
Durante nuestro viaje a Santa Cesárea Terme, al sur de Italia, dentro del programa Erasmus+, vivimos una experiencia inolvidable llena de aprendizaje, convivencia y descubrimientos. Cada día nos permitió conocer nuevos lugares, acercarnos a otra cultura y fortalecer la unión entre todos los compañeros.
Antes de llegar a Santa Cesárea Terme pasamos una noche en Nápoles, en la que aprovechamos cada minuto. Caminamos, conocimos los lugares más reconocidos e incluso probamos la pizza. Poco tiempo en Nápoles que aprovechamos al máximo.



El primer día en Santa Cesárea Terme comenzó con un tour por las instalaciones del centro y nos guió el alumnado de hostelería. Pudimos disfrutar de un café en un descanso del tour y cogimos fuerzas para realizar las presentaciones de los dos centros que coincidimos durante la semana: nuestra escuela y el centro de Valongo, con quien ya hemos coincidido anteriormente. Después de conocernos un poco, almorzamos en la escuela. El alumnado nos preparó una comida increíble que ya anticipaba lo bien que íbamos a comer durante la semana. Esa tarde, visitamos Lecce, una ciudad con un encanto especial y una arquitectura barroca impresionante. Paseamos e incluso probamos gastronomía local como los tarallini. Terminamos la primera jornada ilusionados y con ganas de seguir conociendo la cultura y el lugar.



El segundo día comenzamos visitando Castro y Santa María de Leuca, dos preciosos pueblos costeros donde el mar rompe sobre la roca blanca. En Castro pudimos ver cómo el pueblo se preparaba para sus fiestas, con luces decorando las calles. Aunque hacía viento y no pudimos bañarnos, disfrutamos igualmente del paseo, de las vistas y de sus rincones llenos de historia. Más tarde llegamos a Santa María de Leuca, situada en el punto más al sur del “tacón” de Italia, donde se unen el mar Jónico y el Adriático. Tras recorrer la avenida y descansar un poco, continuamos con nuestras actividades. Por la tarde asistimos a nuestra primera clase de italiano, donde aprendimos expresiones básicas para comunicarnos mejor e integrarnos en la vida cotidiana del lugar. Para terminar el día, disfrutamos de una magnífica cena preparada por el alumnado.



En la mañana del tercer día, después de desayunar unos dulces típicos que nos trajo Luciano (quien gestionaba los apartamentos), salimos de excursión hacia Otranto. De camino hicimos una parada en el Faro di Punta Palascia, el punto más oriental de Italia, famoso por ser el primer lugar del país donde amanece cada año. Aunque el cielo estaba algo nublado y no pudimos ver Albania al fondo, el paisaje fue espectacular. Después continuamos hacia el puerto de Otranto, donde el mar nos recibió en calma y con una luz preciosa. Allí recorrimos el Castillo de Otranto acompañados por nuestra guía, también arqueóloga, quien nos explicó la historia del lugar. Más tarde visitamos la catedral y tuvimos tiempo libre para explorar la ciudad: algunos pasearon en tuc-tuc, otros aprovecharon para bañarse y también descubrimos un pequeño mercado local. Al regresar a Santa Cesarea Terme, participamos en una degustación de aceites en la que aprendimos a distinguir aromas y sabores, viviendo una experiencia sensorial muy enriquecedora. Finalmente cerramos la jornada con otra cena increíble y un merecido descanso.




El cuarto día fuimos de excursión a Gallipoli, una ciudad amurallada construida sobre una isla. Recorrimos el centro histórico, disfrutamos de un día soleado, paseamos una playa con mucho encanto y visitamos una antigua almazara, donde se elaboraba el aceite que antiguamente se utilizaba para la iluminación. Ese día sí tocó baño para algunos y algunas. continuamos con la jornada almorzando en Santa Cesárea y tras un breve descanso nos dirigimos a la escuela. Por la tarde, asistimos a las clases de inglés y francés, donde hicimos un role-play con la temática de restaurantes, así pudimos conocer mejor la gastronomía de diferentes países y nos reímos aprendiendo. Por la noche, cenamos en la escuela y al regresar a los apartamentos disfrutamos de la compañía de Luciano, quien nos trajo la “recena”, unas delicias saladas típicas de la zona.



El último día en Santa Cesárea concluyó con la entrega de certificados y con una sesión de feedback en la que pudimos compartir nuestras sensaciones durante la semana.

Este viaje nos ha dejado recuerdos inolvidables. No solo hemos conocido lugares maravillosos y aprendido sobre la cultura italiana, sino que también hemos crecido como personas. Hemos aprendido la importancia de convivir, respetar otras culturas y aprovechar cada oportunidad para aprender fuera del aula. Sin duda, una experiencia que recordaremos siempre.















