Reto Literario: quinta entrega

Les presentamos las nuevas creaciones del reto literario propuesto el 22 de abril y sus cuatro ediciones anteriores:

En esta ocasión te presentamos los siguientes relatos:

  • Ella es…

Voy a contar una historia sobre una mujer de este pueblo, Tegueste. Ella nació el 2 de noviembre de 1918 y ya muy jovencita trabajó en la costa, cargando tierra para preparar los terrenos y plantar.
Ya con 19 años, se casó con el que era su novio. Muy pronto tuvieron a su primer hijo. Mientras, ella seguía trabajando en la costa cargando tierra. Al poco tiempo, a su marido lo mandaron a la guerra y como su hijo era pequeño, se dedicó a realizar alpargatas, que era un calzado de la época, y las vendía a 2 pesetas.
Tras estar 3 años en la guerra, regresa su marido y montan una venta. Era la época de la posguerra, había poca comida y existía la cartilla de racionamiento. A su marido en la guerra lo hirieron, y a raíz de esas heridas quedó algo enfermo. Tuvieron un segundo hijo y decidieron montar una panadería. Con éste nuevo oficio el matrimonio iba saliendo adelante, y tuvieron 3 hijos más. Con el tiempo, sus hijos crecieron y mientras iban aprendiendo el oficio, su marido cada vez estaba más enfermo por las heridas de la guerra y por desgracia falleció.
Ella y sus hijos siguieron adelante con la panadería, hasta que pasó a una segunda generación y ya actualmente, a una tercera generación. Esa señora, tan luchadora de este pueblo, es mi bisabuela y actualmente tiene 101. Estoy orgulloso de ser su bisnieto.

Anónimo. 1.º ESO

  • Mi mejor amiga

Mi mejor amiga se llama Carla. Tiene 15 años. A pesar de ser mayor que yo, siempre nos hemos llevado muy bien. Ella es muy divertida, cariñosa y súper amable. A ella, tanto como a mí, le encantan los gatos y siempre hemos querido tener uno. Un día, yo me fui a quedar a dormir a su casa. Estábamos en su cuarto viendo la tele cuando escuchamos un golpe en la calle. Salimos corriendo para ver que había pasado. No vimos nada, pero escuchamos unos maullidos. Buscamos por nuestro alrededor y encontramos una caja al lado de un contenedor. Estábamos seguras de que lo maullidos venían de allí, pero la caja estaba cubierta por una manta. Nos acercamos, quitamos la manta y en la caja había un pequeño gato. Estaba herido. Carla y yo decidimos llevárnoslo a casa. Le dimos de comer y lo cuidamos toda la noche. A la mañana siguiente le contamos lo sucedido a nuestros padres. Ellos nos dijeron que si no venía nadie a preguntar por el gato nos lo podríamos quedar. A día de hoy, no lo ha reclamado nadie y lo hemos estado cuidando entre las dos.

Anónimo.1.º ESO

  • “Lucía” 

Mi hermana. Para mí, una persona fascinante. Le gustan mucho las películas, todo lo que esté relacionado con el cine. Y la música. ¡Oh, la música! Siempre me recomienda cosas que escuchar, me abre un mundo nuevo de géneros que me acaban gustando. Amplía mis horizontes musicales. Sabe cocinar muy bien, y sus postres son para derretir cualquier boca. Es alguien con quien puedes pasar un rato genial, sea en familia o amigos, acaba haciendo reír a todos. Aunque sea una persona a la que le gusta la fiesta y quedar, también es muy estudiosa. Su carrera, Diseño Gráfico, es muy interesante. Parece fácil, pero lleva mucho esfuerzo. Un esfuerzo en el que mi hermana da su tiempo y dedicación para sacar adelante. A la vez que estudia, me ayuda con las tareas. Y no sólo con las tareas. Me echa una mano cuando tengo un día malo. Me anima cuando mi día es gris, ella lo vuelve de colores. Con ella, tiempos como los que pasamos, cuarentena, días de tormenta, días de bajón, se convierten en días de disfrute, de alegría. Días que recordaré toda mi vida. Los habrán mejores, y solo se que espero pacientemente a que lleguen, pero mientras, disfruto del presente. Disfruto de mi familia y amigos. Pero, sobre todo, disfruto de ella. De mi hermana.

Clara Perdomo Pérez. 1.º ESO

  • Mi vecino de enfrente. (Este relato ha sido escrito con todo mi respeto y sin ánimo de ofender).

Esta cuarentena no ha sido fácil. Aunque me agrada bastante estar en casa, se hace un poco pesado no poder salir a dar un paseo, a quedar con amigos, etc… Sumándole el hecho de no haber clase, se ha alargado bastante y echo en falta muchas cosas de mi vida cotidiana.

