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DIARIO DE UNA MAESTRA QUE APRENDE UN NUEVO LENGUAJE


DIARIO DE UNA MAESTRA QUE APRENDE UN NUEVO LENGUAJE Autoría: Josefa Otilia Alemán Mendoza Centro: C.EI.P. Agustín Millares Carlo Correo electrónico: dalguhe.55@hotmail.com Lunes, 21 de febrero de 2011 8.30 horas.  Estamos en la fila para entrar en clase. ¡Hola!, ¡Buenos días!, saludos muy habituales en nuestra escuela  que transmitimos diariamente con la intención de crear […]

Autor: «Josefa Otilia Alemán Mendoza» Publicado el Feb 2, 2012 en NEAE (revista 14) | 0 comentarios

DIARIO DE UNA MAESTRA QUE APRENDE UN NUEVO LENGUAJE

Autoría: Josefa Otilia Alemán Mendoza

Centro: C.EI.P. Agustín Millares Carlo

Correo electrónico: dalguhe.55@hotmail.com

Lunes, 21 de febrero de 2011

8.30 horas.  Estamos en la fila para entrar en clase.

¡Hola!, ¡Buenos días!, saludos muy habituales en nuestra escuela  que transmitimos diariamente con la intención de crear unos hábitos de cortesía que ayuden a nuestros menores a integrarse en una sociedad donde las buenas maneras  les beneficien para ampliar sus horizontes.

¿Qué niña o niño  no se siente mejor con un lenguaje de bienvenida, con un gesto agradable, con una  sonrisa? ¡Algo tan simple que se ha olvidado dar en casa por las prisas!

El lenguaje es muy  especial  en nuestra sociedad.  Estamos rodeados de códigos visibles y otros no tan visibles, códigos ocultos que se escapan a la interpretación de un adulto, pero no a la apreciación de un niño/a.

A veces, como adultos, nos olvidamos de las peculiaridades de cada una de las personas  que nos rodea. Estamos acostumbrados y acostumbradas a ir a todo lo fácil; lo complicado nos abruma.

El  interés por comprender y transmitir otros  lenguajes de forma coherente  crea la posibilidad de  que nazca en nosotras y nosotros la imperiosa necesidad de aprender diferentes y nuevos  códigos que nos ayuden en nuestra labor diaria.

No es la primera vez que en mi camino, como docente,  encuentro  un centro de atención preferente donde se tiene especial consideración con el alumnado con  dificultades en audición y lenguaje,  dificultades motoras, dificultades visuales, alumnado de diferentes nacionalidades, etc…donde el objetivo primordial es la atención personalizada a cada niño y niña con estas características.

Este colegio es uno de ellos y la relación que se establece con las personas que intervienen en su educación, tanto sus tutores, como el profesorado especialista en cada uno de los casos, es de verdadero compromiso.

En este sentido y como profesora relacionada con este tipo de alumnado, me surge  la necesidad de realizar un curso para aprender el Lenguaje de Signos Español (LSE)  con el fin de comprender qué nos quiere transmitir una alumna con dificultades de audición, a mí como tutora, y al resto de la clase. Se crea una necesidad lingüística que implica a todas las personas que rodean a esta alumna.

Día 22 de febrero de 2011.

Hoy ha sido mi primer día en el curso de lenguaje de signos. Me ha gustado, y, aunque me parece un poco complicado,  quiero seguir aprendiendo para poder comunicarme plenamente con  mi pequeña amiguita. Tenemos que practicar mucho, nos ha dicho Isabel, la profe.

Estoy deseando que llegue mañana para  que Luz observe cómo sé decir su nombre y el mío y darle los buenos días en el lenguaje de signos.

Día 23 de febrero de 2011

Luz ha llegado a la fila y no he esperado a entrar en clase para darle los buenos días, para decirle su nombre y el mío en el lenguaje de signos. Me ha mirado asombrada y me ha contestado. Ahora la asombrada soy yo porque la he entendido.

Cuando hemos entrado en el aula les explico a mis alumnos/as lo que ha pasado y todos quieren repetir e imitan el saludo de buenos días a su amiguita. Luz se ríe y  mueve sus palmas en señal de alegría.

Mañana volveré al curso para seguir aprendiendo un poco más, con ilusión, porque los alumnos/as se lo merecen.

El mejor signo que te puede enviar un niño es su sonrisa y Luz la tiene todos los días.

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