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EL TALLER DE TEATRO EN SECUNDARIA: UNA EXPERIENCIA PROFESIONAL PERSONAL MUY GRATA


   Mª Silvia Marrero López   IES Doctoral   (Extracto del trabajo “El teatro de mi vida”, premiado con Mención Honorífica en el XXIX Concurso de Experiencias Educativas de la Editorial Santillana)              Voy a intentar transmitir en poco espacio lo que ha supuesto para mí la experiencia de impartir la optativa “Taller de Teatro” […]

Autor: «Mª Silvia Marrero López» descargar pdf Descargar pdf. Publicado el Ene 12, 2008 en Experiencias educativas (Revista 11), Revista 11 | 2 comentarios

   Mª Silvia Marrero López

  IES Doctoral

 

(Extracto del trabajo “El teatro de mi vida”, premiado con Mención Honorífica en el XXIX Concurso de Experiencias Educativas de la Editorial Santillana)     

        Voy a intentar transmitir en poco espacio lo que ha supuesto para mí la experiencia de impartir la optativa “Taller de Teatro” en la ESO. Es la historia de un “encuentro apasionado” que ha cambiado, sin duda, mi vida profesional y personal en los últimos once años.

         Cuando llegué con mi plaza definitiva al IES Arguineguín, en el sur de Gran Canaria, en 1997,  y me enteré de que tenía que impartir la optativa de Teatro en 4º de ESO, se me vino el mundo encima. Pero tenía delante de mí a unos alumnos que demandaban cosas y yo tenía que hacer algo: o me dejaba vencer o me preparaba para lo que me había tocado. Es evidente que elegí la segunda opción, y el tiempo me ha demostrado que es lo mejor que pude hacer.

         En el curso 98/99 me apunté a un Taller de Teatro para profesores que se hizo en Las Palmas, que fue muy largo y sin embargo nada agotador. Allí me dieron clase Mapi Sagaseta, Blanca Rodríguez y Sara Guerra, de las que aprendí muchas cosas, pero principalmente el esquema de la improvisación y la disciplina que necesariamente se debe imponer a un trabajo artístico. Esa disciplina, que empieza por uno mismo, ha sido para mí una clave importante y he querido trasladar siempre esta enseñanza al alumnado. A veces algunos compañeros del centro se asombran de que consiga que ciertos alumnos se aprendan un texto o asuman una responsabilidad, cuando en otras materias hacen todo lo contrario. Ese Taller para profesores me sirvió también para empezar a entender la importancia del Teatro como herramienta educativa.

        

    En los tres cursos que estuve en Arguineguín (97/98, 98/99, 99/00) hicimos trabajos muy “inocentes”, por llamarlos de alguna manera. Principalmente trabajos de aula (cuentos de Juan José Millás, versión “moderna” de Pinocho…), y para mostrar al público actividades con música. ¿Material? Muy normalito: lo que cada uno traía y lo que se podía fabricar con papel, cartulina, y poco más. La imaginación hacía el resto.

          …Y mientras, a mí ¿qué me estaba pasando? Algo se me colaba por dentro y me provocaba mucho entusiasmo. Los adolescentes que se apuntan en la optativa de Teatro lo hacen por cosas tales como: “vencer mi timidez”, “conocer gente”, “porque he visto cosas que se han hecho en el centro otros años y me apetece probar”, “porque soy muy vergonzoso”, “quiero superar el miedo escénico”, etc. Todo un reto para mí. Y yo les explico que no serán los mismos antes y después de pasar por unas clases de Teatro, y que lo que aprendan aquí les va a servir para la vida… Y es que trabajo con la parte más humana del alumnado. He tenido siempre con mis alumnos de Teatro una relación estrecha y entrañable. Lo que se vive en el aula es tan personal, que las emociones muchas veces están a flor de piel.              

