Innovación eres tú

Cada día son más numerosos los ejemplos que muestran las bondades del saber fronterizo e híbrido y del viaje que va desde el orden y la disciplinariedad hacia el desorden y la transdisciplinariedad.

La historia oficial del conocimiento corre en paralelo a la historia de nuestra modernidad o, dicho de otra manera, nuestra modernidad se sustenta en un relato concreto sobre el dónde y el cómo surgen y se difunden el conocimiento y la innovación. Es el relato del orden y la clasificación frente a lo azaroso y lo desestructurado. Del progreso gracias a la parcelación y a la demarcación. Nuestra modernidad es una historia de éxito soportada en los pilares de la autoridad sancionada, la estandarización, la especialización, la reducción y la simplificación. Pero es también una historia protagonizada sólo por unos pocos y dominada por las leyes de la escasez, de lo considerado importante y de lo dominante. Un relato que tuvo que ignorar la complejidad, la diversidad, lo pequeño y lo marginal para ser eficiente. Y que ignorando esa complejidad, tuvo que dejar de lado otros relatos posibles, otros actores, otras tradiciones y otras maneras de ver y hacer.

Salida del bote salvavidas James Caird de la Isla Elefante: Expedición Shackleton. 1916

La modernidad nos demandó simplificación y normalización. Simplificamos eligiendo, troceando, descartando, tomando posturas y excluyendo. Lo hicimos definiendo los espacios adecuados para la producción y la transferencia del conocimiento, las condiciones necesarias para el surgimiento de la innovación y las vías más adecuadas para la transmisión del saber, pero también dejando fuera mucho conocimiento, ignorando mucha innovación y apartando a muchos actores.

Los acontecimientos de las últimas décadas y de manera especial la irrupción de lo digital y de las lógicas digitales nos obligan (o mejor, nos permiten) a ver y a hacer las cosas de otra manera. En el ámbito de la gestión del conocimiento, la transformación digital nos invita a derribar muros y compartimentos y a sustituirlos por estructuras más porosas que favorezcan la mezcla y la hibridación. Cada día son más numerosos los ejemplos que muestran las bondades del saber fronterizo e híbrido y del viaje que va desde el orden y la disciplinariedad hacia el desorden y la transdisciplinariedad.

Hoy es ya evidente para todos que el conocimiento y la innovación son artefactos complejos y construidos, actividades humanas sujetas a valores, situadas, locales y fuertemente influídas por los contextos donde se desarrollan (Aprendizajes situados y prácticas procomunales. Lara y Lafuente). Hace tiempo que los lugares para el conocimiento, el aprendizaje y la innovación dejaron de ser espacios rígidos, cerrados y compartimentados para convertirse en estructuras abiertas y flexibles.

¿Qué es la innovación después de la Innovación?

Cuatro buceadores con trajes caseros, c. 1940s

Es abandonar el término Innovación, dejar de hablar por un tiempo de Innovación con mayúsculas. Olvidarnos de los grandes relatos, de los casos de éxito mil veces repetidos y de los términos grandilocuentes pero carentes de sentido para la mayoría. Despojar a la innovación de su carácter mítico, heroico, transformador, absoluto, inevitable y casi obligatorio. Dejar de lado, por un tiempo, conceptos que ocupan demasiado y resuelven poco como por ejemplo el de “innovación disruptiva” propuesto por Clayton Christensen (él mismo prefiere hablar ya de innovación híbrida). No se trata de invalidarlo. Se trata de poner el concepto en cuarentena, de cuestionarlo un tiempo, para después de un proceso más o menos largo de duelo, recuperarlo y volver a hablar de nuevo de innovación y cambio, pero ya no como algo que sólo pueden hacer unos pocos y en lugares concretos, ya no como algo abstracto y desprovisto de cuerpo sino como algo real, encarnado, concreto, situado y contextualizado, como aquello que hacen cada día muchas personas y muchos profesionales para resolver problemas y mejorar procesos.

Así la innovación después de la innovación sería lo que nos queda después de este proceso de expansión y ampliación. Sería la innovación producida por los olvidados, los que nos tienen voz, los privados de la palabra. Habría que adjetivar el concepto para descargarlo de su halo intocable y poder pasar entonces a hablar deinnovación mínima, de innovación real, de micro-innovación, de innovación amateur, de innovación invisible(Nirmalya KumarJohn HagelJohn Seely Brown), innovación modesta o de la innovación que surge en los márgenes, de la innovación marginal. Una innovación que no da nada por supuesto, no reclama grandes inversiones, ni espera reconocimientos. Una innovación que resulta de la suma de muchas pequeñas innovaciones, del trabajo continúo de muchos. Se trataría de recuperar aquellas historias que narran “lo pequeño y que nos muestran como modificaciones minúsculas llevan a grandes cambios” (A. Lafuente).

