Apicultura tradicional

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Apicultura tradicional

Apicultura tradicional

La apicultura es la actividad dedicada a la crianza de las abejas y a prestarles los cuidados necesarios con el objetivo de obtener y consumir los productos que son capaces de elaborar y recolectar. El principal producto que se obtiene de esta actividad es la miel.

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La apicultura es una actividad ganadera basada en el arte de criar abejas y aprovechar sus productos. La tradición apícola en las Islas se remonta a las comunidades aborígenes. El Archipiélago Canario cuenta con una raza autóctona de abeja, la abeja negra canaria (Apis mellifera), que está adaptada a las condiciones de las islas y es más mansa que las abejas importadas. Las abejas, además de producir miel y cera, son importantes agentes de polinización que ayudan a la reproducción de las plantas del ecosistema canario.

Historia

La tradición apícola hunde sus raíces en la sociedades aborígenes. Éstos ya empleaban la miel para su uso culinario y medicinal, según demuestran referencias históricas. Si bien es cierto que, como en tantas otras cuestiones relacionadas con la época prehispánica, existe cierta controversia y mientras para unos autores es evidente la existencia de actividad apícola prehispánica, para otros este hecho no está suficientemente demostrado. Las primeras referencias escritas sobre colmenas son del año 1500, durante este siglo queda plasmado en numerosos documentos la relevancia económica y social de esta actividad para producir miel, tanto para el consumo gastronómico como para el medicinal, así como para la elaboración de cirios y velas.

Útiles

La colmena tradicional es conocida por el nombre de corcho y se compone de un tronco hueco de aproximadamente un metro de largo, que se coloca en vertical. Tiene dos aberturas que se tapan con lajas de piedra y selladas con una mezcla de barro y excrementos de vaca. En su interior, para que las abejas sujeten los paneles, se colocan varios palos entrecruzados a media altura. El uso de estas colmenas tradicionales fue bastante generalizado hasta mediados del siglo XX, cuando se comienzan a usar las colmenas de madera con cuadros móviles, más sencillas de manejar y con mayor rendimiento.

Procedimiento

Los apicultores, también llamados mieleros, suben a los riscos atados con sogas y con la ayuda de andamios en arriesgadas operacione,s para castrar a las ‘abejeras salvajes’, es decir, para extraer los panales de la colmena salvaje. Bien forrados con ropas viejas, capillo artesanal y guantes hechos con zurrón de piel de baifo para evitar picaduras, ahuman la oquedad de la abejera salvaje con humo de tabaiba, para mantener las abejas controladas. Luego se acercan con la castradera, una herramienta curvada de hierro, y extraen los panales de esas abejas salvajes para depositarlas en las colmenas.

La comunidad de abejas que pueblan los corchos está compuesta por la reina, la única hembra fecunda, las abejas obreras y los zánganos, cuyo cometido es fecundar a la reina y dar calor a las crías y a la colmena.

La clave para una buena cosecha de miel es emplazar los corchos donde las flores estén garantizadas, para ello algunos apicultores llevan sus abejas de trashumancia en busca de las más preciadas floraciones. Las abejas recogen de las flores el néctar que lo transportan en el buche y el polen en sus patas. Depende de donde se emplacen las colmenas y las flores que recolecten las abejas, se obtiene una miel de castaño, de ágave o pitera, de aguacate, de tajinaste, de hinojo, de poleo, de barrilla, de brezal, etc. La ‘miel de flores’, es un genérico que hace referencia a que las abejas han elaborado la miel con diversas flores, sin predominio sustancial de una en particular.

¿Sabías qué?

La abeja con la que trabajaban tradicionalmente los apicultores de las Islas es una abeja autóctona de Canarias, que se caracteriza por ser relativamente mansa y por estar adaptada al medio. La abeja negra canaria, como se llama por sus oscuras tonalidades, está presente en todas las islas desde hace 200 mil años. La reciente importación de razas foráneas las estaba poniendo en serio peligro, repercutiendo además en la producción de miel, pues las abejas de fuera traen nuevas enfermedades y además es complicado emplazar sus colmenas cerca de algún núcleo de población pues son  más agresivas y pueden ocasionar problemas. En 1992 la Unión Europea y el Gobierno de Canarias comenzaron a conceder ayudas para apoyar a los apicultores que trabajan con la abeja negra canaria y así incentivar la conservación de esta especie. La miel producida por esta ancestral abeja propia del Archipiélago Canario está considerada como una miel de muy alta calidad.

Referencias


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