pasado

museo de la memoria

 

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Finados en La Perdoma, La Orotava

En La Perdoma, la celebración del Día de Finados era, hasta hace pocas décadas, una tradición profundamente familiar y marcada por la sencillez. Cada hogar mantenía sus propios usos, pero todos compartían un mismo espíritu: el recuerdo respetuoso de quienes habían fallecido. La gente se reunía en casa, generalmente con abuelos/as, padres, madres e hijos/as, alrededor de pequeñas velas que se encendían en honor a los difuntos. El ambiente era solemne: sin música, con rezos, silencios y, de fondo, el doble de las campanas que sonaban desde la mañana hasta entrada la noche, incluso desde la Orotava y San Juan.

No se preparaban comidas especiales ni se dejaban ofrendas para los difuntos; simplemente se compartía lo que hubiera en casa, a veces tostando castañas o poniendo un poco de queso y vino. Al día siguiente, el 1 de noviembre, las familias acudían al cementerio para llevar flores a sus seres queridos y recorrer los rincones donde descansaban vecinos y conocidos.

Participaban tanto niños/as como adultos, siempre desde un carácter íntimo y religioso, con rezos como principal actividad. 

Los Santitos en San Juan de la Rambla

Desde Radio Davalia, el CEIP Ángel Guimerá, nos presenta un recorrido por la tradición de Los Santitos, una celebración con más de un siglo de historia que forma parte de la identidad cultural de San Juan de la Rambla. Cada 1 de noviembre, niños y niñas recorren las calles del casco y de los barrios de Las Aguas, San José y Santa Catalina con sus cestas de mimbre, recogiendo alimentos y caramelos ofrecidos por los vecinos. Esta costumbre, cuyo origen se atribuye a la influencia portuguesa, se ha transmitido de generación en generación, manteniendo su esencia a pesar de los cambios del tiempo.

En la entrevista, la profesora y antigua alumna Rosy comparte recuerdos de su infancia: las visitas de los monaguillos llevando “la paz”, las ofrendas modestas de frutas y frutos del otoño y la ilusión de los niños al recibir pan, higos pasados o un trocito de chocolate. Aunque hoy predominan golosinas y galletas, la tradición continúa viva gracias al compromiso del colegio, que la incorporó a su proyecto educativo para evitar que desapareciera ante el auge de festividades anglosajonas como Halloween. La participación de familias, alumnado y vecinos ha sido clave para reforzarla como seña de identidad local.