¿Cuáles son las rutas de la innovación educativa?

Son múltiples y diversas. No parten de los mismos sitios ni confluyen en un único lugar. Es un mapa complejo, reticular, descentralizado y desjerarquizado. Un mapa con múltiples preguntas y variadas respuestas. Casi más un atlas, al modo del historiador del arte Aby Warburg, un artefacto capaz de “reconfigurar el espacio, redistribuirlo, desorientarlo, dislocarlo allí donde pensábamos que era continuo, reunirlo allí donde suponíamos que había fronteras” (Georges Didi-Huberman). Una propuesta que conecta territorios y rutas tradicionalmente separadas.

Bicicleta con sidecar. ca 1940-45

Un atlas que nos muestra que hay, evidentemente, innovación en las grandes instituciones como Harvard y en los grandes ecosistemas innovadores como Silicon Valley, pero que también hay mucha innovación marginal, realizada en las pequeñas escuelas y en lugares remotos. Que hay innovación que surge en los centros pero también hay mucha innovación en las periferias y en los suburbios (Vídeo TED), tal y como señaló hace unos años Charles Leadbeater. Un atlas que reconoce la riqueza de las redes (Yochai Benkler). Que pone en evidencia que hay innovación hecha por profesionales cuya ocupación es innovar pero que también mucha e imprescindible innovación amateur. Y que ambas pueden y deben coexistir simultáneamente.

El fenómeno no es nuevo. Siempre ha habido innovación fuera del sistema educativo. Siempre ha habido “aprendizaje informal, marginal e invisible” (Cobo & Moravec), y siempre ha habido maneras diferentes de enseñar y de aprender, pero la diferencia es que ahora, en un mundo cada vez más global y homogeneizado, la tecnología nos ayuda a visibilizar lo marginal, atender lo particular y a conectar lo distante. Las tecnologías de la información y la generalización de la “cultura digital” hacen que, por primera vez, sea posible visibilizar, poner en valor y conectar toda esa innovación hasta ahora oculta e invisible.

 La tecnología nos ayuda a visibilizar lo marginal, atender lo particular y a conectar lo distante

Este proceso coincide además con un consenso cada vez mayor sobre la necesidad de transformar la educación, al tiempo que parece cada día más claro que esta transformación no surgirá desde los grandes proyectos de cambio, ni desde la anunciada innovación disruptiva, sino desde las pequeñas actuaciones de muchos.

Escribo al margen. George Perec

La transformación no vendrá desde la tecnología, como tampoco será una consecuencia de nuevas leyes, ni estará liderada por las administraciones educativas. Cada vez parece más claro que el cambio solo será posible desde el impulso de las personas y desde la suma de muchas pequeñas actuaciones. Desde las acciones de cada profesor, desde su centro educativo y trabajando con sus alumnos. Las soluciones deberán llegar desde las pequeñas acciones, desde el trabajo diario y desde proyectos reales.

Nuestro atlas deberá prestar atención al territorio de la innovación tecnológica y al de la innovación metodológica y pedagógica. Y en este sentido es más válida que nunca la afirmación de que las tecnologías modelan las pedagogías y que las pedagogías modelan las tecnologías. Nuestro mapa deberá trazar también la ruta de la innovación organizacional (Alive in Swamp. Fullan & Donnelly. Nesta). Ni la innovación tecnológica, ni la pedagógica pueden existir sin innovación organizacional que favorezca estructuras más dinámicas, más flexibles y más abiertas. Deberá mostrarnos la innovación dirigida y planificada pero también la innovación azarosa y casual.

Las rutas y los caminos transitan distintas tradiciones y dan respuesta a diferentes necesidades. Algunas están centradas en las nuevas formas de aprendizaje, en cómo se están diseñando, pensando y construyendo los nuevos entornos de aprendizaje en la Red y cuál es el nuevo rol del profesorado. Hay otras ocupadas de incorporar el desarrollo colaborativo, el uso de las redes sociales, los nuevos dispositivos y el aprendizaje por competencias. Hay quien está explorando el territorio de los aprendizajes no reglados, el aprendizaje informal yla educación expandida. El aprendizaje sin aulas, desintermediado,  entre pares. O quien se preocupa más por la naturaleza cada vez más social y participativa del aprendizaje y los aprendizajes colaborativos.

