuál es la meta de la educación? Pues el de la propia vida, y ¿para qué estamos aquí los seres humanos? Pues si me permiten la grandilocuencia: para ser felices. Las personas venimos programadas para alcanzar nuestra felicidad, en lo que se traduzca ese concepto depende de cada uno y de la sociedad y la cultura en la que se ubique el individuo. Lo que pasa es que los seres humanos somos tan paradójicos que construimos realidades culturales contrapuestas a nuestras verdaderas naturalezas, a nuestras esencias humanas. Y posiblemente con la escuela esté sucediendo algo en esta “ilógica”.
Pero ¿qué es la felicidad? ¿Cómo se traduce este valor terminal para que sea apresado y concretado en el trayecto, en el tránsito por nuestro recorrido vital hacia el proyecto? Nosotros (Rodríguez, 2001) hemos preferido utilizar el concepto calidad de vida, como un valor procesual que nos sitúa en las recursoscondiciones personales y sociales adecuados para el crecimiento individual y comunitario. La calidad de vida, ese término extremadamente ambiguo, y con una importante carga ideológica, pero que responde a la aspiración profundamente humana de generar nuevos patrones de existencia, que supongan una mejora del estado actual en que se encuentran los individuos y las sociedades. Es el margen con el que se ha dotado la especie humana para tomar aire y poder regenerarse, y con ello sobrevivir y supervivir. Por tanto, la calidad de vida sería el valor instrumental a través del cual nos orientamos en la consecución del fi n último: la felicidad, entendida esta en claves humanistas de autorrealización y realización social, es decir, sentirse bien con uno mismo y con los demás (Hernández, 2001)
Y para orientarnos en ese proceso de recreación social, de búsqueda de alternativas que creativicen a la sociedad, y que sirvan de guía en la construcción de nuevos modelos de calidad de vida, ¿cuáles serían los retos claves que se nos presentan?
a) LA CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD. ¿QUIÉN SOY?
RETOS CLAVE
LA CONSTRUCCIÓN DEL
PROYECTO
¿HACIA DÓNDE VOY?
LA CALIDAD
DE VIDA
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LA CONSTRUCCIÓN
DE LA
IDENTIDAD
¿QUIÉN SOY?
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LA CONSTRUCCIÓN
DEL
OTRO
¿QUIÉN ERES?
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Este primer reto tiene una importancia trascendental. Si no sabemos quiénes somos, difícilmente podremos definir hacia dónde vamos. Tedesco (1995), afi rma que en la actualidad tiene una gran importancia el papel protagonista que juega el sujeto en la construcción de la identidad. Si bien en épocas anteriores las identidades venían impuestas desde el exterior, hoy el centro está en la autonomía individual. Esto se ve acentuado por la ausencia de un modelo cultural hegemónico y el fenómeno del multiculturalismo.
b) LA CONSTRUCCIÓN DEL OTRO. ¿QUIÉN ERES?
En continuidad con lo anterior, una de las articulaciones para el desarrollo de identidades constructivas se sitúa entre lo propio y lo ajeno, es decir, realizar una síntesis creativa entre el yo y el otro, entre ser nosotros mismos y abrirnos a los demás. Y esto supone a nuestro juicio la identifi cación de la frontera, del “diferente”. Sin embargo, Tedesco (1995), advierte que aunque esta idea pueda parecer un contrasentido o una regresión histórica con respecto al ideal de la comprensión y tolerancia internacional, no lo es ya que este valor no implica la desaparición de la frontera, sino la exclusión del concepto del “diferente” igual a enemigo. Sus palabras son verdaderamente clarifi cadoras: “El peligro que encierra una visión ingenua o angelical de la educación sin fronteras consiste en dejar que los valores ligados a la defensa de la identidad sean expresados por las versiones regresivas, defensivas y tradicionales, cuya expresión actual son las diferentes formas de neocomunitarismo fanático que se expanden en diversas regiones y que, como respuesta, los valores de la globalización y la internacionalización sean expresados por una élite fi nanciera o tecnocrática, separada del resto de la población… El desapego a la nación que caracteriza a las élites que participan de la economía supranacional plantea el riesgo de que su sentido de responsabilidad no vaya más allá del vecindario” (Tedesco, 1995)
c) LA CONSTRUCCIÓN DEL PROYECTO. ¿HACIA DÓNDE VOY?
