«Cualquiera que sigue aprendiendo permanece joven. Esta es la grandeza de la vida» (Henry Ford).

Nuestro compañero Moisés González Miranda, actualmente en el CEPA Icod de los Vinos, nos comparte su visión sobre la experiencia vital que supone retomar los estudios a nuestros mayores por medio de las enseñanzas que se imparten en los CEPA: la Formación Básica Inicial (FBI). Gracias por tu aportación, Moisés.

La educación para las personas adultas encierra cierta dosis de romanticismo a una escala superior, porque es el espacio para las segundas oportunidades. En las aulas de adultos se acoge al alumnado que fracasó en sus estudios porque tuvo un ataque de adolescencia, porque la madurez y la realidad del mercado laboral les abrió los ojos, o ( y estos constituyen el alumno tipo) porque, pasados los 40, los 50 y hasta los 60, han sentido la necesidad de formarse como personas que sienten que han vivido su vida en la emergencia del día a día, sin poder acceder al mundo misterioso de las matemáticas, la lengua o las ciencias sociales. Ese conocimiento que permite observar las cosas desde una atalaya más alta y por tanto, con una vista más completa de lo que nos rodea. Como profesor, los observo día a día desde la más profunda admiración: Luchan contra el óxido que los años han puesto en sus neuronas; se enfadan con los pocos gigas que les quedan de memoria; se avergüenzan de las faltas de ortografía, o se atacan de nervios ante el horizonte de un examen como si se estuvieran jugando el futuro laboral al que ya no aspiran por medio de un título… Pero permanecen erguidos en su pupitre, porque en el fondo saben que esa pasión, de segunda ola, por formarse , ese asombro diario con todo aquello que desconocían, les mantienen vivos, les hace más jóvenes. La Formación Básica Inicial (FBI) multiplica por mucho todo lo dicho. Está constituida, en su inmensa mayoría, por las personas de mayor edad. Esas que esperan con ansias a que termine el verano para reincorporarse a una formación infinita. Infinita porque no persigue un título de graduado en primaria, persigue tener la mente ocupada en tareas simples sin mayores pretensiones que la actividad mental en sí misma.

“Las señoras”, como se las llama en mi centro, son la “guardianas” feroces de ese espíritu especial de la enseñanza de personas adultas, las que la definen como una labor socio-educativa que supone, además, una inversión en salud mental y en el bienestar de ese alumnado, especial entre los especiales. Sólo desde el desconocimiento de esta realidad se entiende el intento de poner límite a los años en los que todas “las señoras” de los centros de adultos puedan asistir a sus clases de “activación mental”.  Pediría una rectificación a la Consejería de Educación, especialmente porque quienes tienen esa responsabilidad son quienes más tienen que poner en valor el deseo de formarse de por vida de aquellas personas que ven en la formación un objetivo en sí mismo y no un medio para la inserción laboral o el currículo. Sería desolador pensar que quienes tienen que fomentar la educación son los verdugos de quienes se quieren mantener jóvenes a través del conocimiento, porque han descubierto que, como diría Henry Ford, “esa es la grandeza de la vida”.

Moisés González Miranda

CEPA Icod de los Vinos

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