CARTA DE LA NATURALEZA DE GRAN CANARIA

Esta es una carta dirigida al ser humano en nombre de los seres vivos que conviven en los barrancos y montañas, roques y mesas, pinares y cardonales, en el monteverde y los acebuchales de Gran Canaria.

Lo primero es animarlos en estos momentos tan duros que están pasando con ese virus, que, no es considerado un ser vivo, pero les está ocasionando mucho daño.

Con esta misiva queremos contarle cómo estamos viviendo nosotros esta experiencia.

Les empezaré hablando de las montañas de Azaenegue (como lo llamaban los antiguos habitantes de estas islas) donde las jaras, las aguilillas, los pinos, el tomillón de Tamadaba, el picapinos o la magarza de Guayedra están encantados, casi no hay gente, solo algunos humanos que nos están ayudando a recuperarnos del terrible incendio que sufrimos hace unos meses, porque ustedes no son tan malos…cuando quieren. Se nota un aire más limpio, con menos contaminación, ya que apenas pasan coches y guaguas. Podemos respirar mucho mejor y los seres vivos que realizan eso que llaman fotosíntesis, producen gran cantidad de oxígeno, que como saben es vital para el planeta.

En lo que ustedes llaman Roque Nublo, las comunidades que allí conviven, el alhelí de cumbre, la salvia blanca, la lisa o la alpispa, están flipando. Hace unas semanas, me dicen, había un auténtico reguero de personas subiendo y bajando….cosas del turismo masivo…y ahora es un paraíso de tranquilidad. Sólo se escucha cómo el viento mueve las acículas de los pinos y los cantos de los pájaros.

En los dominios del pinzón azul, donde hace poco sufrieron un incendio, no ven muchos cambios, hasta allí no se suelen aventurarse. Seguramente porque todavía es uno de los pocos lugares donde lo que ustedes llaman carretera, no llega.

Y donde vive la paloma rabiche, que trajeron de la Gomera, no recuerdan tanto silencio y las aguas que suelen manar de la tierra recorren los cauces de los barrancos limpias y puras.

Pero los que creo que están más contentos son los que viven en y cerca del mar, como las viejas, los alfonsinos, las tortugas bobas o el taginaste de Gügüí; desde las playas de altas montañas de arena amarilla a las casi impolutas de arena negra. Porque ahí, sí que hace décadas que nos han invadido con construcciones, barcos, y sobre todo con muchos, muchos humanos pero, ahora, como si fuera por arte de magia, estamos solitos, sin ruido, ni basura, ni humos…un paraíso, pero de los de verdad.

Sabemos que se inventan unos títulos rimbombantes para llamar a todos esos lugares…reserva natural integral, reserva de la biosfera, parque natural o paisaje cultural patrimonio de la humanidad….pero es en este momento, cuando empezamos a entender lo que significan, porque, hasta ahora, viendo lo poco que los cuidaban y lo mucho que los destrozaban, nos parecía una contradicción que los denominaran “espacios protegidos”.

Simplemente les pedimos que consideren lo que les hemos dicho y que, cuando todo esto pase, se acuerden de nosotros, de que queremos seguir conviviendo y compartiendo con ustedes este maravilloso pedacito de tierra en el océano, pero en armonía, o como les gusta decir, de una manera sostenible.

El destino de todos los que vivimos en esta isla está unido. Ustedes los humanos, con el gran poder que tienen, miren lo mal que lo están pasando con ese virus. Para salir de esta pandemia, todos tienen que estar unidos y ayudarse. No se pueden salvar sólo unos pocos. Lo mismo pasa con la naturaleza, estamos vinculados y dependemos unos de otros. Nuestro destino está unido al suyo, no lo olviden.

David y Elisa Pérez Rodríguez

PROPUESTA DIDÁCTICA

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