Csikszentmilhaly en su obra “Fluir” defiende que cuando actuamos al margen de nuestras metas, de lo que verdaderamente queremos, no nos sentimos felices. Y es que como nos recuerda Victor E. Frankl, el padre de la Logoterapia, a través de la cita del filósofo alemán Nietzsche: “Quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo”. Este autor en un precioso libro “El hombre en busca de sentido” nos aporta una profunda reflexión sobre cuál es el eje central de la motivación humana.
Porque como ya señaló Aristóteles lo que primero nos pone en movimiento es tener claro hacia dónde queremos caminar. Si no sufrimos el síndrome de Alicia en el País de las Maravillas, quien llegando a la bifurcación en el camino le pregunta al gato ¿qué camino he de elegir? Y el gato le contestó sabiamente: dime a dónde quieres ir, y te diré qué camino has de coger.
Y la escuela ante estos tres retos ¿qué? Tedesco, con estas prospectivas palabras da un paso hacia delante: “La escuela afronta, ahora, una doble tensión. Por un lado, la tensión entre el autoritarismo de las demandas identitarias y la liberación de las propuestas universales. Por el otro, la tensión entre la uniformización de las propuestas universales y el respeto a las diferencias. Una propuesta democrática supone asumir el polo de la apertura a lo universal a partir (el subrayado es nuestro) de una identidad propia, enfrentándose simultáneamente a la opción autoritaria de las identidades cerradas sobre sí mismas y a la opción de la apertura a-crítica ante los mensajes uniformes“ (Tedesco, 1995)
La escuela se me sugiere como un espacio donde propiciar el diálogo-síntesis entre estos tres retos, en clave educativa: reafirmando las identidades individuales, grupales y étnicas, a través del contacto con la diversidad cultural, en un ambiente de respeto e igualdad, en donde el hecho multicultural sea el pretexto catalizador que enriquezca la construcción sociopersonal de los y las escolares.
Y ¿cuál es el papel del enseñante en este diálogo? Como “mediador” educativo mediar entre la identidad cultural y la multiculturalidad. Concienciarse que está en medio del intercambio cultural que se está produciendo en su aula y centro. Y optar si “estar en el medio” es: observar, estorbar, ponerse de parte, dominar, quitarse del medio; o, por el contrario, si significa: contrastar, negociar, traducir, integrar, en definitiva, comprometerse.
2) La concreción educativa.
¿En qué se traduce todo esto en el ámbito de la educación intercultural? en Sansofé (“sean bienvenidos”). La filosofía anteriormente expuesta se concreta sintéticamente en este vocablo de nuestra extinta lengua aborigen. Sansofé significa ser yo mismo, ser distinto y peculiar, en actitud de apertura al otro diverso. Significa ser feliz yo, abriéndome a la felicidad del otro. Significa contestar a nuestros tres interrogantes básicos: ¿quién soy? (identidad), ¿quién eres? (interculturalidad) y ¿hacia dónde vamos? (desarrollo sociopersonal). Interrogantes estos traducidos en clave simbólica de la siguiente manera.
Por un lado, la IDENTIDAD CULTURAL, representada por la figura del guanche TINGUARO, hermano de Bencomo, Mencey de Taoro, y capitán guanche que lideró la victoria de Acentejo, quien luchó por el proyecto de conservar nuestra tierra y la libertad de sus pobladores. Porque por encima de todo estaba el proyecto de un pueblo que luchaba por no morir, y que moriría por seguir viviendo. Pero quien apiadándose de los vencidos no los remató en el campo de batalla, para, posteriormente, ser derrotado y ajusticiado. Con este primer núcleo daremos respuesta al interrogante ¿quién soy? desde la perspectiva cultural canaria. Porque antes de decir ¡hola! hay que contestar mínimamente esta pregunta relativa a nuestra identidad como pueblo. Se persigue con ello promover una favorable vinculación con nuestro hecho diferencial, así como ayudar a los que llegan a nuestra tierra a conocer e integrarse en nuestra realidad cultural.
