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No basta con hablar de igualdad de género en las aulas, debemos  pasar de las palabras a los hechos, y eso lo logramos con nuestros alumnos/as en clase, en el día a día, siendo constantes y no dando nunca ningún ápice de duda al respecto. Sólo así lograremos inculcar este gran valor en los niños/as

Por eso, como un buen comienzo para trabajar el lenguaje de género en el aula, podemos empezar por evitar que las mujeres usen el masculino, tanto los singulares como los plurales, cuando hablan refiriéndose a ellas mismas. Evitar también el uso exclusivo del femenino para las profesiones relacionadas tradicionalmente con ese “rol femenino”. Mostrar que las mujeres tienen las mismas posibilidades de elección que los varones y no estereotipar las imágenes de niñas, muchachas o mujeres adultas o mayores en actividades, profesiones, deportes, con uso de material, herramienta, equipo o juguetes, relacionados en exclusiva con el ámbito doméstico, sino también con instrumentos o juguetes más creativos e ingeniosos. Es necesario también promover la imaginación y la sensibilidad en ambos sexos y presentarlos en actividades o habilidades equivalentes.

Es importante que el alumnado, en su proceso de aprendizaje, encuentre ejemplos y ejercicios en sus asignaturas que incluyan sujetos femeninos y masculinos. Y sobre todo no utilizar el genérico masculino globalizando los dos sexos, porque con ello se sigue ocultando a las mujeres del lenguaje expreso y simbólico. Promover la utilización de ejemplos en donde aparezcan mujeres y niñas no tradicionales, resolviendo cuestiones importantes o en actitudes no pasivas. Las ilustraciones del cuerpo humano y su evolución deben incluir imágenes de cuerpos femeninos y masculinos. Cuando se trate de instrucciones para la resolución de ejercicios o exámenes, es preferible redactar directamente la acción: lee, escribe, reflexiona, etcétera, sin dirigirse solamente a un género.

Recordemos que con el lenguaje oral y escrito también se hace la equidad de género, no se trata de referirse exclusivamente a uno de los sexos sino de advertir que este mundo está formado por hombres y mujeres.

Vale la pena reflexionar en que las mujeres sí hemos dejado constancia de nuestra presencia y nuestros actos en el mundo. Si se quiere transformar la cultura y promover que deje de ser sexista; dejemos de reproducir “mujeres invisibles” dentro del aula, y que éste sea un espacio que incorpore formas de representación incluyentes mediante los distintos lenguajes.

A continuación en nuestro trabajo, pasaremos a plantear una serie de actividades que vamos a concretar en sesiones y que pretenden llevar a la práctica todo lo expuesto anteriormente. De modo general vamos a establecer un número de sesiones flexible, ya que estas podrán ser ajustables, las sesiones serán teóricas y prácticas. Partiremos de la exposición esquematizada de lo anteriormente dicho, para posteriormente concretar la exposición en actividades. Nos basaremos en estos temas fundamentales para dirigir las actividades.

1. La construcción de los derechos humanos en el ámbito público y en el ámbito privado:

– Elaboración de una declaración sobre derechos humanos

– Comparación con la declaración elaborada en 1948.

– Discusión sobre las violaciones a los derechos humanos en el ámbito privado.

2. La detección del sexismo.

– El sexismo en el lenguaje.

– El sexismo en la publicidad. Discusión a partir de anuncios publicitarios: La mujer en la publicidad.

 3. La representación de la violencia.

– Discusión sobre la violencia contra la mujer a partir de documentos de prensa y/o televisión.

– Elaboración de un mensaje para prevenir la violencia contra la mujer desde la adolescencia.

4. Investigación cooperativa sobre el sexismo y la violencia sexista.

5. Sesión de discusión final sobre la integración de los temas tratados con anterioridad en la propia identidad.

Hemos evaluado la adquisición de valores éticos en su mayor disposición para compartir sus conocimientos y sus opiniones. También hemos evaluado la capacidad de atención, asimilación y recopilación de datos. La capacidad narrativa en la redacción de las exposiciones orales y en el vocabulario utilizado, evaluaremos sus trabajos escritos tanto en presentación como en complejidad y profundidad. .

La agrupación de los alumnos en equipos heterogéneos (en rendimiento, en nivel de integración en el colectivo de la clase, en grupos étnicos, en género, en riesgo de violencia….), que ayuda a superar las segregaciones y las exclusiones que de lo contrario se producen en la escuela, a través de las cuales se perpetúan las que existen en el resto de la sociedad, y en las que se priva a los individuos de riesgo de las oportunidades necesarias para prevenir la violencia. Esta característica contribuye a luchar contra la exclusión, y a superar la desigual distribución del protagonismo que suele producirse en las aulas, que son el origen del desapego que algunos alumnos sienten hacia ellas y de muchas de las conductas de violencia.

Un significativo incremento del poder y de la responsabilidad que se da a los alumnos en su propio aprendizaje, sobre todo en las actividades en las que se les pide que desempeñen papeles adultos como expertos en diversas áreas (medios de comunicación, prevención, política…). Por ejemplo, elaborando la Declaración de los Derechos Humanos, un decálogo para erradicar la violencia escolar, o campañas de prevención contra la violencia de género dirigidas a adolescentes. Los resultados obtenidos han permitido comprobar que ayudar a los y las jóvenes a desempeñar el papel de expertos es muy eficaz. Cuando hacen de expertos contra la violencia, adquieren las habilidades formales que dicha actividad supone, y se apropian al mismo tiempo de sus objetivos: la justicia, la tolerancia y el respeto mutuo.

BIBLIOGRAFÍA:

ELBOJ, C. (2005): Comunidades de aprendizaje: educar desde la Igualdad de Diferencias.

Transformar la educación. Barcelona, Grao.

Curso de igualdad de género en las aulas (FETE-UGT) 2009