Desde la perspectiva de la prospectiva y la tecnología hay numerosos estudios (Innovating Pedagogy 2012. Open University) que señalan hacia cosas como la flipped classroom, los moocs, la incorporación de los dispositivos móviles (byod), la personalización, la realidad aumentada, el aprendizaje basado en juegos, elaprendizaje adaptativo, el learning analytics (NMC Horizon Report. K-12. 2013 edition).

Five Golden Rings. Jeff Babbitt

Nuestro atlas debe dar respuesta a cuestiones como el aprender desde los expertos, el aprender con otros, el aprender haciendo, el aprender explorando, el aprender investigando, el aprender practicando, el aprender evaluando y el aprender en cualquier lugar y en cualquier momento.

En todo caso, sean cuales sean las respuestas y las aproximaciones, parece claro que estamos en el momento de hacer micro-innovación educativa, microcirugía de aprendizaje, de dejar de lado las grandes operaciones, las grandes instalaciones y las grandes leyes para hacer Innovación educativa que desarrolle la innovación y la creatividad, mejore la calidad y la eficiencia de los resultados, favorezca el aprendizaje a lo largo de la vida y de la movilidad una realidad y que promueva la equidad y una ciudadanía activa.

¿Cómo se pueden crear nuevos espacios para la innovación?

Siempre hubo sitio para lo distinto, lo marginal, lo alternativo y lo crítico. Junto al orden siempre hubo desorden. Al lado de una academia siempre hubo un café donde debatir y, enfrente del laboratorio universitario y de las protocolizadas salas blancas de investigación, siempre hubo garajes donde innovaban otros y espacios donde se seguían otros protocolos. Frente a los expertos siempre hubo aficionados y amateurs. Junto a la metrópoli siempre hubo periferia. La innovación no siempre surgió donde se la esperaba.

En los últimos años, hemos presenciado el continuo descubrimiento de nuevas formas de crear, inventar y trabajar juntos. La Red se ha convertido en un espacio de encuentro entre personas con diferentes tradiciones y sensibilidades y en un espacio de serendipia y descubrimientos azarosos impulsados por la cultura de lo abierto, la colaboración y lo transversal. Un espacio de ensamblaje y creación posible gracias a las múltiples y no previstas conexiones que se dan entre personas, objetos y saberes provenientes de diferentes tradiciones, sensibilidades y trayectorias. Un mapa que conecta lo minúsculo y lo insignificante, lo raro y lo común. Lo periférico y lo olvidado.

Botadura del James Caird. Expedición Shackleton. 1916

Los últimos años hemos asistido también al surgimiento de nuevos espacios caracterizados por ser al mismo tiempo lugares físicos y comunidades digitales, por ser transdisciplinares en su concepción, estar impulsados desde los ámbitos de lo público en ocasiones pero también desde lo privado, lo ciudadano y lo comunal. Nuevos espacios para innovar, para trabajar, para enseñar lo que uno sabe y para aprender de los otros. Nuevos espacios más aptos para abordar la naturaleza híbrida, compleja, local y situada de las cosas. Nuevos espacios que han explorado formas de producción, comunicación, relación, gestión de proyectos y aprendizaje colectivos. Lugares que valoran lo informal y se construyen sobre estructuras de organización descentralizadas.

En la Era de la desintermediación del aprendizaje es cuando el papel de los profesores cobra, si cabe, más importancia

Lo importante entonces sería ser capaces de crear los entornos y las condiciones para que esta innovación surja y, también, ser capaces de amplificarla, conectar un nodo con otro, escalar las nuevas redes de innovación que están surgiendo. Y esto es especialmente relevante en el ámbito de la educación donde cada profesor ha sido históricamente y potencialmente un centro de innovación pero un nodo en muchos casos aislado y desconectado, ignorado e invisible para otros.

La transformación digital trae consigo (lo hemos visto en muchos otros ámbitos) la capacidad de relacionar y poner en contacto nodos individuales o pequeñas redes de innovación, amplificando enormemente su alcance e influencia y provocando un efecto transformador en cadena. La transformación del sistema educativo parece entonces que sólo puede provenir de la creación de entornos que favorezcan y apoyen el aprendizaje en red y conectado. Por eso, pensar en los nuevos espacios para la innovación educativa, nos lleva a las personas. En la Era de la desintermediación del aprendizaje es cuando el papel de los profesores cobra, si cabe, más importancia. Y los nuevos espacios para la innovación educativa serán aquellos que mejor respondan a las características que estamos definiendo de apertura, conectividad, colaboración, horizontalidad, diversidad, relevancia (Connected Minds. Francesc Pedró). Espacios inclusivos, distribuidos y conectados. Espacios de comunidad y de contenidos. Flexibles y cambiantes. Digitales y físicos. Híbridos.

