Palabras con sabor a nuestra tierra: velillo

VELILLO. m. Lío,  envoltorio, especialmente cuando se envía de un lugar a otro. Piedra grande. L.P. Persona alocada o de poco asiento.

 JUAN Y AGAPITO

Juan y Agapito tenían por delante una inmensa huerta sembrada de papas que habían de cavar ese día puesto que la Nochebuena estaba bien cerca y la madre les había dicho que esa noche al menos comerían papas nuevas con queso blanco,  si es que la Pintadita se decidía a dar la leche suficiente puesto que con el frío se pone algo remolona.

Los hermanos, a falta de ganas de comenzar la tarea, discutían sobre por dónde empezar  y cómo se repartirían el trabajo. A pesar de estar ya en diciembre, el sol iba alzándose contundente por el horizonte y en el cielo no se atisbaba ni el rastro de una nube.

  • Tú empieza por el fondo del cantero y yo por aquí y así sabremos quién trabaja más – sugirió Agapito.
  • Nones, nones… Al fondo ahora da el sol y me hará sudar más que a ti – replicó Juan.
  • ¿Y para qué trajiste el sombrero, so bobo?
  • ¡Vale! Pero si trabajo menos que tú, no se lo vayas a alcahuetear a madre…

Comienzan el trabajo como habían acordado, pero al rato Agapito mira al cielo y se da cuenta de que en poco tiempo el sol le dará de lleno a él y de que su hermano llegará pronto a la sombra de unos hermosos castañeros que están en la huerta superior.

  • ¡Juaaaannn…!
  • ¿Qué?
  • Te voy a cambiar el sitio porque veo que te estás retrasando mucho y no quiero que madre se enfade por estas fechas.
  • Gracias, Agapito. En el fondo eres un buen hermano.
  • ¡Para que luego digas…!

Pasó el tiempo y efectivamente el sol hacía sudar a Juan a mares y su respiración se sentía cada vez más fatigada. Levantó la mirada y vio que su hermano estaba cavando las papas a buen ritmo y bajo la sombra de los castañeros.

  • ¡Agapitooooooo…! – gritó Juan desesperadamente- ¡Me has engañado otra vez!
  • ¿Yo, Juan? ¿A qué te refieres?
  • Tanto cambio de sitio en el cantero… ¡No has buscado sino tu conveniencia!
  • ¡No seas velillo, Juan! ¡Tú estás zumbado! ¿No te he demostrado yo lo que te he sugerido y tú has estado de acuerdo? ¡Pues a seguir cavando!

Juan, enfadado, coge de nuevo su azada y sigue faenando junto a su hermano, cobijados por la sombra de los árboles,  pero sin ni siquiera mirarlo. Agapito sonríe socarrón.

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