Es curioso, pero se puede uno fijar en quien menos habías pensado. Creo que no lo conocía o si lo había visto sería muy poco.
La hora de los aplausos no es que me entusiasme demasiado, pero me animaban mi madre y mi hermana.
En una casa de enfrente salen a la terraza dos niñas acompañadas de sus padres…
De momento todo va normal, no hay nada fuera de lo común, hasta que el padre de las niñas se pone a gritar huracanadamente: ¡¡VIVA TEGUESTE!!, desde el fondo de su alma.

Al principio siempre subía solo unos diez minutos antes y se ponía a esperar hasta las 19:00, ni un minuto más y ni un minuto menos. Siempre era él el que empezaba con los aplausos. Después empezó a salir con sus dos hijas y un poco más tarde con su mujer. Para no aburrirse se ponía a hablar con el señor que vive al lado, de su terraza hasta la azotea de su amigo.

Cada tarde sin darnos cuenta al salir al balcón era la primera persona que veíamos, en pantalón corto y sin camisa hablando con su amigo, a la vez que impaciente se frotaba las manos.

Y así es como lo acabamos apodando »VIVA TEGUESTE». Reconozco que ha sido un gran animador de nuestra calle y que gracias a él las tardes de confinamiento se han hecho mucho más animadas.

Anónimo. 1.º ESO

  • El árbol de la vida

Mi abuela es una persona muy importante para mí. Me ha enseñado mucho sobre la vida mediante sus muchas e interesantes historias, algunas inventadas y otras reales. He llegado a un punto en el que no sé distinguir cuales son ficticias, pero ya no me importa porque cada vez que escucho las moralejas y lecciones de vida que hay a través de sus relatos siento que estas son mucho más interesantes que saber si lo que dice es verdad o no. Hay una historia en concreto que recuerdo todos los días que me siento triste o desmotivada y es mi favorita de todas.

Un día, mientras estábamos hablando, le pedí que me contara una historia y me empezó a contar una de cuando era joven. Una tarde de verano, sus favoritas, mientras estaba viendo el atardecer con su padre se fijó en que había una especie de muro enfrente de ella que no le dejaba ver del todo el mar a ninguno de los dos, así que el padre decidió subir por las ramas de un gran árbol que tenían en el jardín delantero. Cuando bajó del árbol él le contó que la vista desde allí era increíble ya que se veía todo el extenso horizonte desde una perspectiva en la que no se atravesaba ningún objeto y era el atardecer más bonito que había visto en toda su vida. Al oír el entusiasmo del padre decidió escalar ella misma el árbol pero cuando empezó a intentar subir se calló y se raspó en las rodillas y las manos, así que se frustró y le dijo a su padre que no podía subir, que era imposible y que no entendía por qué él sí había podido subir. Él le explico que cosas como escalar un árbol a veces llevan mucho esfuerzo y práctica. Su consejo era que lo siguiera intentando todos los días y un día sin darse cuenta iba a estar en la cima del árbol. Al día siguiente ella volvió a intentarlo pero se volvió a caer. Llegó un día en que dejó de intentarlo y se dijo a ella misma que nunca llegaría a ver el atardecer completo, pero ella cuenta que la noche que se intentó rendir tuvo un sueño en el que aparecía ella en la cima del árbol viendo el atardecer y eso la motivó a no rendirse. A la mañana siguiente se despertó y estuvo todo el día escalando el árbol hasta que lo logró. Cuando llegó a la cima sintió una especie de euforia y satisfacción que no podía describir y entonces miró al horizonte para encontrarse con una imagen que no olvidaría en toda su vida. El atardecer, un atardecer como todos, cálidos, pero como ninguno a la vez. El color que predominaba era el naranja, que rozaba a las nubes hechas trozos de algodón esparcidos por un lienzo en el que el protagonista era el sol en el medio de la escena, un círculo perfecto salpicado por el mar azul topacio rociado por gotas de plata que lo atravesaban. Entonces se dio cuenta de que la satisfacción que sentía no se debía al atardecer. El hecho de haber puesto toda su concentración y fuerzas en el objetivo de escalar un árbol y haberlo conseguido por su propia cuenta era la mejor parte de todo el trayecto.

Después de contarme ese relato me dijo que la vida es como el gran árbol, a veces difícil de escalar, puede hacer que te caigas y te hagas daño, pero la constancia da resultados, y cuando llegas a la cima y encuentras el atardecer de la vida todos los arañazos pasan a ser cicatrices que te recuerdan cómo lograste llegar a verlo. Sé que mi abuela ha llevado a cabo este consejo toda su vida y espero poder seguirlo yo también.

Anónimo. 2.º ESO

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