Fuente:  http://carlosmagro.wordpress.com/

Autor: Carlos Magro

¿Cuáles son las 10 emociones positivas más importantes?

La positividad es una elección de vida, la gente que desarrolla esta cualidad generalmente tiene un desempeño superior en las diferentes esferas de su vida. Las emociones positivas que mencionamos en este artículo son objeto de las mayores investigaciones a nivel científico y, la Dra. Barbara Frederickson  PH. D – ganadora del “Highest Templeton prize in Positive Psychology”- después de años de  estudiar las experiencias emocionales de cientos de personas  (estudiantes universitarios, hombres de negocios y mujeres en la mitad de la vida) considera que estas 10 formas de positividad son las que  “colorean” más frecuentemente  el día a día de la mayoría de las personas y, que el cultivarlas tiene un efecto directo en nuestro bienestar.
Alegría:  Sucede en un instante, cuando nos encontramos en un ambiente familiar y seguro.  Aparece en aquellos momentos “perfectos” (un domingo con la familia, una felicitación inesperada) donde sentimos que   las cosas son exactamente como deberían de ser y estamos justamente donde deberíamos estar. 

Gratitud: Es un momento en el que te das cuenta que alguien hizo mucho más por ti de lo que era necesario, tal vez un vecino, un maestro o un mentor. La gratitud abre nuestros corazones y activa en nosotros el botón de la “’reciprocidad” genuina que nos mueve a hacer algo por aquella persona que nos hizo tanto bien.

Serenidad: Al igual que la alegría, la serenidad se da en un ambiente familiar y seguro, pero es una versión mucho más relajada, sostenida y sutil. Se disfruta cuando estamos totalmente presentes y conscientes de lo que estamos viviendo, desde disfrutar al comer un  antojo, hasta estar completamente inmersos en un momento de contemplación.

Interés:  Es un estado más elevado donde algo nuevo llama nuestra atención inspirándonos y provocándonos fascinación y curiosidad.  A veces se despliega como un abanico de nuevos retos que te permite mantener en crecimiento tus habilidades; esto nos mantiene despiertos, vigorizados y sintiéndonos realmente vivos.

Esperanza:  Aunque la positividad se genera cuando te sientes seguro y familiar, la esperanza es la excepción. Esta se genera cuando las circunstancias son difíciles o adversas y nos ilumina como un faro de luz, que refuerza nuestra creencia de que todo puede cambiar y mejorar.

Orgullo: Es una de las emociones catalogadas como de “auto-conciencia”, y muchas veces tiene una connotación negativa al asociarlo con los pecados capitales como la soberbia.  Si se mantiene balanceada con algo de humildad, su positividad está en  que nos  permite atribuirnos los logros que resultan de un esfuerzo genuino y de un trabajo duro. 

Diversión:  La encuentras en  aquello que te hace reír y te permite la recreación; es a veces una inesperada chispa que brota de manera espontánea y que te ayuda a cambiar o a “refrescar” tu perspectiva.

Inspiración: es como una bocanada de oxígeno que toca tu vida, tu corazón y tu mente exaltando tu imaginación, tu creatividad y tu motivación. Sentirse inspirado por algo o alguien dispara tu atención y le da calidez a tu corazón.

Asombro: Se origina al reconocer la sensación de estar en presencia de algo mucho más grande que nosotros mismos. Puede darse al contemplar un atardecer, al observar la vía láctea o al sostener la cabeza de un recién nacido, esos momentos de magnificiencia y belleza recargan nuestra energía.

Amor: Es la emoción positiva más frecuente y abarca todas las anteriores. Cuando sentimos amor nuestros cuerpos tienen una reacción biológica que incrementa nuestros niveles de oxitocina y progesterona, aumentando nuestra sensación de bienestar y reduciendo nuestro nivel de  estrés, lo que sin lugar a dudas  mejora nuestra salud y  calidad de vida.

¿Cómo cultivar estas emociones?

Un buen principio es analizar qué tiempo de pensamientos y acciones te provocan  estas emociones positivas y tenerlos claro para generarlas cuando necesites sentirte bien, entusiasmado o en calma. 

