El pasado viernes vivimos una jornada muy especial visitando la Casa Museo del Campesino, uno de los lugares más emblemáticos de nuestra isla, situado en el corazón geográfico de Lanzarote. Este espacio forma parte del conjunto creado por César Manrique, quien quiso rendir homenaje al campesino lanzaroteño y a su capacidad de adaptación a un entorno volcánico único.
Un recorrido lleno de historia y tradición
Durante la visita, realizamos un recorrido guiado por Pedro Brito, que nos transmitió con una pasión increíble el valor de todo lo que íbamos descubriendo. Nos explicó cómo vivían nuestros antepasados, cómo trabajaban la tierra y cómo cada objeto tenía una función fundamental en el día a día.
Aprendimos el significado de palabras y utensilios tradicionales como:
catre del viento, destiladera, quinqué, apero, cobra, sálamo, serón, tanganilla, balde, zaranda…
Son términos propios de Lanzarote que forman parte de nuestra riqueza lingüística y cultural, y que no queremos que se pierdan. Fue emocionante comprobar cómo el alumnado escuchaba con atención y curiosidad, conectando con sus raíces.
Taller de barro: creando con nuestras manos
Después del recorrido, participamos en un taller de barro, donde cada alumno y alumna pudo moldear su propia pieza artesanal. Trabajar con las manos, sentir la textura del barro y dar forma a una creación propia fue una experiencia muy significativa. Además, cada uno pudo llevarse su pieza a casa como recuerdo de esta jornada tan especial.
El Monumento al Campesino
La visita concluyó subiendo al impresionante Monumento al Campesino, también conocido como Monumento a la Fecundidad. Esta gran escultura blanca, diseñada por César Manrique e inaugurada en 1968, simboliza el esfuerzo y la lucha del campesino lanzaroteño frente a un paisaje volcánico duro pero lleno de posibilidades.
Desde allí disfrutamos de unas vistas maravillosas de la isla y aprovechamos para hacernos una foto de grupo, poniendo el broche final a una jornada cargada de aprendizaje y convivencia.
Sumando experiencias
Esta salida nos ha permitido aprender fuera del aula, valorar nuestras tradiciones y comprender mejor la identidad de nuestra isla. Conocer de cerca nuestra historia, nuestro lenguaje y nuestro patrimonio nos ayuda a crecer como personas y a sentir orgullo por lo que somos.
Seguimos sumando experiencias juntos, construyendo recuerdos que nos acompañarán siempre.












