IES GUILLERMINA BRITO: único centro de enseñanza secundaria de Telde con nombre de mujer

Poca gente ha caído en la cuenta del escaso número de centros de secundaria y bachillerato que llevan nombre de mujer en nuestras islas. Pues bien, en Telde tenemos la suerte de contar con uno: el IES Guillermina Brito.

Este centro situado en el barrio de San Isidro, entre La Pardilla y Las Remudas, lleva el nombre de la que fuera una gran maestra que dedicó su vida a la enseñanza con métodos revolucionarios para su época dejando huella entre todas las personas a las que preparó.

Nacida en Las Palmas de Gran Canaria el 24 de enero de 1911, Doña Guillermina Brito Almeida, ejerció de maestra nacional en La Pardilla durante 25 años. En 1980, un año antes de jubilarse, recibió la medalla de Alfonso X El Sabio, en reconocimiento a su larga y fructífera labor en la enseñanza.

Doña Guillermina fue una precursora en metodología: enseñaba desde historia hasta matemáticas con un sentido integral de la enseñanza que incluí­a cuidado del entorno, hábitos de higiene, deporte, talleres de costura, baile. Sacaba a su alumnado del aula para enseñar en vivo y organizaba visitas a fábricas y museos. Entre sus logros está el haber enseñado a tres sordomudos, uno de los cuales llegó a tener una beca para estudiar en Madrid gracias a la mediación de su maestra.

La casualidad ha hecho que la madre de uno de los profesores del actual IES, Doña Concepción Sánchez, fuera alumna de Doña Guillermina. Ella ha tenido la gentileza de compartir algunos de sus recuerdos:

«Mi maestra fue Doña Guillermina Brito Almeida. También lo fue de mi madre y de mi tí­a. Ella decí­a que recogí­a a las hijas de sus antiguas alumnas, por eso mi hermana y yo fuimos a la escuela, yo con 4 años y mi hermana con 3.

Doña Guillermina tení­a todas la cualidades que puede tener el mejor docente. No solo nos instruyó, también nos dio una visión de la vida, nos hizo cultas. Visitamos todos los museos de Las Palmas de Gran Canaria, el Parque Doramas, excursiones al campo, etc. pero siempre con una lección previa a la salida. Nos enseñó a amar nuestra tierra y siempre insistí­a en que nos fijáramos en los detalles de sus paisajes.

Todos los años en mayo, para el dí­a de San Isidro, hací­a un desayuno para alumnas y familias. Era una fiesta increí­ble. Tengo un recuerdo muy querido de esos momentos.

Nunca sospechó lo que serí­a mi vida cuando fuera adulta. Ella abrió todo un abanico de posibilidades para mi vida, y definió el t­tulo de mi vida: «Ser maestra es la mejor profesión del mundo»