Otra idea es crear un portafolio en tu computadora con imágenes que te provoquen estas emociones: fotografías de personas, vivencias o lugares, música, citas o lecturas o cualquier elemento que te permitan transformar tu estado emocional.

Fuente: Positivity – Groundbreaking Research to release your inner optimism and thrive-Barbara Frederickson.


Un kamishibai muy especial

Maria y el Kamishibai

Si es cierto que el kamishibai nació en el siglo XII, en los templos budistas de Japón, los monjes de aquel remoto tiempo deben haberse divertido horrores dibujando y escribiendo los pergaminos (llamados emaki) que usaban como complemento visual para narrar fábulas morales a un público humilde y analfabeto.

Kamishibai significa en japonés teatro de papel o espectáculo de cuentos dibujados. Es una técnica de narración oral en la que el cuentista o gaito kamishibaiya se apoya en un escenario de madera en el que van apareciendo diferentes láminas a medida que avanza el relato.

El kamishibai tuvo un renacimiento a partir de los años 1920, como una forma de paliar la crisis económica que asoló a Japón en esa época. Se ha estimado que a principios de la década de 1930 en las calles de Tokio había alrededor de dos mil kamishibai callejeros en acción. Muchos desempleados se trasladaban de barrio en barrio con su kamishibai a cuestas (o en una bicicleta) con la esperanza de ganarse unas monedas narrando cuentos.

Al llegar a un emplazamiento, los gaito kamishibaiya golpeaban sonoramente dos pedazos de madera unidos por una cuerda (hyoshigi) para convocar a chicos y adultos. A menudo se trataba de historias con continuidad, y la audiencia quedaba a la espera del retorno del narrador para conocer qué le sucedía al héroe en el próximo episodio. Sin embargo, con el decursar del tiempo la narración se fue convirtiendo en un simple pretexto para atraer a las personas y venderles dulces, y se vulgarizó, descuidando su esencia artística y educativa.

La irrupción de la televisión en los años 1950 y, posteriormente, de los juegos de video, asestó un duro golpe a esta antigua tradición. Pero, rescatado por artistas y educadores, el kamishibai ha renacido con fuerza en las últimas décadas y su sencillo encanto ha conquistado a Occidente.

La Fundación Cuatrogatos también cuenta con su teatrillo (butai) de madera para leer y narrar cuentos utilizando esta técnica de más que probada efectividad comunicativa. Ahora bien, nuestro kamishibai tiene algo que lo hace único y especialmente valioso: sus tres puertas han sido pintadas por la artista plástica María Sánchez, quien, con su magistral uso del color y su imaginería característica, lo ha convertido en una obra de arte ambulante. Duendes, sirenas, ciervos, pájaros, flores… Un maravilloso pórtico que invita al auditorio a disfrutar de cuentos de distintas épocas y culturas.

Las posibilidades que aporta el kamishibai a las sesiones de lectura o narración oral para niños son insospechadas. La combinación de la imagen gráfica y de la voz crea un entorno mágico que propicia la concentración del auditorio y actúa como un detonante para la imaginación. Las nuevas tecnologías también han sucumbido a su encanto y se han diseñado programas que permiten diseñar versiones del kamishibai en las que el tradicional retablo es sustituido por las pantallas de la computadoras o de los televisores.

Dentro de unos días, el kamishibai de Cuatrogatos –intervenido magistralmente por los pinceles y la fantasía de María Sánchez– comenzará a hacer las delicias de distintos grupos de niños de Miami. Nada como la experiencia milenaria de reír, asustarse o conmoverse junto a otros niños, mientras un lector o un narrador hacen aparecer ante sus ojos una nueva lámina-universo…

Pueden sumarse a la comunidad de amigos de María Sánchez en Facebook visitando su página. Hagan clic aquí.