          Las circunstancias hicieron que en 2001 me destinaran a un centro nuevo (llevaba un año funcionando) en El Doctoral, que es donde continúo. Encontré compañeros de Departamento muy agradables y un Claustro con muchas iniciativas y ganas de trabajar. Aún no se habían decidido las optativas de 4º de ESO, ¡qué alegría! Podía diseñar la optativa de Teatro y hacerle publicidad… y eso fue lo que hice. Empecé a ocuparme de la optativa de 4º de ESO en el curso 02/03. ¿Dónde? Pues en un taller construido para impartir Ciclos Formativos y que de momento podíamos utilizar. Ese taller se ha convertido con los años en una sala muy “digna”.

          En cuanto a mí, me apunté en la Escuela de Teatro del municipio. Pensé que todo aquello que les pedía a mis alumnos debía experimentarlo yo… ¡Y cuántas cosas descubrí! Para empezar, mi propio miedo escénico, mis barreras y bloqueos, el temblor de todo el cuerpoNo era tan fácil. Mi trayectoria personal estos años ha supuesto tener que vencer mis propios miedos, abrirme a los demás, y perder la “rigidez” corporal y mental para atreverme a “jugar” como una niña. Esto es como lanzarse a una piscina de cabeza…¡sin saber si hay agua! He pasado de ser una “directora”, que ordenaba y miraba, a mezclarme con mis alumnos y participar con ellos en los “juegos”. Este proceso de descubrirme a mí misma ha sido muy interesante y lleno de sorpresas. Por supuesto, todo este tiempo he seguido siendo espectadora de todo el teatro que he podido (intento absorber todo lo que veo, como una esponja), así como alumna de todos los cursos y talleres posibles y ponente yo misma de actividades… Pero sigamos con mis alumnos…

          Todos los trabajos que hemos hecho estos últimos años me parecen preciosos, pero recuerdo con mucha emoción los que hemos preparado para el Día de la Paz: en el curso 02/03 “Cuentacuentos para niños y ancianos”, y en el 03/04 “Sesión de Cuentacuentos en el Hospital Materno Infantil”.En 04/05 puse en marcha un Proyecto de Mejora de centros titulado “Entre bambalinas”, cuyo objetivo principal era dotar al instituto de unas instalaciones mínimamente adecuadas para trabajar el Teatro y cualquier otra manifestación artística. En años sucesivos he continuado trabajando con Proyectos a los que se ha ido sumando un grupo de profesores: “La vida es puro teatro”, “Pedagogía de la expresión” y “Faranduleando”. Con estos profesores ya he representado en el centro dos obras: Melocotón en almíbar, de Miguel Mihura y Un sueño del Siglo de Oro, de Pere J. Mascaró (este curso estamos preparando un musical). También hemos puesto en marcha talleres para formarnos.

         Mis alumnos de Teatro y yo hemos participado estos años en campañas de limpieza, publicidad relacionada con el Sida, crítica al Consumismo, Violencia de Género, Día de la Mujer, Día de la Paz… y en trabajos por pura diversión. A veces hemos manejado textos originales, otras veces adaptaciones, hemos hecho mímica, movimiento corporal, fotos, bailes, etc. El teatro es una vía muy eficaz para enseñar comportamientos, ilustrar situaciones que, incluso en clave de comedia, quedan en la conciencia. Siempre intento trabajar con la comedia, por un lado porque me gusta trasladar al público alegría y que salga con “buen rollo” de la sala, y por otro lado porque el público al que se dirigen los trabajos del centro es el propio alumnado y hay que engancharlo con el humor; si no, estamos perdidos. Algo que me preocupa mucho es que el aspecto lúdico que tiene la actividad teatral pueda hacer pensar que nos divertimos sin más. Por eso siempre intento que haya una reflexión sobre el trabajo que hace el alumnado en clase, quiero que ellos deduzcan de los ejercicios cuáles son mis objetivos y que comprendan que tiene todo “un norte”. Intento estructurar mis clases de modo que haya ejercicios para aprender “técnicas”, pero también para formar un grupo lo más compacto posible. Si eso no se logra, no vamos a ningún sitio. Esto es como estar en un equipo de cualquier deporte: debe haber conciencia de grupo, complicidad, confianza en el otro. El “enemigo”, si lo hay, es el público: es el que juzga, aplaude o se aburre.