El segundo núcleo aborda el vértice complementario de nuestro triángulo educativo: el encuentro con el otro-distinto, la comunicación intercultural, la INTERCULTURALIDAD, simbolizada por la fi gura benahorita de GAZMIRA, Francisca de Gazmira, la que un día salió de su isla como Chamatamen para más tarde regresar a su tierra siendo extranjera, con una cultura nueva y con una nueva misión: favorecer el encuentro entre aborígenes y castellanos; pero con el mismo amor a la humanidad que siempre tuvo a su pueblo. Intentó siempre intermediar a favor de su gente. El diálogo en medio de una guerra, el derecho a ser iguales y respetados en una conquista intolerante, a través de una educación
que permitiera defender la condición de igualdad humana. Orientamos con ello, nuestra mirada a la diversidad cultural, a la riqueza de valores, prácticas y estilos de relación que traen consigo el arco iris de alumnos y alumnas provenientes de las distintas nacionalidades y pueblos presentes en nuestras aulas, y el aprovechamiento educativo de esta realidad multicultural para alcanzar el objetivo de la convivencia ciudadana, meta a la que estamos obligados no sólo como valor educativo, sino también por una demanda social que tiene clara actualidad.
Y, por último, con el tercer núcleo trabajamos el eje temático en el que convergen los dos anteriores: el DESARROLLO SOCIOPERSONAL. Después de abordar la identidad y la interculturalidad confluimos educativamente en el objetivo del crecimiento socioafectivo del alumnado, simbolizado por la figura de la visionaria majorera TIBIABÍN, quien vaticinó la llegada en barcos de unos hombres de fuera con los que se debería pacificar por el bien de su pueblo. Su prestigio entre los majoreros por sus habilidades adivinadoras, hizo que las distintas apreciaciones y diferencias fueran superadas por los reyes majoreros, entonces fuesen respetados sus consejos y premoniciones. Su empresa no fue otra que ver más allá de lo superficial, de proyectar el presente en función de lo que ya había acontecido en otras ocasiones y de establecer una meta para el desarrollo vital de su gente. Precisamente lo que la caracterizó fue poner en juego la dimensión más radical que caracteriza nuestra esencia humana: la capacidad para trascender de nuestra realidad actual para orientarnos hacia la consecución de nuestros proyectos vitales y así atraer el futuro hacia la actualidad para hacerlo realidad. Con ello apostamos por la evidencia de que se puede mejorar educativamente la manera de ser de nuestro alumnado y que como enseñantes tenemos la exigencia ética de hacerlo no sólo por una cuestión filosófica o por unas circunstancias sociales determinadas, sino porque, como está más que comprobado, tales contenidos socioafectivos son una herramienta más que eficaz para mejorar la calidad educativa. Además por seguir en claves de actualidad, si hoy existe algún antídoto para los grandes males que aqueja nuestra sociedad es precisamente el de una personalidad confi gurada en torno a un conjunto de valores, actitudes, características de adaptación y habilidades sociafectivas que se orienten hacia la calidad de vida y la felicidad personal y colectiva.
3) Conclusión: La historia del secreto del diamante escondido.
Para finalizar me gustaría hacerlo con un cuento que ayudará a ubicar en su “justo” sentido este acto reflexivo que han supuesto estas líneas.
En un país muy lejano vivía un campesino. Un día, mientras trabajaba su campo vio algo que brillaba intensamente. Comprendió que se trataba de una piedra preciosa y que debía tener un valor enorme. Por un momento, su cabeza empezó a soñar con todo lo que podía hacer si vendía el brillante, pero enseguida pensó que la piedra era un regalo del cielo y que debía cuidarla y usarla solamente en caso de emergencia. Tuvo miedo de guardar la joya en la casa así que, cuando anocheció, salió al jardín, hizo un pozo en la tierra, entre los tomates, y la enterró. Para no olvidar dónde estaba enterrada la joya, puso justo encima del lugar una roca amarillenta que encontró por allí.
A la mañana siguiente, el campesino llamó a su esposa, le enseñó la roca y le pidió que por ninguna razón la moviera de donde estaba. El campesino como no se atrevía a contarle la verdad porque temía preocuparla, le dijo: «Esta es un piedra muy especial. Mientras esa piedra esté en ese lugar, entre los tomates, tendremos suerte». El matrimonio tenía dos hijos: un niño y una niña. Un día el niño le preguntó a su madre por la piedra del jardín.-Trae suerte- dijo la madre. Y el niño se conformó.
Una mañana, cuando el hijo salía para ir al colegio, se acercó a los tomates y tocó la roca amarillenta (aquel día tenía que presentarse a un examen muy difícil).
Sólo por casualidad, o porque aquel día el niño fue con más confi anza a la escuela, el caso es que el examen le salió muy bien y confi rmó los «poderes» de la piedra.
