Se puede poner energía en un sistema y que no salga el resultado deseado.
Se puede, pero se le queda a uno el regustillo amargo. Se acaba la fiesta y tiene uno un noseque que que se yo. No le apetece que vuelva a ocurrir y no se siente orgulloso de haber participado.
Para que no pase eso es bueno aprovechar estas sobremesas mentales para reflexionar.
La “comida” debe tener su lugar en toda celebración pero no puede ser el tótem de admiración, el sentido de la jornada o la tarta después del brócoli. “Tómate el brócoli mi niño que luego viene la tarta…”
Quizás debemos parar, respirar y plantearnos…¿Dar comida en el formato en el que lo hacemos en las celebraciones en nuestro centro es lo correcto?
Está claro que el objetivo es bueno y que el curro que supone se carga en unas pocas espaldas. Al César lo que es….
El problema es que generamos tanto “hype” (búsquenlo) que desvirtuamos lo que está ocurriendo en la propia celebración. ¿Lo importante? Hacer dos horas de cola apretado al sol porque dan comida gratis. Gratis.
Y no. Lo importante era que había venido una parranda y que estaba tocando y habían venido a vernos. Se habían organizado talleres en los que el profesorado había puesto energía y también había comida. Sí. Comida también. Podemos discutir si la duración de la parranda es mucho o si quizás otro tipo de actividades atraerían al alumnado. Pero lo importante no es pegarse, ni agobiarse por algo de comida.
Y surge la picaresca y los enfados y lo agobios y las idas de olla. Idas de olla del alumnado (la mayoría) y del profesorado (eso ya es más grave)
A mi hoy me han gritado “¡¡¡que me des de comer!!!!” con diferentes expresiones de desespero y con diversas miradas de ira demasiadas veces. No es necesario que hagamos de cascos azules. No lo es. Nuestro papel debe ser otro. Para eso hay que poner la energía dónde toca y el resultado será mejor. Si sabemos el público que tenemos debemos desviarlo de sus debilidades y flaquezas y guiarlo hacia la luz. (Esto ha sonado a secta… pero me entienden).
Organizar una actividad e involucrar al alumnado es difícil. Involucrar al profesorado parece en ocasiones mayor tarea. Corrillos de profes desvinculados de la celebración que no les sale decir un “¿qué hace falta?” “te echo una mano” o simplemente “¿Cómo lo hacemos?”
Cuando abrimos nuestra casa y organizamos algo salen nuestras miserias y es el momento perfecto para recalcular ruta.
Se puede poner energía en un sistema y que sí salga el resultado.
Quizás hace falta hablarlo con sinceridad y calma. Pero hablarlo.
Feliz día de Canarias