           

De la Escuela de Verano de Ñaque (en la que hice un curso titulado “Pedagogía de la Expresión” en el verano de 2005) me traje una gran enseñanza de Fernando Bercebal: el Teatro es EXPRESIÓN en el sentido más amplio: corporal, lingüística, dramática, vocal, simbólico-matemática, plástica y hasta tecnológica. Expresión con el grupo, con los objetos, con el espacio, incluso no-expresión (silencio, quietud…) (“La trampa del teatro en educación”, Fernando Bercebal, artículo publicado en la Revista Ñaque, Teatro, Expresión, Educación, nº 38, Ciudad Real, febrero-marzo 2005). Esa ha sido la consigna principal de mi labor docente desde entonces, y una de las claves de los Proyectos que llevo en el centro:              introducir técnicas teatrales en el trabajo diario del aula, para mejorar las capacidades básicas del alumnado, o desarrollar aspectos de las distintas Programaciones partiendo de estrategias de tipo teatral. Esto último me parece esencial. El Teatro te ayuda a desinhibirte, a abrirte, a “jugar”, a dar las clases de otra manera y lograr una metodología de más calidad.  

        En un curso que será el último de vida para esta optativa, quiero concluir diciendo que desde el Teatro se puede trabajar TODO, y lo mejor: el enfoque es lúdico, interdisciplinar y favorece el compañerismo. Más aún: contribuye a desarrollar la expresión oral, pone “en marcha” la memoria,  hace que el alumno someta todo a análisis y critique el mundo, trabaja la lectura comprensiva, ayuda a ser mejor persona y a vencer los miedos… ¿Me equivoco o son capacidades básicas de la ESO? No hay nada que quede más en la memoria que un texto que “se levanta del papel” y de repente “vive”. Hacer Teatro gusta, subirse a un escenario es APODERARSE DEL MUNDO y controlar el ESPACIO que te rodea. Si se consigue hay un camino vital que se recorre y no tiene marcha atrás.

  “…mientras existan seres humanos existirá el teatro.” Ana Diosdado

“Un pueblo que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto está moribundo.” Federico García Lorca

 

 

 

 

 

 

 

Mª Silvia Marrero López

  IES Doctoral

 (Extracto del trabajo “El teatro de mi vida”, premiado con Mención Honorífica en el XXIX Concurso de Experiencias Educativas de la Editorial Santillana)     

        Voy a intentar transmitir en poco espacio lo que ha supuesto para mí la experiencia de impartir la optativa “Taller de Teatro” en la ESO. Es la historia de un “encuentro apasionado” que ha cambiado, sin duda, mi vida profesional y personal en los últimos once años.

         Cuando llegué con mi plaza definitiva al IES Arguineguín, en el sur de Gran Canaria, en 1997,  y me enteré de que tenía que impartir la optativa de Teatro en 4º de ESO, se me vino el mundo encima. Pero tenía delante de mí a unos alumnos que demandaban cosas y yo tenía que hacer algo: o me dejaba vencer o me preparaba para lo que me había tocado. Es evidente que elegí la segunda opción, y el tiempo me ha demostrado que es lo mejor que pude hacer.

         En el curso 98/99 me apunté a un Taller de Teatro para profesores que se hizo en Las Palmas, que fue muy largo y sin embargo nada agotador. Allí me dieron clase Mapi Sagaseta, Blanca Rodríguez y Sara Guerra, de las que aprendí muchas cosas, pero principalmente el esquema de la improvisación y la disciplina que necesariamente se debe imponer a un trabajo artístico. Esa disciplina, que empieza por uno mismo, ha sido para mí una clave importante y he querido trasladar siempre esta enseñanza al alumnado. A veces algunos compañeros del centro se asombran de que consiga que ciertos alumnos se aprendan un texto o asuman una responsabilidad, cuando en otras materias hacen todo lo contrario. Ese Taller para profesores me sirvió también para empezar a entender la importancia del Teatro como herramienta educativa.