Aquella tarde, cuando volvió a casa, llevó una pequeña piedra amarillenta que colocó al lado de la anterior.-¿Y eso?- preguntó la madre.-Si una piedra trae suerte, dos nos traerán más suerte aún – dijo el niño con una lógica indiscutible.
A partir de aquel día, cada vez que el niño encontraba una de aquellas piedras, la llevaba junto a las anteriores. Como en un juego de complicidades o por acompañar a su hijo, también la madre empezó al poco tiempo a apilar piedras junto a las del niño.
La hija, en cambio, creció con el mito de las piedras incorporado a su vida. Desde pequeña le habían enseñado a apilar piedras amarillentas al lado de las anteriores.
Una noche, la niña esperó hasta tarde a que su padre volviera del campo, y le preguntó -Papá, ¿por qué las piedras amarillentas traen suerte? ¿Y por qué las verdosas no? ¿Y por qué tienen que estar entre los tomates?
-Mañana, hija, saldremos juntos al campo y contestaré todas tus preguntas
A la mañana siguiente, muy temprano, cuando todos dormían en la casa, el padre se acercó a la joven, la despertó y la llevó con él al campo.
-Mira, hija. Esas rocas apiladas guardan un secreto.
-¿Qué secreto, papá?
-Te lo diré. Todas esas piedras están entre los tomates para marcar un lugar determinado del jardín. Debajo de todas esas rocas está enterrado un valioso diamante, que es el tesoro de esta familia. Así como hoy comparto el secreto contigo, tuya será desde hoy la responsabilidad del secreto familiar..
Así, durante años y años, generación tras generación, los miembros de aquella familia acumularon piedras en el jardín de la casa. Se había formado allí una enorme montaña de piedras amarillentas, una montaña a la que la familia honraba como si fuera un enorme talismán infalible. Sólo un hombre o una mujer de cada generación era depositario de la verdad sobre el diamante. Todos los demás adoraban las piedras..
Hasta que un día, vete tú a saber por qué, el secreto se perdió. Quizás un padre murió súbitamente. Quizás un hijo no creyó lo que le contaron. Lo cierto es que desde aquel momento hubo quienes siguieron creyendo en el valor de las piedras y hubo también quienes cuestionaron aquella vieja tradición
.Pero nunca, nunca más, nadie se acordó de la joya escondida…(Bucay, 2002)
Este artículo puede que no sea más que un conjunto de pequeñas rocas de diferentes colores, amarillas, verdes o blancas, que sólo indican un sitio o un punto del trayecto, de este recorrido reflexivo por el territorio educativo. Pero no olviden el secreto de la joya escondida: lo realmente importante no son ni las piedras, ni el lugar que señalan, sino lo que hay oculto detrás de todo ello.
Sin tener totalmente cerrado en qué consiste esa joya oculta, debajo de este montón de palabras, una cosa si tengo relativamente clara, y es la convicción de que este empeño, por abordar anticipadamente la complejidad de la realidad multicultural de nuestras aulas, va a ser apoyado por el compromiso de quien lea estas líneas, pero sobre todo se verá confirmado en la mirada segura, comunicativa y solidaria de los alumnos y las alumnas cuando se reflejen en los ojos de sus iguales sean de la cultura que sean. Intuyo que ello será una prueba evidente quela educación ayuda a alcanzar la felicidad.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
Bucay, J. (2002). Déjame que te cuente… Barcelona. RBA Libros.
Csikszentmihalyi, M. (1990). Fluir: Una psicología de la Felicidad. Barcelona. Kairós.
Frankl, V.E. (1979). El hombre en busca de sentido. Barcelona. Herder.
Hernández, P. (2001). Creatividad y Vida. En A. Rodríguez (coordinador) Creatividad y Sociedad. Hacia una cultura creativa en el siglo XXI. Barcelona. IPSMA-Octaedro.
Rodríguez, A. (2001). Futuro y creatividad: Una mirada prospectivosocial sobre la creatividad. En A. Rodríguez (coordinador) Creatividad y Sociedad. Hacia una cultura creativa en el siglo XXI. Barcelona. IPSMAOctaedro.
Rodríguez, A. (2004). CD-Rom de Actividades Proyecto Sansofé. Santa Cruz de Tenerife. Recreas.
Tedesco, J.C. (1995). El nuevo pacto educativo. Madrid. Alauda/Anaya. |