Fuente: http://blog.cuatrogatos.org/

Creatividad y Sociedad

Les dejamos con algunos artículos interesantes sobre creatividad:
Álvaro Pérez García. Universidad de Jaén.
Artículos
Francisco Menchén Bellón.
Dra. Isabel Rodrigo Martín. Universidad de Valladolid.
Dr. Luis Rodrigo Martín. Universidad de Valladolid.
Dra. Mª Isabel Martín Requero. Universidad de Valladolid.
Donna Lee Fields. Universidad Internacional de Valencia.
Dra. Pilar Gil Frías. Escuela de Música de Güímar.
Doctoranda Silvia Martínez Gallego . UV.
Dra. Mª del Mar Bernabé Villodre. UV.
Dr. Shai Sergio Hervitz. Tel Aviv- Israel.
Romina Cecilia Elisondo. Universidad Nacional de Río Cuarto
Danilo Silvio Donolo. Universidad Nacional de Río Cuarto .
Dra. Mª Isabel Martín Requero. Universidad de Valladolid.
Azucena Jiménez Yuste. CEIP.
Pilar G. Calero. Universidad de Sevilla.
Rosa María Perales Molada. Universidad de Jaén.
Beatriz Pedrosa Vico. Universidad de Jaén.
Sergio García Blanco. CDP Santo Tomás de Aquino.
Álvaro Pérez García . Universidad de Jaén.
José Antonio Ortega Carrillo. Universidad de Granada.
Álvaro Ortega Maldonado. Universidad de Granada.
Mónica Viñarás Abad. Universidad CEU San Pablo.
Fuente:

Creatividad y Sociedad, Nº21,
diciembre de 2013
Coordinador de este número:
Álvaro Pérez García
Universidad de Jaén.

Tres gestos sencillos y prácticos para ser feliz en el trabajo

No solo es importante, es necesario ser feliz en el trabajo. En nuestro trabajo pasamos mínimo 8 horas al día, lo que obliga a que tengamos que aprovecharlas en nuestro camino hacia la felicidad. 
El problema es que muchas veces no nos dejan ser felices, porque aunque uno lo sea, vive rodeado de negatividad por toda las partes: jefes tóxicos, compañeros zombies (muertos vivientes que nos chupan la energía positiva con la que algunos salimos de casa), objetivos agresivos, noticias negativas…
Está muy comprobado que cuanto más feliz es una persona, más rinde, tanto en el trabajo, como en su vida personal. Por eso hemos de buscar los mecanismos necesarios dentro de nosotros para poder alcanzar esa felicidad. Y debemos hacerlo nosotros. No podemos esperar a que nuestro jefe nos haga felices en nuestro trabajo, porque no dependerá de él. Dependerá de nosotros. Es nuestra responsabilidad. 
¿Por dónde empezar? 
La base está en tener respuesta a esta pregunta “¿Qué hago yo aquí?”. Cuál es nuestra misión en esa compañía, en ese trabajo. La respuesta puede parecer baladí, pero debemos pensarla bien. Estamos aquí como parte de algo grande, no simplemente cuadrando facturas, sino cuadrando facturas “por algo” y “para algo”. Y eso es lo que puede hacer muy grande nuestro trabajo. Y cuando encontremos ese sentido a nuestro quehacer diario seremos realmente felices. 
Consejos prácticos para ser feliz
Claro, lo que te he contado hasta ahora resulta bastante teórico, así que vamos a lo práctico. Vamos a pensar tres cosas muy concretas que nos ayuden: 

1. Dedicar 30 minutos al día a formarnos. 
Independientemente del Departamento de Formación. Si queremos nuestro trabajo y queremos disfrutar en él, tenemos que ser capaces de determinar cuáles son las palancas de ese trabajo que nos motivan más, y para ello nada mejor que estar preparados. 

30 minutos cada día, sin interrupciones, sin llamadas, en los que leamos sobre algo relativo a nuestro trabajo. Eso nos creará además un seguro de vida. Seremos los profesionales mejor formados del mercado. Y eso… no tiene precio. 


2. Darnos premios. 

Empezar el día marcando los objetivos fundamentales del mismo. Lo que los americanos llaman la ‘to-do list’. Lo que tenemos que hacer. Definamos bien todas esas tareas y objetivos y marquemos un tiempo de premio cuando hayamos conseguido alguna especialmente costosa. Un premio puede ser salir a fumar un cigarrillo, tomar un café, comer una chuchería, dedicar 5 minutos a reírnos con algún compañero. 

3. Empezar el día, o terminar el anterior pensando en hacer algo por un compañero. 
Lo que sea. Ayudarle a sacar adelante un proyecto. Llevarle unas gominolas que le gustan, llamarle para comer, mandarle un mail cuando le vemos “de bajón”. Se dice que una vida habrá merecido la pena cuando alguien que haya pasado a nuestro lado, por el hecho de pasar a nuestro lado, haya vivido un poco mejor. Ahí radica el éxito. Y la gente no quiere grandes milagros, sino pequeñas cosas que son la esencia de la que está hecha la vida. 
¡Y una de propina! Pensar que gracias a ese trabajo –que otros no tienen- podemos hacernos mejores profesionales y mejores personas.



Fuente: http://www.edenred.es/