        

       En los tres cursos que estuve en Arguineguín (97/98, 98/99, 99/00) hicimos trabajos muy “inocentes”, por llamarlos de alguna manera. Principalmente trabajos de aula (cuentos de Juan José Millás, versión “moderna” de Pinocho…), y para mostrar al público actividades con música. ¿Material? Muy normalito: lo que cada uno traía y lo que se podía fabricar con papel, cartulina, y poco más. La imaginación hacía el resto.

          …Y mientras, a mí ¿qué me estaba pasando? Algo se me colaba por dentro y me provocaba mucho entusiasmo. Los adolescentes que se apuntan en la optativa de Teatro lo hacen por cosas tales como: “vencer mi timidez”, “conocer gente”, “porque he visto cosas que se han hecho en el centro otros años y me apetece probar”, “porque soy muy vergonzoso”, “quiero superar el miedo escénico”, etc. Todo un reto para mí. Y yo les explico que no serán los mismos antes y después de pasar por unas clases de Teatro, y que lo que aprendan aquí les va a servir para la vida… Y es que trabajo con la parte más humana del alumnado. He tenido siempre con mis alumnos de Teatro una relación estrecha y entrañable. Lo que se vive en el aula es tan personal, que las emociones muchas veces están a flor de piel.              

          Las circunstancias hicieron que en 2001 me destinaran a un centro nuevo (llevaba un año funcionando) en El Doctoral, que es donde continúo. Encontré compañeros de Departamento muy agradables y un Claustro con muchas iniciativas y ganas de trabajar. Aún no se habían decidido las optativas de 4º de ESO, ¡qué alegría! Podía diseñar la optativa de Teatro y hacerle publicidad… y eso fue lo que hice. Empecé a ocuparme de la optativa de 4º de ESO en el curso 02/03. ¿Dónde? Pues en un taller construido para impartir Ciclos Formativos y que de momento podíamos utilizar. Ese taller se ha convertido con los años en una sala muy “digna”.

          En cuanto a mí, me apunté en la Escuela de Teatro del municipio. Pensé que todo aquello que les pedía a mis alumnos debía experimentarlo yo… ¡Y cuántas cosas descubrí! Para empezar, mi propio miedo escénico, mis barreras y bloqueos, el temblor de todo el cuerpoNo era tan fácil. Mi trayectoria personal estos años ha supuesto tener que vencer mis propios miedos, abrirme a los demás, y perder la “rigidez” corporal y mental para atreverme a “jugar” como una niña. Esto es como lanzarse a una piscina de cabeza…¡sin saber si hay agua! He pasado de ser una “directora”, que ordenaba y miraba, a mezclarme con mis alumnos y participar con ellos en los “juegos”. Este proceso de descubrirme a mí misma ha sido muy interesante y lleno de sorpresas. Por supuesto, todo este tiempo he seguido siendo espectadora de todo el teatro que he podido (intento absorber todo lo que veo, como una esponja), así como alumna de todos los cursos y talleres posibles y ponente yo misma de actividades… Pero sigamos con mis alumnos…

          Todos los trabajos que hemos hecho estos últimos años me parecen preciosos, pero recuerdo con mucha emoción los que hemos preparado para el Día de la Paz: en el curso 02/03 “Cuentacuentos para niños y ancianos”, y en el 03/04 “Sesión de Cuentacuentos en el Hospital Materno Infantil”.En 04/05 puse en marcha un Proyecto de Mejora de centros titulado “Entre bambalinas”, cuyo objetivo principal era dotar al instituto de unas instalaciones mínimamente adecuadas para trabajar el Teatro y cualquier otra manifestación artística. En años sucesivos he continuado trabajando con Proyectos a los que se ha ido sumando un grupo de profesores: “La vida es puro teatro”, “Pedagogía de la expresión” y “Faranduleando”. Con estos profesores ya he representado en el centro dos obras: Melocotón en almíbar, de Miguel Mihura y Un sueño del Siglo de Oro, de Pere J. Mascaró (este curso estamos preparando un musical). También hemos puesto en marcha talleres para formarnos.

