El Proyecto de Psicomotricidad Aucouturier que se desarrolla en el CEIP César Manrique Cabrera, a cargo de la experta Silvia Mondelo, con la colaboración del Ayuntamiento de Teguise, ha dado un paso más durante este curso, y a las sesiones habituales en el gimnasio, se ha unido el proyecto de teatro. Se ha desarrollado en los recreos de los jueves y ha participado el alumnado de quinto y de sexto siguiendo el enfoque de esta técnica pedagógica, que prima la psicomotricidad y el movimiento para la maduración psicológica y emocional de la infancia, concibiendo las experiencias corporales como base para el desarrollo físico, emocional y cognitivo. Después de muchas sesiones en las que los niños y niñas han ido creando una representación teatral, con la orientación de Silvia, hoy miércoles 17 de junio ha tenido lugar el estreno ante todo el alumnado del tercer ciclo y padres y madres que pudieron asistir.

Para conocer mejor este proyecto, reproducimos el texto que nos ha enviado Silvia Mondelo sobre esta experiencia:

Presentación de la actividad en el día de hoy, a cargo de Bernardo, de 6ºA, mientras Silvia Mondelo escucha con atención.

El cuerpo, la palabra y la construcción de la identidad en el patio de los jueves.
Escribiendo un camino
¿Qué pasó cuando abrimos las puertas de un teatro durante la hora del patio?
Desde el pasado mes de marzo y hasta el final de curso, los jueves se
convirtieron en un día diferente para un grupo de alumnos y alumnas de quinto
y sexto de primaria en el que el teatro del colegio se transformaba en un
espacio con presencia, escucha, confianza y seguridad.
Esta iniciativa nació con un propósito claro: favorecer un lugar donde, a través
de la música, el movimiento y la palabra, los niños y niñas pudieran expresar
aquello que les preocupa, les inquietaba o, simplemente, les provoca un interés
por explorar de sí mismos junto a los demás. Una propuesta impulsada desde
la mirada de la Asociación Educere y acogida con ilusión por nuestro colegio.
Como parte de esta maravillosa comunidad educativa, no entendemos la
enseñanza como una mera transmisión de contenidos académicos. Apostamos
firmemente por una mirada global e integradora de la infancia: una mirada que
reconoce a cada niño y niña como un ser único, genuino e independiente.
Sabemos que, a través del juego, el movimiento y la relación con los otros y
con el entorno, los pequeños y los ya no tan pequeños no solo descubren el
mundo, sino que también se descubren a sí mismos y encuentran su lugar en
él.
Este enfoque pone en valor la subjetividad, los vínculos y los lazos afectivos
que se generan dentro de la escuela. Nos interesa fortalecer esos lazos y
recuperar la importancia de la palabra y del sentido profundo de la acción,
entendiéndolas como herramientas esenciales en la construcción de la
identidad de los niños que aquí habitan.
La experiencia acumulada en estos años nos confirma que cuando los
espacios están impregnados de seguridad y confianza, y permiten expresarse
desde el cuerpo y desde la emoción, se favorece un tránsito madurativo rico y
profundo: pasamos del “placer de la acción” al “placer de pensar”. Y ese viaje
es fundamental para una construcción personal sana, equilibrada y plena.

Para cerrar este ciclo, el proyecto no buscó el aplauso de una función
tradicional. La propuesta terminó en el colegio con un ensayo abierto al que se
sumaron el resto de los compañeros y compañeras, profesores y familias. Pero
no se trataba de mostrar una obra de teatro terminada, sino de metaforizar el
proceso creativo como un reflejo de sus propias vidas: algo vivo, en constante
transformación.

Vivimos en la era de lo inmediato. Todo parece diseñarse para ser obtenido ya,
rápido, empaquetado y con un filtro que oculte cualquier imperfección. En ese
ritmo frenético, el error se camufla y la espera se sufre. Sin embargo, en el
teatro, como en la vida misma, las cosas más verdaderas se cocinan a fuego
lento.

Durante este tiempo, este grupo se ha sumergido en una aventura diferente.
Ellos mismos eligieron las situaciones, levantaron la voz sobre los temas que
les importan y decidieron qué querían poner sobre el escenario. Por eso, el
ensayo abierto no fue un producto terminado. No había un lazo perfecto que
cerrara la historia, ni escenas pulidas hasta el cansancio. Lo que las familias y
compañeros presenciaron fue, orgullosamente, un proceso en construcción.

Elegimos mostrarlo así porque esta obra inacabada es el fiel reflejo de las vidas
de los niños y niñas que habitan este escenario. A sus 11 y 12 años, ellos
también están en plena construcción. Sobre el escenario y bajo él, están
aprendiendo a tejer los hilos de sus propias redes, a sostenerse en el otro, a
trazar y recorrer los mapas de su identidad. Su obra está sin perfilar porque sus
caminos también se están dibujando ahora mismo, de ahí que el título de que
le pusieron a su trabajo fue: “Escribiendo un Camino”

Decidimos compartir este trabajo con sus costuras a la vista porque creemos
firmemente que el verdadero valor está en el trayecto: en el debate de los
ensayos, en la valentía de mostrarse vulnerables y en el descubrimiento de que
crecer, como crear, requiere tiempo, ensayo y error. Invitamos a nuestra
comunidad a cambiar la mirada. No a buscar la perfección de un producto final,
sino a buscar la autenticidad de sus voces; a celebrar el valor de detener el
tiempo, de habitar el borrador y de aplaudir, más que un resultado, el hermoso
y paciente oficio de tejerse juntos.
El verdadero impacto de este espacio se lee en las resonancias y vivencias que
compartieron los propios alumnos al finalizar la experiencia. Sus palabras son
el testimonio vivo de ese tránsito madurativo:
 El valor de elegir el espacio: “Esto ha sido muy divertido y emocionante.
Ha habido momentos de nervios y de dudar si seguir o no, pero me he
atrevido, dejando el patio para otros días. Esto era importante para mí”.
 La seguridad y el no-juicio: “Ha sido una oportunidad para ver que nadie
se ha reído de mí”.

 El descubrimiento de nuevas pasiones: “Nunca me había gustado bailar
y ahora me quiero apuntar para el curso que viene a una escuela de
baile”.
 La superación y el sostén del grupo: “No pensé que podría hablar en
público y, aun teniendo nervios, cada vez estaba más tranquilo. Los
amigos me ayudaron”.
 Del caos al sentido: “Las historias que planteábamos al principio
parecían que no tenían sentido, y fueron cobrando sentido cuando
trabajamos los personajes…”.

El telón no se cierra, porque no hay telón para los caminos que se están
dibujando. Gracias a todos los que formaron parte de este viaje por
recordarnos la belleza de los procesos compartidos.

FELIZ VERANO