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Una noche de Finaos

Esa noche, el aire del pueblo olía a castañas asadas. Marta miraba desde la ventana cómo su abuela colocaba una mesa llena de cosas: nueces, higos pasados, almendras y una botella de ron miel. En el suelo, un brasero brillaba como un pequeño sol.

—Abuela, ¿por qué haces todo eso? —preguntó curiosa.
—Porque esta noche es la Noche de los Finaos, mi niña —respondió la abuela con una sonrisa—. Es la noche en la que recordamos a los que ya no están.

Marta se sentó a su lado y escuchó con atención. La abuela comenzó a contar historias de su infancia: cómo iban por las calles cantando folías, cómo los vecinos se reunían en las plazas, y cómo los niños tocaban las puertas preguntando: “¿Hay santos?” o “¿Hay Pan por Dios?”. En cada casa les daban pan, frutos secos, higos o algún dulce casero.

—Entonces… ¿era como el «truco o trato» canario? —preguntó Marta.
—Un poco —dijo la abuela riendo—, pero sin disfraces ni sustos. Era una forma alegre de recordar a quienes quisimos, de mantener viva su memoria.

Mientras hablaban, llegaron los vecinos con guitarras y timples. Pronto se llenó el patio de música y risas. Marta ayudó a repartir castañas y, por primera vez, comprendió que aquella noche no era de miedo, sino de recuerdo, familia y tradición.

Cuando las velas se fueron apagando, miró al cielo lleno de estrellas y pensó que, quizá, los finaos también estarían allí, sonriendo entre las luces.

Porque recordar a nuestros finaos es también recordar quiénes somos: un pueblo que celebra la vida, la memoria y la familia.
Al mantener vivas nuestras costumbres, enseñamos a las nuevas generaciones a valorar sus raíces, a respetar a quienes nos precedieron y a sentir orgullo por formar parte de esta tierra canaria llena de historia y corazón.

«Pan por Dios» y «Los Santitos»: el «truco o trato» canario
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