         Mis alumnos de Teatro y yo hemos participado estos años en campañas de limpieza, publicidad relacionada con el Sida, crítica al Consumismo, Violencia de Género, Día de la Mujer, Día de la Paz… y en trabajos por pura diversión. A veces hemos manejado textos originales, otras veces adaptaciones, hemos hecho mímica, movimiento corporal, fotos, bailes, etc. El teatro es una vía muy eficaz para enseñar comportamientos, ilustrar situaciones que, incluso en clave de comedia, quedan en la conciencia. Siempre intento trabajar con la comedia, por un lado porque me gusta trasladar al público alegría y que salga con “buen rollo” de la sala, y por otro lado porque el público al que se dirigen los trabajos del centro es el propio alumnado y hay que engancharlo con el humor; si no, estamos perdidos. Algo que me preocupa mucho es que el aspecto lúdico que tiene la actividad teatral pueda hacer pensar que nos divertimos sin más. Por eso siempre intento que haya una reflexión sobre el trabajo que hace el alumnado en clase, quiero que ellos deduzcan de los ejercicios cuáles son mis objetivos y que comprendan que tiene todo “un norte”. Intento estructurar mis clases de modo que haya ejercicios para aprender “técnicas”, pero también para formar un grupo lo más compacto posible. Si eso no se logra, no vamos a ningún sitio. Esto es como estar en un equipo de cualquier deporte: debe haber conciencia de grupo, complicidad, confianza en el otro. El “enemigo”, si lo hay, es el público: es el que juzga, aplaude o se aburre.

           

De la Escuela de Verano de Ñaque (en la que hice un curso titulado “Pedagogía de la Expresión” en el verano de 2005) me traje una gran enseñanza de Fernando Bercebal: el Teatro es EXPRESIÓN en el sentido más amplio: corporal, lingüística, dramática, vocal, simbólico-matemática, plástica y hasta tecnológica. Expresión con el grupo, con los objetos, con el espacio, incluso no-expresión (silencio, quietud…) (“La trampa del teatro en educación”, Fernando Bercebal, artículo publicado en la Revista Ñaque, Teatro, Expresión, Educación, nº 38, Ciudad Real, febrero-marzo 2005). Esa ha sido la consigna principal de mi labor docente desde entonces, y una de las claves de los Proyectos que llevo en el centro:              introducir técnicas teatrales en el trabajo diario del aula, para mejorar las capacidades básicas del alumnado, o desarrollar aspectos de las distintas Programaciones partiendo de estrategias de tipo teatral. Esto último me parece esencial. El Teatro te ayuda a desinhibirte, a abrirte, a “jugar”, a dar las clases de otra manera y lograr una metodología de más calidad.  

        En un curso que será el último de vida para esta optativa, quiero concluir diciendo que desde el Teatro se puede trabajar TODO, y lo mejor: el enfoque es lúdico, interdisciplinar y favorece el compañerismo. Más aún: contribuye a desarrollar la expresión oral, pone “en marcha” la memoria,  hace que el alumno someta todo a análisis y critique el mundo, trabaja la lectura comprensiva, ayuda a ser mejor persona y a vencer los miedos… ¿Me equivoco o son capacidades básicas de la ESO? No hay nada que quede más en la memoria que un texto que “se levanta del papel” y de repente “vive”. Hacer Teatro gusta, subirse a un escenario es APODERARSE DEL MUNDO y controlar el ESPACIO que te rodea. Si se consigue hay un camino vital que se recorre y no tiene marcha atrás.

 

 “…mientras existan seres humanos existirá el teatro.” Ana Diosdado

“Un pueblo que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto está moribundo.” Federico García Lorca

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2 Comentarios

  1. Hola, ni nombre es Noemi, este ano Dios ma ha permitido ensenar teatro en tres nivele educativos primero, segundo y tercero de secundaria en Yucatan, Mexico. Me gustaria saber si conocen algunos libros para poder impartir este taller de los cuales me pueda basar para poder llevar a cabo la tarea que Dios me ha encomendado.
    Gracias por su atencion.
    Dios les bendiga

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